N. de la R.: El autor dictará los días 23, 24 y 25 de abril un Seminario de Inteligencia Artificial aplicada a la práctica urbanística, asentado en la Maestría en Urbanismo FAUD-UNC y abierto a estudiantes externas/os. Consultas: [email protected]
Fritz Lang imaginó 2026 como futuro distópico ordenado por la racionalidad técnica. Metrópolis, una sociedad tecnificada que habitaba una ciudad de mecanismos y desigualdades funcionales entre los de arriba y los de abajo. La ciudad posible de Lang no admitía posibilidades, era el resultado mecanicista de la técnica.
En pleno auge de las inteligencias artificiales generativas (IAG), el análisis de datos y una transformación digital sostenida, la ciudad vuelve a interpretarse como máquina: ya no de acero y engranajes sino de datos, sensores y algoritmos. Hoy las plataformas digitales (re)ordenan flujos, decisiones, cuerpos y ritmos. La panacea de una ciudad plenamente legible y gobernable a partir de la técnica cobra nuevamente vigor bajo la promesa de la optimización permanente. Como en 1927, el punto ciego sigue siendo el mismo: en una ciudad mecanizada, ¿qué lugar ocupa la pregunta por lo no medible, lo conflictivo y lo incierto? La aceleración y los datos reconfiguran el tablero de la modernidad tardía donde la ciudad y lo urbano jugaron ya su partida. El tablero se reinicia: el juego apenas comienza.
Reducción de lo urbano a dato
La transformación digital ha devuelto la idea ―o posibilidad― de (re)producir la ciudad en un tablero de datos en tiempo real. Pantallas, APIs, web scraping, datos espaciales, sensores y plataformas prometen una inteligibilidad inédita de lo urbano a partir de información y discurso; cual botonera de los años sesenta, la ciudad se tornaría más inteligente gracias a la codificación de sus procesos e infraestructuras. Promesa que encierra posibles confusiones de fondo: equiparar gestión con proyección, operación con comprensión, cálculo con conocimiento.
La metáfora del tablero no es inocente. Supone indagar en reglas, posiciones definidas, movimientos calculables. En un tablero, cada pieza tiene un valor, una función y un rango de acción delimitado. Históricamente, la ciudad ha sido precisamente lo contrario: un espacio de fricción, de indeterminación, de superposición de lógicas heterogéneas (Koolhaas, 2020; Lynch, 2015; Morris, 2018). Reducirla a tablero ―en tanto estructura y disputa― implica asumir que todo lo relevante puede ser capturado, procesado y eventualmente optimizado. Esto conlleva el riesgo de que lo no medible desaparezca del horizonte de intervención, forzando comprensiones de una totalidad inexistente, simulada. ¿Es lo urbano un espacio legible sólo en términos de dato-información?
La ciudad no es solo lo que sucede, sino también lo que puede suceder: aquello que se proyecta y se imagina. ¿De qué manera estas variables se encuentran condicionadas por la ecología de datos urbanos?
Este desplazamiento no es meramente técnico, es profundamente epistemológico. Las vinculaciones del urbanismo con el funcionalismo han sido prolíficas, con importantes evidencias en el diseño y la comprensión de lo urbano. La ciudad como máquina ―esta vez, de flujos (fig. 1) ― se asoma nuevamente en el horizonte epistemológico de los estudios urbanos de la mano de las TICA (tecnologías de información, comunicación y automatización); es este último punto del acrónimo el que da sentido al planteo.

Figura 1. Nodos, redes y densidades de flujo. Mapeo de redes sociales en Nueva York. La ciudad del aire se materializa en cartografías dinámicas en tiempo real. Proyecto ciudades invisibles.
La automatización posibilitada por el big data, el Machine Learning, los modelos predictivos sobre grandes volúmenes de datos y la automatización algorítmica de la IA generativa instalan nuevas formas de relación con lo urbano, donde la recolección y gestión de datos se expresan como decisiones “más eficientes”. En esta nueva ecología de datos imperan lógicas (aparentemente) eficientistas que tensionan la validación de los abordajes situados y exploratorios, que no buscan respuestas cuantificables ni representativas sino la pregunta por lo indefinido. Lo que a priori se presenta como una mejora en la gestión, puede derivar en una pérdida de complejidad; no siempre sinónimo de cuantificación. La ciudad no es solo lo que sucede, sino también lo que puede suceder: aquello que se proyecta y se imagina. ¿De qué manera estas variables se encuentran condicionadas por la ecología de datos urbanos?
