El pasado 10 de febrero falleció en Santiago el arquitecto y urbanista Carlos de Mattos, figura destacada del pensamiento urbano latinoamericano y de la reflexión crítica sobre las ciudades y los territorios de la región. En su homenaje publicamos esta entrevista que le realizó Víctor Delgadillo en 2015, publicada originalmente en Andamios. Revista de Investigación Social. Años más tarde, los conceptos expresados por de Mattos resultan de gran actualidad y lucidez teórica y política.
Debido a su extensión, la publicamos en dos partes. Ver la segunda parte: Entrevista a Carlos de Mattos. Teoría urbana. Ciudades del mañana. El derecho a la ciudad y la figura de Henri Lefebvre. Utopías urbanas.
Carlos A. de Mattos es uno de los estudiosos de temas urbanos más lúcidos en Iberoamérica. Estudió arquitectura en su natal República de Uruguay, así como desarrollo económico y planificación en el Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social (ILPES) de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). En su trayectoria profesional y académica, destaca su trabajo en la Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico (CIDE) de la Presidencia de Uruguay y en el ILPES; como profesor e investigador del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales (IEUT) de la Pontificia Universidad Católica de Chile, del cual fue codirector y secretario académico. Ha sido director de EURE. Revista Latinoamericana de Estudios Urbanos y Regionales, una de las revistas de mayor prestigio científico en el mundo de habla hispana. En 2010 recibió en Buenos Aires el Premio Internacional Geocrítica por sus aportaciones al pensamiento urbano latinoamericano y a la construcción de una teoría urbana crítica. A continuación, reproducimos la entrevista que Carlos A. de Mattos concedió a Andamios. Revista de Investigación Social en sus oficinas de la Pontifica Universidad de Chile, en Santiago de Chile, el martes 27 de octubre de 2015.
La ciudad
—En años recientes, usted y otros colegas han hablado de la emergencia de una nueva geografía de urbanización en escala planetaria, que poco tiene que ver con la ciudad, en la forma en que había sido concebida y social mente construida en el pasado. ¿Qué es para usted la ciudad en el siglo XXI? ¿Cuáles son las diferencias sustanciales entre las formas de producción de la ciudad del pasado y las actuales formas de producción del espacio urbano? Más allá de las diferencias y especificidades de cada país y ciudad, ¿cuáles son las principales características en el desarrollo de las grandes ciudades latinoamericanas del siglo XXxI?
—Éste ha sido un tema que, en el Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales (IEUT), nos empezó a preocupar, fundamentalmente porque el impacto de la reestructuración y del ajuste estructural afectó en forma muy potente a Santiago. Aquí, el ajuste estructural se hizo en condiciones bastante distintas al resto de América Latina, a partir del golpe de Estado de 1973. Hoy día autores como David Harvey y Neil Brenner reconocen que Chile fue el primer experimento de aplicación ortodoxa de los criterios del neoliberalismo y una de las primeras experiencias de gobernanza neoliberal en el mundo. Además, el proceso de reestructuración neoliberal fue conducido en forma abrupta por un gobierno militar que no toleró el disenso; en consecuencia, los criterios básicos del discurso neoliberal se aplicaron en una forma ortodoxa e intransigente en sus primeros años, para ser flexibilizados en una fase posterior, pero esos criterios se han mantenido vigentes y, en lo esencial, se han continuado aplicando hasta el día de hoy.
Santiago sufrió una serie de transformaciones y empezamos a observar cómo esto encajaba con lo que se estaba comprobando en otras partes del mundo. Uno de los aspectos que no dejaba de llamarnos la atención era que, frente a estas transformaciones, diversos investigadores de distintas partes del mundo empezaban a inventar metáforas o expresiones, como “megalópolis”, “metapolis”, “postciudad”, “ciudad de ciudades”, etcétera, para caracterizar a este fenómeno novedoso en la evolución urbana. A partir de allí el problema fundamental era tratar de identificar los factores que estaban condicionando esta transformación. Al respecto, me parece claro que el primer autor que realmente captó la dirección de estos cambios y propuso una explicación sobre sus causas fue Melvin Webber (2004), que ya hacia finales de la década de 1970, en un trabajo publicado en 1968, empezó a cuestionar la pertinencia del uso de la denominación de “ciudad” para caracterizar al producto de los cambios urbanos que habían empezado a evolucionar en la posguerra, fundamentalmente en Estados Unidos y en los países europeos. Ya entonces él empezó a usar la expresión “postciudad”, es decir, ya hay una calificación de estos procesos. Él, en uno de sus trabajos dice: “ahora, los grandes centros metropolitanos, que solían ser nada más que lugares de producción de bienes, se han convertido en nudos de comunicaciones dentro de redes de comunicaciones internacionales”. Y concluye que “la nueva forma de asentamiento guardará escaso parecido con la ciudad del siglo XIX tan firmemente fijada en nuestras imágenes e ideología” (Webber, 2004: 16-17).
