N. de la R.: debido a su extensión, esta entrevista se publica en dos partes.
E: Tus compañeros de Dawson ¿vieron los dibujos del espacio de las barracas? ¿los vieron después?
Cuando los estaba haciendo claro que los vieron. Todos, todo el mundo estaba enterado de mis dibujos, mientras los hacía, claro. Y después yo ya estaba preso en Ritoque un día cuando me llega la noticia que han detenido a la Anita, mi señora y está desaparecida. Efectivamente, la fueron a buscar a la oficina de arquitectura donde trabajamos nosotros. Afortunadamente, estaba también el otro socio: Pancho. Éramos tres y se llevaron a la Anita, sin que nadie supiera a dónde. Pero Pancho, llamó a mi hermana y le dijo: “oye, hoy en la mañana vinieron a buscar a la Anita y está desaparecida”.
Total, hicieron gestiones, llamaron al cardenal Silva Henríquez, qué sé yo, no hubo noticia. Afortunadamente, ese mismo día de su desaparición, en la tarde, Clodomiro Almeyda, que estaba preso junto conmigo, lo trajeron a declarar en uno de los juicios que habían inventado contra nosotros y nuestras compañeras, que estaban enteradas del secuestro de Anita, le gritaron a la salida: “avísale a Miguel que hoy en la mañana vinieron a buscar a la Anita y está desaparecida”. Total, llegó Clodomiro a la barraca y, naturalmente, se enteró todo el mundo y nadie se atrevía a decirme a mí, hasta que no aguantaron más, ya tarde, a punto de que nos cerraran la barraca (la cerraban por la noche). Vino Clodomiro, acompañado de Luis Corvalán, muy ceremoniosos, a decirme lo ocurrido. Entonces, ¿qué hacer? Decidí escribir una larga carta dirigida al que en ese momento era el Ministro de Defensa de Pinochet, que era el general Oscar Bonilla.
Entonces cuando en la noche me entero de que a la Anita la han detenido y está desaparecida, decido escribirle una carta a Bonilla. Era todavía antes de que Pinochet lo matara. Lo mató más tarde en un supuesto accidente de helicóptero.
Durante el gobierno nuestro de Allende, fuera de ser Director Ejecutivo de la Corporación de Mejoramiento Urbano (CORMU), yo fui designado vicepresidente de un convenio CORMU – Ejército de Chile. El general Prats, al comienzo del gobierno, le planteó lo siguiente a Allende: “presidente, no hay un plan para las edificaciones del ejército”. Lo que existe por ley es lo siguiente: la Corporación de la Vivienda (CORVI), haga donde haga un conjunto habitacional, por ejemplo, en Limache, 300 viviendas, el 5%, digamos en este caso 15 viviendas, tiene que ofrecérselas primero al Ejército. Si el Ejército las acepta, bien, si no, no hay problema. En resumen -le dijo al presidente- “nos hemos hecho un parque habitacional que está totalmente desaprovechado porque cambian los comandantes de un año al otro, no están bien informados de quién ocupa esta vivienda o no. Hay viviendas que están arrendadas por gente que ni sabemos, hay viviendas desocupadas. Es necesario planificar las necesidades habitacionales del ejército”. Entonces, ahí se acordó formar lo que se llamó Convenio CORMU-Ejército de Chile del cual, para, variar, yo fui designado su presidente y este general Bonilla, su vicepresidente. Y yo la verdad, es que durante un año trabajé muy bien con él. Bonilla era un hombre muy serio y hablábamos cada vez que nos juntábamos, me decía: “don Miguel, dígale al presidente yo creo que esto no está bien”. Te diría que nos hicimos bastante amigos.
