Anticipo del libro El Proyecto Urbano Inclusivo. Un instrumento de gestión territorial para el Área Metropolitana de Buenos Aires, de Julián Salvarredy, de próxima publicación por Editorial café de las ciudades.

El Proyecto Urbano Inclusivo, tema de este libro, es una forma de intervención urbanística destinada al mejoramiento de barrios generados mediante la llamada Producción Social del Hábitat (PSH) y su incorporación física y social a la ciudad consolidada. Ambos conceptos y ambas siglas tienen su origen en nuestro continente americano, a la vez el más urbanizado y desigual del planeta y, por tanto, territorio necesitado de aproximaciones innovadoras y audaces al problema de la precariedad habitacional. Y ambos oscilan también entre diversas variables de producción y significado.
La PSH, definida por primera vez por el mexicano Enrique Ortiz, abarca toda la urbanización que no es producto del accionar del mercado (al menos el mercado empresarial o financiero) ni del Estado. Tiene varias vertientes principales. Una es la producción de asentamientos precarios en lo dominial y en lo constructivo, generalmente con trazados agregatorios sin geometrías formalizadas, características originadas en su concepción como un paso previo al acceso a la vivienda digna en barrios consolidados. Con el tiempo y las frustraciones, los trazados se hicieron similares a los del catastro institucional (el paso de la villa al asentamiento) y los materiales fueron más sólidos (“la casa es de material”, es decir, de ladrillos y en algunos casos hormigón). Ya no era un paso previo al ascenso social; era el destino definitivo y había que tratarlo como tal. Un lugar común afirma que, a diferencia de las personas pudientes que compran un terreno, construyen y finalmente habitan lo construido, los pobres primero habitan (bajo un toldo o un chaperío), luego construyen y luego intentan regularizar el dominio de su lugar en el mundo.
La PSH, definida por primera vez por el mexicano Enrique Ortiz, abarca toda la urbanización que no es producto del accionar del mercado (al menos el mercado empresarial o financiero) ni del Estado. Tiene varias vertientes principales.
Otra variante de la PSH es la autoconstrucción en condiciones de regularidad dominial, generalmente en loteos periféricos no totalmente dotados de servicios y atributos urbanos, cuya consolidación es el objeto esencial de los Programas de Mejoramiento Barrial (PMB). Y una variante más avanzada es la organización, generalmente cooperativa, para la construcción de conjuntos residenciales o barrios o el reciclaje de edificios existentes; las cooperativas uruguayas de vivienda son el ejemplo más significativo (pero no el único) de esa variante.

Un antecedente paradigmático del Proyecto Urbano Inclusivo, cuyo objetivo es apuntalar la PSH, es el desarrollado en las operaciones de urbanismo social de Medellín desde la primera década de este siglo, realizadas por la empresa municipal de desarrollo urbano y prestación de servicios, con la consigna de llevar la presencia del Estado a barrios en los que era evidente su ausencia o su remplazo por el entramado narco. Esa introducción o reintroducción de lo estatal se expresa en la llegada del transporte público y la generación de equipamientos comunitarios y espacios colectivos de singular valor arquitectónico.
(…) a diferencia de las personas pudientes que compran un terreno, construyen y finalmente habitan lo construido, los pobres primero habitan (bajo un toldo o un chaperío), luego construyen y luego intentan regularizar el dominio de su lugar en el mundo.
Las operaciones descriptas por Salvarredy en este libro (adaptación de su tesis de doctorado) encaran el Proyecto Urbano Inclusivo desde otro sujeto o actor: colectivos profesionales que apuntalan procesos de integración sociourbana de villas y asentamientos precarios. O “barrios populares”, como se los denomina en Argentina desde el consenso, hoy amenazado, que a mediados de la década pasada generó su registro y el encuadre legal para su urbanización.
Proyecto Habitar (PH) es la organización que desarrolló Salvarredy junto a un nutrido grupo de profesionales de diversas disciplinas. Su constitución, tal como se describe en este libro, tuvo un carácter “aluvional”, producto de la acumulación y optimización de experiencias más que de una intencionalidad inicial. Podríamos designar sus operaciones como “mediadoras” en esos procesos integradores, si consideramos el rol de PH en la articulación de acciones entre las comunidades barriales y las diversas instancias estatales: municipales, provinciales, nacionales, empresas públicas, organismos descentralizados (e incluso los organismos internacionales de financiamiento, muchas veces promotores de agendas preformateadas o “enlatadas”). Pero una mirada justa y precisa obliga a entender esa mediación en un sentido específico; si existe ese concepto y si nos lo permite el lenguaje de las ciencias sociales, se trata de una mediación participante, inmersiva y comprometida. Una mediación que no se limita ni se condiciona a “facilitar” y validar procesos bajados desde la autoridad política o el organismo que financia, sino que dialoga, interpreta y encamina demandas y opiniones comunitarias. A problemas territoriales complejos, PH responde con una gestión comprometida de los procesos igualmente complejos que implica su resolución. La participación, tantas veces declamada, no es delegación ni omisión del conocimiento técnico, es una operación que incluye especialmente la escucha y la incorporación de datos de la realidad y del deseo de las personas y comunidades involucradas.