Desde entonces se ha producido un conjunto extremadamente voluminoso de estudios y aportes que buscan explicar las razones de estos cambios. Sobre ello, la conclusión a la que he llegado en estos años, teniendo siempre el caso Santiago como el referente principal y, en alguna medida, los de algunas otras ciudades latinoamericanas, es que las explicaciones más convincentes se encontraban en los planteos realizados por Henri Lefebvre.
En lo personal, tengo un tardío reencuentro con Lefebvre, pues en la época de mi formación como arquitecto, al trabajar sobre cuestiones urbanas, tuve un primer contacto con sus trabajos. Tanto es así que tengo buena parte de sus libros sobre cuestiones urbanas adquiridos en esa época, aunque desde entonces durmieron como por treinta años, pues al pasar a trabajar en Naciones Unidas no dispuse del tiempo necesario para profundizar en esta dirección. Lo recuperé bastante más tarde, cuando empecé a buscar este tipo de explicaciones. Lo importante para mí es que Lefebvre establece el encuadramiento teórico- estructural capitalista —él utiliza la expresión “neocapitalista”— como base para explicar la generación y la marcha de una revolución urbana, que es lo que él busca caracterizar. Yo creo que allí hay muchos aportes de Lefebvre que mantienen su validez plenamente y que hoy día están siendo recuperados por un grupo importante de investigadores. La idea fundamental es que los cambios que estarían llevando a esta revolución urbana se fundamentan en la tesis de que cada tipo de sociedad produce un tipo específico de espacio social y en particular de espacio urbano. Se trata de ideas que no he abandonado. Lefebvre afirma:
(…) diversos investigadores de distintas partes del mundo empezaban a inventar metáforas o expresiones, como “megalópolis”, “metapolis”, “postciudad”, “ciudad de ciudades”, etcétera, para caracterizar a este fenómeno novedoso en la evolución urbana
Cada modo de producción ha producido, no como una cosa cual- quiera [y subraya la expresión cosa] sino como algo fundamental, un tipo de ciudad que lo refleja de forma inmediata, visible y legible sobre el propio terreno, al dar forma a las relaciones sociales más abstractas, jurídicas, políticas e ideológicas (Lefebvre, 1970: 30). [La traducción de las citas de los textos de Lefebvre en francés son del entrevistado].
Y como tal, existe una ciudad medieval, una ciudad esclavista, una ciudad asiática, etcétera. Entonces, lo que Lefebvre plantea, y que muchos autores ahora han retomado (en la literatura latinoamericana lo encuentro muy frecuentemente en muchos trabajos e investigaciones), es que la transformación del espacio urbano no es un mero fenómeno derivado del crecimiento. Al respecto, Lefebvre señala:
La ciudad se transforma no sólo en relación con “procesos globales” relativamente continuos (como el crecimiento de la producción material en el curso de las épocas con sus consecuencias en los intercambios, o el desarrollo de la racionalidad), sino en función de modificaciones profundas en el modo de producción, en las relaciones “ciudad-campo”, en las relaciones de clase y de propiedad (Lefebvre, 1968: 59).