Entonces cuando en la noche me entero de que a la Anita la han detenido y está desaparecida, decido escribirle una carta a Bonilla. Era todavía antes de que Pinochet lo matara. Lo mató más tarde en un supuesto accidente de helicóptero. Decidí mandarle una carta a él quién, por su trabajo, había conocido a la Anita porque era Presidenta de la Caja Central de Ahorros y Préstamos. Entonces estuve toda la noche escribiendo una carta larga, manuscrita, en varias hojas. Cuando me abrieron la barraca fui donde el comandante del campo y le dije: “comandante, necesito que esta carta esté en el despacho del Ministro de Defensa hoy día antes del mediodía”. Me dijo “aquí el que da las órdenes soy yo”. Pero yo ya, para variar, me había ganado su simpatía, porque cuando vieron lo que yo dibujaba, también hice algunos dibujos para milicos. “Por favor, dibújeme a mí, quiero enviarle un saludo a mi señora”. En fin, a varios de nuestros guardias les hice dibujos.
A la Anita la llevaron a Villa Grimaldi. La tuvieron con la vista vendada todo el tiempo, metida en una pieza, sentada en el suelo con 15 personas. Ella sabe porque le colgaron un cartel. Ella era la número 15. Estaban todos sentados en el suelo. Como a los 6 días, entra un tipo a la medianoche. Estaban durmiendo. “La número 15, de pie, venga inmediatamente, conmigo”, así con voz muy enérgica. Anita pensó “ya me van a interrogar nuevamente”. Cuando salen, el tipo la toma del brazo y le dice: “Anita, yo la conozco a usted”, “Yo tuve un problema muy serio en mi servicio, tuve que ir a hablar con usted y usted me resolvió el problema. ¿Usted no sabe porque está aquí, verdad”? “No”, le dijo Anita. “Es por los dibujos de su marido”. Los famosos dibujos perdidos por el militar que había llegado a nuestra casa, y que, según él, se habían volado. Ahí estaban los dibujos. Luego le dijo: “usted no conoce los dibujos, ¿verdad?”. “No”, replicó Anita. “Bueno yo le voy a permitir que usted los vea, voy a salir de la pieza cinco minutos y cuando le golpee usted se tiene que poner nuevamente la venda”. Anita recordó que cuando la interrogaron le preguntaban “¿qué quiere decir un pañuelo con olor a mate?”. Desconcertada ella contestaba: “Bueno, un pañuelo al que le llaman…”. “¿Qué quiere decir coige moribundo?”. No, les decía Anita: “debe ser coihue -es un árbol”. Daaa, golpes de nuevo. “Bueno, un árbol que se está muriendo”. Daaaa, golpes para todos lados. Eran los títulos de algunos de los dibujos míos, pero ella nunca se enteró de eso cuando la interrogaban. Pero cuando le permitieron verlos, ahí encontró los dibujos con el título coihue moribundo y el pañuelo con olor a mate.

Isla Dawson, Coigue moribundo. En Lawner, Miguel (1976). Venceremos! Dos años en los campos de concentración de Chile = Two years in chilean concentration camps= 2 Ar I Chile’s Kz-lejre. Albertslund: Husets Forlag/S.O.L. Digitalizado por Ricardo Ignacio Salazar.
Ese dibujo tuvo en Europa una resonancia increíble. El único dibujo se reprodujo por miles, no sé en cuántos lugares, porque la solidaridad con Chile en ese momento en Europa era increíble.
Se trataba que, a un compañero nuestro, Jaime Tohá, el hermano de José, lo apodamos pañuelito por una historia que nos contó y entonces yo lo dibujé cuando estaba jugando una partida de ajedrez y lo tenían al borde del mate. Y lo titulé: “un pañuelo con olor a mate”. ¿Quién podía imaginarse semejante asociación? Bueno…, en resumen, ahí Anita pudo ver todos los dibujos. Entonces, cuando regresó el policía le dijo “Anita, se los vamos a mandar a domicilio, no se preocupe”. Efectivamente pasaron como 15 días y se los enviaron, pero de los 22 se quedaron con 6, llegaron solo 16. Esos 6 están perdidos para siempre. Yo hice después esfuerzos, cuando vinieron ya los gobiernos democráticos, inclusive con un oficial de la aviación que fue designado funcionario durante el primer gobierno de la Michelle Bachelet: Subsecretario de Guerra. Fui donde él y le conté toda esta historia. Le dije tienes que hacer esfuerzos. Me consta que hizo los máximos esfuerzos porque yo se los describí. Tenía incluso el nombre del oficial que llegó a nuestra casa y que después estuvo preso, acusado de participar muy activamente en torturas. No hubo caso. La única explicación que dan todos, es que se los dejó la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional). Nada tuvo que ver el ejército.
