La ciudad constituye una construcción histórica, social, política, económica y cultural mediante la cual las sociedades organizan su vida colectiva y producen las condiciones materiales de su reproducción. Sin embargo, los procesos de urbanización no garantizan, por sí mismos, el bienestar colectivo, la equidad territorial ni la sustentabilidad ambiental. Bajo ciertas condiciones, la producción de ciudad puede profundizar las desigualdades, degradar los ecosistemas, restringir el acceso a bienes y servicios urbanos y consolidar relaciones asimétricas de poder. Desde esta perspectiva, proponemos un marco interpretativo para comprender tales procesos.

Desigualdades estructurales de acceso a suelo, vivienda, equipamientos y servicios. Fuente: imagen del autor.
Bajo ciertas condiciones, la producción de ciudad puede profundizar las desigualdades, degradar los ecosistemas, restringir el acceso a bienes y servicios urbanos y consolidar relaciones asimétricas de poder.
Subordinación colectiva a racionalidades particulares
Toda ciudad no solo se expresa en su morfología. Lo hace también mediante sus mecanismos de producción y reproducción. Una ciudad puede disponer de conocimiento técnico, recursos económicos, instrumentos normativos y capacidades institucionales suficientes para orientar su desarrollo urbano y, aun así, sin mecanismos de producción y reproducción eficientes, pueden tender a generar resultados territorialmente regresivos. En este marco surge la noción de “estupidez urbana” para caracterizar la subordinación colectiva a racionalidades particulares que, al imponerse sobre los dispositivos de regulación, deliberación y control, promueven condiciones desiguales de producción del espacio. A tal proceso lo denominamos urbanismo del pillaje: una modalidad de producción territorial caracterizada por la apropiación selectiva de los beneficios derivados de la urbanización, la distribución desigual de sus costos sociales y ambientales y la utilización asimétrica del poder de decisión sobre el suelo y sus transformaciones.
Hablar de estupidez urbana implica como referirse a un proceso de producción y reproducción de configuraciones territoriales en las que la concentración asimétrica del poder de decisión, la mercantilización del suelo y la subordinación de la gestión urbana a intereses particulares generan resultados sistemáticamente regresivos para la habitabilidad colectiva, la equidad socioespacial y la sustentabilidad ambiental. En este escenario se articulan tres dimensiones: las relaciones de poder que organizan la producción urbana, las configuraciones morfológicas que resultan de ellas y las consecuencias distributivas que afectan las condiciones de vida de la población.
Cuando los beneficios particulares de la urbanización prevalecen sobre sus objetivos colectivos y no existen mecanismos eficaces de corrección, aumenta las posibilidades de producir desigualdades territoriales persistentes. Entre las condiciones estructurales se reconocen: la distribución desigual de la propiedad del suelo, las asimetrías económicas y políticas y las capacidades diferenciadas de acceso a recursos urbanos. Estas condiciones pueden favorecer mecanismos de reproducción tales como:
● La concentración discrecional del poder en la toma de decisiones de base territorial.
● La captura o subordinación de decisiones públicas por parte de intereses particulares.
● La apropiación selectiva de beneficios derivados de transformaciones y regulaciones.
● La externalización de costos sociales y ambientales hacia el conjunto de la población.
● La fragmentación de responsabilidades institucionales entre diferentes jurisdicciones.
● El debilitamiento de los mecanismos de participación, deliberación y transparencia.
● La persistencia de incentivos que reproducen decisiones perjudiciales a la población.
En consecuencia, la estupidez urbana refiere a aquellas configuraciones en las cuales los beneficios de la urbanización tienden a concentrarse, mientras sus costos sociales, territoriales y ambientales se distribuyen de manera desigual, sin mecanismos efectivos de corrección colectiva. Constituye, por lo tanto, una categoría crítica que debe distinguirse de la mera ineficiencia administrativa, de los errores de planificación o de las transformaciones morfológicas. Su identificación requiere examinar las condiciones de producción de la ciudad, los actores que intervienen en las decisiones territoriales, los mecanismos de apropiación de beneficios, la distribución de costos y las posibilidades institucionales de modificar los resultados producidos.

Degradación de los ecosistemas, los paisajes urbanos y espacios de valor ambiental. Fuente: imagen del autor.