Esta revolución urbana se estaría procesando desde que la urbanización comenzó a desplazar en importancia a la industrialización en la dinámica de acumulación. A partir de allí, introduce una expresión, tomada de la física atómica: implosión-explosión. La ciudad contiene en sí un conjunto de fuerzas sociales y procesos que conducen al mismo tiempo a que la ciudad implote y explote, que es la idea que hoy han recuperado y desarrollado Brenner y sus colaboradores. Allí Lefebvre plantea y desarrolla una visión que permite esbozar una respuesta a la pregunta acerca de cómo está evolucionando la “ciudad” —más precisamente, lo urbano— en el siglo XXI: “El tejido urbano prolifera, se extiende, consumiendo los residuos de vida agraria”. Aquí introduce la idea del tejido urbano, que es una idea nueva en ese momento, y aclara: “por tejido urbano no se entiende, de manera estrecha, la parte construida de las ciudades, sino el conjunto de manifestaciones del predominio de la ciudad sobre el campo” (Lefebvre, 1970: 9-10). Esto es lo que hoy Brenner (2013) caracteriza como la urbanización planetaria. En esto hay algo que considero muy importante: más allá de sus indiscutibles especificidades, las ciudades latinoamericanas se transforman también conforme a ciertas tendencias comunes a escala planetaria. En este sentido, creo que es innegable que las ciudades latinoamericanas, desde el siglo XIX o desde la conquista en adelante, van adquiriendo un conjunto de especificidades nacionales. Por lo tanto, sostengo que cada ciudad es una experiencia única e irrepetible en sí misma pero que se transforma conforme a tales tendencias comunes. Y aquí nuevamente (me excuso porque voy a citar en forma reiterada a este autor en esta entrevista) Lefebvre sostiene que el fenómeno urbano acompaña la universalización del capitalismo y tiene carácter mundial. El título del último trabajo que publica en el año 1989, dos años antes de su muerte, es “La ciudad que se diluye en la metamorfosis planetaria”. Ésta es la idea: la ciudad se diluye en lo urbano generalizado. París existe como un núcleo y va a seguir existiendo como tal, como la centralidad de la aglomeración parisina, pero hoy día sus habitantes ya no saben dónde empieza y dónde termina París, y han adoptado distintos criterios para tratar de identificar esos límites.
Entonces, lo novedoso que tenemos hoy día es que la metamorfosis urbana está comportando un conjunto de cambios que está siendo producido bajo los efectos de una nueva configuración global del capitalismo, que es la financiarización. Yo creo que éste es el hecho más importante. Como afirma Michalet (2007), la financiarización marca una ruptura en el desarrollo del capitalismo. El capitalismo que tenemos hoy día no es el de hace veinte años. Ése es seguramente el cambio más importante que ha afectado a la dinámica económica mundial durante las últimas décadas. Si no consideramos su alcance, difícilmente vamos a poder entender los cambios que actualmente se están procesando. Como ha apuntado Aglietta:
el capitalismo ha padecido una completa mutación. Ésta no concierne solamente al sistema financiero; esta lógica penetra toda la economía, haciendo de la empresa un actor financiero dedicado a la valorización de los ingresos de los accionistas (Aglietta, 2013: 57).
Las estrategias de las empresas de la economía real actualmente están condicionadas por los imperativos de la lógica financiera. Se puede documentar con un caso reciente tomado de la industria del automóvil: el despropósito en que acaba de incurrir la Volkswagen responde, ante todo, a la presión por maximizar, como sea, su rentabilidad y el valor de sus acciones.
Voy a tratar de sintetizar. En esta evolución, considerando que el capitalismo sigue una tendencia a la globalización. Lo que hoy día tenemos es una red urbana global, esa red significa que hay un número creciente de ciudades (lo que podemos seguir llamando ciudades, pero que son procesos urbanos) que se articulan a esa red global, algunas muy tenuemente y otras muy potentemente, de manera fundamental las del norte. Y esa articulación en la red urbana global conlleva un conjunto de cambios fundamentales en la base económica de cada una de ellas, donde los servicios empiezan a cobrar una importancia fundamental. Entonces, se produce lo que Lefebvre caracterizó como la implosión-explosión, es decir:
una enorme concentración (de gente, de actividades, de riquezas, de cosas y de objetos, de instrumentos, de medios y de pensamiento) en la realidad urbana, y el inmenso estallido, la proyección de fragmentos múltiples y dispersos (periferias, arrabales, residencias secundarias, satélites, etcétera) (Lefebvre, 1970: 24).
En mi opinión, eso es la “ciudad” del siglo XXI. Salvo que en el futuro haya una reducción de la tasa de crecimiento de la población mundial y empiecen a producirse fenómenos de compresión urbana, esa tendencia va a continuar. Para terminar este punto, me adscribiría a lo que dicen Brenner y Schmid (2013) en “La nueva epistemología de lo urbano”: que ahora podemos hablar genéricamente de “lo urbano”, como antes hablábamos de “lo rural”, sabiendo que se trata de fenómenos que tienen un conjunto de particularidades que habrá que investigar.