E: Miguel, pensando en los dibujos que no entregaron ¿tenían algún contenido un poco más comprometedor? ¿O eran iguales a los otros?
M: Cuando verificamos bien, los dibujos con mayor compromiso bajo el punto de vista de los derechos humanos los devolvieron. ¿Cuáles se dejaron? Aquellos más descriptivos del paisaje. Y tengo una explicación, por lo menos posible y bien lógica. Cuando regresamos a Chile, Pablo De Carolis, un arquitecto amigo, me invitó al cumpleaños de su madre. Ella estaba casada con un alto almirante de la Armada que estaba en retiro. Entonces voy al cumpleaños y Pablo me presenta a su madre y su marido, este ex almirante quién me dice: “ah, tú eras el que estaba dibujando todos los lugares secretos donde la Armada guarda sus municiones y armas de guerra en la isla”. O sea, me dio una pista que puede coincidir porque me devolvieron los dibujos más comprometedores bajo el punto de vista de derechos humanos, pero se quedaron con aquellos más expresivos del paisaje. Sobre todo, hay uno que a mi juicio era el mejor de todos los que hice estando preso porque tuve mucho tiempo para hacerlo, que era una quebrada en la isla Dawson, que dibujé. Era precioso y coincide, de alguna manera, con aquellos lugares del paisaje de la isla que probablemente corresponden a aquellos donde los Marinos tienen escondido su armamento. Es una hipótesis, claro.
E: En Argentina, muchas víctimas de centros clandestinos dibujaron los espacios en los que estuvieron secuestradas y estos dibujos fueron de alguna manera corroborados en las inspecciones de la CONADEP. Esos croquis son fundamentales para el reconocimiento de los centros clandestinos de detención. Te queríamos preguntar qué piensas, en general, de esto, de los croquis y de los dibujos como aportes a los procesos de verdad y justicia.
M: No te puedes imaginar todo lo que han significado, francamente, han sido un testimonio de gran utilidad. Me consta que, en muchos interrogatorios, los jueces han recurrido a ellos.
E: En 1976 en Dinamarca tus dibujos fueron publicados en el libro Venceremos! Dos años en los campos de concentración en Chile. ¿Nos puedes contar un poco cómo fue la producción de este libro? ¿Cómo desde que tú haces los dibujos, se gestiona la posibilidad de la publicación, el apoyo?
M: Lo que ocurre es que, como tú sabes, yo hice mucho dibujo estando preso. Al final, conseguí que llegaran a manos de Anita por diferentes caminos. Cuando se confirmó que ya en definitiva me expulsaban de Chile, ¿qué hacer con los dibujos? Porque ni soñar en llevarlos con nosotros, pensando las eventuales revisiones que tendríamos al salir, conociendo de quién se trataba. Entonces tocó el periodo de verano, julio, agosto, no sé y las compañeras en todo el periodo después del golpe, habían estado en contacto. La Junta rompió relaciones con todos los países socialistas, o todos los países socialistas rompieron relaciones con la Junta Militar, excepto Rumania. Y entonces la embajadora rumana -hasta hace poco era capaz de acordarme de su nombre- permaneció en contacto con nuestras compañeras, acompañándolas permanentemente. Cuando se confirmó que yo ya salía en libertad, o sea, que me expulsaban fuera de Chile, la Anita pensó que cresta hacer. Y entonces, comentando con las compañeras, la embajadora rumana se enteró de esto y se ofreció a sacar ella mis dibujos fuera de Chile.
E: Desde Chile a Rumania.
