La crisis habitacional suele presentarse como una ecuación sencilla: faltan viviendas, luego… hay que construir más. Sin embargo, esa mirada deja de lado una pregunta previa: ¿conocemos realmente todo el patrimonio construido que ya posee capacidad para convertirse en vivienda?
Mientras miles de personas viven en situación de calle y muchas familias encuentran enormes dificultades para acceder a un alquiler, la ciudad de Buenos Aires administra un extenso patrimonio inmobiliario. A ello se suman edificios privados parcialmente vacíos, inmuebles subutilizados y, en algunos casos, construcciones antiguas con potencial para incorporar nuevas unidades sobre sus terrazas, siempre que estudios técnicos lo avalen.
La pregunta ya no es únicamente cuántas viviendas construir, sino cuánto capital habitacional permanece inmovilizado. El desafío consiste en dejar de administrar edificios para comenzar a administrar capacidad habitacional. La propuesta podría comenzar con algo tan simple como ambicioso: realizar un relevamiento integral de todos los inmuebles públicos y de aquellos privados cuyos propietarios deseen incorporarse voluntariamente a un programa de reutilización social.
Ese inventario no debería limitarse a registrar dirección y superficie. También debería evaluar estado estructural, grado de ocupación, factibilidad de reconversión, cercanía a escuelas, hospitales y transporte, costo estimado de recuperación y tiempo necesario para poner cada inmueble nuevamente en uso.
No se trata únicamente de edificios vacíos. También podrían incorporarse inmuebles parcialmente utilizados; antiguas dependencias administrativas; edificios cuya actividad pueda concentrarse en otra sede y consorcios que, por decisión unánime de sus propietarios, estén interesados en desarrollar nuevas unidades sobre terrazas aptas mediante sistemas constructivos livianos.
La construcción en seco puede desempeñar un papel decisivo. Al reducir el peso de las nuevas estructuras, disminuir los tiempos de obra y facilitar procesos industrializados, permite acelerar la generación de viviendas de transición con menores interferencias para edificios existentes.
La propuesta podría comenzar con algo tan simple como ambicioso: realizar un relevamiento integral de todos los inmuebles públicos y de aquellos privados cuyos propietarios deseen incorporarse voluntariamente a un programa de reutilización social.

El programa podría ir aún más lejos
En lugar de pensar exclusivamente en viviendas de emergencia, la Ciudad podría conformar una red distribuida de “viviendas puente”: unidades temporarias ubicadas en distintos barrios, que permitan a las familias salir rápidamente de la situación de calle sin perder el vínculo con la escuela de sus hijos, su trabajo, el centro de salud o su comunidad.
La recuperación de inmuebles podría, además, transformarse en política de empleo. Con dirección profesional, parte de las obras podrían incorporar programas de capacitación en oficios de la construcción, generando oportunidades laborales al mismo tiempo que se recupera patrimonio urbano.
Experiencias internacionales muestran que reutilizar edificios existentes puede resultar tan importante como construir nuevos. Finlandia logró reducir drásticamente la situación de calle combinando vivienda con acompañamiento social y recuperando inmuebles ya construidos. Nueva York volvió a impulsar la conversión de edificios de oficinas en viviendas, mientras que distintos países europeos desarrollan modelos de vivienda colaborativa con unidades privadas y servicios compartidos que optimizan el uso del espacio.
una política permanente destinada a identificar, recuperar y poner en circulación todos aquellos activos públicos y privados capaces de contribuir, de manera voluntaria y socialmente responsable, a ampliar la oferta de vivienda.

Buenos Aires podría dar un paso adicional
En lugar de crear simplemente un nuevo programa habitacional, podría desarrollar un Sistema de Gestión del Capital Habitacional Urbano: una política permanente destinada a identificar, recuperar y poner en circulación todos aquellos activos públicos y privados capaces de contribuir, de manera voluntaria y socialmente responsable, a ampliar la oferta de vivienda.
La emergencia habitacional no desaparecerá de un día para otro. Pero quizás una parte de la respuesta ya esté construida. Lo que todavía falta, ¡es verla! Buenos Aires administra edificios. ¿Por qué no administra también capacidad habitacional?
Más allá de la potencial asistencia social, se trata de impulsar a Buenos Aires a encarar una genuina innovación en gestión urbana, eficiencia del patrimonio público, desarrollo sostenible, planificación territorial y derecho a la ciudad.
LS
La autora es ingeniera (UBA). Fue directora del Centro de Investigación Babbage.
Sobre la construcción de viviendas en terrazas de edificios existentes, ver La casa en la azotea de Santiago Cirugeda. Estrategias Subversivas de Ocupación Urbana, pero sin Pritzker a la vista, en nuestro número 67.