Mecanismos de producción y reproducción de ciudad
La estupidez urbana emerge cuando las racionalidades particulares se imponen de manera persistente sobre la racionalidad colectiva y los mecanismos institucionales resultan insuficientes para corregir sus consecuencias. Implica examinar las condiciones políticas, institucionales y culturales bajo las cuales el conocimiento disponible, la deliberación pública y los argumentos fundados pueden perder capacidad para orientar las decisiones colectivas. Se distinguen así tres dimensiones:
1. Racionalidad multiactoral: los objetivos particulares y los criterios que orientan las decisiones del conjunto de actores sociales.
2. Racionalidad sistémica: los resultados que puedan emerger de la interacción entre actores, instituciones e incentivos.
3. Racionalidad colectiva: la capacidad de orientar decisiones hacia objetivos compartidos de equidad, habitabilidad y sustentabilidad.
La estupidez urbana se manifiesta cuando la primera dimensión domina de manera persistente sobre la tercera, mientras la segunda reproduce y naturaliza los efectos de esa subordinación. Su expresión más significativa no es, por tanto, la imposibilidad de argumentar racionalmente, sino la insuficiencia de los mecanismos capaces de convertir el conocimiento y la deliberación en decisiones territorialmente responsables. Produce manifestaciones territoriales que pueden reconocerse mediante indicadores morfológicos, sociales, económicos, políticos y ambientales. Entre sus principales manifestaciones se identifican:
● La expansión periférica desarticulada de infraestructuras y servicios urbanos.
● La fragmentación espacial y la discontinuidad morfológica de tejidos urbanos.
● La degradación de ecosistemas, paisajes urbanos y espacios de valor ambiental.
● Las desigualdades en el acceso al suelo, la vivienda y las oportunidades urbanas.
● La renovación de áreas acompañada por apropiación desigual de sus beneficios.
● La concentración territorial de los recursos, los equipamientos y las oportunidades.
● La distribución desigual de los costos de movilidad y acceso a los servicios.
● La pérdida de continuidad y condiciones de accesibilidad al espacio público.
● La inconsistencia entre densificación y provisión de servicios e infraestructuras.
● La persistencia de situaciones de vulnerabilidad habitacional y ambiental.
Estas manifestaciones no constituyen, por sí mismas, prueba suficiente. Para interpretarlas en esos términos es necesario establecer su relación con las condiciones de producción del territorio, los mecanismos de decisión y la distribución de beneficios y costos. Sus efectos dependen de las condiciones en las que se producen, de los intereses que las orientan y de las capacidades institucionales para conducirlas y regularlas.

Producción territorial caracterizada por la depredación de los bordes metropolitanos. Fuente: imagen del autor.
A mayor concentración discrecional del poder de decisión territorial y menor capacidad de control público, mayor será la probabilidad de que los beneficios de la urbanización se concentren en determinados actores y sus costos sociales y ambientales se distribuyen de manera desigual.
Configuraciones morfológicas y escenarios de transición
La ciudad no nace necesariamente bajo una condición de estupidez urbana ni transita de manera inevitable hacia ella. Las configuraciones territoriales son resultados históricos de decisiones, conflictos, regulaciones, inversiones y relaciones de poder que pueden variar en el tiempo. Representa una configuración en la que se combinan: a) formas persistentes de exclusión territorial y asimetrías socioespaciales, b) ocupaciones de baja densidad desintegradas con consumo de suelo periférico, c) déficit creciente en la dotación de infraestructura, accesibilidad y servicios y d) dificultades estructurales para garantizar condiciones equitativas de habitabilidad. La estupidez urbana así planteada aparece manifestada en los siguientes procesos territoriales complejos:
● Disgregación expansiva: crecimiento territorial sin integración funcional, infraestructural o ambiental suficiente.
● Fragilidad socioespacial: exposición desigual a los déficits urbanos impulsados por transformaciones territoriales.
● Exclusivización funcional: concentración de usos que restringen el acceso de otros sectores sociales a determinados espacios y oportunidades.
● Penuria habitacional: dificultades persistentes para acceder a una vivienda adecuada y asequible al conjunto de la población.
● Disolución identitaria: debilitamiento de referencias territoriales y vínculos colectivos por pérdida de patrimonio social y cultural.
● Inconsistencia infraestructural: desajuste entre la ocupación del territorio, las necesidades de la población y la provisión de servicios y equipamientos.
● Agotamiento ambiental: deterioro de ecosistemas y recursos naturales, pérdida de biodiversidad y reducción del soporte territorial.
● Segregación sociourbana: distribución desigual estructural de grupos sociales, oportunidades y recursos en el territorio.
● Mercantilización territorial: subordinación de las decisiones sobre el suelo a procesos de valorización económica que desplazan a otros objetivos colectivos.
