N. de la R.: Este artículo fue publicado originalmente el pasado 5 de octubre en el sitio Literal.
1. La foto de París y el encanto de la planificación importada
En el marco de la Argentina Week celebrada en París, el gobernador Alberto Weretilneck firmó un acuerdo de cooperación técnica con el IAE Paris-Sorbonne. El convenio involucra a la Cátedra ETI (Emprendimiento, Territorio e Innovación), encabezada por el académico Carlos Moreno, reconocido por difundir el concepto de la «ciudad de los 15 minutos».
La iniciativa —gestionada con la participación del secretario general del CFI, Ignacio Lamothe, y la Unidad de Enlace provincial con dicho organismo— fue presentada con bombos y platillos. La narrativa oficial sostiene que este asesoramiento brindará el «rigor metodológico e internacional» necesario para anticiparse a los impactos urbanísticos, de transporte y movilidad que provoca el boom energético de Vaca Muerta sobre el corredor del Alto Valle, prometiendo intervenciones sobre el Tren del Valle y las Rutas Nacionales 22 y 151.
2. De las aulas de Neuquén a la firma en París: Un ecosistema que ya discute el futuro territorial
El primer gran error de la propuesta oficial es asumir una suerte de «tabla rasa» intelectual: la idea de que aquí no hay nadie pensando el territorio y que la salvación debe venir empaquetada desde Europa.
Un hecho reciente echa por tierra este prejuicio. Hace poco más de un mes, el Colegio de Arquitectos de Neuquén (CAN) organizó la Expo ARQ ADN, un encuentro masivo donde – entre otros conferencistas locales – disertó el propio Carlos Moreno sobre urbanismo y ciudades de cercanía. Este evento no solo probó la vitalidad de un ecosistema regional que debate activamente su espacio urbano y territorial, sino que dejó al descubierto una notable velocidad de gestión: en menos de cuatro semanas, el expositor pasó de dictar una conferencia magistral en el centro de convenciones neuquino a posar en la capital francesa firmando una asistencia técnica institucional con el Gobierno de Río Negro.
Esta agilidad mediática contrasta con la olímpica indiferencia estatal hacia la densa masa crítica e interdisciplinaria que opera en la región. El Alto Valle —y la Confluencia, podríamos agregar, dada la densidad de relaciones que los unen como sistema territorial integrado— no es un desierto técnico o institucional. Cuenta con un sólido pilar académico constituido por tres casas de altos estudios: la Universidad Nacional del Comahue (UNComa), la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) y la Universidad de Flores (UFLO) —dictándose en las dos últimas las carreras de Arquitectura y Urbanismo, también está el CCT CONICET Bariloche al que pertenece el Instituto de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades IIPyGG. A este ecosistema se suman los colegios profesionales de ambas provincias (CARN y CAN).
El primer gran error de la propuesta oficial es asumir una suerte de «tabla rasa» intelectual: la idea de que aquí no hay nadie pensando el territorio y que la salvación debe venir empaquetada desde Europa.
A este entramado universitario e institucional se añaden redes y espacios de trabajo colaborativo que abordan el hábitat y el ordenamiento territorial desde una perspectiva rigurosamente situada:
- Grupo Sur / Hábitat I+D: Una red interdisciplinaria de profesionales, docentes e investigadores (arquitectura, urbanismo, diseño, sociología, geografía) dedicada a la innovación socio-urbana, el hábitat socio-territorial y el desarrollo sostenible, con un fuerte anclaje de trabajo e investigación en el Norte de la Patagonia y el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.
- SAPLAT (Sociedad Argentina de Planificación Territorial) – Nodo Patagonia Norte: Una red federal de especialistas, docentes y gestores públicos vinculados a las universidades nacionales patagónicas. Desde su capítulo regional, SAPLAT posiciona agendas públicas sobre las tensiones del territorio: el conflicto de uso del suelo entre el avance urbano y la actividad hidrocarburífera de Vaca Muerta, la protección de los valles productivos y periurbanos, la fragilidad ambiental de las cuencas y la capacitación de los cuadros técnicos de los municipios para dotar a los gobiernos locales de herramientas reales de gestión.
Los saberes, los diagnósticos y las propuestas están en el territorio, producidos por profesionales, colectivos académicos y redes de planificación que viven, investigan y sufren la ciudad a diario. A esto se suma una sostenida disciplina de planeamiento a escala local —basta recordar el Plan Director de Roca (PDR) y la sucesión de planes urbanos para la ciudad de Cipolletti—, así como antecedentes de escala metropolitana como el Programa DAMI (Desarrollo de Áreas Metropolitanas del Interior), donde se pensó a Neuquén y al Alto Valle como una continuidad metropolitana de la cual surgió, precisamente, el proyecto del Tren del Valle.
Surge a todas luces que el problema no radica en la ausencia de ideas sino en la incapacidad estatal de articular la masa crítica existente.
3. La verdadera deuda: La falta histórica de una mirada integral
Lo que verdaderamente ha faltado no es teoría urbanística ni docentes extranjeros, sino voluntad política para asumir que el Alto Valle de Río Negro y la Confluencia constituyen una «región problema» única e indivisible.
Históricamente, las fronteras provinciales y los localismos municipales han funcionado como murallas burocráticas. Las investigaciones sobre la historia territorial valletana muestran que el territorio funcionó con un alto grado de integración sistémica durante la etapa de consolidación y auge de la fruticultura. Sin embargo, tras la provincialización de Río Negro y Neuquén a mediados de la década de 1950 y la posterior etapa de desequilibrio territorial iniciada en los años 70, las políticas estatales pasaron a ser fragmentarias y reactivas. Probablemente haya que retroceder antes de la provincialización para encontrar decisiones de infraestructura pensadas con un verdadero criterio de cuenca y unidad geográfica.
