Presentación
Viajar, caminar, filmar, imaginar filmar. Tripsteaser es una crónica de viajes y de rodajes: algunos realizados, otros diseñados, desarrollados, abandonados en algún momento de la producción, o simplemente imaginados. Ocurre en distintos países y regiones del mundo y se detiene en las fuentes, en los procesos, en todo aquello que antecede a la película y que, por lo general, queda fuera.
¿Dónde quedan las películas que no realizamos, o que realizamos de formas no convencionales? ¿Qué ocurre con esas imágenes que no llegaron a existir o que existieron parcialmente?
Este libro no es un diario lineal ni un making-off. De hecho, la mayoría de los rodajes no ocurrieron. Es un archivo de desplazamientos: filmaciones, preparaciones, proyectos de películas, encuentros que pudieron haber detonado la idea o un proyecto de película. Cada lugar visitado y cada set de rodaje —real o imaginado— se transforma en un espacio que recuerda.
La escritura adopta múltiples formas: guion, cuento, dramaturgia, postdrama, listas, montaje de textos, crónica. Es un diario de caminata, porque caminar es narrar. Caminar es vivir en el set.

Es también un diario de rodaje atravesado por la ficción, por fragmentos de otras películas, fotos, apuntes, historias, lecturas: los productos marginales. Aparecen textos que pueden provenir de una televisión encendida, de gente que pasa, de periódicos, emails, cartas escritas a mano, listas del súper, anuncios, discursos de mandatarios. A veces están mal escritos, han perdido o cambiado letras, aparecen en otro idioma o lengua. Proyectos fallidos o incompletos que han cambiado su propósito.
La escritura avanza como quien alumbra la oscuridad con una linterna: ilumina un fragmento, luego deja la linterna sobre la mesa para hablar un rato. Se mueve por trazos de acción, por encuentros, por observaciones. Se detiene en lo aparentemente secundario —la colocación de una mesa en una habitación, la manera en que la luz cae sobre una pared, un gesto que se prolonga más de lo necesario— porque ahí es donde la película va abriendo posibilidades. Como en el cine, el relato no está en lo que se muestra, sino en lo que no.
El libro es fragmentario y abraza la contradicción, como todo proceso creativo. Los textos no buscan cerrar un sentido, sino abrirlo. Los relatos de viaje se interrumpen con notas de rodaje; las descripciones de paisajes se contaminan con decisiones técnicas posibles, fallos logísticos, cansancio, humor socarrón. Nada de eso se corrige: esas irregularidades son el viaje. La memoria aparece en la vacilación, en la imposibilidad de narrar de manera perfecta.
Hay recurrencias y loops. Ciertos lugares reaparecen, ciertas escenas se reescriben desde otro ángulo, como imágenes que regresan ligeramente alteradas. La dimensión sensorial es central: la prosa se deja afectar por la luz, la textura, el sonido.
El libro invita a jugar con las imágenes que podrían construir una película, y a conectarlas con otras imágenes para sorprenderse con el resultado de la mezcla. Se trata de describir el viaje de las imágenes.
Quizás este sea el viaje de una cineasta en busca de un lugar mítico, como lo fue Aztlán para los aztecas: un país que termina siendo el propio viaje, construido en el tránsito.

No hay resignación en relatar películas no concluidas porque me interesa lo que pasa antes: la construcción de la expectativa, las posibilidades tendidas. Por eso me fascina el desarrollo, incluso la preproducción, de una película. Los momentos previos. Me interesa lo que ocurre antes de un hecho, no sus consecuencias. Cómo se construye la expectativa, cómo se despliega, qué posibilidades quedan tendidas. En el momento de la producción hay que tomar una decisión y, muchas veces, la mejor queda afuera.
El recorrido ha ido creando un gran archivo del que emergen historias, personajes, situaciones. En cada lugar dejo y hago obra, y también relaciones. Voy de un lugar y de un tiempo a otro. Diferentes momentos y situaciones se suceden y, poco a poco, se conectan. Un personaje observa lo que está pasando.
Se trata de sentir la vida observada en su posibilidad de ser cine. En ese gesto, la escritura empieza a existir dentro del archivo y propone una forma que emerge de lo que no ocurrió. Ahí —precisamente ahí— están el viaje y el cine.
Es la espera.