M: A Rumania, a donde ella se iba de vacaciones, digamos, días antes que el viaje que Anita ya tenía reservado para que viajáramos nosotros. Y efectivamente, así fue que los llevó. Entonces, ¿qué ocurrió? Nosotros llegamos, finalmente aterrizamos en Dinamarca. El partido tenía un secretariado, llamémoslo así, instalado en Moscú y otro en Berlín, RDA, en ese tiempo todavía estaban separados, y se acordó que los dibujos se expusieran por primera vez en la RDA. Entonces, cuando Anita informó de esto, el partido se puso en contacto con el gobierno rumano y solicitó que le entregaran los dibujos, y los rumanos se negaron. Dijeron, “bueno, dado que nuestra embajadora hizo este trámite de traer los dibujos, nosotros solicitamos que la primera exposición de los dibujos de Miguel se haga en Rumania”.
E: ¿De cuántos dibujos estamos hablando, más o menos?
M: Todos. Todos los que yo había hecho entre Dawson y Ritoque. Todos que eran en ese momento más de 30, cerca de 40. Entonces yo me negué. Rumania era el único país socialista que no rompió relaciones con Chile, más aún, mantuvo relaciones muy amistosas, y me parecía inaceptable que mis dibujos se expusieran en Rumania. Y entonces, como te digo, la dirección del partido en el exterior hizo gestiones y el gobierno rumano se negó, que dado el precedente que había ocurrido, pedían que la primera exposición se hiciera en Rumania. Y yo me negué, justamente por la situación infame de haber sido el único país socialista que mantuvo relaciones. Entonces ahí se produjo un lío, entró a tallar el gobierno de Alemania, digamos, de la RDA, que se pusieron firmes y finalmente lograron que los rumanos les entregaran mis dibujos, compromiso que después de ello la exposición se haría en Rumania, cosa que naturalmente no hice. Nunca. De tal manera que la primera gestión fue esta disputa que se generó entre los países socialistas por quien exhibía por primera vez mis dibujos. Y llegaron a Berlín y efectivamente hubo una exposición. Tengo una foto del director del Museo de Bellas Artes, llamemos, no recuerdo el nombre exacto, de Berlín, RDA, examinando los dibujos junto conmigo, recién llegados y después expuestos. Hicieron una reproducción de más o menos 80 centímetros de alto del último de mis dibujos, que es ese famoso dibujo de Luis Corbalán.
Puta, imagínate un weón que viene saliendo después de toda esa presión, tiene de pronto este himno a la vida maravilloso que era tener a un país completo celebrando la puesta y salida del sol que es el cambio de estaciones.
Antes de expulsarme de Chile me mandaron a Tres Álamos. En Tres Álamos, el comandante Conrado Pacheco tenía un dormitorio, digamos, que utilizaba como celda en la planta alta del cuerpo, donde él estaba. No donde estaban todos los presos de Tres o Cuatro Álamos sino reservado para presos VIP, llamemos así. Y ahí tenía a Luis Corbalán. Cuando ya se acordó que a mí me expulsaban de Chile, me mandaron a Tres Álamos, que era el lugar que la Junta usaba ya para despachar toda la gente, no directamente de Ritoque, sino a Tres Álamos, como quien dice, en tránsito para salir fuera de Chile. Y quedé en ese dormitorio especial que tenía Conrado Pacheco, el director de Tres Álamos, encima prácticamente de su oficina. Y allí yo estuve un mes. Allí hice el único dibujo que hice con calma, el de Luis Corbalán, con el que tengo una anécdota simpática porque se lo mostré a don Lucho una vez terminado y me dijo “está harto bueno, pero te quedó chueco el pie izquierdo”, lo que es verdad. Y cuando finalmente llegué a Dinamarca con el dibujo y todo, lo primero que hice fue poner el dibujo listo para rectificar el pie izquierdo que está chueco, y te juro que estaba a punto con la goma en la mano. Y pensé, incluso hasta este detalle, que don Lucho haya reparado en eso, merece que se quede así. Y así quedó para siempre, con el pie izquierdo chueco. Y así dio la vuelta al mundo.

