El presente aporte pretende revisar algunos rasgos del modelo de gestión urbana que se ha implementado en la ciudad de Mar del Plata, Argentina, desde hace al menos una década, considerando que las decisiones tomadas sobre la ciudadanía y el espacio urbano tienen y van a tener consecuencias sociales, económicas y ambientales severas.
La ciudad de Mar del Plata se encuentra ubicada en el sudeste de la Provincia de Buenos Aires, Argentina, sobre la costa del Océano Atlántico sur. Es la cabecera del Partido de General Pueyrredón (ver imagen 1). Fue fundada a fines del siglo XIX como puerto saladeril y posteriormente villa balnearia para las elites porteñas y profundizó su especialización turística a lo largo del siglo XX. A lo largo de los diversos ciclos económicos acaecidos, su perfil productivo entró en crisis, lo que ocasiono altos niveles de desocupación y el aumento de las desigualdades sociales.
(…) si se busca gestionar una ciudad para todos los habitantes, es necesario un Estado presente, regulando y gobernando no solo para el sector privado sino para el colectivo de ciudadanos.

Localización relativa de Mar del Plata. Fuente: García, M., Veneziano, M. (2018)
En trabajos anteriores nos propusimos analizar críticamente la realidad urbana marplatense a partir del estudio del proceso de transformación de la ciudad, considerando tres cuestiones que se mostraban como emergentes: el proceso de planificación estratégica, la pérdida del espacio público y el rol de la denominada geografía del miedo en la configuración de la denominada ciudad neoliberal. En ese sentido, hemos postulado que, si se busca gestionar una ciudad para todos los habitantes, es necesario un Estado presente, regulando y gobernando no solo para el sector privado sino para el colectivo de ciudadanos. Por ende, los rasgos analizados acentuarían el carácter de ciudad neoliberal, si no se revertían las tendencias.
Transcurrida una década de las consideraciones realizadas, podemos observar un acentuamiento en la aplicación de políticas neoliberales urbanas en la ciudad de Mar del Plata, lo cual conllevaría a un modelo de ciudad para pocos ciudadanos, en el que el principal objetivo parece ser generar crecimiento económico sin considerar las consecuencias sociales y ambientales.
La ciudad neoliberal y sus dimensiones en el caso marplatense
Según R. Méndez (2013:32),
…el agotamiento del fordismo dio paso a formas de producción flexibles y segmentadas, compatibles con una creciente concentración empresarial, así como a la progresiva globalización de todo tipo de mercados, apoyada en una revolución tecnológica que también sirvió como soporte para el acelerado proceso de financiarización de la economía. En el plano de la regulación, la crisis favoreció el asalto del pensamiento neoliberal por sobre el Estado keynesiano; que en el proceso de reforma del estado se caracterizó por el ajuste financiero, las privatizaciones y la descentralización administrativa”.
Continuando con las anteriores consideraciones, en el plano territorial, junto a la profundización multiescalar en la división espacial del trabajo se produjo un incremento de las desigualdades en términos tanto cuantitativos como cualitativos. Asimismo, se da una densificación y complejización de las redes por las que circulan los flujos esenciales para la reproducción del sistema, lo que acentuó el valor estratégico de las grandes ciudades–región como nodos principales que las articulan y donde se localizan los principales centros de decisión
Como consecuencia de al menos tres décadas de globalización económica, las bases económicas de las ciudades se han transformado radicalmente. En ese marco, según autores varios, emerge un modelo de urbanización neoliberal o de ciudad neoliberal.