La posibilidad de monitorear, predecir y anticipar comportamientos en tiempo real es una idea seductora para cualquier tipo de gestión; pero la incertidumbre no es un defecto de lo urbano, sino una de sus condiciones constitutivas.
Plataformización y gobernanza urbana
Es justo reconocer la capacidad técnica que disponemos hoy los urbanistas y urbanólogos para el estudio de las dimensiones y procesos de la ciudad. No hay comparativa histórica.
El flujo de información y generación de datos se ha multiplicado exponencialmente en los últimos cinco años, y en menor medida, la capacidad de analizarlos. Para abril de 2026, Sudamérica se consolida como una de las regiones con mayor crecimiento: 1,2 a 1,5 millones de terabytes de datos por día, donde el 20% corresponde a nueva información (generada mayormente por la automatización). Lo interesante con relación al tema, es quién produce los datos-información: según CloudFlare, en la región el 81% son generados por humanos y el 19% por bots, siendo un porcentaje en ascenso. Esto trae a discusión la teoría del internet muerto (Han, 2021; Parikka, 2021; Sadin, 2018), fenómeno por el cual la mayoría de los datos no son producidos por humanos, sino generados por bots, IA y automatizaciones. Por ejemplo, en Brasil la participación de bots es del 65%, mientras que en Argentina sólo alcanza el 9% (CloudFlare). A las claras, si pensamos en ciudades cuyas gestiones se basen en dato-información como infraestructura y recurso, es central discutir quien lo (re)produce y segmenta.
Emerge aquí una pregunta relevante: ¿de qué manera la ciudad escapa al sueño del leviatán mecanicista, exquisitamente representado en Metrópolis? La idea de una ciudad gobernable a partir de datos remite a una larga tradición epistémica que busca ordenar lo social mediante sistemas totalizantes. Esta mirada hoy encuentra un nuevo impulso con la plataformización (Ballon 2009; Finquelievich et al., 2025; Helmond, 2015) y la mediatización digital (Verón, 2015; Hjarvard, 2016; Scolari et al., 2024). La posibilidad de monitorear, predecir y anticipar comportamientos en tiempo real es una idea seductora para cualquier tipo de gestión; pero la incertidumbre no es un defecto de lo urbano, sino una de sus condiciones constitutivas. Esta discusión se emparenta con lo planteado en el texto La Inteligencia Artificial y Funes, el memorioso (2023), donde se discute la predictividad de las IA y los sesgos en juego: un mundo multiforme, instantáneo e intolerablemente preciso de una técnica incuestionada.
La aspiración a una ciudad sin fricciones a partir de una tecnología perfectamente sincronizada, se aproxima ―otra vez― a la idea de una “máquina de habitar”. Concepto que fue síntesis de todo un movimiento epistémico, hoy no ordena directamente el espacio físico, sino que alude a los flujos de información que lo atraviesan y le dan sentido. Gracias a la plataformización digital, la ciudad deviene en una máquina informacional, donde cada acción deja una traza, cada movimiento es registrado y todo comportamiento puede ser analizado.
Se impone aquí la pregunta sobre si esta máquina urbana de datos efectivamente amplía las capacidades de habitar o si, por el contrario, las restringe ―solo basta indagar en los ejemplos de city brain chinas para abrir el debate (fig. 2). Bajo esta mirada, la ciudad en tanto espacio de experiencia corre el riesgo de volverse un entorno altamente regulado, donde las posibilidades de acción están prefiguradas por sistemas algorítmicos, tanto en su génesis como en su administración.
la noción de plataforma se vuelve central. La ciudad misma se configura como una infraestructura mediatizada por sistemas digitales que organizan, filtran y datean movilidades, consumos, comunicación y la misma gestión pública.

Figura 2. La ciudad como dashboards. Las experiencias city brain en el distrito de Huangpu (Shanghai). El control en tiempo real de los sistemas urbanos y las relaciones sociales en el espacio abren el debate sobre el panóptico digital y la ciudad comprendida como tablero de datos. Supermap (2024).
En este escenario, la noción de plataforma se vuelve central. La ciudad misma se configura como una infraestructura mediatizada por sistemas digitales que organizan, filtran y datean movilidades, consumos, comunicación y la misma gestión pública. Si se programa (API, plataformas, agentes IA), todo puede ser medido, reseñado, valorado. Este régimen del dato redefine las relaciones entre los actores urbanos. En esta nueva ecología, quienes diseñan y controlan las plataformas adquieren un poder significativo en la (re)definición de lo que es visible, accesible y segmentado. Parafraseando a Corti (2015), en este tablero, ¿quién redefine la ciudad posible?