Lucho Corbalán en Tres Álamos. En Lawner, Miguel (1976). Venceremos! Dos años en los campos de concentración de Chile = Two years in chilean concentration camps= 2 Ar I Chile’s Kz-lejre. Albertslund: Husets Forlag/S.O.L. Digitalizado por Ricardo Ignacio Salazar.
E: Era el original.
M: Claro, pero te juro, que estaba con la goma a punto. Me recuerdo la reflexión ahí pensando, pero cómo la verdad, ésta es una verdad histórica. Ese dibujo tuvo en Europa una resonancia increíble. El único dibujo se reprodujo por miles, no sé en cuántos lugares, porque la solidaridad con Chile en ese momento en Europa era increíble. Prácticamente todos los gobiernos europeos eran socialdemócratas. Estaban muy comprometidos en la solidaridad con Chile.
E: ¿Y por qué fue tan importante ese dibujo?
M: Porque Corbalán representaba al gobierno de la Unidad Popular. Él se había hecho famoso estando preso. Lograron que un periodista europeo, no sé de qué país, no lo recuerdo, lo entrevistara. Y dijo una frase que no soy capaz de reproducirla ahora, se me ha olvidado con los años, que se reprodujo en toda Europa. Pero más o menos, el tipo le preguntó “¿usted qué opina de toda esta situación que lo afecta?”. Dijo, algo así como “en defensa de lo que fue nuestro gobierno, estoy dispuesto a ser objeto de cualquier represión, la represión que sea. Y si es necesario morir, hay que morir”. Algo así. Y eso se reprodujo en todas partes, porque es un periodista europeo a quien lo autorizaron entrevistar a Corbalán, cuando era el período más duro. Y cuando salimos vimos que eso había tenido realmente bastante repercusión.
De modo que, bueno, así salieron los dibujos, como te digo, se expusieron por primera vez en Berlín. Y después ya me los llevé a Dinamarca, en donde me instalé, hice varios dibujos que tenía presente de alguna manera, y que habría sido un riesgo enorme hacerlo mientras estaba preso. Entre otros, el plano del campo de concentración, que habría sido motivo de que me fusilaran, porque era top secret pero que yo había memorizado absolutamente, y varias noches lo hacía, me demoraba un par de horas dibujando antes de acostarme, hasta que lo memoricé de tal forma que, efectivamente, cuando llegué a Dinamarca lo pude reproducir sin ningún problema. Y después incluso confirmado con los originales. Estoy admirado como pude haberlo hecho con tal nivel de precisión. Entonces, esa es la historia.
Es un período muy especial ese. Yo creo que es el tiempo y después todo lo que yo hice, los dibujos. Hay de alguna manera un período en que uno está en la plenitud de su creatividad.
E: ¿Tú cuántos años tenías en este periodo, más o menos?
M: A ver, yo nací el 28. El 73, para el golpe, tenía 45, 46 años. Después, hecho balance, creo que uno estaba en pleno período de creatividad. Todo lo que hice en la isla Dawson, es francamente inverosímil. Inverosímil. No paré de inventar. Iniciativa pura, todo lo que dibujé, construimos ese anexo a la barraca que, como le llamaron los compañeros, El Caiquén dorado, que quedó precioso como diseño, como espacio.
E: Miguel, ¿cuál es el paso de la exposición a este libro? ¿Cómo va naciendo la idea de hacer este libro? ¿Quién te lo pide o lo hiciste tú?