En sí, el termino ciudad neoliberal es medianamente novedoso y muy amplio, pero existen algunos rasgos fundantes:
Hablar de ciudad neoliberal alude no sólo a las funciones estratégicas y jerarquizadas que cumplen las capitales mundiales en el contexto de predominio del capitalismo flexible, de la tercerización económica, de la sociedad red, de la información y del conocimiento, a escala local, regional y global. Sobre todo, es hablar de ideas traducidas en formas de desarrollo urbano que, a través de discursos, políticas y acciones, enfatizan las divisiones espaciales, producen espacios separados, resguardados y segregados, privando al espacio público de su significado como bien común y como lugar de encuentro e interacción entre miembros diferentes de la sociedad. (Ramírez Kuri, P. 2021:6)
Esta reconfiguración de la geografía urbana contemporánea trae cambios en la calidad de vida urbana. D. Harvey sostiene que: “…la calidad de vida urbana se ha convertido en una mercancía para los que tienen dinero, como lo ha hecho la propia ciudad en un mundo en el que el consumismo, el turismo, las actividades culturales y basadas en el conocimiento, así como el continuo recurso a la economía del espectáculo, se han convertido en aspectos primordiales de la economía política urbana hasta en la India y China…” (Harvey, 2013; 34)
Estas acciones pretenden reordenar los espacios y “limpiarlos” de individuos poco deseables para el público consumidor, incluyendo vendedores ambulantes, manteros, artistas callejeros o movimientos de protesta.
El análisis del presente caso se basa en lo que M. Janoschka (2011) y otros autores consideran como dimensiones que caracterizan a la nueva geografía neoliberal de las ciudades en el marco de la globalización, considerando los aportes mencionados y ejemplificando con fuentes periodísticas y/o sitios web o redes sociales.
-La difusión de modelos de gobernanza urbana: Los principios de gobernanza se enfocan en la difusión de reglas, procedimientos y comportamientos que caracterizan la actitud estatal, especialmente en cuando se refiere a la inclusión de un modo cooperativo entre actores estatales y privados, para gestionar el espacio local. Sin embargo, siguiendo al autor, los propietarios, los profesionales educados y poseedores de medios económicos o representantes poderosos, por ejemplo, pueden influir con mayor determinación en los procesos de decisión que los colectivos vulnerables. La gobernanza, entonces, se vuelve un medio o excusa para permitir que actores hegemónicos blanqueen su participación política en las decisiones del gobierno y puedan ejercer presión para beneficiarse de, por ejemplo, la obra pública, las mejoras en infraestructura o la afectación de presupuesto.
En trabajos anteriores (Villavicencio, 2018;2021) sostuvimos que la planificación estratégica (PE) implementada desde 2002 en Mar del Plata -en tanto paradigma actual del cómo pensar a la ciudad- ha cumplido en forma parcial con sus preceptos: debe ser liderada por el Estado, pero son los agentes privados quienes concentran decisiones de actuación en el territorio. La PE plantea ser democrática y participativa, pero en escasas oportunidades se han realizado convocatorias masivas para debatir políticas urbanas. Se pueden realizar numerosas críticas, pero resalta mencionar que el carácter plurilegislativo del PE tampoco fue respetado, ya que las diferentes gestiones de diversos espacios políticos como Alianza Marplatense o Cambiemos han discontinuado los lineamientos originales de la planificación. Sostiene entonces Janoschcka que “Todo ello apunta a un escenario en el cual surge la sospecha fundada de hasta qué punto se esconde bajo el modelo cooperativo de la gobernanza urbana solamente una estrategia política poderosa con el único fin de legitimar la toma de decisiones predeterminadas y pactadas con antelación al propio proceso cooperativo y participativo” (Janoschka, 2011:122).
-La proliferación de una estética aséptica: una parte de la reconfiguración urbana se dirige a transformar y comercializar el espacio público. Esto implica la proliferación de una estética aséptica que no necesariamente satisface a los habitantes de esos espacios, sino más bien al turista que los visita para entretenerse en su tiempo libre. Surgen nuevas dinámicas sociales y espaciales que afectan a los centros históricos, por ejemplo, mediante los planes de renovación y conservación del patrimonio urbano que a su vez incentivan los procesos de gentrificación. En cuanto a este último concepto, es dable recordar que Mar del Plata es una ciudad relativamente joven, fundada en 1874, por lo que no posee un acervo patrimonial histórico grande, como otras ciudades. Sin embargo, posee un grave problema de perdida de patrimonio arquitectónico causado por las constantes excepciones que las diversas gestiones municipales hacen, permitiendo la construcción de torres o emprendimientos habitacionales que generan tensiones entre ciudadanos y agentes inmobiliarios, como puede verse en estas notas en Perfil y en Qué Digital.
