A fines de septiembre, un anuncio ha abierto varios interrogantes en el ambiente urbanístico, social y político del Uruguay. Praxis, una compañía tecnológica de origen californiano (pero, como veremos, de aspiraciones ya no multinacionales sino suprageográficas, si se nos permite el neologismo), ha anunciado la construcción de una nueva ciudad en Colonia, a orillas del Río de la Plata, frente a Buenos Aires. Esto motivó una nota en el New York Times y hasta un encuentro personal del presidente uruguayo Yamandú Orsi con Dryden Brown, fundador y CEO de Praxis. El proyecto se basa en realidad en la integración con un megaemprendimiento existente y con cierto grado de avance, +Colonia, promovido por los argentinos Carlos y Eduardo Battista, empresarios del sector logístico. Los interrogantes son de dos tipos: económicos y de gestión por un lado; políticos, filosóficos y morales, por otro.
Las dudas económicas se refieren al estado del emprendimiento original, anunciado en 2021 y dotado de generosas condiciones de constructividad (suficientes para albergar 30.000 habitantes) por la Intendencia Departamental de Colonia. Los Battista habían anunciado en su momento la intención de incorporar inversores y desarrolladores inmobiliarios a la operación, siendo su principal aporte para la “nueva ciudad” o “Silicon Valley uruguayo” (metáfora recurrente en este tipo de megaproyectos) el terreno del que son propietarios. Pero según el arquitecto y urbanista Salvador Schelotto, “+Colonia venía ya con muchos problemas, atrasos en los cronogramas, etc. Habían difundido una imagen de éxito que no era muy real, a la Intendencia de Colonia le debían plata que le perdonaron, tienen todo tipo de exoneraciones impositivas y tampoco despegaron… de eso no se habla mucho, pero imagino que hay un problema de mercado, no hay demanda para tamaña oferta”.
Praxis, que podría ser la fuente de aportes necesarios para reflotar el emprendimiento, se jactaba en 2024 de haber conseguido 525 millones de dólares de financiamiento para su primera experiencia urbanística, pero según la periodista Ana Laura Pérez en su nota del 28 de septiembre en El País, “eso tiene sus matices. El acuerdo implica el cumplimiento de hitos específicos para ir recibiendo el dinero, por lo que Brown podría ir accediendo a él una vez alcanzados los objetivos fijados y no antes. Una precisión similar habría que hacer sobre el anuncio de los 1.000 millones de dólares prometidos para el proyecto +Colonia ya que la cifra surge de calcular cuánto podrían invertir los 2.700 miembros que Praxis dice que manifestaron intención de instalarse en Uruguay en los próximos años. Esto, si se concreta, no será antes de 2027”.
“+Colonia venía ya con muchos problemas, atrasos en los cronogramas, etc. Habían difundido una imagen de éxito que no era muy real, a la Intendencia de Colonia le debían plata que le perdonaron, tienen todo tipo de exoneraciones impositivas y tampoco despegaron…

Las otras dudas se centran en el verdadero carácter de Praxis, algo más que un inversor externo en procura de jugosas ganancias. Quizás, algo más oscuro, una tech con ansías de dominio mundial e ideología plutócrata, excluyente y supremacista. El periodista californiano Gil Duran, investigador del que denomina Nerd Reich, publicó al respecto el 25 de septiembre un artículo con el sugestivo título “¿Network State invade Uruguay?”. Según Duran (la traducción es nuestra),
El anuncio llega tras años de búsqueda infructuosa, además de anuncios previos que sugerían que Praxis se construiría en algún lugar del Mediterráneo, Groenlandia, California e incluso en el espacio exterior. Durante años, Praxis fue uno de los proyectos de Estado Red más conocidos del mundo. El movimiento del Estado Red insta a los multimillonarios tecnológicos a crear sus propias mininaciones soberanas —o bien a utilizar su riqueza e influencia para tomar el control de los gobiernos existentes— como preparación para el colapso del orden mundial. Praxis llegó a presumir de contar con más de 500 millones de dólares en financiación y el respaldo de multimillonarios como Sam Altman, Marc Andreessen y Peter Thiel. Sin embargo, el proyecto tuvo dificultades para encontrar algún país interesado en albergar una nueva y extravagante ciudad para multimillonarios.