M: No, a mí. Yo desde luego siempre pensé, ya una vez que confirmamos que los dibujos habían llegado a Europa, en publicarlos. Ahí tuve algunas circunstancias favorables que me ayudaron a que muy rápidamente pudiera hacerlo, porque yo tuve que hacer varios dibujos. Desde luego el dibujo del campo mismo, que era muy importante, que lo había aprendido y reaprendido miles de veces. Entonces, mira lo que son las cosas. Yo llegué a Dinamarca un día en junio del 75. Entonces, me fue a buscar una niña. En Dinamarca, habían organizado un organismo especial para ayuda a los refugiados, Dansk Flygtningehjælp (Consejo Danés para los Refugiados). Y ella una vez que me sacó del aeropuerto, me llevó a un hotel donde alojaban a los refugiados y me dijo “yo lo tengo que pasar a buscar a primera hora mañana porque de la embajada de Alemania han estado esperando, llamando por usted y cuando se enteraron que ya salía en libertad, me dijeron lo tienes que llevar al día siguiente”. Estamos hablando de junio del 75. Efectivamente, me llevó al hotel, después me dijo “vamos a una plaza. Usted sabe, este es un día muy especial en Dinamarca”. Creo que era el 23 de junio, el día más largo del año en el hemisferio norte, sobre todo en los países nórdicos, donde prácticamente el sol no se pone. Hay apenas unas 3 horas de oscuridad y se celebra, es una noche donde nadie se acuesta, en Dinamarca más aún, mucha gente se va a la playa, a la orilla del mar y ve como el sol prácticamente se acuesta y vuelve a levantarse de inmediato. Y me lleva a una plaza donde no había espacio porque estaban todas las mesas ocupadas, toda la plaza con la gente sentada en el suelo, sobre todo jóvenes, la mayoría, y todo el mundo con una cerveza en la mano. Entonces no sé cómo lo logró, encontró una mesa disponible y ahí nos instalamos y fue muy hermoso. Puta, imagínate un weón que viene saliendo después de toda esa presión, tiene de pronto este himno a la vida maravilloso que era tener a un país completo celebrando la puesta y salida del sol que es el cambio de estaciones.
Y me dice “Don Miguel, quiero recordarle que mañana lo pasó a buscar a primera hora porque tenemos que ir a la embajada de Alemania”. Y resulta que vamos llegando, yo veo Bundestag Republik, la República Federal. Y le dije “señorita, usted debe estar equivocada, tiene que ser la otra Alemania”. Yo sabía parte del secretariado del partido que estaba Moscú y otro en Berlín. RDA. Y me lleva a la RFA. “No, no -me dijo-, es aquí”. Total, entramos y aparece el cónsul y dice “por fin, están desesperados de la universidad, llamando si usted va a venir o no. En una semana más se inician las vacaciones y cierra la universidad. Entonces están pidiendo…”. “Yo no sé de qué me está hablando usted”. “¿Pero cómo no está enterado de nada?”. “¿De qué está hablando?”. “De que usted está asignado profesor en la República Federal Alemana”. Y sacó un archivo lleno de documentación, me mostró cartas que habían enviado a Dawson cuando yo estaba preso. “Señor comandante – n castellano la había mandado-, ruego a usted dar facilidad al profesor Miguel Lawner, porque se inician las clases en marzo -ponte tú del 75-, y tiene que estar presente”.
E: ¿Y tú hablabas alemán?
M: No, nada, pero esas cartas estaban en castellano, escritas. Habían mandado al comandante del campo en Dawson. Imagínate que obviamente nunca nadie respondió. Y no sé si las recibieron o no, tampoco. Pero él me mostró las copias, las cartas las tenía ahí, varias. La Anita tampoco supo. Nadie supo. Eran de la Facultad de Economía de la Universidad de Frankfurt.
por eso escribí este texto “La función crea el órgano”. La necesidad de dejar testimonio de lo que pasaba, generó mi habilidad que desconocía. Y entonces, no sé, son las circunstancias, la vida, la función crea el órgano.