-La reordenación del poder político a través de la cooperación público-privada: Janoschka (2011) sostiene que los proyectos de cooperación público-privada pueden ser presentados como una forma innovadora de gestionar la reconversión de espacios abandonados, tachados de inseguros, peligrosos, etc., por regla general ubicados en lugares céntricos. Mediante la cooperación público-privada se establecen nuevas formas de gobernanza espacial, dado que se crean espacios bajo jurisdicción privada con poderes de relativa exclusividad, ya que uno de los objetivos implícitos de estas medidas es transferir responsabilidades a los privados y recortar gastos de las arcas estatales.
En Mar del Plata podemos hallar numerosas formas de ejemplificar como se han implementado estas políticas, como es la sanción de la ordenanza para adherirse al régimen de contratación público-privada: “El presente proyecto tiene por finalidad que la Municipalidad de General Pueyrredon adhiera a la Ley Provincial N°14.920, la cual adhiere a la Ley Nacional N°27.328 – Ley Nacional de Contratos de Participación Público-Privada, la cual propone el dictado de un marco legal que crea el régimen de contratación público-privada (Contratos PPP), con el objeto de desarrollar proyectos en diversas áreas”, como puede verse en esta nota en La Tecla.
De misma manera, en 2024, el Concejo Deliberante marplatense aprobó un proyecto similar que apunta a la colaboración público-privada en el ámbito de la cultura: el proyecto de padrinazgo cultural “con el objetivo central de promover la articulación público-privada para la puesta en valor y promoción de espacios culturales administrados por el Ente Municipal de Turismo y Cultura (EmturyC), como así también de monumentos públicos, entre otras iniciativas”.
En esta tónica, ciertas actuaciones llevadas a cabo en el espacio público, promovidas desde la Municipalidad de General Pueyrredon pero auspiciadas por actores privados han generado polémica y posturas encontradas por mercantilizar el espacio urbano en desmedro de lo que antes era ámbito público. Algunos ejemplos que tomaron notoriedad en los medios fueron las reformas en la Plaza España y posterior habilitación y construcción de un comercio de comida rápida junto al Museo Municipal de Ciencias Naturales y la utilización de inmuebles patrimoniales emblema para realizar festivales gastronómicos varios y fiestas electrónicas. Entre fines de 2025 e inicios de 2026, se construyeron señalizaciones urbanas acompañadas de cámaras de vigilancia en algunas de las principales avenidas, que han sido patrocinados por empresas privadas, generando críticas de ciudadanos y medios de comunicación por ser disruptivos en el espacio público y en algunos casos causantes de contaminación visual (ver imagen 2).

Cartel publicitario y cámaras de seguridad en Av. Colon esquina Mitre, Mar del Plata. Fuente: archivo personal, febrero 2026
-La destrucción de espacio por la implementación de políticas espaciales: para Janoschka, la reordenación política y espacial de la ciudad implica también un proceso de exclusión más profunda, caracterizada por de la toma del poder por la burguesía a partir de la sanción de leyes que destruyen el espacio público, de forma más acentuada para las personas que más necesidad tienen de expresarse en los sitios abiertos. Por ejemplo, se crean legislaciones que prohíben la permanencia de personas indigentes, vulnerables, mendigos, sin techo, en ciertos espacios. La denominada Patrulla Municipal de seguridad, a la que nos referiremos más ampliamente más adelante, realiza numerosas intervenciones con esos objetivos (como por ejemplo se puede observar aquí).