● Densificación desarticulada: aumento de la intensidad de ocupación sin correspondencia suficiente con infraestructura, espacio público y servicios.
Estas dimensiones deben distinguirse según su función analítica. Algunas pueden constituir condiciones estructurales; otras, mecanismos de reproducción; y otras, resultados territoriales. No presupone que todas deban desplegarse simultáneamente, sino que su relevancia dependerá de la intensidad, la persistencia y las relaciones causales identificadas en cada caso. Tampoco puede definirse exclusivamente por la mera presencia de tales manifestaciones, sino que será necesario vincularlas con las relaciones de poder, los mecanismos de decisión y las condiciones institucionales que las impulsan. En términos generales, se parte de tres hipótesis principales para su contrastación empírica:
–Concentración del poder y distribución desigual.
A mayor concentración discrecional del poder de decisión territorial y menor capacidad de control público, mayor será la probabilidad de que los beneficios de la urbanización se concentren en determinados actores y sus costos sociales y ambientales se distribuyen de manera desigual.
–Valorización del suelo y configuración territorial.
Cuando los incentivos de valorización del suelo prevalecen sobre los objetivos de planificación integrada en la toma de decisiones, aumenta la probabilidad de que los procesos de expansión, densificación y renovación urbana profundicen desigualdades territoriales preexistentes.
–Retroalimentación y persistencia de desigualdades.
Cuando los beneficios de determinadas decisiones fortalecen la capacidad de influencia de sus beneficiarios, mientras los costos se dispersan entre grupos con menor capacidad de acción, pueden reproducirse condiciones políticas y económicas que originaron esas decisiones.

Expansión periférica desarticulada, con cierta apropiación diferencial del territorio. Fuente: imagen del autor.
La co-creación colectiva no se concibe como ausencia de conflictos, sino como capacidad institucional y social para procesarlos sin subordinar sistemáticamente los intereses generales a los de los actores con mayor poder de decisión.
Condiciones de futuro en clave de co-creación colectiva
Mitigar las condiciones de estupidez urbana requiere intervenir tanto sobre sus manifestaciones territoriales como sobre los mecanismos que las producen y reproducen. Se identifican las siguientes líneas de actuación posibles para ello:
● Compacidad urbana: promover la compacidad urbana para favorecer la accesibilidad, la habitabilidad y el uso eficiente de las infraestructuras.
● Complejidad funcional: fortalecer la complejidad funcional y la proximidad entre vivienda, empleo, servicios y equipamientos.
● Consolidación identitaria: consolidar las identidades territoriales mediante la protección del patrimonio, la memoria y los vínculos comunitarios.
● Des-segregación urbana: reducir la segregación mediante políticas de acceso equitativo a la vivienda, los servicios y las oportunidades urbanas.
● Infraestructura físico-social: articular infraestructura física y social con las necesidades de población con mayores condiciones de vulnerabilidad.
● Abordaje interseccional: incorporar un abordaje interseccional que reconozca las distintas formas de desigualdad y niveles de fricción en el espacio.
● Transición ecológica: promover la transición ecológica, la protección de ecosistemas, la restauración ambiental y las condiciones de resiliencia.
● Movilidad activa: priorizar la movilidad activa, el transporte público y la accesibilidad universal para el conjunto de la población involucrada.
● Producción sostenible: orientar las condiciones de producción urbana hacia criterios de mayor sostenibilidad social, económica y ambiental.
● Densificación conducida: conducir la densificación mediante una provisión de infraestructuras, equipamientos, espacio público y condiciones de habitabilidad.
El crecimiento urbano constituye un proceso que requiere conducción pública, coordinación institucional y participación social. Exige construir capacidades colectivas para anticipar consecuencias, distribuir responsabilidades, corregir desigualdades y orientar las transformaciones territoriales hacia objetivos democráticamente definidos. Se propone, en consecuencia, transitar hacia un escenario de co-creación colectiva en la que se incorpore:
● Planificación territorial integrada y coordinación entre jurisdicciones.
● Participación efectiva de los diferentes actores sociales involucrados.
● Transparencia en las decisiones y los procedimientos de gestión del suelo.
● Evaluación pública de beneficios y costos de las transformaciones urbanas.
● Instrumentos de gestión que aborden la apropiación desigual de beneficios.
● Mecanismos de seguimiento, revisión y corrección de las políticas adoptadas.
● Incorporación de objetivos de equidad, sustentabilidad y derecho a la ciudad.