Los saberes, los diagnósticos y las propuestas están en el territorio, producidos por profesionales, colectivos académicos y redes de planificación que viven, investigan y sufren la ciudad a diario.

4. La transición obligada: del declive frutícola al extractivismo y sus ruinas
Esta falta de articulación política se vuelve dramática ante la acelerada transición productiva de la región: el repliegue del modelo tradicional frutícola frente a la irrupción del modelo extractivista hidrocarburífero (fracking).
Pero sería infantil pensar que la amenaza es puramente externa y que el monstruo extractivista avanza sobre un territorio en plena producción; la realidad es más compleja. El declive de la rentabilidad frutícola originó «oportunidades» inmobiliarias para que chacras históricas fueran subdivididas y convertidas en loteos abiertos o barrios cerrados. En el otro extremo del tejido urbano, las demandas de hábitat de los sectores más vulnerables se espacializaron en forma de barrios populares sobre la Barda Norte. Esto constituye una muestra clara de la incapacidad local para defender el suelo productivo y garantizar el derecho a la ciudad de sus habitantes, evidenciando la responsabilidad directa de los gobiernos municipales en la gestión de su territorio.
Esta reconfiguración ha acentuado una profunda asimetría geopolítica: Neuquén se consolidó como el centro de cómputo, beneficio y decisión de la matriz energética, mientras que a Río Negro se le asignó un rol subalterno de apoyo logístico y servidumbre de paso, o peor aún, el papel de «área de sacrificio» del proceso extractivista neuquino a la espera del derrame de alguno de sus beneficios.
Esta falta de articulación política se vuelve dramática ante la acelerada transición productiva de la región: el repliegue del modelo tradicional frutícola frente a la irrupción del modelo extractivista hidrocarburífero (fracking).
Las consecuencias de este esquema desigual se palpan a diario en la infraestructura básica:
-El tráfico incesante de camiones de gran porte que transportan arena de fractura desde y a través de Río Negro ha destrozado las Rutas Nacionales 22 y 151, y la Ruta Provincial 6.
-Frente al colapso vial que destruye el tránsito cotidiano de los vecinos, la producción local y el transporte regional, la principal respuesta ha sido proyectar una arteria exclusiva para la minería: la denominada «Ruta de las Arenas», que se proyecta atravesar la Barda Norte desde la Ruta Provincial 6 hasta Añelo., Del arreglo integral del resto de la red vial destruida no hay demasiadas noticias; todo sea por preservar la logística petrolera.
5. ¿’Cipayismo’ urbanístico o la necesidad de construir un plan?
Recurrir a asesorías internacionales para que nos digan cómo vivir en el Alto Valle responde a una lógica neocolonial profundamente arraigada: asumir que somos incapaces de reflexionar sobre nuestras urgencias y que la respuesta debe venir desde afuera.
Se parte de un error conceptual. No se necesita «un plan» importado; se necesita «construir un plan común». La planificación no es un paquete cerrado que se firma en París; es el ejercicio democrático de articular actores, escuchar disensos, proponer juntos y gestionar en comunidad.
Desde el plano normativo, Río Negro cuenta con las herramientas legales para hacerlo: la Constitución Provincial contempla este camino en su Artículo 12 (Cláusula Federal), que obliga al Estado a fomentar microrregiones para resolver problemáticas comunes, y en su Artículo 237, que faculta la asociación intermunicipal, marco reglamentado por la Ley Provincial N.º 4437 de Microrregiones.
¿Cuáles son los instrumentos innovadores de planificación que vienen desde afuera y que localmente desconocemos? ¿Se escuchará a los actores y colectivos sociales que hoy pugnan por alzar su voz en el territorio? Minorías étnicas, fruticultores en busca de rentabilidad, pobladores de barrios populares, municipios desfinanciados, minorías sexuales, colectivos artísticos, defensores del agua y el ambiente, asociaciones de inquilinos y consumidores, y adultos mayores. Todos ellos hacen el territorio, son el territorio y esperan ser escuchados.
La planificación no es un paquete cerrado que se firma en París; es el ejercicio democrático de articular actores, escuchar disensos, proponer juntos y gestionar en comunidad.
Antes que un plan de iluminados, lo que precisa el Alto Valle es la construcción de un espacio socio-institucional que permita consensuar diagnósticos —de los cuales hay abundantes estudios desarticulados—, construir agendas públicas y procesar los conflictos territoriales. No es descabellado pensar al Estado, la Producción y la Comunidad sentados en una misma mesa acordando políticas de agua, producción, educación, salud y movilidad; y en este proceso, las universidades nacionales y las organizaciones regionales son ingredientes fundamentales.
E incluso cabría agregar que sería una decisión ética y estratégica redirigir los fondos que se destinen en este convenio a las universidades nacionales de la región como pago por el acompañamiento del proceso de pensar el Valle; esas mismas casas de estudio son las que han sido golpeadas por el desfinanciamiento de las políticas nacionales que el propio Gobierno provincial acompaña.
Conclusión
El viaje a París y las fotos de protocolo no arreglarán los pozos de las rutas ni detendrán el avance desordenado sobre el suelo productivo. Río Negro debe decidir si seguirá actuando como un actor subalterno del extractivismo que busca validación afuera, o si se atreverá a convocar a sus propias universidades y colegios profesionales para construir, desde el territorio y con voz propia, el plan que el Alto Valle necesita.
JLB
El autor es arquitecto y urbanista, Master en Planificación Territorial, doctorando en Arquitectura e integrante de Grupo Sur / Hábitat I+D.
