Ver Tripsteaser (VIII) en nuestro número anterior.
Quiero estar un rato con María.
En sus años de Alzheimer, iba con mi padre al café de la esquina, él se distraía con lo que ocurría a su alrededor.
La Hermana Mergiola, dice de pronto, la veo como si estuviera sentada ahí donde estás vos, tenía los ojos celestes, la cara siempre roja, no era gorda ni flaca, era una mujer normal. Tenía un delirio conmigo, el rubio Bens, me decía. Nunca me agarraba en algo.
Siempre me acompañaba a casa después de la escuela. me tomaba de la mano y caminábamos por el pueblo, ella me contaba cosas y yo a ella. Me quería muchísimo, más que mi mamá. Me preguntaba donde había aprendido todo lo que sabía.
El pueblo tenía una plaza central y alrededor había casas de tejas y concreto. no había una calle que fuera especial. Las mujeres preparaban el tinkenkuchen en horno de ladrillo. También el hautstrudel, un pie relleno de repollo. Ya no hay ninguna mujer que cocine así.
***
Escucho voces, él camina por el pasillo, ha regresado para apagar la televisión.
El escritor está afuera y quiere estar adentro. Y construye una arquitectura para estar adentro del mundo que crea. Puede ser un encuentro en un bar con los personajes que regresan sin saber qué les pasó en realidad, como si hubieran ido a la guerra.

Después de todo lo que tuvieron, de las manos y las caricias, el río se la lleva.
El perro se queda contento con los hombres.
***
En el universo de Sudeste de Haroldo Conti no hay mujeres, aunque si sueños de hombres. Los hombres caen desmayados o quedan dormidos y caen inconscientes en el fondo de los botes o sobre las playas, pero sus sueños nos son ajenos. La soledad los impregna y ellos se acurrucan en sus sueños, son sueños de solitarios.
***
Llegamos a la casa de un botero, un lugar lleno de posibilidades narrativas.
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Otro día, me cuenta de los alemanes que vivían sobre el arroyo Brazo Chico, había también uno que otro húngaro, también sobre Brazo Largo, habían llegado a principios del siglo XX.
En el arroyo Carabelas vivían los vascos.
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Alemanes en el Grande, españoles en el Naranjo, vascos en el Carabelas, italianos en el Caraguatá. Mi padre empezó a hablar de los ciervos, ese animal tan perseguido y codiciado en la isla, pero que muestra una mansedumbre, crea un hábito con el hombre, y regresa. Y todos crean rutinas en este mundo invadido por el hombre. En este mundo de río.
***
Y una vez que el hombre lleva la mujer a la isla, ahí la deja y se va, se va.
The water would raise and it would slowly take my dreams.
Las palabras, como la mujer, en la isla se van olvidando, el silencio se impone. Se van olvidando de a poco. Y las emociones ligadas a las palabras. Y las experiencias. Y las personas. Y las historias. Y todo se hace un tiempo y un lugar. Y se crea un personaje único, una única historia, un paisaje único, fiel, al que el hombre se entrega sin exigirle nada a cambio. El río es el gran dios, o el hombre máximo (y todo porque el hombre lo quiere tratar de tú a tú), el que determina la vida de los hombres. Si le va bien o mal.
Esa tarde en el arroyo Estudiantes recordé lo que mi madre me había contado varias veces: allí se unen el agua, el cielo y la tierra, una frontera infinita. Una ilusión o quizás la más terrible realidad.
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El escritor está afuera y quiere estar adentro. Y construye una arquitectura para estar adentro del mundo que crea. Puede ser un encuentro en un bar con los personajes que regresan sin saber qué les pasó en realidad, como si hubieran ido a la guerra.
Al dirigir, no se trata de decirle a la gente lo que tiene que sentir, sino que va más por: Te pasó esto y esto, sos esto. Es seguir la conversación que tenías con el personaje durante la escritura: ¿Qué más es? ¿Cómo te sentís? ¿Qué querés hacer? Es prolongar ese diálogo interno del escritor.
***
En un galpón, había una cama a medio hacer, ropa desparramada sobre el piso.
El hombre trabaja afuera, viene de Bolivia, y dejó chicos y señora allá, nos cuentan después.

La película iniciaba con dos hombres sentados en el barandal de un muelle mirando el río, por la tarde, y la mirada se aleja hacia el interior de la isla, dejándolos solos frente al río.
¿Qué se les cayó en el río?
¿Esperan algo del río?
¿Qué ven cuando clavan sus ojos en el agua marrón?
Me intrigo, la espera de los hombres, la tristeza que parecían compartir, esa cosa que se hacía y se contrahacía (contrahecha) con los golpes del río creando un presente perpetuo, como cuando se juntan las aguas que vienen de arriba y se encuentran con las de abajo y el río se estanca. ¿Así lo deja también el hombre?