El urbanismo de plataformas y datos introduce nuevas potencialidades y desafíos en la gobernanza urbana, donde varias de las decisiones emergen del diseño de sistemas técnicos informáticos, donde la disputa por el código fuente termina incidiendo más que la propia acción de gestión. La segmentación algorítmica adquiere una centralidad fundamental: ¿qué se decide incorporar? ¿Dónde registrar y bajo qué licencias? ¿Quién posee los datos y para qué se utilizan?, son coordenadas de un nuevo debate por el derecho a la ciudad (de datos). Se configura así un campo de acción emergente donde lo político parece desplazarse hacia lo técnico. Movimiento que no elimina esta dimensión, sino que la configura, haciéndola menos visible pero no menos efectiva. En el tablero de las IAG, las experiencias de las “ciudades inteligentes” son el ejemplo claro donde juegan estas cuestiones, dando cuenta que la transformación digital es discurso, tecnología y mercado.
En consecuencia, se precisan posicionamientos políticos y técnicos claros para reconocer que la ciudad no puede ser completamente capturada por modelos, y que siempre habrá dimensiones urbanas que escapan a la medición.
Subjetividades y rol disciplinar en disputa
Un aspecto clave de esta transformación es la (re)producción de nuevas subjetividades urbanas. Los datos no solo describen la ciudad, también la reproducen, tanto en su gestión como en su experiencia. La mediatización urbana de lo digital se expresa transversalmente. En la interacción con plataformas, los sujetos internalizan ciertas lógicas de comportamiento: optimización del tiempo, evaluación constante, adaptación a sistemas de recomendación, imaginarios y mapas de recorridos para consumir e interactuar.
En este sentido, la ecología de datos no es solo un entorno técnico sino también un entorno cultural: configura modos de percibir, interpretar y habitar la ciudad. Por ejemplo, la figura del usuario vuelve a tener centralidad frente a otras formas de identidad urbana, como la del ciudadano o el habitante. El usuario es alguien que interactúa con plataformas y sistemas, genera datos, es evaluado y segmentado. Esta figura ―no sólo retórica― podría reducir la complejidad de lo social a patrones de comportamiento, dejando en segundo plano dimensiones como el conflicto, la desigualdad o la diversidad cultural (sin taxonomías).
Esta nueva dialéctica entre escenarios y herramientas estaría redefiniendo el rol de los urbanistas y urbanólogos, que han operado tradicionalmente en el cruce entre conocimiento técnico y comprensión social, articulando diagnósticos y propuestas para la ciudad. Hoy, este cruce se vuelve más complejo. Si bien en cada época el avance de la técnica produjo una forma disciplinar, el volumen y disponibilidad de datos en tiempo real, la asimilación de las IAG, y la creciente automatización de procesos parecen desplazar la necesidad de interpretación, como si el dato hablara por sí mismo.
Sin embargo, esta idea es engañosa. Los datos-información se construyen a partir de sesgos, no son neutrales ni autoevidentes, sino el resultado de decisiones sobre qué, cómo y para qué medir. Interpretarlos requiere hoy la posición política de escapar a la delegación completa en sistemas automatizados. El desafío de teóricos, técnicos y decisores urbanos no es competir ni negar a las máquinas sino aportar una mirada capaz de reintroducir la incertidumbre y la duda en contextos donde se tiende a eliminarlas a partir de la predicción y la predictividad de las IAG.
Reintroducir la duda no implica rechazar la tecnología, sino problematizar sus concepciones y usos. Asistimos a un tiempo con enormes ventajas operativas que debemos incorporar y administrar: una posibilidad extraordinaria de flujos, datos y cartografías que acortan tiempos y márgenes operativos. No debiéramos estar ajenos a la transformación digital sociourbana, todo lo contrario.
En consecuencia, se precisan posicionamientos políticos y técnicos claros para reconocer que la ciudad no puede ser completamente capturada por modelos, y que siempre habrá dimensiones urbanas que escapan a la medición. Implica también abrir ámbitos para la deliberación: las plataformas pueden aportar un espacio integrador donde las decisiones sobre el uso de datos y tecnologías sean discutidas públicamente, en lugar de quedar restringidas a espacios técnicos o corporativos. ¿Qué lugar ocupa la discusión por la gestión de datos que recopilan las plataformas urbanas?