(…) la metamorfosis urbana está comportando un conjunto de cambios que está siendo producido bajo los efectos de una nueva configuración global del capitalismo, que es la financiarización. Yo creo que éste es el hecho más importante.

La urbanización capitalista del siglo XXI
—En su larga trayectoria profesional y académica a usted le ha tocado vivir, padecer y estudiar los cambios urbanos derivados del tránsito del capitalismo del Estado benefactor al neoliberal. El capitalismo en su fase actual padece fuertes contradicciones. Hay varias evidencias nefastas. Así, por ejemplo: en México hay alrededor de cinco millones de viviendas vacías y en España hay 3,4 millones de viviendas nuevas vacías que no se adjudicaron, no se terminaron de construir o han sido despojadas a sus deudores (que algún día serían sus propietarios). En ese país hay, asimismo, alrededor de 800 000 desahuciados de su vivienda por la falta de pago de los créditos hipotecarios en España. ¿Conoce usted alguna forma de evitar ese capitalismo de pillaje?
¿Hay forma de poner límites a ese desarrollo urbano regido por la lógica financiera y de la rentabilidad? ¿Qué opina con respecto a esas contradicciones producidas por las llamadas burbujas inmobiliarias y economías de ladrillo? ¿El mismo capitalismo pondrá frenos a esas formas de despilfarro y especulación urbana? ¿Los gobiernos pondrán límites?
—En América Latina tenemos un ejemplo notable de las burbujas inmobiliarias y de economías del ladrillo, de las que el caso de la ciudad de Panamá es uno de los más visibles y elocuentes al respecto. El fenómeno de las burbujas inmobiliarias está directamente relacionado con la dinámica establecida por la configuración capitalista financiarizada, que resultó de las respuestas al agotamiento y crisis final del régimen de acumulación fordista. El fordismo-keynesiano tuvo, sobre todo en las economías centrales, un periodo de indiscutible prosperidad (lo que Fourastie denominó como los “treinta gloriosos”), pero que desde la década de 1960 comenzó a mostrar síntomas de agotamiento, para entrar en la década siguiente en una crisis sin salida. Entonces, sobreviene una muy fuerte crisis de rentabilidad y un número creciente de empresas de la economía real ralentizan o paralizan sus inversiones, y se produce lo que Chesnais (2010) caracteriza como una sobreacumulación de capacidad productiva. Por ejemplo, la Ford es capaz de producir mucho más automóviles de los que puede vender, la Frigidaire muchos más refrigeradores de los que puede vender, etcétera, y eso deriva en una generalización de la sobreacumulación de capital. Esta sobreacumulación de capital no ha disminuido en el mundo, sino que se ha intensificado. Yo creo que uno de los estudios más importantes que se han publicado en los últimos años sobre la actual crisis financiera mundial está en un libro de dos autores alemanes, Lohoff y Trenkle, que se llama La gran desvalorización. Allí, ellos afirman lo siguiente a este respecto:
A nivel global, la sobreacumulación estructural de capital no se mitigó de manera alguna, y ella adquirió bien por el contrario proporciones incesantemente más inquietantes. Cantidades siempre más importantes de capitales se encontraron de alguna manera “sin empleo” [y el capital no puede estar sin empleo porque no sobrevive, el capital necesita reproducirse] y comenzaron a vagabundear a través del globo a la búsqueda de colocaciones rentables (Lohoff y Trenkle, 2014: 69).