Imagino a quien miraba desde la casa.
Estos hombres, aunque exhibían una placidez desfachatada, pensaban en otro lugar, a lo mejor el viejo se acordaba de la ciudad que vio cuando llego en el barco o en el
cuerpo de una mujer. Cosa que le fascinaba pero que no entendía. Y el otro, el más joven, también pensaba en una mujer, que era diferente a la que el viejo pensaba aunque el viejo creía que era la misma, y los dos como estúpidos están ahí mirando el río cuando no estaban pegando tiros a un animal en el monte y está y siempre va a estar, al cual no van a poder entrar nunca, por más que hundan el hocico en el
cuerpo abierto, ni cerca van a estar tampoco de la mujer, ni de la ciudad.
Y la mujer de porfiada que es porque sabe que eso no es posible, quiso apropiarse de esa vida, de ese secreto que los dos hombres compartían y les puso palabras en la boca. Porque en las islas, la vida se apropia con balas o con palabras.
Aquella pudo ser la imagen generadora, pero hubieron otras cosas: aquel hombre, el cojo que vi en el verano del 2013 en el registro civil de San Fernando cuando había decido buscar al acta de matrimonio de mis abuelos, quienes se casaron en la isla en el registro civil que abría los martes en el arroyo Naranjo.
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¿Qué es este lugar que produce estos hombres con la mirada revuelta, con partes que faltan, mutiladas, que parecen ya no importar?
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Porque DESPUÉS no SERÍA solo yo, el viejo en la historia también le vio algo a Suárez en los ojos. No era la primera vez que el viejo vio algo raro en su andar. No le había prestado mucha atención pero había veces que se le iba el ojo. Y veía la mirada que se le perdía en el cielo, entre las nubes y lo demás que hay ahí arriba.
On one of those days, I met Rosa, she was sitting at a table in a café, near the district of El Canal, where she worked or said she worked.
At some time in the past she arrived. Perhaps, when I left, she arrived. And, she has been there ever since, just waiting.
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Esa tarde en el arroyo Estudiantes recordé lo que mi madre me había contado varias veces: allí se unen el agua, el cielo y la tierra, una frontera infinita. Una ilusión o quizás la más terrible realidad.
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Y los personajes se deleitaron con su silencio y quisieron saber más, quisieron meterse en las vidas de los otros, cuando en la película ahí van indiferentes unos de otros. O, al menos eso es lo que se ve.
En la novela, el viejo traiciona su propia esencia de río y se inventa cuentos para alejarse de esa naturaleza que básicamente es.

La criatura encontró una cinta que, al rozarla con su dedo, se onduló ejecutando una canción de dos notas. Nadie se hacía daño, eran un hombre y una cinta entreverándose en un juego anónimo, hasta que, como niña enfadada, la cinta giró enredándose en su dedo. La criatura jaló de la cinta y entonces se abrió un agujero en el interior de la isla. Mareada por la perspectiva descompuesta, cayó en un sueño profundo:
Caminaba hacia el río que se había cristalizado como plástico, cada pisada creaba sucesivas siluetas de una única mujer con una tricotita y una pollera de lana hasta las rodillas. La mujer giró. No tenía rostro. Su boca invisible se abrió en una sonrisa y sus manos empujaron la criatura hacia abajo. Sus rodillas tocaron el suelo, y su cara ocupó el abdomen vacío de la mujer. El viento acarició su boca, bajó por la garganta, e infló su abdomen llenando el hueco. De los pezones de la mujer goteó leche y la criatura la bebió.
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No quería encerrar sino liberar, la narración encierra. No quería que le pasara lo mismo que a mi abuela Amanda frente al abuelo Martinez cuando la encerró en otra prisión, ella que había cabalgado por el monte a puro pelo, con sus hermanos.
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Y cuando los isleros no están pegando tiros a un animal en el monte, la mujer de porfiada que es, porque sabe que eso no es posible, les empezó a poner palabras en la boca. Y es lógico, porque en las islas la vida se apropia con balas o con palabras.
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Les pregunto a los isleros sobre los híbridos, el tema los incomoda. Hablan de otras cosas, de plata, de la economía, de las mareas que arrastran los cultivos y ahogan las vacas.
***
EL VIEJO
¿Qué quieres saber del pasado?
ROSA
Por qué tengo esta oscuridad adentro.
EL VIEJO
Entonces, no mires hacia atrás.
De repente, me aburro, me pierdo.
Quiero aprender a hacerlo, quiero hacerlo de nuevo sin él, a ver si me acuerdo, a ver si aprendí, si presté la suficiente atención.