Estas acciones pretenden reordenar los espacios y “limpiarlos” de individuos poco deseables para el público consumidor, incluyendo vendedores ambulantes, manteros, artistas callejeros o movimientos de protesta. Estos grupos son señalados de ser “peligrosos”, criminalizando su presencia a partir de inventar supuestas transgresiones, considerando que en muchos casos se trata de actividades que se desarrollan a modo de supervivencia ante las desigualdades que la misma ciudad crea (Janoschka, 2011). Ejemplos claros vinculados con estas acciones estarán vinculados con el siguiente aspecto de la neoliberalización urbana: la denominada geografía urbana del miedo.
(…) no se debe menospreciar el rol de los medios de comunicación, que en numerosas oportunidades pueden estigmatizar como sitios “peligrosos o de miedo” a asentamientos precarios o “villas, y barrios determinados, que se vuelven focos en el mapa del delito.
Geografía urbana del miedo y espacio público
En el contexto de aumento del desempleo y la pobreza de las últimas décadas, el fenómeno de la inseguridad urbana se ha consolidado como un problema metropolitano a escala latinoamericana y en muchos casos, global. Políticas integrales consensuadas a escala nacional, provincial y municipal podrán dar soluciones a un problema de dimensiones enormes. En Mar del Plata se pueden visualizar actualmente una serie de actuaciones inconexas y políticas punitivas y no de prevención, sin continuidad y coordinación entre las diversas gestiones municipales y poca o nula articulación con las fuerzas de seguridad bonaerenses. Problematizar a los barrios más vulnerables, aumentar el número de fuerzas policiales y no gestionar integralmente acentúa los problemas ya existentes
Retomando los argumentos de Janoschka (2011), en la era del neoliberalismo se han institucionalizado diferentes formas de ‘supuestas’ políticas de prevención que incluyen la vigilancia (por ejemplo, circuitos cerrados de videocámaras y televisión), el nuevo diseño de espacios urbanos y la organización del control social. Y, es importante aclarar que en ese negocio participan tanto las administraciones públicas como muchas empresas privadas. Más en detalle, se pueden expresar tres políticas de transformación, según el mencionado autor:
-En primer lugar, las nuevas formas de vigilancia, promovidas por los avances tecnológicos especialmente cuando se aplican en la supervisión de espacios públicos mediante videocámaras. Esta cuestión suele recibir muchas críticas que se centran en dos aspectos diferentes: por un lado, se aqueja la frecuente ausencia de ‘éxito’ de las estrategias aplicadas; por otro lado, provocaría la destrucción de una de las bases de la convivencia urbana moderna, el anonimato, a fuerza de la vigilancia del espacio público.
A pesar de ello, el uso de videocámaras para controlar los espacios ‘públicos’ urbanos y la grabación de imágenes se han hecho moneda común (incluso su uso electoral y televisivo). Mediante la aplicación de tecnologías cada vez más sofisticadas se intenta además controlar la población simbólicamente y de forma agresiva, manifestando una supremacía por medio de la vigilancia. Territorialmente, las cámaras en determinados sectores de la ciudad de Mar del Plata, la creación de los denominados Centros de Operaciones y Monitoreo-COM, que ya han tenido diferentes localizaciones (primero en el centro y actualmente, sobre la avenida Juan B. Justo).
En 2019, el intendente G. Montenegro (actualmente senador provincial), a poco tiempo se ser electo, anunciaba que su sede de gestión no sería el tradicional palacio municipal marplatense, sino que se trasladaría al COM de la avenida Juan B. Justo, para mostrar su compromiso con la lucha contra el crimen y la inseguridad urbana.
-Por otra parte, surgen las intervenciones urbanísticas y la construcción de espacios defensivos. “Esta línea de intervenciones genera un debate acerca de la cuestión acerca de si es posible de minimizar o evitar la criminalidad a través del medio construido, respondiendo al argumento de si es posible diseñar espacios seguros” (Janoschka, 2011:125). Las casas unifamiliares, edificios religiosos y edificaciones en altura enrejados, los intentos por cerrar barrios como El Grosellar, Sierra de los Padres, o La Florida (como puede verse aquí) son otros emergentes espaciales.