Entonces, en un momento en que en la economía real (en las fábricas de automóviles, en las de computadoras, etcétera) se ralentizan o se detienen las inversiones y, por tanto, la tasa de acumulación pasa a ser decreciente (lo muestran todas las estadísticas para los países centrales), los capitales tienen que buscar otro destino y comienzan a vagabundear. Uno de los destinos que encuentran es el sector inmobiliario, los negocios inmobiliarios (Panamá o Dubái son ejemplos extremos de ello). En general, en las áreas urbanas en crecimiento se comienzan a realizar inversiones especulativas en este rubro. En Santiago también se observó esta tendencia donde, por ejemplo, la Torre Costanera (con 300 metros de altura y 64 pisos o niveles) es producto de ese auge inmobiliario, producto de la sobreacumulación de capital en un sector relacionado con el consumo. Así todos esos capitales comienzan a aplicarse en un área que se hace muy atractiva en tanto la financiarización permite transformar activos físicos en activos patrimoniales, fundamentalmente por la vía de la titulización. Por lo tanto, es posible comprar desde cualquier lugar un metro cuadrado de un edificio en Santa Fe (Ciudad de México) o en el nuevo centro de Av. Berrini en San Pablo (Brasil); lo puedo hacer por computador y puedo no visitarlo nunca, pero tengo realizada allí una inversión a cuenta de excedentes de capital. En particular, los mecanismos de capitalización individual, en fondos de pensiones y en otros inversores institucionales, se constituyen en mecanismos de cosecha y siembra de capitales con esa finalidad. En esa situación, la ciudad, las áreas urbanas y la urbanización en general se constituyen en una salida para esos capitales vagabundos; allí tienen una forma de realizarse que, además, resulta muy atractiva para los gobiernos, porque en cierta medida permiten reactivar una parte de la economía real, dado que el crecimiento de la industria de la construcción impulsa a los fabricantes de insumos para esta industria (ladrillos, cerámicos, hierro, grifería, ascensores, etcétera). Como señala Harvey:
(…) un ejemplo notable de las burbujas inmobiliarias y de economías del ladrillo, de las que el caso de la ciudad de Panamá es uno de los más visibles y elocuentes al respecto
la urbanización […] ha desempeñado un papel crucial en la absorción del excedente del capital, y lo ha hecho en una escala geográfica cada vez mayor, pero a costa de impetuosos procesos de destrucción creativa, que implican la desposesión de las masas urbanas de cualquier derecho de la ciudad (Harvey, 2013).
Es así que esas contradicciones han dado lugar a variadas formas de especulación y de despilfarro, para lo cual la existencia de fondos buitre o de paraísos fiscales son mecanismos idóneos, y esto es inevitable. Es inevitable mientras el capitalismo no pueda encontrar una solución para reactivar la economía real, y esa solución para la economía real es muy difícil de concretar mientras persistan las políticas de austeridad, que significan principalmente reducción de los salarios o del número de trabajadores (siempre se ajusta por el lado de los trabajadores), pero los ingresos de los trabajadores constituyen la base para reactivar la demanda efectiva por productos de la economía real. Bajo las políticas de la gobernanza neoliberal no parece factible revertir esas tendencias. Por tanto, es previsible que esta contradicción va a continuar agudizándose.
Por último, usted pregunta, ¿los gobiernos pondrán límites? Yo creo que en la práctica no tienen la posibilidad de hacerlo. Consideremos lo que acaba de pasar en Grecia. En esta situación, algunos analistas sostienen que estamos frente a una crisis financiera terminal, que es una crisis civilizatoria. Lo que sabemos es que la situación es extremadamente inestable en este momento.
Chile y México
—Estando en Santiago de Chile no puedo dejar de preguntarle sobre el papel protagónico que las políticas urbanas y habitacionales chilenas han tenido en América Latina, particularmente en México. Las políticas de producción de mini viviendas en periferias distantes fueron copiadas de Chile y reproducidas en otros países. En México esto ocurrió en una escala brutal: millones de viviendas miserables (por su calidad de construcción y dimensiones físicas) han sido diseminadas a lo largo y ancho del país, bajo el argumento de combatir el déficit patrimonial de vivienda (concepto inventado por el gobierno federal, que alude a no tener una vivienda en régimen de propiedad privada). Ahora es el turno de copiar las políticas de desarrollo urbano intensivo. ¿Qué recomendaciones haría usted para aquellos funcionarios públicos, consultores, académicos o militantes de organizaciones no gubernamentales, que, ávidos de combatir los déficits habitacionales de sus países y de emular las políticas de repoblamiento y compactación urbana, vienen a Chile para aprender de las “buenas prácticas”?
—Santiago es una ciudad un tanto extraña desde que no tiene un gobierno metropolitano y, de hecho, funciona como una suerte de federación de comunas. En Santiago cada comuna tiene un alcalde que tiene más o menos poder político, básicamente en función del potencial fiscal de su ámbito de gobierno: una comuna rica como Vitacura tiene muchos recursos, una comuna pobre como La Pintana tiene muy escasos recursos. Además, en este contexto, hay algunos tipos de regulaciones que se manejan fundamentalmente a nivel comunal. En contraposición, se puede señalar que las grandes políticas urbanas de estos últimos treinta años —por un lado, la política de vivienda y, por otro lado, la política de infraestructura urbana— han sido, ante todo, políticas nacionales.