Me dijo “hable usted con el rector”. Y me puse a hablar en inglés. El rector me dice “lo felicito que haya salido en libertad. La verdad, mire, el Centro de Alumnos hace ya meses que ha presionado aquí en la facultad para que usted sea designado profesor. Y efectivamente, en una reunión de facultad nosotros lo designamos cuando aún estaba preso, como una forma de presionar para su libertad. Y ahora que el Centro de Alumnos supo que usted estaba en libertad, presionaron y en la facultad efectivamente acordamos designarlo. Pero, en una semana más cerramos por el verano. Usted tendría que venir, ojalá mañana, para acordar todo”. Yo estaba recién llegado a Dinamarca y, no al día siguiente, pero dos días después tuve que partir a Frankfurt, viajando en un tren que partía a las 7 de la tarde, pasaba toda la noche viajando y a las 7 de la mañana (eran 12 horas justo), yo estaba con el tren llegando a Frankfurt. Cuando llegué con el tren y desembarqué en la estación en Frankfurt, estaban todos los dirigentes del centro de alumnos de la facultad esperándome. Uno de ellos hablaba un inglés bastante bueno y me dijo “compañero, aquí estamos todos los miembros del centro, todos somos militantes del DKP (Deutsche Kommunistische Partei), no sé cómo se llama el partido comunista en alemán. Y todos ya estamos inscritos en su cátedra, así que no se preocupe”. Imagínate. Este cabro hablaba un inglés precioso. Le dije, “no sé, pero mi inglés…”, “no -me dijo el presidente Centro-, con lo que advierto que hablo con usted no va a tener ningún problema porque mis demás compañeros hablan un inglés bastante precario”. Está muy bien. Total, imagínate. De ahí me fui a la universidad y el rector me recibió todo, firmé de inmediato contrato y una vez terminado me dijo mire, allí al frente hay una sucursal del Deutsche Bank, aprovecha a pasar porque ya está depositado su primer sueldo. Imagínate, efectivamente fui. Nunca en Dinamarca tuve un sueldo tan alto como el que tenía en Alemania por no sé cuántas horas de clase mensuales, 16 creo, ya no me acuerdo bien.
E: ¿De qué era el curso?
M: Planificación urbana y regional en América Latina. Fui guest professor por seis meses pero los alumnos insistieron, tuve que hacer un año y después medio año más porque dos alumnos habían decidido titularse conmigo.
E: ¿Y por qué dejaste de hacer ese curso? ¿Por qué terminó?
M: A los tres meses que llegamos, ya nos habían hecho contactarnos con la universidad en Dinamarca y ya estábamos designados profesores. El mismo año que llegamos, el 75, se había organizado en la Facultad de Arquitectura un departamento llamado Foreign Students Department, Departamento de Alumnos Extranjeros, para dictar un curso dirigido a jóvenes arquitectos titulados en los países en vías de desarrollo, como le llamaban entonces, en materia de planificación de vivienda y desarrollo urbano en los países en vías de desarrollo. Entonces para eso había un profesor danés especialista en los países africanos, del este africano, Tanzania, Kenya, Mozambique, y un arquitecto danés especialista en el sudeste asiático, Indonesia, la India. No tenían a nadie de América Latina y cuando se enteraron que habíamos llegado a Dinamarca con la Anita nos invitaron a un primer seminario. Como era para alumnos extranjeros se hacía en inglés, mira la suerte, ¿no? Y después un segundo seminario y cuando terminamos dijeron se pueden quedar aquí, o sea a los tres meses que habíamos llegado, ya estábamos con pega de profesores en la universidad o sea que todo el periodo en Dinamarca fue allá. Tuvimos suerte, además con gente maravillosa.

Foto: Ricardo Ignacio Salazar.
E: ¿Cómo surge este libro, la idea de este libro?