Los huecos en la historia son llenados con paisaje y la conversación con otras personas.
***
Cita de alguien que no recuerdo:
La tarea de filmar el paisaje, o de inscribir los cuerpos de las personas en él, responde a su deseo de colmar solamente a través de la ficción esos huecos dejados por la imaginación gestada durante la infancia.
***
Uno tiene tantos recovecos que no alcanza nunca.
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Un camino nos llevó de regreso a la casita del botero. Nuevamente, nos observaron las esculturas bajo el techo de manta, el perro vigilaba la entrada, ahora la puerta estaba abierta.
Una mujer muy parecida a vos estuvo aquí hace muchos años, me dijo el hombre saliendo de la casita. Dijo conocer a los híbridos. Yo te llevo con los híbridos, nunca podrás dar con ellos yendo sola, me dijo.
En el interior, una mujer pela naranjas y reparte los gajos entre los niños que la rodean.
Mi padre repartía entre las familias de los criollos, algunas con más de diez hijos,
los pasteles que horneaba la señora Pum. Ella vivía en Carabelas.

Seria quizás la historia de Suárez y Beatriz: compartirán una intimidad en secreto de lo que se recuerda, se imagina, sin palabras, y los dos son testigo y parte. Esa intimidad que comparten Beatriz y Suárez a través de la libretita, el mundo que crean los dos, por separado.
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EL VIEJO
¿Qué quieres saber del pasado?
ROSA
Por qué tengo esta oscuridad adentro.
EL VIEJO
Entonces, no mires hacia atrás.
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Una de esas noches de verano, se despertó sobresaltado, entró a mi cuarto
y me preguntó: ¿Dónde está la señora de Carabelas que siempre duerme a mi lado?
La mujer tenía una quintita pero cuando venía el agua se la destrozaba y la volvía a hacer.
Creo que los híbridos fueron un sueño, como cuando me acostaba en su cama y soñábamos que jugábamos a la escondida, y yo elegía escondites misteriosos sometiéndolo a arriesgadas travesías para encontrarme.
Muchachita, muchachita, muchachita linda, de pies de arena y labios de terciopelo, no te vayas, amárrame a la vida que no quiero la muerte, muchachita. Así, cantaba él.
Pero, una madrugada, nuestros sueños reventaron y secaron el río, dejando solo un hilito.
***
The story begins when a deformed man is found hanging in a hotel room in an empoverished neighborhood near Luján river, supposedly an islander who booked the
room three days earlier.
As other dwellers show similar deformities, a Prefect officer leads an investigation
into the obscure life of the islander and his father who live in the farthest area of the delta of the Paraná River.
***
Llegamos a la quinta de Barán, un ruso que tiene una plantación enorme de mimbre.
Nos está esperando.
El mimbral brilla y brilla con el sol, parece no moverse hasta que el ruso señala a un hombre y su mujer con su progenie emerger del mimbral, como si fueran personajes de una antigua fábula, como si HUBIERAN SIDO CREADOS ALLI, COMO si fuera UN NACIMIENTO.
***
Where are things truly happening?
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Una película tridimensional, porque las islas se mueven al mismo tiempo como diferentes subplots en movimiento, pero que parece que no, como ríos que van paralelos, que se encuentran y modifican su recorrido.
En la ciudad, las películas viajan en tren.
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La mujer acompaña al viejo a cazar. El viejo le enseña, le enseña cómo va a morir.

No sé si te había comentado que la pieza es sobre la llegada de una pareja y una niña –que se dedican a recorrer los arroyos robando las casas abandonadas y haciendo trabajitos temporales– a la quinta de un viejo islero, ascético y misterioso y la convivencia de unos días en la que se revelan, siguiendo la inercia del río, deseos, recuerdos y sueños que no llevan a nada.
La isla como un lugar de transición de lo humano a lo animal. Entre la naturaleza y lo construido, el hombre y la mujer, entre el agua y la tierra, entre medios.
Entre y de la literatura al cine, de la memoria a un cuento, de la experiencia al cine, todo ello armando un tejido suelto que no se cierra.
La naturaleza participa en la creación de la historia.
Traducción, reapropiación. El almacigo traduce los objetos del predio.
***
Una de esas noches de verano, se despertó sobresaltado, entró a mi cuarto
y me preguntó: ¿Dónde está la señora de Carabelas que siempre duerme a mi lado?
La mujer tenía una quintita pero cuando venía el agua se la destrozaba y la volvía a hacer.
