Sobre el cierre de esta edición de café de las ciudades continúan los incendios de bosques en la Patagonia argentina (también se han registrado en Chile, con trágicas consecuencias en vidas humanas). A fin de enero, todos los registros coinciden en que son más de 200.000 las hectáreas afectadas en la Comarca Andina.
Abelardo Llosa, arquitecto, urbanista, especialista en ordenamiento territorial e impacto ambiental de grandes infraestructuras, señala falencias y ausencias
de ordenamiento territorial que derivan en incendios: “urbanizar o construir casitas en el bosque es un problema. La gente usa fuego, tiene garrafas, hace asados, quema basura si no hay recolección, se calefacciona con leña, cocina con leña y fuego, y de ahí a que se produzca un accidente y un incendio hay un instante. Los bosques son material combustible ciento por ciento”. Para Llosa, las condiciones climáticas son cada vez más propicias para los incendios. “Sequía, vegetación deshidratada y por tanto combustible, calor (temperaturas ambientes superiores a lo normal); todo eso es parte del ciclo o cambio climático que estamos viviendo”.
–Sistemas de monitoreo de condiciones climáticas propicias para los incendios (sequías, vientos, temperatura ambiente).
-Sistemas de alerta temprana de fuego (por ejemplo, torres con cámaras térmicas interconectadas y vinculadas a una central de monitoreo).
Javier Grosfeld, biólogo y técnico superior del Conicet, enfatiza la importancia de actualizar el sistema de prevención y señala que las discusiones sobre esta convergen en torno a tres temas generales:
-las interpretaciones públicas y profesionales de lo que constituye “prevención” son diversas y a menudo inconsistentes,
-un único enfoque de prevención por sí solo no erradicará los incendios forestales causados por la acción humana, lo que revela la importancia de los aportes y miradas locales a los programas y estrategias de prevención, y
-los esfuerzos de prevención deben adaptarse a nivel local para involucrar a audiencias específicas si se pretende que tengan éxito.
“Por otro lado, hay gravísimos problemas de falta de gestión ambiental y falta de mantenimiento preventivo en Argentina”, coincide Llosa. “Si las líneas eléctricas aéreas no tienen mantenimiento, son fuente de cortocircuitos, chispas y fuego…. Cuanto más precarias y alejadas las líneas eléctricas, más riesgosas son. La basura tirada a la vera de las rutas también es una fuente de fuego. Los vidrios, los metales…”.
Las falencias administrativas y presupuestarias han sido reiteradamente señaladas, como por ejemplo la carencia de estructuras institucionales y operativas de atención de las emergencias y de combate al fuego. “Esto es muy caro de sostener económicamente y políticamente”, indica Llosa. “Mantener equipos de personas (pagando salarios) cuando no hay incendios, es visto como un gasto inútil por los (malos) gestores del Estado, pero también por parte de la sociedad que tiene otras urgencias. Sin embargo, la prevención es el camino más eficiente, eficaz y económico”:
las comunidades sufren una y otra vez los embates: la pérdida de tierras productivas, la degradación de los ecosistemas, la alteración de los medios de vida y las consecuencias a largo plazo para la salud que pueden persistir durante años o décadas.
–Ordenamiento territorial para evitar la urbanización en zonas de bosques.
–Gestión ambiental para evitar residuos, acumulación de material combustible vegetal, etc.
–Comunicación social y educación para tomar conciencia de los efectos del cambio climático en nuestros territorios y el riesgo de incendios (entre otros).
–Sistemas de monitoreo de condiciones climáticas propicias para los incendios (sequías, vientos, temperatura ambiente).
-Sistemas de alerta temprana de fuego (por ejemplo, torres con cámaras térmicas interconectadas y vinculadas a una central de monitoreo).
Grosfeld señala un reciente informe de la UNDRR (Oficina de la Naciones Unidas para la Reducción de Riesgos de Desastres), que da cuenta de los costos económicos registrados en 2025 y asociados a desastres naturales, en especial los incendios forestales. El informe señala que en general la evaluación de daños económicos se limita a las pérdidas cubiertas por las aseguradoras, pero “los daños materiales son solo el primer golpe, incluso para quienes tienen la suerte de estar asegurados. Mucho después de liquidarse las reclamaciones, las comunidades sufren una y otra vez los embates: la pérdida de tierras productivas, la degradación de los ecosistemas, la alteración de los medios de vida y las consecuencias a largo plazo para la salud que pueden persistir durante años o décadas. También se pasan por alto los efectos en cascada de la contaminación posterior a los incendios, en particular cuando se incendian sitios industriales, desechos peligrosos o infraestructura”. Según Grosfeld, “los datos oficiales en Argentina son muy escasos y referidos solo a costos operativos de combate y eventualmente de daños a infraestructura, son embargo hay muchos costos invisibles que deben tenerse en cuenta a la hora de planificar una gestión integral del fuego”.
Abundan las teorías conspirativas, en algunos casos alentadas por el propio gobierno nacional (la eterna “pista mapuche”), en otros por su propia ineptitud o frivolidad. Se habla de incendios provocados para luego urbanizar, lo cual parece poco sensato: si se quema lo que hace atractivo el territorio, se le está quitando valor inmobiliario. La hipótesis no parece racional. El paisaje natural es el gran atractivo de esas tierras. Si se lo quema, solo se le hace perder el valor.
La población del área afectada registra una gran angustia, no solo por los incendios sino por la actitud institucional, violenta, autoritaria y precaria. El Parque Nacional Los Alerces esta “intervenido” desde la Administración de Parques Nacionales… una figura legal que no existe. Una residente que nos pidió reserva de su nombre lamenta que “los incendios forestales no se consideran como una problemática ambiental; es por eso que no se responde con políticas de adaptación ni de prevención ni de restauración. A lo que hay que apuntar es a adaptarnos a vivir en un medio inflamable por políticas a largo plazo. Convivir con la ecología del fuego; desarrollar una cultura regenerativa, más allá de lo sustentable (incluido el turismo regenerativo”. El uso de los recursos está en el centro de esta cuestión; para Llosa, “un proyecto de desarrollo nacional o regional requiere el uso de los recursos naturales con respeto a las capacidades de carga, con respeto a las comunidades que tienen vínculos ancestrales con el territorio, con responsabilidad, ciencia, inversión y profesionalismo”.
MC
Foto de portada: canal12web.
Sobre prevención de riesgos de incendios forestales y buenas prácticas, ver Preventing Human-Caused Wildfire Ignitions on Public Lands: A Review of Best Practices (2025), de Catrin M. Edgeley, Alexander M. Evans, Sarah E. Devenport, Gabriel Kohler, Zoë M. Zamudio y William D. DeGrandpre en Forest Science (Springer y Society of American Foresters).
