Presentación y estructura del debate
El presente artículo aborda, desde dos perspectivas complementarias, el debate técnico, político y territorial en torno al modelo de la «Ciudad de los 15 Minutos» y la «Región de los 30 Minutos», popularizados globalmente por el académico Carlos Moreno. Tras los recientes convenios internacionales firmados entre gobiernos provinciales y la Universidad de La Sorbona, resulta urgente desmontar la retórica publicitaria para indagar tanto en la matriz disciplinar del concepto como en la viabilidad real de su aplicación sobre geografías patagónicas e hiper-extendidas.
Para ofrecer una mirada rigurosa y multidimensional, el texto se escribe a cuatro manos y se articula formalmente en tres momentos argumentales: el PUNTO será el lugar donde se analiza la genealogía histórica del concepto –desmitificando su supuesta novedad teórica–, se examina sus tres ‘sombras’ o distorsiones empíricas globales (gentrificación, incomprensión metropolitana y desplazamiento de cargas ambientales) y se expone la incompatibilidad del modelo frente a la lógica extractiva y la escala metropolitana del Alto Valle y la Confluencia. En el CONTRAPUNTO se introduce un encuadre ético-filosófico centrado en la experiencia encarnada del cuerpo que habita el territorio, cuestionando la imposición de ‘ciudades ideales’ y examinando la pertinencia/paradoja del modelo en tres geografías específicas: Bahía Blanca, la metrópolis policéntrica de Neuquén-Alto Valle y la escala cordillerana de San Martín de los Andes. En última instancia –y para cerrar el artículo– se reflexiona sobre la apelación metafórica de Carlos Moreno a Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares (Arcadia mítica vs. Utopía importada), confrontando el ‘storytelling’ con el territorio conflictivo real y reivindicando la soberanía intelectual, la legislación vigente (Ley Provincial Nº 4754) y la construcción democrática de un plan común.

- PUNTO: Genealogía, mercadotecnia y las sombras de la hiperproximidad
José Luis Basualdo
Habiendo abordado en intervenciones anteriores la dimensión política e institucional del Convenio entre el Gobierno de Río Negro y la Universidad de La Sorbona –en las que rechazamos dicho acuerdo por subastar la soberanía intelectual local y prescindir del denso ecosistema científico de la región–, creemos necesario detenernos a entender de qué se trata verdaderamente «la ciudad de los 15 minutos» y «la región de los 30 minutos». Solo analizando en profundidad la matriz técnica y conceptual de estos modelos de proximidad podremos evaluar sus verdaderos alcances, sus simplificaciones teóricas y, fundamentalmente, sus insalvables desajustes frente a la geografía concreta de nuestro territorio.
Definición de los conceptos
La «Ciudad de los 15 Minutos», impulsada por Carlos Moreno, es un modelo de cronourbanismo y planificación de proximidad que plantea que todas las funciones esenciales para la vida cotidiana –vivienda, empleo, educación, salud, abastecimiento comercial, cultura, ocio y áreas verdes– estén disponibles a no más de 15 minutos a pie o en bicicleta desde el hogar. Su propósito central es romper la zonificación funcional tradicional –heredera del Movimiento Moderno–, reducir la dependencia del automóvil, disminuir las emisiones contaminantes y mejorar la calidad de vida urbana mediante una reorganización descentralizada del territorio guiada por la noción de «proximidad feliz».
Por su parte, la «Región o Territorio de los 30 Minutos» traslada este mismo principio a la escala metropolitana y territorial extendida a través de una estructura policéntrica e hiperconectada. Este concepto busca articular centros de empleo, equipamientos de mayor jerarquía e infraestructuras complejas mediante redes de movilidad multimodal y desarrollo orientado al transporte (DOT) –integrando ferrocarriles, transporte masivo y colectivos– para acortar las distancias socioespaciales y garantizar que los desplazamientos regionales no superen la media hora de trayecto.
1.1. La genealogía secuestrada: un compilado sin cita a pie de página
Una primera observación rigurosa a estos modelos es que la pretensión de novedad que rodea a la ‘Ciudad de los 15 Minutos’ invisibiliza un siglo y medio de teoría y práctica urbanística. Las métricas de acceso peatonal, la mezcla de usos y la distribución equitativa de equipamientos básicos no surgieron en los laboratorios de la Sorbona, sino que estructuran el pensamiento urbano moderno desde el siglo XIX:
- Ildefons Cerdà (1867): Proyectó el Eixample de Barcelona bajo un principio estricto de equidad territorial, distribuyendo escuelas, mercados y centros de salud en isocronas peatonales regulares.