-Finalmente, se implementan nuevas formas de control social formal o informal, que implica la implantación de diferentes programas de mutua vigilancia, organizada a través de las asociaciones de vecinos, que se difunden, así como nuevas formas de prevención, privadas y/o autogestionadas. A esto se suma la creciente cantidad de vigilancia profesional proporcionada mediante servicios de seguridad públicos y privados.
En el marco del control formal, no fue un cambio menor la implementación de una Policía Local desde octubre de 2015 hasta 2019, cuestionada en su momento desde diversos sectores e incluso con conflictos de articulación con la policía bonaerense. Finalmente, no se debe menospreciar el rol de los medios de comunicación, que en numerosas oportunidades pueden estigmatizar como sitios “peligrosos o de miedo” a asentamientos precarios o “villas, y barrios determinados, que se vuelven focos en el mapa del delito.
Ideológicamente, toda esa gama de políticas se basa en la persecución de la idea de las “ventanas rotas” (Broken Windows en inglés, Wilson y Kelling, 1982), que forma una parte integral de pensar la tendencia dominante de la prevención. El argumento parte de la idea conservadora de que el vandalismo urbano se irá retroalimentando si no se combate desde el primer momento, defendiendo una visión que consiste en intentar suprimir y eliminar todos los posibles desperfectos en el ambiente urbano, como por ejemplo ventanas rotas en edificios.
En este contexto, desde el año 2020, el Concejo Deliberante de General Pueyrredon aprobó la creación de la “Patrulla Municipal de Seguridad” proyecto elevado por el Intendente G. Montenegro. Según la ordenanza “entre las funciones asignadas, el cuerpo deberá realizar desplazamientos y recorridos de vigilancia en una constante postura proactiva; atender a las llamadas de los vecinos en vía pública, aportando herramientas para la resolución de sus inquietudes; brindar aviso y apoyo a personal policial en situaciones de emergencia; fomentar el cumplimiento de ordenanzas municipales; y ejecutar medidas de acción inmediata ante situaciones de riesgo, entre otras”.
Mas allá de las funciones que la Patrulla Municipal se proponía, surgió una polémica ante los allanamientos y detenciones de cuidacoches, comúnmente conocidos en Argentina como “trapitos”, a personas en situación de calle, de ebriedad o consumo de sustancias problemáticas que causaban alguna molestia. Los integrantes de la patrulla municipal filmaban a las personas que protagonizaban estas situaciones y posteriormente subían videos editados calificándolas de “fisuras” y “delincuentes” y publicándolos en las redes sociales del cuerpo de seguridad, para que el intendente y otros funcionarios lo repliquen en redes personales y redes sociales, entre otras publicaciones.
Estas situaciones se repiten e incrementan cuando, durante el verano, muchas personas buscan empleo temporario en una ciudad de importante afluencia turística. Estas cuestiones tuvieron repercusión nacional e incluso denuncias de ONG de Derechos Humanos y organismos provinciales, como puede leerse aquí. Con estas acciones se pretende evitar no sólo la criminalidad ‘callejera’ de los delitos pequeños sino también reducir el clima de violencia urbana en general, básicamente a través del control ejercido mediante la introducción y difusión de una estética aséptica, como ya mencionamos anteriormente; es decir, limpiar los lugares más concurridos, más turísticos, centrales o cercanos a la costa de personas “no deseadas” y que tales espacios queden limpios, seguros y preparados para el consumidor turístico, además de invisibilizar los conflictos urbanos.