***
Entró a la casa y vio el cuerpo envejecido de una mujer de carnes blancas y flácidas envuelta en una sábana. Palpó su cara y deslizó la mano por su cuello hasta llegar a sus senos y, repentinamente, los apretó como si fueran naranjas; dudó entre cubrirla y descubrirla, hasta que, de un tirón, arrancó la sábana revelando todo el cuerpo de la mujer. Prendió los dientes en las tetas mientras el órgano se endurecía con el vaivén sobre el cuerpo blanco. Al contacto, el hombre se pulverizó en una lluvia de fragmentos que se dispersaron por el cuarto.
***
Mi madre le pregunta si ya se va a dormir.
Él responde que en algún momento va a hacerlo.
Después te despertás. A horas inconvenientes, ella replica.
Me duelen los brazos, las piernas, hasta el alma.
***
Domingo 10, A las 2 y media: mi padre me saluda con la palma abierta, con la misma mano con la que cuenta el dinero.
Bajá las persianas, no salgas, me advierte.
***
Una película intervenida con:
Palabras sueltas
Límites aperturas
Asechanzas miedos
Perdidas
Ganancias
Ojos
Objetos
Ambientes
Agua
Reflejos
Un gran archivo
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Se le está yendo la vida.
Unos meses después, regreso. Dicen que son los últimos días de mi padre. Es el final del camino, dice la médica que entra y deja llorando a mi madre otro día más, y mi madre la abraza, sin guardarse ninguna lágrima, es un oráculo que detestamos.
Me resisto a ver el cuerpo de mi padre pero me traiciono, ¿qué miras? Mi padre no toleraba que lo mirasen, como si pudieran descubrirle, robarle su verdad. Toco su mano y es la misma de siempre.
***
Esa noche, ondeando los dedos cubiertos de anillos, dos mujeres de cabello blanco y largo entraron por la ventana del cuarto. Cuchicheaban y se reían abriendo sus bocas como peces que habían sido separados del agua, sus voces se perdían en prolongadas buenaventuranzas para la criatura. De los ojos de las mujeres cayó un llanto que le mojó los pies. Las lágrimas se transformaron en piedras que parecían haber sido arrastradas por un temporal desde un reino lejano y primordial, donde personas, casas, calles, plantas y animales eran de ese material suave al tacto y sin sabor. Cuando las mujeres nombraron las piedras: rutsa, vatone, patache, yrazja, mijiri, opacote, se encendió la chispa de un cataclismo y en un instante prolongado por una canción de dos notas que salía de las piedras la criatura se tornó gris.
***
Mein liebe vater.
***
Hace un par de noches tuve un sueño, dos hermanos recorren los arroyos inundados, llevan al padre enfermo que ha quedado varado por la marea. Van en silencio, observan las islas inundadas, ayudan a uno que otro islero, Se demoran para llegar. Parece una travesura de chicos, el demorarse. Se van conociendo porque no se han visto por años. Descubren que no son quienes creían sino dos más fascinantes, con historias llenas de lugares oscuros, secretos.
Aplazan la llegada.
***
Días después, pasé por la esquina del café donde me reunía con él, ya demolieron el edificio, ahora hay un negocio moderno con ventanales de vidrio.

Entrecerró los ojos y frente a él se balancearon las gallinas que su madre criaba en España, los hombres que esperaban en Retiro, el contratista que los llevó en la isla, del perro, las putas del Canal, el muchachito que viaja en la chata de don Sebastián, el ciervo, todos lo miraban regresándole imágenes de un don Julián que desconocía. Había otras imágenes que marcaban puntos y comas: una mancha de grasa sobre el muelle, los restos de pescado sobre la escalera a la casa, la cola del perro. Finalmente, todas se ligaron formando una película que se deslizaba entre los agujeros de plata que la luna había abierto en la puerta del otro cuarto; cuando la película acabó, don Julián se durmió.
***
Un año más tarde, una noche en un McDonalds, en Mesa Street en El Paso, Texas.
un hombre anciano sin hogar, bearded, blue eyes, stares at me, and asks me:
Are you my daughter?
Tiempos de ciervos y mariposas es una novela y un guion que se materializó en una presentación en el Centro Cultural Matienzo en Buenos Aires. También realicé un taller de guion expandido con actores argentinos, quienes compartieron el proceso de escritura de sus propios guiones a partir de Tiempos.
MB
Continuará.
La autora es escritora, cineasta y socióloga. Su trabajo ha sido exhibido y premiado en festivales de Estados Unidos, Europa, Asia y Latinoamérica. Ha desarrollado largometrajes, novelas y proyectos transmedia, además de dirigir talleres en México, Argentina y Estados Unidos. Ha sido profesora y cineasta visitante en universidades internacionales, ponente en congresos sobre migración y cine, y guionista para cine, televisión y productoras independientes colaborando con instituciones como UNICEF, Canal 11 de la CDMX y Telemundo.
Ver Tripsteaser (VIII) en nuestro número anterior.