(…) los ingresos de los trabajadores constituyen la base para reactivar la demanda efectiva por productos de la economía real. Bajo las políticas de la gobernanza neoliberal no parece factible revertir esas tendencias.
La actual política de vivienda social fue establecida por el gobierno militar. Ésta existía desde antes, pero fue el gobierno militar el que impuso esta modalidad por la que el sector privado construye y el Estado no construye sino que la promueve y establece la forma de financiamiento. La construcción de infraestructura también está encarada como un sistema de concesiones basada en el principio de partenariado público-privado. Se trata de políticas de cuño neoliberal, por más de que a veces los gobiernos de la Concertación hayan negado que esto haya sido así. Esto es, en el caso chileno esas “buenas prácticas” (como a menudo las denomina el Banco Mundial) han sido una de las respuestas posibles del neoliberalismo para dar salida a la sobreacumulación de capital.
En este país, se produjo una reprimarización de la economía, los grupos económicos que se constituyeron en torno al sector pesquero, al sector horto-frutícola, al sector minero y al sector forestal, acumularon enormes excedentes de capital y una parte de estos ya no pudieron seguir siendo absorbidos en su sector de origen, debido a las limitaciones de dichos sectores para continuar absorbiendo inversiones, circunstancia en que el sector inmobiliario se constituyó en una salida para los respectivos excedentes de capital. Esa salida, parte de la cual fue manejada por los promotores inmobiliarios y otra parte por las políticas de vivienda social, constituyó una opción idónea para que el sector privado pudiese continuar haciendo buenos negocios con sus capitales sobreacumulados. Esto ocurrió aquí en Chile, y también en países como Brasil donde, por ejemplo, el financiamiento del programa Minha casa, minha vida de Lula está basado en criterios similares; tiene otra concepción específica, otros arreglos institucionales, pero ambas políticas habitacionales son variaciones en torno a lo políticamente posible en materia de vivienda en el neoliberalismo realmente existente.
¿Qué recomendaciones haría yo? Si alguien está trabajando a nivel gubernamental y tiene que desarrollar actividades en el campo de la vivienda, debería tener en cuenta que éste es un camino que ha funcionado conforme a sus objetivos: funcionó en Chile, en cierta medida funciona en el caso del Infonavit (Instituto del Fondo Nacional para la Vivienda de los Trabajadores) en México, en cierta medida funcionó en Minha casa, minha vida. Esto ha permitido solucionar hasta cierto punto el problema de los “sin techo”, pero ha generado otro preocupante problema, mucho más difícil de solucionar: el problema de los “con techo”, como muestran Alfredo Rodríguez y Ana Sugranyes en un excelente libro sobre el tema. El año pasado estuve visitando algunos conjuntos de Minha casa, minha vida y pude comprobar que enfrentan problemas similares a los señalados en este libro, pues se trata de edificaciones frecuentemente aisladas y distantes de los lugares de trabajo, porque generalmente se ubican donde la tierra es más barata, donde la rentabilidad de los emprendedores privados es mayor, etcétera. Entonces, no obstante los problemas que se generan con este tipo de estrategia, los funcionarios gubernamentales se van a tener que seguir inspirando en este tipo de solución. Mientras tanto, algunas organizaciones no gubernamentales están buscando otros caminos socialmente más justos, pero tropiezan con grandes dificultades.
—¿Las torres de vivienda que hacen actualmente en las comunas centrales de Santiago no es un poco lo mismo que se hace en las periferias, sólo que ahora la construcción masiva de vivienda se recentraliza?
—Sí, así es. En el caso de Chile esto se relaciona con el hecho de que el ingreso per capita ha tenido un salto brutal: se pasó de un ingreso per capita de 3.000 dólares en la década de 1980 a más de 20.000 dólares per capita en este momento, y eso ha significado un sustantivo aumento del poder adquisitivo de las familias. Y muchas familias, en la medida en que han ido accediendo a nuevas posibilidades de financiamiento con sistemas de crédito que son muy funcionales al sistema financiarizado, han podido acceder a nuevos tipos de departamentos. Y usted ve que la ciudad se ha llenado de torres, algunas de muy mala calidad, pero que van cubriendo las necesidades de ese nuevo sector social, conformado por estos sectores medios ascendentes. En el IEUT de la Pontificia Universidad Católica de Chile se han desarrollado varias tesis de maestría sobre este tema, que han analizado esta tendencia y han arribado a conclusiones que confirman la evolución en esta dirección.

