Buenos Aires se piensa a sí misma como una ciudad de bancos, oficinas y consumo. Esa imagen no es falsa, pero es incompleta: la Ciudad también produce bienes. CABA conserva una base manufacturera real, diversificada y con historia, que la ubica como el segundo distrito industrial del país, sólo detrás de la Provincia de Buenos Aires.
No es que la industria porteña haya desaparecido. Es que durante décadas quedó fuera de la conversación pública y de una estrategia de desarrollo. Este documento reconstruye esa historia y ese presente con datos duros.
Los números ordenan el diagnóstico. La industria en la Ciudad de Buenos Aires reúne cerca de 176 mil puestos de trabajo asalariados registrados y unas 11 mil firmas. Entre 2004 y 2025, redujo su participación en el producto porteño del 16,2% al 9,3%: perdió peso relativo, pero no centralidad.
El perfil de esa industria es específicamente urbano. No hay grandes complejos automotrices ni siderúrgicos: hay química-farmacéutica, alimentos y bebidas, textiles e indumentaria, edición e impresión, y metalmecánica liviana.

Gráfico 1. Producto Bruto Geográfico de CABA por sector. Promedio 2004-2025, a precios corrientes.
Esa pérdida también se observa a escala nacional, aunque con matices. Entre 2004 y 2011, CABA explicaba cerca del 15% del valor agregado industrial argentino. A partir de 2012 esa participación empezó a bajar, perforó el 13% después de 2018 y hoy se ubica en torno al 12%. Aun así, en 2024 la Ciudad se mantuvo como el segundo distrito industrial del país: solo la Provincia de Buenos Aires (48,9%) la superó, y CABA quedó por encima de Santa Fe (10,3%), Córdoba (7,6%) y Mendoza (4,1%). Es un lugar que se suele explicar por la concentración de sedes fiscales, pero los datos de empleo y establecimientos —que miden el domicilio real de explotación, no el fiscal— confirman que se trata de producción efectiva y no de un espejismo administrativo.

Gráfico 2. Participación por jurisdicción en el valor agregado industrial nacional. En porcentaje sobre el total, año 2024.
El perfil de esa industria es específicamente urbano. No hay grandes complejos automotrices ni siderúrgicos: hay química-farmacéutica, alimentos y bebidas, textiles e indumentaria, edición e impresión, y metalmecánica liviana. Dos ramas —química y alimentos— concentran casi la mitad del producto manufacturero. Indumentaria, en tanto, es la actividad con más empresas de la Ciudad y la segunda en empleo, con epicentro en el corredor de Avellaneda y Nazca, en Flores-Floresta.
Esa manufactura no vive aislada en un parque industrial: está integrada a la trama de los barrios, con mayor presencia en el oeste, el sur y el sudoeste porteños. Esa cercanía genera empleo y arraigo territorial, pero también tensiones de suelo, logística y convivencia urbana que la política pública todavía no resolvió.
El documento recorre además la historia de esa desindustrialización —desde el Código de Planeamiento Urbano de 1977 hasta la apertura de los noventa— y compara a CABA con Provincia de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe para mostrar que la industria porteña no es una versión menor de otros distritos, sino un caso con lógica propia.
No es que la Ciudad no tenga industria. Es que durante décadas esa industria fue invisibilizada, perdió peso relativo y quedó por fuera de una estrategia pública de desarrollo.
La conclusión es propositiva: la Ciudad no necesita crear una industria desde cero, necesita reconocer, proteger y transformar la que ya tiene. Eso implica pensarla en clave metropolitana, ordenar su convivencia con el uso residencial y comercial del suelo, articularla con universidades y hospitales, modernizar sus procesos productivos y darle reglas claras para producir.
Reconocer esa base industrial es el primer paso. El segundo, integrarla a una estrategia de desarrollo productivo.
Resumen Ejecutivo
La industria porteña detrás de la Ciudad de servicios: pasado, presente y futuro de la industria porteña
Buenos Aires suele presentarse como una ciudad de servicios, finanzas, comercio y consumo. Esa imagen es cierta, pero incompleta. CABA también produce bienes: conserva una base manufacturera real, diversificada y territorialmente distribuida, que la ubica como el segundo distrito industrial del país.
No es que la Ciudad no tenga industria. Es que durante décadas esa industria fue invisibilizada, perdió peso relativo y quedó por fuera de una estrategia pública de desarrollo.
Cinco puntos característicos
- La Ciudad tiene industria.
CABA reúne casi 176 mil puestos asalariados registrados privados en ramas manufactureras y cerca de 11 mil firmas industriales. No se trata de una actividad marginal, sino de un entramado productivo con empleo, empresas, oficios, infraestructura y capacidades acumuladas.
- Perdió peso, pero no desapareció.
La industria de la Ciudad tiene una larga historia. Fábricas emblemáticas marcaron la vida y el ritmo de los distintos barrios por décadas. Sin embargo, la industria redujo su participación dentro del Producto Bruto Geográfico porteño y también perdió participación relativa dentro del aparato manufacturero nacional, pero conserva una base productiva relevante y sectores con alto potencial.
- Es el segundo distrito industrial del país.