- Clarence Perry y Josep Lluís Sert (1929-1942): Establecieron las bases de la Unidad Vecinal (‘Neighborhood Unit’) y la célula residencial autosuficiente con servicios a radios de 5 a 15 minutos a pie.
- Patrick Abercrombie y J. H. Forshaw (1943): Abordaron la estructuración metropolitana articulando la escala local de barrio con la escala regional sistémica.
- Jane Jacobs (1961) y Jan Gehl (1971): Defendieron la escala humana, la alta densidad relacional, la mezcla de usos y la diversidad del espacio público frente al funcionalismo automovilístico.
- Salvador Rueda y François Ascher: Sistematizaron las ‘Superilles’ (supermanzanas) como células urbanas multifuncionales y conceptualizaron la geografía temporal del cronourbanismo.
Investigadores del Politecnico di Milano (Bonfantini, Galimberti y Ventura) sostienen que la propuesta de Carlos Moreno opera una simplificación reduccionista de la disciplina, incurriendo en un ‘urbanismo de eslogan’ y un ‘ready-made urbanism’ que convierte principios clásicos de planeamiento en un producto de mercadotecnia política. La difusión de estos conceptos no radica en una innovación teórica, sino en su oportunidad mercadotécnica: la crisis de la COVID-19 obligó a los gobiernos locales a reorganizar de emergencia la movilidad a escala de barrio, ocasión aprovechada para empaquetar un corpus complejo bajo marcas eufónicas como ‘Proximidad Feliz’, adoptadas por redes como C40 o ONU-Hábitat como vehículo de posicionamiento electoral.
1.2. Las tres sombras: evidencia empírica que refuta la solución enlatada
A. Efectos inmobiliarios y gentrificación verde: Las intervenciones de hiperproximidad sin regulación de suelo aceleran la presión inmobiliaria. En el distrito NoLo de Milán, publicitado como caso emblemático por sus plazas tácticas, la pacificación derivó en un incremento superior al 55% en el precio residencial (de 2.700 a 4.200 €/m² en solo cinco años). Estudios de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) confirman que estas intervenciones sustituyen el comercio local tradicional por ocio nocturno y expulsa a residentes originarios.
B. Incomprensión metropolitana y segregación socioespacial: El modelo asume erróneamente que la metrópoli es una suma de barrios autónomos; en geografías segregadas como la ciudad de Santiago de Chile, promover la proximidad en el centro no resuelve la ‘pobreza de transporte’ ni la falta de empleo en la periferia popular (Puente Alto, La Pintana). Como advierte el sociólogo Guido Martinotti, las prácticas urbanas contemporáneas se articulan mediante ‘poblaciones flotantes’ y ‘comunidades de práctica’ –redes de personas unidas no por vivir en la misma manzana, sino por las actividades cotidianas que realizan a lo largo de toda la metrópoli. Encorsetar la vida en 15 minutos ignora que la rutina real desvincula el lugar de residencia del espacio funcional; este modelo de ciudad –claramente– no registra esas dinámicas.
C. Desplazamiento periférico de impactos ambientales: Construir la “proximidad feliz” supone reducir el peso del automóvil en los flujos de dichos sectores, esta pacificación céntrica desplaza la congestión. En París, las restricciones en el centro (París intra-muros) derivaron el tráfico y las emisiones hacia el Boulevard Périphérique, penalizando a los trabajadores esenciales de las barrios periféricos que no pueden costear la vivienda céntrica y dependen del auto para trabajar.
1.3. Incompatibilidad morfológica y la urgencia de un ‘Plan Común’ en el Alto Valle
El intento de aplicar el paquete de la ‘región de los 30 minutos’ al Alto Valle de Río Negro y Neuquén expone las inconsistencias insalvables del urbanismo importado frente al Sur Global:
- El territorio real vs. el paradigma europeo: El Alto Valle y la Confluencia forman un sistema metropolitano bipolar de casi un millón de habitantes a lo largo de un corredor de 80 kilómetros con 19 municipios y dos provincias. Pretender aplicar métricas peatonales de 15 minutos en un territorio atravesado por el impacto extractivo de Vaca Muerta –donde el tránsito pesado de arenas de fractura ha colapsado las Rutas Nacionales 22 y 151 y la Provincial 6– representa una abstracción insostenible.
- El denso ecosistema local: La región cuenta con una sólida masa crítica: las universidades públicas UNComa y UNRN, la UFLO, institutos del CONICET (IIPyGG), los Colegios de Arquitectos (CARN y CAN) y redes como SAPLAT y Grupo Sur / Hábitat I+D. Estos organismos han elaborado diagnósticos profundos y planes directores.