Las otras dudas se centran en el verdadero carácter de Praxis, algo más que un inversor externo en procura de jugosas ganancias. Quizás, algo más oscuro, una tech con ansías de dominio mundial e ideología plutócrata, excluyente y supremacista.
Brown fue demás duramente cuestionado por sus declaraciones discriminatorias en ocasión del Mes del Orgullo de 2025 en Nueva York: sostuvo que la ciudad se enfrentaría a un castigo bíblico y a la ira de Dios por permitir esas festividades del Orgullo. “Esto parecía el fin de Praxis”, sostiene Duran, ya que algunos de sus más célebres partidarios eran inversores homosexuales, entre ellos Altman y Thiel. “Poco después, Praxis desapareció del panel de control oficial de Network State, que enumera 38 supuestos proyectos tecnológicos soberanos en todo el mundo”. Y Praxis, que en su momento se había autoproclamado el «primer Estado Red» del mundo, también eliminó toda mención a Network State de su sitio web. “No estoy seguro de que el último anuncio de Brown sea más real que los anteriores”, concluye Duran; “Sigue haciendo anuncios dramáticos sobre su ciudad imaginaria, y los principales medios de comunicación tradicionales siguen publicando artículos bastante crédulos sobre su proyecto. Ciertos detalles del artículo del Times sugieren que Brown está generando gran publicidad a partir de la nada”.
Pérez sostiene en un sentido similar que ni siquiera está claro que Praxis tenga la décima parte de los 1.000 millones que promete invertir y que también se ignora quienes ni cuantos son los pobladores que atraerá y mucho menos si son “jóvenes que trabajan en IA”, como asegura Brown. “El fundador dice que son miles pero sus documentos internos no llegan a 500. Para ser parte lo único que piden es llenar un formulario que no te obliga a nada, menos a mudarte. Se sabe, sí, que su líder quiere construir un territorio de “gente bella” que se reproduzca entre sí con la misma etnia, cultura y raza y forme una nación que tenga sus propias reglas. La estrategia para esto último es instalarse y después presionar. Todo eso lo escribió su fundador explícitamente A veces la desesperación por inversores tiene cara de hereje…”.
El movimiento del Estado Red insta a los multimillonarios tecnológicos a crear sus propias mininaciones soberanas —o bien a utilizar su riqueza e influencia para tomar el control de los gobiernos existentes— como preparación para el colapso del orden mundial.
Por su parte, el arquitecto, novelista y académico Jorge Majfud publicó en su web el artículo ¿Colonizar Uruguay para mejorar la raza?, en el que relaciona la propuesta de Praxis con experiencias del pasado como las de Walker en Nicaragua, el rey Leopoldo en el Congo, Nueva Germania, el enclave que en 1887 fundó Elisabeth Forster-Nietzsche en la selva paraguaya para preservar la sangre aria, o la más reciente Colonia Dignidad en Chile.
Entre las reacciones registradas, Fernando Gambera, encargado de la Comisión de Internacionales del gobernante Frente Amplio, consideró a título personal que proyectos como el de Praxis son como enclaves feudales de la Edad Media. “No me parece que sea el Uruguay que le queremos vender al mundo”. La diputada por Colonia Cecilia Badín, también del Frente Amplio, sostuvo en una nota en La diaria que Praxis “no está en una zona liberada del país para que puedan hacer lo que ellos quieran”. Badín valoró la inversión inmobiliaria pero reclamó información sobre el acuerdo entre +Colonia y Praxis y advirtió que debe ajustarse a las normas uruguayas. A su vez, un grupo de vecinos difundió un petitorio “para frenar este disparate”: “Hace años que luchamos contra el Megaproyecto +Colonia, que pretende duplicar la población sin medición de impacto, planificación urbanística, ni participación ciudadana. Ahora se suma Praxis, un autodenominado estado cibernético de magnates libertarios tecnócratas, apoyados por Trump, Milei y muchos otros, que pretenden crear estados independientes dentro de otros estados, dónde puedan utilizar a la ciudadanía cómo laboratorios de experimentación social del uso de la IA sin controles estatales, ni democráticos”.