Hábitat III
—¿Qué expectativas tiene usted sobre la III Cumbre de Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos, Hábitat III? ¿De qué manera se puede aprovechar que el tema urbano ya está colocado en el escenario y el debate público internacional, nacional y local, así como en los medios de comunicación? ¿Qué mensaje le enviaría al Centro Hábitat de la ONU en torno al reconocimiento de las “mejores prácticas” y lo que ellos llaman desarrollo urbano “sustentable” y “competitivo”? ¿Es posible y de qué forma aprovechar la coyuntura de Hábitat III para disputar las políticas urbanas hegemónicas?
—Tengo la impresión que cada una de las Cumbres de Naciones Unidas sobre Asentamientos Humanos actualiza el estado de la situación en esta materia con base en una información que solamente una institución como esta puede lograr, que es muy importante para nuestras investigaciones. El Informe de 2003 sobre el desafío de los slums, por ejemplo, fue valiosísimo y nos aclaró muchos aspectos y dimensiones de esta cuestión. Yo creo que estos informes son fundamentales y en ese sentido me parece que Hábitat III aportará conocimiento en los temas que se ha planteado, conocimiento que necesitamos y que será muy útil para lo que vamos a investigar de aquí en adelante.
En cuanto a las recomendaciones creo que en general no pasan de ser un conjunto de obviedades y de buenas intenciones. Se cae en eso que se ha calificado como el “hayqueismo”: hay que hacer tal cosa, hay que hacer tal otra cosa, pero sin considerar en qué encuadramiento histórico-estructural, con qué financiamiento, con qué actores sociales, con qué estructuras de poder, etcétera; por lo que, en general, en la práctica esas recomendaciones son ignoradas por la mayor parte de los gobiernos, que continúan en lo mismo de siempre.
En mi opinión, mientras los gobiernos nacionales y urbanos continúen alineados con los criterios básicos del discurso neoliberal, no es posible esperar una gestión urbana que se encamine a buscar e implementar respuestas efectivas para los problemas de sustentabilidad, tanto en lo social como en lo ambiental, que conforman el talón de Aquiles de este modelo. Las políticas públicas hegemónicas solamente se podrían modificar en el plano de la acción política.
Lefebvre afirmaba que el espacio es ideológico, es político y es instrumental; y es manejado en el plano de la acción política. Es en este plano que se puede hacer frente a estos problemas. Considere todas las dificultades que hemos tenido para que se suscriba el Protocolo de Kioto, pese a que en realidad no representa un gran avance, y lo que ha pasado con todos los informes sobre cambio climático. Sabemos que el deterioro de la biosfera continúa a ritmos aceleradísimos, pero también sabemos que no se hace prácticamente nada para evitarlo. Un ejemplo concreto: continúan creciendo las ya enormes islas de basura que se están formando en los océanos, contaminando aceleradamente los recursos ictiológicos de esa parte del planeta que luego serán utilizados como consumo humano, pero numerosos países del mundo continúan vertiendo en el mar sus desperdicios, sin que nadie haya podido evitarlo. Por lo tanto, en relación con Hábitat III creo que hay dos planos: uno es el del conocimiento de los problemas que nos afectan, que es muy valioso; y otro, el de las recomendaciones, que está bien que se hagan, pero que no van a tener mayor efecto mientras no haya cambios políticos de fondo.
—Me hizo recordar el libro de Saskia Sassen, Expulsiones, brutalidad y complejidad del sistema económico global; como dice su título, es brutal el libro.
—Sí, es un libro muy bueno. Creo que con todo esto que está pasando, el mundo obviamente se ha llenado de indignados, y además esto se va a agravar con las migraciones que se están produciendo en Europa. Evidentemente se están generando muchos movimientos políticos —quizás al final vuelva sobre este tema— que están reclamando otro tipo de cosas; sin embargo, cuando llegan al poder las fuerzas que se generan a partir de esos movimientos se encuentran en la encrucijada en que se encontró el gobierno de Syriza en Grecia, al que obligaron a una tremenda marcha atrás.
Entrevista por VD
Ver la segunda parte: Entrevista a Carlos de Mattos. Teoría urbana. Ciudades del mañana. El derecho a la ciudad y la figura de Henri Lefebvre. Utopías urbanas.
Víctor Delgadillo es profesor-investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).
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