Parafraseando a un comentarista de la obra de Jonas Mekas, Tripsteaser es también la puesta en escritura de la experiencia fragmentada del inmigrante, del extraño, que al mirarse en su identidad actual vuelve a hacerse extraño frente a sus recuerdos.
En síntesis, Tripsteaser reflexiona sobre el proceso de trabajo y sobre cómo la vida puede ser editada dentro de una película. Cómo se produce ese diálogo, cómo transforma a la película y cómo, a su vez, la película transforma la vida. Cómo un detalle puede detonar una historia. Qué significa trabajar desde los márgenes: las piezas sueltas, los momentos imperceptibles. Escribir con y dentro del cine.
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1.
“Las personas tal vez consistimos, en suma, tanto en lo que somos como en lo que no hemos sido, tanto en lo comprobable y cuantificable y recordable como en lo más incierto, indeciso y difuminado, quizá estamos hechos en igual medida de lo que fue y de lo que pudo ser”. Javier Marías en la Calle del Orco.
Hay al menos una película que estamos siempre construyendo, que es siempre proyecto. Podría pensarse en la inutilidad de encarar una película que nunca va a realizarse por completo, más que como guion, fotos, ideas, palabras sueltas, sueños, otras películas. Esta metapelícula crea un territorio como una red que se lanza al río y que el agua, la vegetación, los movimientos del barquito y del hombre modifican.
Son quizás esas películas que no te dejan dormir porque están demasiado cercanas a la vida o a la reflexión que la vida cotidiana nos obliga, cuando la dejamos, a realizar. ¿Por eso es tan sensible y se mueve sin que podamos agarrarla?
Son esas películas que se crean con la sola presencia y, de repente, ves el dobladillo, la costura, la luz artificiosa; sabes que solo una HMI puede crear ese efecto y piensas que no, pero quizás sí, y la vida, sin error, continúa y tú sigues adentro.
La cercanía de la película con la experiencia, la memoria, el deseo, puede ser algo peligroso porque la empuja hacia afuera de un territorio con una serie de mecanismos de transformaciones casi controladas.
El escritor que inventa una arquitectura más compleja porque quiere ser parte de ella y encontrarse con los personajes (como Dante lo hizo con Beatriz). Pero quiere saber más antes de verlos de frente, porque en el cine están todos desde el inicio, en el mismo espacio.
¿Dónde está la película? ¿Si lo que filmas no es la película y la película está afuera? Todo lo que no se vio ni se escuchó, pero tú sí, porque estabas ahí, filmando esa “otra película”, es decir, la que fuiste a filmar, la que quedó en el celuloide, la que procesaste en el laboratorio, o la que quedo en tu disco duro. Y la otra película, la que es en serio, está en otro lado, o es lo que vos querés creer.
Y a lo mejor la realizás años después y no es una película. Es un libro, o un viaje, otra película, un personaje que te encuentras y lo conoces de afuera hacia adentro y viceversa, como si tú lo hubieras creado en el pasado y ahora te lo volvieras a encontrar. E imagina el encuentro, la historia, el lugar. Igualito a cuando caminas por la calle y ves a alguien en la vereda de enfrente o pasas junto a él o ella en la misma vereda y le echas un ojo, una ojeada, ¿ves? Te haces la película. Hasta te das vuelta y el otro también, pero no pasa nada, nunca va a pasar, pero igual vos te hiciste la película y quizás también el otro. Y ahí van dos películas que nunca serán proyectadas en una sala de cine, porque estas películas ocurrieron al modo de cada quien.
Y, claro, el personaje sigue adentro tuyo y sabe mucho de ti. Reconoce tus olores y sudores, tus tonterías; es alguien que te vuelves a encontrar en sueños, o travestido en otro personaje (ya no es hombre, es mujer, o perro, o un niño o una viejita), y ahora es diferente, pero no, porque te das cuenta de que es igual.
Son las otras películas, las que no filmaste, o de las que nunca te diste cuenta que estaban ahí junto a la que sí.

2.
Once, for Christmas, my mom gave me a little suitcase, the message was clear to me: you can leave. I kept inside all the items that I have been collecting for so long. When I went to the dining room to say goodbye, to my amazement, the table was set for three. My mom had given me the wrong message. I returned to my room and decided that I d́ leave the minute I could.
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Empecé a preparar el viaje a los 6 años, junté todo lo que necesitaría para un largo viaje. Cuando una Navidad mi mama me regalo una valijita, entendí que ya podía partir. Empaque rápidamente y fui al comedor para despedirme de mis padres. Pero, para mi desilusión, mi mama había puesto la mesa para los tres y me di cuenta que había entendido mal. Regrese a mi cuarto y decidí que partiría tan pronto como pudiese.
MB
Continuará.
La autora es escritora, cineasta y socióloga. Su trabajo ha sido exhibido y premiado en festivales de Estados Unidos, Europa, Asia y Latinoamérica. Ha desarrollado largometrajes, novelas y proyectos transmedia, además de dirigir talleres en México, Argentina y Estados Unidos. Ha sido profesora y cineasta visitante en universidades internacionales, ponente en congresos sobre migración y cine, y guionista para cine, televisión y productoras independientes colaborando con instituciones como UNICEF, Canal 11 de la CDMX y Telemundo.