su líder quiere construir un territorio de “gente bella” que se reproduzca entre sí con la misma etnia, cultura y raza y forme una nación que tenga sus propias reglas. La estrategia para esto último es instalarse y después presionar.
En sentido contrario, una editorial de El País alerta contra lo que denomina “sommeliers de la inversión”: “Que a un edil le caiga bien o mal una recorrida presidencial no es un dato sobre el futuro económico de Colonia; es un estado de ánimo, y no le importa a nadie más que a él. El “extractivismo inmobiliario”, por su parte, es un concepto que nadie termina de definir y que tiene la curiosa propiedad de aplicarse a alguien que viene a traer dinero, no a llevárselo”. Sin embargo, la editorial concede que Praxis es un proyecto extraño. “Su fundador, Dryden Brown, un ex surfista de 30 años, habla de construir la ciudad del mundo posterior a la inteligencia artificial, y el propio Times lo describió como alguien de muchas promesas y pocos detalles. El acuerdo con +Colonia es en gran medida no vinculante y las tierras todavía no se compraron. Ex empleados le atribuyeron ideas autoritarias y racistas, acusaciones que él rechaza. […] ¿Significa esto que Uruguay debe aceptar cualquier cosa? No. Significa que el filtro tiene que ser el correcto. Uruguay no pide certificado de ideas a quien se instala en su territorio, ni debería empezar a hacerlo. Pide cumplir la ley”. Mientras tanto, Mario Colman, diputado del Partido Nacional por Colonia, consideró en La diaria del 1° de octubre que el acuerdo anunciado “representa una oportunidad” para el departamento de Colonia, aunque sostuvo que los interrogantes que surgieron en torno a la empresa y a las características del proyecto deben ser respondidas por las empresas involucradas y analizadas por las instituciones correspondientes. En tanto, +Colonia presentó ante el Ministerio de Ambiente una nueva etapa de su desarrollo.

El mayor impacto del anuncio ha sido por ahora precisamente la intriga y las dudas. Una fuente consultada se pregunta “qué naturaleza y qué alcance tendrá. Conozco el masterplan de +Colonia y le sobra lugar para sumar socios, además tiene buenas edificabilidades, de modo que estos nuevos inversores entrarían en un marco normativo ya aprobado, una gran ventaja para ellos. Respecto a las formas de gobernanza y gestión más autónoma, es dudoso que en Uruguay les den mucho margen para crear burbujas liberadas de la regulación estatal”.
Por ahora, el desembarco de Praxis en +Colonia es solo un anuncio. El desarrollo de los hechos aportará más luz (u oscuridad…) sobre los interrogantes económicos, políticos, filosóficos y urbanísticos. Por lo pronto, la operación parece ejemplificar claramente la deriva desde el gran proyecto urbano público privado de fines del siglo XX a los posteriores procesos de financiarización, megaemprendimientos privados segregatorios y, quizás, las distopías transhumanistas y eugenésicas de los tecnoplutócratas.
MC
¿“Ciudad eterna” o “extractivismo”?, nota de Camila Méndez en La diaria del 26 de septiembre.
Entrevista a Emma Bubola, periodista a cargo de la nota publicada en el New York Times.
Sobre el Estado Red o Nerd Reich, ver Los grises de San Francisco en nuestro número 233.
Y sobre uto-distopías de billonarios para cooptar territorios, ver también ¿Urbanización por enclaves exentos de soberanía y derechos?, la propuesta de Paul Romer para una “Ciudad Modelo” en Honduras, por Raúl Fernández Wagner en nuestro número 103.