Como bien argumenta Janoschka “la gobernanza de seguridad parte de un discurso hegemónico que, de forma parecida que en las políticas neoliberales de corte común, resalta la supuesta inevitabilidad de las políticas aplicadas. Además, discursivamente, se justifica la pérdida de derechos y medios económicos a corto plazo con un supuesto beneficio a largo plazo (que, por cierto, nunca se irá cumpliendo) –un discurso que sirve igualmente para disciplinar a la población…” (Janoschka, 2011;126).
Conviven dos ciudades en una; la Mar del Plata de las inversiones, del turismo, las playas y vidriera veraniega y la otra, la de la exclusión, el deterioro ambiental y los barrios olvidados.
Consideraciones finales
H. Lefebvre (1991) caracteriza a las tres dimensiones de la producción neoliberal del espacio y de las nuevas configuraciones urbanas propias de la impronta del siglo XXI:
a) La dimensión de los discursos, es decir, todo tipo de debates, acontecimientos y procesos de negociación que ocurren durante la introducción de nuevas políticas urbanas. Se refiere a las negociaciones discursivas que establecen las bases para cualquier tipo de pensamiento que a posteriori se presenta como una idea hegemónica. Es por ello, que, en los últimos años de gestión municipal, el ex intendente G. Montenegro y su sucesor, actual primer mandatario interino, A. Neme, han utilizado dos slogans para referirse a los resultados de las políticas implementadas “El modelo Mar del Plata” y “La ciudad del sí”. El primero haría referencia al relativo éxito autoproclamado de las actuaciones realizadas especialmente en cuanto al combate de la inseguridad urbana. El segundo alude a promover la iniciativa privada, fundamentalmente, por sobre la denominada “máquina de impedir”, refiriéndose a la oposición política que reclama mayor presencia estatal en las decisiones e intervenciones urbanísticas. Es el discurso de la “ciudad del pensamiento único”, es decir, el dominio absoluto e inevitable de la economía y del mercado sobre las esferas políticas, sociales y culturales en el mundo globalizado (Arantes, Vainer, Maricato, 2000).
b) Las estrategias urbanas, que se entienden como el nivel administrativo, técnico y financiero de las políticas neoliberales. Se incluyen todo tipo de programas, planes, instrumentos de actuación o planes estratégicos -como en el caso marplatense- cuya elaboración e implementación parte de la aspiración (explícita o implícita) de las autoridades oficiales de introducir nuevas formas de políticas urbanas. En este sentido, considerando lo escrito por Vainer (2000), el modelo de la actual “urbe ideal “se sintetiza en la ciudad competitiva, globalizada, flexible, administrada cual empresa, con apoyo de estrategias de marketing, apta para aprovechar oportunidades con agilidad y a presentarse atractiva al mundo y a los inversionistas. Para que Mar del Plata pueda insertarse en la economía global actual, debe modernizarse, flexibilizar sus regulaciones y presentarse como un producto a ser vendido y consumido a través de estrategias de marketing urbano y minimizando las externalidades negativas (inseguridad, pobreza, etc.).
c) Las prácticas y los procedimientos de implementación administrativa de las estrategias generales, por ejemplo, a través de nuevas directivas o nuevos instrumentos jurídicos que puedan cambiar la gestión en sí misma. En este sentido, las constantes modificaciones del Código de Ordenamiento Territorial (C.O.T.) marplatense se condicen con nueva legislación referente a la construcción en la ciudad, reclamadas por los agentes inmobiliarios urbanos. Como sostuvimos en anteriores aportes (González y Villavicencio, 2008) el Plan Estratégico para General Pueyrredon y Mar del Plata, vigente desde hace más de dos décadas, prioriza proyectos y actuaciones en los barrios más turísticos o cercanos a la costa, olvidando las periferias y espacios con mayor vulnerabilidad social. Como consecuencia de la sucesión de excepciones u omisiones en las normas de construcción asistimos a una notable pérdida del espacio público. Solamente la multicausalidad lo explica: modificaciones constantes al Código de Ordenamiento Territorial (COT), construcción desmedida en zonas de alta rentabilidad, especulación inmobiliaria, ausencia de control en el cumplimiento de las reglamentaciones del hábitat urbano-costero , entre otros (como puede leerse en La Tecla, aquí y aquí).