- Construir un plan común, no comprar un plan enlatado: Desde la provincialización hace más de 70 años, el Valle no ha tenido un plan integral. La irrupción del modelo extractivista pone en crisis los acuerdos territoriales implícitos. No se necesita un plan importado de París; es preciso construir un plan común mediante dispositivos de acuerdo entre Estado, Mercado y Comunidad.

- CONTRAPUNTO: Ética, el cuerpo que habita y la pertinencia en Bahía Blanca, el Valle y San Martín de los Andes.
Lucía Alejandra Cobo
Desde que existe como tal, la ciudad se ha pensado en términos de su forma ideal: una preocupación constante a lo largo del tiempo que ha dado lugar a diversos modelos urbanos. Aunque esto pueda parecer una obviedad, conviene volver sobre el punto para dejar en claro algunas cuestiones. En primer lugar, que la idea de «ciudad ideal» está moldeada al calor de los valores de la cultura occidental; en segundo lugar, que cada época proyectó un modelo acorde a sus prácticas y desarrollos técnicos; y, en consecuencia, que todo modelo es el reflejo del estilo de vida de su propio tiempo y espacio. En tal sentido, cabe preguntarse: ¿el estilo de vida de qué clase social? La respuesta es simple: en definitiva, será el de aquella clase que goce del privilegio no solo de pensar la ciudad, sino de diseñarla e imponerla.
En tal sentido, la tarea de quienes planifican es harto exigente y conlleva un imperativo ético insoslayable. Quienes planifican deben pensar en todo –y «todo» es, literalmente, todo. Cuando una planificación falla, es porque se omitió a algún colectivo: un barrio sin espacios verdes dotados de mobiliario para la niñez revela que no se pensó en las infancias; veredas angostas o con obstáculos demuestran que no se tuvo en cuenta a usuaries de sillas de ruedas, ni a familias con cochecitos, etc. En cuanto a la dimensión ética, la cuestión se sintetiza en una pregunta crucial: ¿qué van a hacer las personas que planifican con el poder que detentan?
Resulta necesaria una profundización filosófica y ética para volver, luego, a pisar el territorio que habitamos. Porque el territorio no solo se habita: se siente y se padece en el cuerpo cada vez que transitamos –a pie o en colectivo– trayectos de 15, 30 minutos o una hora como parte de nuestra vida cotidiana. Ese saber, el que emerge de la experiencia encarnada de habitar un lugar, no puede escapársele a quienes planifican; es, se puede decir, el más importante de todos.
Así pues, tras este encuadre que nos invita a retomar las preguntas originarias –¿quién planifica, cómo y para qué?– quiero volver sobre el concepto de la «ciudad de los 15 minutos». Mi colega ha realizado un preciso recorrido por los antecedentes del urbanismo; por mi parte, sumaré un itinerario de antecedentes territoriales para imaginar cómo encajaría esa fórmula en las geografías extensas y agrestes de nuestra Patagonia.
1. Bahía Blanca y el dilema de la densificación drástica: En Bahía Blanca, por ejemplo, viví en una zona privilegiada y muy cercana a mi trabajo: tardaba 25 minutos a pie atravesando el hermoso barrio parque Palihue. ¿Qué tendría que ocurrir para convertir a Bahía Blanca en una ciudad de 15 minutos? En principio, una densificación drástica. Y si bien es cierto que se trata de una ciudad extensa y auto-dependiente que quizás requiera densificarse, la pregunta clave sigue siendo por qué llegó a estructurarse de esa manera.
2. Neuquén y el Alto Valle (Confluencia). La escala de la megarregión de 100 kilómetros: Lo mismo ocurre en la capital neuquina y en el Alto Valle del Río Negro, donde comprendí la complejidad de lo que funciona como una verdadera megarregión o metrópolis policéntrica: un entramado de más de 100 kilómetros de extensión en el que una constelación de ciudades –Villa Regina, General Roca (Fiske Menuco), Allen, Cipolletti, Neuquén, Centenario, Cinco Saltos, Plottier, Senillosa– proyecta una gran mancha urbana trazada entre la barda y el río. Para la mirada europea, 100 kilómetros es una enormidad; para la escala patagónica, es un tramo cotidiano que se traduce en una hora de auto si la ruta lo permite. Reitero la pregunta: ¿cómo se transforma ese territorio en un sistema de ciudades de 15 minutos? Trabajar sobre los límites de la expansión e incidir en la densidad es un desafío urgente, pero resulta imprescindible desentrañar primero las dinámicas económicas, sociales, culturales y técnicas que produjeron y sostienen semejante escala.