M: Como te digo, llegué y, después de algunos forcejeos, recuperé los dibujos. Después tuve una circunstancia que me ayudó mucho. Yo tuve un tablero de dibujo, casi inmediatamente. El día que fui a Frankfurt, me entrevisté con el rector y el rector me contrató de inmediato, ese día que conversamos, y entonces al terminar la conversación me dijo “aproveche ahí al frente, en la sucursal del Deutsche Bank, cobre su primer cheque”. Imagínate al día siguiente o dos días después que había llegado de Chile, ya estaba asignado profesor en Alemania con un cheque. Efectivamente fui al Deutsche Bank con mi pasaporte, no tuve problema, me dieron una chequera, cobré. Y segundo, salgo del banco, al lado había una librería y compré de inmediato un tablero de dibujo. Imagínense, había cobrado la primera plata, y la primera adquisición que hice fue un tablero de dibujo para hacer rápidamente los dibujos, pues tenía idea de hacer ya una exposición. Efectivamente hice una media docena de dibujos ahí, para complementar lo que ya había en Chile. Entonces mira la cantidad de circunstancias favorables, primero, eso que me llama el tipo, me obliga a ir prácticamente dos días después que aterrizo en Dinamarca, me da plata, me compro un tablero de dibujo, con lo que llego de vuelta a Dinamarca y empiezo al tiro a dibujar el campo. Fue lo primero.
E: Tanta vida que tienes, Miguel, ¿Y qué ha sido para ti dibujar en tu larga existencia?
M: Es muy curioso, yo escribí un texto no hace mucho que lo titulé “La función crea el órgano” [Publicado en Greene, Ricardo (ed.) (2023). Lawner. Talca: Editorial Bifurcaciones]. Cuando nosotros estudiamos arquitectura, estaba en pleno auge el funcionalismo que Le Corbusier había lanzado en Europa. Nosotros tuvimos un profesor, el doctor García Tello, que hizo ese curso de Bioarquitectura, y que además, mira lo que son las cosas, se había hecho amigo de Le Corbusier. Y entonces, con ese autor desarrollamos la tesis de “La función crea el órgano”. Estoy convencido que la función crea lo otro. Porque fíjate, siempre fui bueno para el dibujo y para la acuarela y todo. En la escuela le hacía acuarela a tres, cuatro compañeros más, cuando había ejercicio, qué sé yo, era bueno para el dibujo entonces, pero nunca había, nunca, nunca había hecho dibujo humano. En realidad fui capaz de reproducir. No son dibujos de alto valor artístico, pero lo que sí es indiscutible que cada persona que dibujé es reconocible sin lugar a duda. ¿Cómo generé ese talento? ¿Por qué no lo había hecho en mi perra vida? Lo hice por primera vez, ese dibujo de Daniel Vergara preso ahí, es el primero que hago de dibujo humano. Entonces por eso escribí este texto “La función crea el órgano”. La necesidad de dejar testimonio de lo que pasaba, generó mi habilidad que desconocía. Y entonces, no sé, son las circunstancias, la vida, la función crea el órgano. Es verdad lo que escribí. La necesidad de dejar testimonio generó en mí esta actitud de reproducir la persona humana que mi perra vida había hecho, ojo, y que tampoco hice después. ¿Por qué? No te sabría decir. Ahora último, hace poco me puse a pensar, ¿cómo es posible que, habiendo constatado esta habilidad, nunca hice un dibujo de nadie, después de salir en libertad? ¿Por qué?
E: ¿Y tienes la respuesta?
M: No, tengo ninguna respuesta. Simplemente no me surgió.
E: Hay preguntas que no tienen respuestas, que son nomás.
JB y VD
Javiera Bustamante es Antropóloga Social de la Universidad de Chile. Doctora en Gestión del Patrimonio y la Cultura por la Universidad de Barcelona. Académica del Departamento de Antropología de la Universidad Alberto Hurtado. Investigadora principal del proyecto Fondecyt 11250099 Patrimonialización y musealización de las memorias traumáticas. Etnografía comparada de lugares de memoria de Chile, Argentina y España” financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo.
Valeria Durán es Socióloga, Magister en Comunicación y Cultura y Doctoranda en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Investigadora del equipo de Topografía de la memoria / Memoria Abierta. Es docente en FADU/UBA e integrante del Programa Historia, Archivos, Géneros y Afectos del IAA en la misma facultad. Cooperante Internacional del proyecto Fondecyt “Patrimonialización y musealización de las memorias. Etnografía comparada de lugares de memoria de Chile, Argentina y España”.
Sobre Miguel Lawner Steiman, Editorial Bifurcaciones publicó Lawner, editado por Ricardo Greene.