Cuando se mira su participación en la industria nacional, CABA se ubica solo detrás de la Provincia de Buenos Aires en valor agregado, empleo registrado y cantidad de empresas industriales. Por eso, no puede pensarse una agenda nacional de reindustrialización sin conocer y potenciar las capacidades productivas localizadas en la Ciudad.
- Su perfil es específicamente urbano.
La industria porteña no se parece a la de Córdoba o Santa Fe. No está centrada en grandes complejos agroindustriales, automotrices o siderúrgicos. Tiene un perfil más mercadointernista, PyME y metropolitano: química-farmacéutica, alimentos, indumentaria, gráfica, metalmecánica liviana o equipamiento médico.
- La industria forma parte de la trama urbana.
La manufactura porteña no se concentra en un parque industrial ni funciona aislada del resto de la Ciudad. Tiene una distribución extendida, con mayor presencia relativa en algunas zonas del oeste, sur y sudoeste. Esa inserción genera oportunidades, pero también tensiones de suelo, logística, ambiente y convivencia con vivienda, comercio y servicios. Pensar una Ciudad integrada exige reconocer esa presencia y ordenar mejor su relación con el entorno urbano.
Cinco desafíos de política pública
- Mirada metropolitana y nacional.
Pensar la industria porteña en relación con el AMBA y con la agenda nacional de reindustrialización: trabajadores, proveedores, logística, cadenas productivas y capacidades industriales exceden el límite administrativo de la Ciudad.
- Suelo productivo y convivencia urbana.
Definir cómo se inserta la industria en una ciudad densa: qué actividades conviene agrupar, cuáles pueden convivir en zonas de mixtura de usos y qué infraestructuras comunes hacen falta para reducir conflictos urbanos y construir barrios más integrados.
- Articulación con ciencia, tecnología, educación y salud.
Conectar la industria con universidades, hospitales, centros de investigación, escuelas técnicas y centros de formación profesional para escalar capacidades productivas existentes.
- Transformación productiva, tecnológica y ambiental.
Acompañar a las industrias existentes para modernizar procesos, incorporar tecnología, digitalizar gestión, mejorar eficiencia energética, reducir impactos ambientales y certificar calidad, con instrumentos sectoriales adecuados a cada rama.
- Reglas claras para producir.
Revisar el marco normativo que regula la actividad industrial en la Ciudad, simplificar habilitaciones, ordenar criterios de localización, coordinar inspecciones y reducir la incertidumbre regulatoria que enfrentan las empresas formales.
Esa inserción genera oportunidades, pero también tensiones de suelo, logística, ambiente y convivencia con vivienda, comercio y servicios. Pensar una Ciudad integrada exige reconocer esa presencia y ordenar mejor su relación con el entorno urbano.
Idea central
La Ciudad no necesita construir una industria desde cero. Necesita reconocer, proteger y transformar la que ya existe. Una Buenos Aires que produce puede generar empleo de calidad, valor agregado, innovación, arraigo territorial y futuro metropolitano.
U
USINA es un espacio de producción, sistematización y análisis de información orientado a comprender la dinámica económica y productiva de la Ciudad de Buenos Aires y su área metropolitana, con una pregunta central: cómo construir una ciudad que produzca, genere trabajo y articule mejor sus capacidades económicas, tecnológicas y sociales.
La dirige Augusto Costa y la integran Alejandra Alderete, Luciano Blanco, Federico Dayan, Luis Guevara Santaló, Nadia Schuffer, Joan Vezzato, Matías Walovnik y Nicolás Walovnik. Es parte de Kilómetro Cero, agrupación que integra el MDF (Movimiento derecho al futuro).
“Partimos de una constatación sencilla. Buenos Aires tiene industria, entramado productivo, capacidades científicas y tecnológicas, empleo calificado y una escala urbana que la vuelve estratégica para pensar políticas de desarrollo. Sin embargo, esa realidad suele quedar fuera del relato dominante sobre la ciudad y también fuera de las prioridades de la política pública. USINA nace para intervenir en ese vacío: producir conocimiento aplicado, ordenar evidencia, abrir discusiones y aportar propuestas para una agenda de desarrollo productivo urbano.
Llevamos adelante este espacio desde una perspectiva técnica y política. Somos un equipo que trabaja sobre economía urbana, producción, empleo, presupuesto, industria, conocimiento y relaciones de consumo, con vocación de traducir ese trabajo en insumos concretos para la discusión pública y la acción política. Formamos parte de un proyecto que aspira a transformar la ciudad y entendemos que para hacerlo hace falta algo más que diagnóstico aislado o consigna: hace falta construir una mirada consistente sobre su estructura económica y sus posibilidades de desarrollo.
Nuestro valor está en esa articulación. En combinar rigurosidad analítica con capacidad de intervención pública. En vincular datos, territorio y propuesta. En leer la economía urbana no solo desde la coyuntura, sino también desde sus actores, sus restricciones y sus oportunidades. En producir informes, documentos sectoriales y líneas de política pública que dialoguen con empresas, cámaras, sindicatos, universidades, medios y organizaciones del territorio productivo.
USINA busca aportar a una conversación más seria sobre el presente y el futuro de Buenos Aires. Una conversación que vuelva a poner en el centro la producción, el trabajo, el conocimiento y la forma en que el valor que genera la ciudad se organiza, se distribuye y se proyecta en el tiempo”.