3. San Martín de los Andes. De la encarnación de la proximidad a la expansión por encajonamiento y especulación: Hoy habito San Martín de los Andes, una ciudad pequeña que supo ser la encarnación real del modelo de los 15 minutos hasta que, hacia el año 2000, comenzó a expandirse aceleradamente más allá de su casco histórico. ¿Por qué se expandió? Porque la geografía misma impedía seguir densificando el valle, sumado a factores determinantes como la especulación inmobiliaria y las luchas por el acceso al suelo. San Martín presenta un relieve complejo para el urbanismo y para la vida misma: un pequeño valle encajonado entre dos cordones cordilleranos donde el encierro o la falta de horizonte impactan en la subjetividad de quienes lo habitan.
Cuando sostengo que las personas que planifican deben pensar en todo, me refiero a esto: la geografía, el cuerpo, el clima y la historia no se dejan moldear tan fácilmente. Pretender aplicar la fórmula homogénea de la «ciudad de los 15 minutos» como una receta universal a realidades tan disímiles es, como mínimo, una pretensión ingenua e insostenible.

- CIERRE: Entre el mito literario, el relato importado y el territorio real.
Ambos
Resulta profundamente ilustrativo analizar la apelación de Carlos Moreno en entrevistas públicas a Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, a quienes citó para argumentar sobre el concepto de ‘topofilia’ y el ‘sentido de pertenecer a un lugar’. Para cualquiera que frecuente la obra de ambos autores, su invocación para hablar de la gestión del territorio físico resulta un contrasentido manifiesto: para Borges y Bioy, el espacio geográfico es apenas una ilusión del tiempo; su verdadero lugar habitable no es la ciudad de cemento ni el mapa cartográfico, sino el territorio atemporal de la memoria, la literatura y la biblioteca.
Sin embargo, la elección revela involuntariamente su propia posición filosófica: así como para Borges y Bioy la pertenencia se refugia en una Arcadia mítica y nostálgica, Moreno en cambio nos ofrece una Utopía futura, empaquetada bajo un atractivo storytelling y conceptos de gran impacto mediático como ‘la ciudad del cuarto de hora’ o ‘la región de los 30 minutos’. El problema radica en que, de este lado de la pantalla y sobre el suelo valletano, no habitamos ni un poema borgesiano, una ucronía de Bioy ni una utopía parisina. Aquí hay un territorio conflictivo, caótico, en acelerada mutación y profundamente vulnerable: rutas destruidas por los camiones de arena, suelo agrícola fracturado por loteos especulativos, barrios populares sobre la Barda sin servicios básicos y una profunda asimetría socio-urbana. Este territorio real no se resuelve con un relato seductor ni con la promesa de un orgullo prestado. Necesita política, debate de cara a la comunidad, presupuesto, gobernanza democrática y, sobre todo, la prepotencia de trabajo de sus propios actores situados.
Como concluye la investigación urbana crítica, no existen fórmulas universales ni soluciones empaquetadas en planificación territorial. La ‘Ciudad de los 15 Minutos’ ha funcionado como una eficaz herramienta de comunicación pública, pero resulta insuficiente frente a los dilemas de la vivienda, la infraestructura y la equidad metropolitana. El Alto Valle y la Confluencia no necesitan la fascinación del consumo de marcas transatlánticas, sino soberanía intelectual y decisiones políticas arraigadas en las necesidades reales de su propio territorio. Río Negro no necesita validar su destino en París; necesita atreverse a convocar a sus propias instituciones –cumpliendo plenamente normativas históricas como la Ley Provincial Nº 4754, que prioriza el trabajo de las universidades públicas locales– para construir, sin atajos ni tutelajes, el plan que la región exige.
JLB y LAC
Arq. Mg. José Luis Basualdo es Arquitecto y Magister; integra el Grupo Sur / Hábitat I+D.
Lucía Alejandra Cobo es Doctora Geógrafa, Investigadora y Planificadora Territorial.
EXIGENCIA DE APLICACIÓN DE LA LEY PROVINCIAL Nº 4754: La Ley Provincial Nº 4754 de Río Negro —sancionada en 2012 y promulgada en 2013 durante el primer mandato del gobernador Alberto Weretilneck— establece la obligación del Estado provincial de contratar preferentemente a las universidades públicas radicadas en el territorio rionegrino (UNComa y UNRN) para la realización de estudios, asesorías y asistencias técnicas. En el debate sobre el futuro del Alto Valle, la vigencia plena de esta ley constituye la herramienta jurídica clave para resguardar la soberanía intelectual y el saber situado frente a la contratación de consultoras o sellos externos.
Ver en nuestro número anterior la nota Del extractivismo a la planificación importada. El Alto Valle frente al espejo de sus propias instituciones, de José Luis Basualdo.