La co-creación colectiva no se concibe como ausencia de conflictos, sino como capacidad institucional y social para procesarlos sin subordinar sistemáticamente los intereses generales a los de los actores con mayor poder de decisión. El futuro urbano no constituye una etapa predeterminada de evolución morfológica. Es un campo de disputa y construcción colectiva cuya orientación dependerá de las decisiones, las capacidades institucionales y las relaciones sociales que intervengan en su producción.

Utilización asimétrica del poder de decisión sobre el suelo y sus transformaciones. Fuente: imagen del autor.
La ciudad no se vuelve menos estúpida únicamente porque modifica su forma física. Lo hace cuando transforma las condiciones políticas, económicas e institucionales que permiten producir y reproducir desigualdades evitables.
Perspectivas de actuación para la jerarquización del espacio
La transformación de las condiciones que producen estupidez urbana requiere modificar la perspectiva desde la cual se concibe, planifica y gestiona la ciudad. En este marco, el espacio público adquiere una función estratégica como soporte de encuentro, circulación, expresión, reconocimiento y socialización. Su importancia no reside exclusivamente en su dimensión física, sino en su capacidad para favorecer la construcción de vínculos significativos y el ejercicio efectivo de la ciudadanía.
Estas miradas reclamen mecanismos de transparencia, participación, evaluación de impactos, coordinación institucional y control democrático de las decisiones territoriales. Las políticas de mitigación resultarán insuficientes si se limitan a corregir las formas físicas sin modificar las condiciones que producen desigualdad. La mejora de la compacidad, la infraestructura o el espacio público no garantiza por sí sola una distribución equitativa de los beneficios urbanos. La intervención deberá atender tanto a la configuración del territorio como a las relaciones de poder que determinan su reproducción.
La jerarquización del espacio público implica garantizar su accesibilidad, continuidad, calidad ambiental, diversidad de usos y apropiación social. También requiere evitar que su producción, renovación o gestión se conviertan en instrumentos de exclusión, desplazamiento o valorización selectiva en beneficio de determinados actores. La capacidad transformadora del espacio público dependerá de su articulación con políticas habitacionales, ambientales, económicas, infraestructurales y de gestión democrática del suelo.
La necesidad de superar el urbanismo del pillaje exige, en consecuencia, reorientar las decisiones territoriales hacia la producción de bienes colectivos, la distribución equitativa de oportunidades y la ampliación de las capacidades sociales para intervenir en el futuro urbano. La ciudad no se vuelve menos estúpida únicamente porque modifica su forma física. Lo hace cuando transforma las condiciones políticas, económicas e institucionales que permiten producir y reproducir desigualdades evitables.
Resulta indispensable, así, interpretar determinados procesos de urbanización como resultado de una configuración en la que la concentración asimétrica del poder territorial, la subordinación de las decisiones públicas a intereses particulares y la insuficiencia de los mecanismos de corrección colectiva producen y reproducen desigualdades socioespaciales. Su contribución potencial consiste en articular las relaciones de poder, los mecanismos de valorización del suelo, las transformaciones morfológicas y los resultados distributivos en un mismo escenario de gestión.

Persistencia de condiciones extremas de fragilidad social, habitacional y ambiental. Fuente: imagen del autor.
GT
Octubre 2026
El autor es Doctor en Urbanismo y Arquitecto. Posdoctorado en Ciencias Sociales. Profesor en grado y posgrado e investigador sobre temas urbanos. Secretario Académico del Programa Interinstitucional de Doctorado en Arquitectura y Urbanismo. Presidente de la Comisión de Planeamiento Urbano de la Sociedad Central de Arquitectos. Ha dirigido muchos planes estratégicos y de desarrollo territorial en todo el país. Obtuvo numerosos premios por su actuación profesional. Publicó numerosos libros sobre los procesos de transformación de nuestras ciudades. guillermotella.com / IG: @guillermotella
Referencias
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– Heredia, Myriam y Tella, Guillermo y (2026), “Ciudades para no estar solos: el desafío urbano de luchar contra el aislamiento social”. Buenos Aires: Diario Clarín, Sección Arquitectura (marzo 30), p. 12.
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– Tella, Guillermo (2025), “De la ciudad sólida a la ciudad líquida: orígenes interdisciplinarios de los estudios urbanos”. Buenos Aires: Revista Huellas, Vol. 1, Nro. 1, pp. 82-95.
– Tella, Guillermo; Groppa, Nicolás y Blanco, Mónica (2026), “Ciudades para armar: herramientas para la intervención urbanística”. Buenos Aires: Diseño Ediciones.