En un contexto donde la gestión de lo urbano ―particularmente lo gubernamental― tiende a privilegiar la optimización de lo existente, la ciudad no puede pensarse como tablero de datos a gestionar sino como un espacio que se inter-construye colectivamente desde diversos roles, no siempre tecnificados, y varias veces producto de lo indeterminado.
Para finalizar, la pregunta “quién mueve (o juega) en la nueva ecología de datos” no tiene una respuesta única. Involucra múltiples actores: gobiernos, empresas, desarrolladores, usuarios, ciudadanos. Pero también implica preguntarse bajo qué reglas se juegan, qué movimientos son posibles y cuáles quedan excluidos en la datificación urbana. El tablero no es dado, es construido, y en su construcción se juegan formas de poder, de (re)conocimiento y de vida urbana. Se podría haber profundizado en las virtudes y posibilidades que estos sistemas y plataformas generan, que son extraordinarias, pero pocas veces se las cuestiona ontológicamente, o con qué enfoque se las incorpora.
Se dijo anteriormente que la transformación digital es discurso, tecnología y mercado, siendo esta última palabra un condicionante del debate público sobre las TICA. Hoy la gestión urbana gubernamental invierte grandes sumas de fondos públicos en la adopción de sistemas digitales de monitoreo, seguridad, plataformas de govtech y civitech, y de control de infraestructuras. No obstante, no hay estudios que avalen su impacto real en la mejora de calidad de vida de las y los ciudadanos, siempre atravesados por la contingencia.
En tiempos donde la representación de Fritz Lang se torna incómodamente realista, y la promesa de una ciudad totalmente legible y gobernable se presenta como horizonte posible, se torna necesario insistir en la dimensión irreductible de lo urbano. No para rechazar la tecnología, sino para situarla en un campo amplio de reflexión, donde la ciudad, en lugar de un espacio predictivo, siga siendo, ante todo, un espacio de posibilidad.
PSCO
El autor es investigador y doctor por la Universidad Nacional de Córdoba. Su trabajo se centra en la Transformación Digital y sus dinámicas sociales y urbanas, enfocado en los estudios sobre mediatización, plataformas y espacio público. Dirige Álgora, núcleo de investigación en IA y Transformación Digital Sociourbana (SECyT-UNC); y Bidix, consultora en bienestar digital. Doctoral y posdoctoral del CONICET y miembro del INVIHAB IDH-CONICET (UNC). Asimismo, es Investigador Asociado en el Núcleo Inteligencia Artificial y Sociedad (FCEI) de la Universidad de Chile e investigador del equipo I-Polis del Instituto Gino Germani (UBA). Ha publicado artículos, capítulos y libros sobre el paradigma digital y su vínculo con lo urbano, y actualmente se desempeña como profesor de grado (FAUD-UNC) y posgrado (UNC y UGM-Chile).
Referencias
Ballon, P. (2009). The Platformization of the European Mobile Industry. En Communications Strategies 3 (75), 15-34.
Corti, M. (2015). La ciudad posible: guía para la actuación urbana. Café de las ciudades.
Finquelievich, S; Odena, B; Girolimo, U; Gendler, M; Feldman, P y Cortez Oviedo, P.S. (2025). Plataformas digitales en la ciudad. Transformación y rediseño del espacio urbano y la vida cotidiana. Café de las ciudades.
Han, B.-C. (2021). No-cosas: Quiebras del mundo de hoy. Taurus.
Helmond, A. (2015). The Platformization of the Web: Making Web Data Platform Ready. Social media+ society, 1-11.
Hjarvard, S. (2016). Mediatización: La lógica mediática de las dinámicas cambiantes de la interacción social. La Trama De La Comunicación, 20(1), 235-252.
Koolhaas, R. (2020). Countryside, The Future. Exposición, Solomon R. Guggenheim Museum, febrero de 2020.
Lynch, K. (2015). La imagen de la ciudad. Editorial GG.
Morris, A.E.J. (2018). Historia de la forma urbana: desde sus origines hasta la revolución industrial. Editorial GG.
Parikka, J. (2021). Una geología de los medios. Caja Negra.
Sadin, É. (2018). La silicolonización del mundo: La irresistible expansión del liberalismo digital. Caja Negra.
Scolari, C; Fernández, J.L. y Rodríguez-Amat, J. (ed.). (2024). Mediatización(es): Conversaciones teóricas entre Europa y América Latina. Fundación Friedrich Ebert.
Verón, E. (2015). Teoría de la mediatización: una perspectiva semio-antropológica. Cuadernos de Información y Comunicación, 20(1), 173-182.