Una mediación que no se limita ni se condiciona a “facilitar” y validar procesos bajados desde la autoridad política o el organismo que financia, sino que dialoga, interpreta y encamina demandas y opiniones comunitarias.
Salvarredy se propone tres objetivos concurrentes:
– evaluar casos de estudio significativos del proyecto urbano como instrumento de la gestión territorial en el AMBA, en el período 2003-2015;
–establecer las bases conceptuales y operativas del proyecto urbano inclusivo;
-corroborar en el estudio de casos los aspectos estructurales de la propuesta conceptual y operativa de Proyecto Urbano Inclusivo como instrumento de la gestión territorial.
los sectores urbanos informales son hegemónicamente tratados como una enfermedad de un sistema que funciona. Como una indeseable consecuencia, daños colaterales de algo que está bien
El ámbito de acción de estos proyectos es el Área Metropolitana de Buenos Aires y algunas de sus villas y asentamientos más legendarios. Salvarredy describe y analiza los casos de Villa Jardín en Lanús, El Jagüel en Esteban Echeverria, Villa Tranquila en Avellaneda, Santa Rosa y otros barrios del oeste de San Fernando, Villa Palito en La Matanza y Carlos Gardel y Patagones en Morón. Y en el camino, construye teoría para la acción. Una cartografía delicada, sutil y a la vez expresiva y contundente acompaña y sostiene el discurso crítico expresado en el texto.
Con agudeza, el autor señala al principio del libro que “los sectores urbanos informales son hegemónicamente tratados como una enfermedad de un sistema que funciona. Como una indeseable consecuencia, daños colaterales de algo que está bien”. Actualmente, el discurso y la acción del gobierno nacional argentino redobla esta visión y abandona toda política estatal cuyo objetivo sea la hasta hace poco indiscutida necesidad de “integración sociourbana”. En tiempos difíciles, este libro de Julián Salvarredy aporta tanto a la memoria y el análisis de lo que fue realizado como a la misión que enfrentaremos a futuro. Aporta, en definitiva, al porqué y al cómo de la tarea a encarar por la política, las y los profesionales, las comunidades barriales y sus organizaciones para la transformación virtuosa del territorio y la concreción del derecho a habitar en dignidad.
MC
Proyecto Habitar (PH) es una organización de arquitectos y urbanistas que desarrolla planes, programas, proyectos y políticas arquitectónicas y urbanas. “Comprometidos socialmente con el mundo que habitamos, donde la desigualdad en el acceso a los bienes y servicios urbanos condiciona la vida de la mayoría de la población, realizamos nuestra práctica profesional con el objetivo de enfrentar la injusticia social y espacial. Nuestras acciones buscan ser un aporte desde el saber disciplinar, es por ello que trabajamos de manera colectiva e interdisciplinaria, articulando con diferentes actores”.