Como resultado de este modelo, observamos el recrudecimiento y profundización de una de las características de una ciudad neoliberal: la fragmentación territorial. Conviven dos ciudades en una; la Mar del Plata de las inversiones, del turismo, las playas y vidriera veraniega y la otra, la de la exclusión, el deterioro ambiental y los barrios olvidados.
Por otra parte, recrudece la pérdida del espacio público como lugar de los ciudadanos, de derecho a la ciudad. J. Borja destaca la condición fundamental del espacio público en la ciudad: “el espacio público expresa la democracia en su dimensión territorial. Es el espacio de uso colectivo. Es el ámbito en el que los ciudadanos pueden (o deberían) sentirse como tales, libres e iguales” y agrega que “la crisis de ese espacio público es resultado de las actuales pautas urbanizadoras, extensivas, difusas, excluyentes y privatizadoras” (Borja, 2013:11,12). A las constantes transgresiones y modificaciones de las normas que empujan a la homogenización urbana, contaminación visual y pérdida del patrimonio histórico y arquitectónico, se suman proyectos insólitos como una reciente iniciativa de un concejal para permitir que en espacios e inmuebles de valor histórico se habiliten para reuniones sociales como casamientos o fiestas de cumpleaños.
En palabras de Ramírez Kuri (2021),
Hablar de ciudad neoliberal se refiere a un fenómeno urbano heterogéneo, que no se expresa de la misma manera en el espacio social. Su utilidad como concepto permite observar los lugares estudiados y las divisiones espaciales que separan socialmente, describir realidades complejas y discutir políticas y acciones urbanas en la ciudad, inspiradas en la lógica de mercado, privatizadora y anticolectivista, que han debilitado los derechos urbanos. También permite observar y describir la distancia de las instituciones de gobierno frente a la ciudadanía, las disputas, conflictos y violencias que cruzan las relaciones sociales de clase, género y trabajo.
Como sostiene D. Harvey (2013:36),
los resultados de esta creciente polarización en la distribución de la riqueza y el poder están indeleblemente grabados en las formas espaciales de nuestras ciudades, en las que se van condensando progresivamente fragmentos fortificados, comunidades cercadas y espacios públicos privatizados bajo una vigilancia constante. La protección neoliberal de los derechos de propiedad privada y sus valores se convierte en una forma hegemónica de política, incluso para la clase media baja.
El modelo urbanizador neoliberal no puede continuar de esta manera, ya que como expresamos, acarreará graves consecuencias sociales y ambientales, como ya se están observando. Como menciona Borja, “es esperable que se produzca una reacción de la sociedad que exija a los gobiernos que asuman sus responsabilidades, su obligación de regular tanto a los agentes financieros como a los grandes actores inmobiliarios que han recibido cuantiosas ayudas del dinero público para salir del atolladero por ellos mismos provocado”. Por ende, es imperioso que los decisores municipales escuchen a los numerosos movimientos sociales urbanos que reclaman ante numerosas decisiones cuestionables (por ejemplo, lo que puede leerse en La Tecla y en Cítrica).
Consideramos que el “Modelo Mar del Plata”, que algunos pretenden exportar a otros municipios, no debiera basarse en la violencia y exclusión social, siendo imperioso ser incluyente y democrático para todos o la mayor parte posible de las personas que habitan la ciudad a diario, quienes la caminan, habitan y viven. Es fundamental que las autoridades locales consideren otras posturas, que deshagan los consensos ya hechos e incorporen al debate la consideración de todas las miradas posibles para abordar una Mar del Plata del sí, pero para todos.
AV
El autor es geógrafo. Integra el Grupo de Estudios de Ordenación Territorial (GEOT), Centro de Investigaciones Geográficas y Socio ambientales, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Mar del Plata
Referencias bibliográficas
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Sitios web consultados
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