No habrá spoilers, no contaremos nada. La película es espantosa, traicionera; es una vuelta de tuerca para algo que sabemos bien, que el hecho de estar vivos ya nos expone a morir. Si necesitan una excusa para verla, puede ayudar que el ahora monárquico Fernando Savater dice haber decidido omitirla porque leyó una entrevista a su director.
Sirāt presenta algunas variantes sobre los temas del vértigo y la agorafobia (ese vértigo horizontal, pampeano), dos de los temores esenciales que nos genera el espacio. Una película completa de Hitchcock y una escena de otra canonizan esos miedos.

Sirāt presenta algunas variantes sobre los temas del vértigo y la agorafobia (ese vértigo horizontal, pampeano), dos de los temores esenciales que nos genera el espacio. Una película completa de Hitchcock y una escena de otra canonizan esos miedos. Obviamente, Vértigo define el terror a las alturas y, para quien así lo quiera interpretar, pareciera significarlo como una metáfora de la impotencia que sufriría su protagonista masculino (Brian de Palma le da una vuelta de tuerca hacia la claustrofobia en su homenaje, Doble de cuerpo). La secuencia de Cary Grant en North by Northwest huyendo de la avioneta en el campo pelado ha sido comparada al laberinto sin paredes de Los dos reyes y los dos laberintos borgeanos; Antonioni la replica en clave burlona en Zabriskie Point. En La noche de San Lorenzo, de los hermanos Taviani, un tiroteo entre fascistas y partisanos se desarrolla en un trigal; allí la homogénea capacidad de escondite que ofrece la plantación es una variante del laberinto chato.
Los precipicios y el desierto de Marruecos son la excusa geográfica en la película de Oliver Laxe. Mientras que la caída es el riesgo evidente y previsible en los rudimentarios caminos que llevan a Mauritania, el páramo esconde otros horrores y deviene una suerte de ruleta rusa; lo siniestro deviene ajeno a toda lógica o cálculo.
Al comenzar la película se nos aclara que, para el Islam, As-Sirāt es el puente que cruza sobre el Infierno y que todas las almas deben atravesar el Día de la Resurrección para llegar al Paraíso (Jannah). “Es un camino más fino que un cabello y más afilado que una espada”.
Mientras que la caída es el riesgo evidente y previsible en los rudimentarios caminos que llevan a Mauritania, el páramo esconde otros horrores y deviene una suerte de ruleta rusa; lo siniestro deviene ajeno a toda lógica o cálculo.

La pequeña tribu raver, la familia monoparental y sus respectivos perros componen una comunidad efímera que por algún motivo nos remite a la de La autopista del sur. Pero el vacío que sigue a su desbande es más inquietante que el del cuento de Cortázar. O más que inquietante, devastador.
MC
Sobre laberintos y desiertos ver esta nota en nuestro número 45.
