Los itinerarios biográficos tienen trayectorias azarosas y conexiones improbables, a veces muy improbables. Este podría ser el caso de mi inesperada pero duradera relación con mi querido amigo Jordi Borja. Lo conocí en París, ciudad donde estaba exiliado, sin saber qué hacía ni cuál era su nombre, en la primavera de 1963, seguramente en mayo; recuerdo que era un día soleado. Yo era entonces un joven de 21 años estudiante de Economía en Barcelona, a la que había llegado dos años antes, procedente de Badajoz, una ciudad de provincias del subdesarrollado sudoeste español. Mi integración en la Facultad y el entorno político-social y cultural de la pujante y cosmopolita capital catalana fue rápido y fluido. Entré a militar en el PSUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña) comunista y fui nombrado “Delegado de actividades culturales” de la Junta de estudiantes, “gobierno en la sombra”, de la Facultad de Ciencias Económicas. Pues bien, esa primavera del 63 el Partido me envió a París en misión clandestina para recabar apoyo del PSUC-PCE en la organización de la Semana de la Paz, una serie de eventos programados por los estudiantes para aprovechar el clima de distensión internacional promovido por la Encíclica Pacem in Terris (abril 1963) de Juan XXIII, en el contexto del Concilio Vaticano II. En concreto, mi misión consistía en pedir un poster de Pablo Picasso para acompañar y avalar nuestra campaña en Barcelona. Mi mediador era, el que después conocí como Jordi Borja, que me recibió en la Gare de Austerlitz, con un letrero con mi seudónimo de militante comunista “Ernest Grau”. Jordi fue mi guía parisino durante varios días y me condujo, pero no participó, hasta la reunión que sostuve, en algún lugar del quartier latin, con Gregorio López Raimundo (SG del PSUC), Francesc Vicens (Responsable de cultura del PSUC) y Jorge Semprún (Responsable de cultura del PCE), evidentemente entonces presentados con sus respectivos “nombres de guerra”: Agustí, Berenguer y Federico Sánchez. La reunión fue exitosa, según recuerdo: Picasso hizo el poster, pero este no llegó nunca a su destino, por razones para mi desconocidas.
A pesar de todo, seguimos conversando sobre los tiempos actuales, tan cerca de esa posdemocracia distópica que nos amenaza y tan lejos de las utopías revolucionarias juveniles compartidas, cuando nos conocimos en el París de los años sesenta, hace más de medio siglo.
Desde ese primer encuentro iniciático, mi relación con Jordi Borja ha sido intermitente, pero intensa y afectiva. Aunque pasé pronto a un progresivo descreimiento político, me fui del Partido cuando expulsaron en 1964 a Francesc Vicens (PSUC) y a Jorge Semprún y Fernando Claudín (PCE, respectivamente), seguí a distancia la sucesiva fragmentación de la izquierda comunista y socialista, donde Jordi Borja tuvo un papel protagónico, mediante diversos avatares políticos. Nuestra relación se centró más bien en una colaboración profesional de carácter técnico y cívico, en el campo de las políticas públicas y el urbanismo. A partir de los años ochenta, Jordi fue un actor clave, como destacado geógrafo urbanista, en algunos eventos internacionales que tuve la oportunidad de dirigir y coordinar. En los preparativos de la Conferencia Internacional de Población de la ONU (México, 1984) participó en un Seminario de la Universidad Menéndez Pelayo (La Coruña, julio 1984), con una ponencia pionera sobre Urbanización y Sociedad en la España democrática (Revista DESARROLLO – SID, 1985: 1). Dos años después, fue presidente de la Comisión científica, de la que formé parte como consultor de la ONU, organizadora de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Futuro Urbano, celebrada en Barcelona (CMB- UNFPA,1986), en la que participaron representantes técnicos y políticos de las principales ciudades metropolitanas de todo el mundo, entre ellas, de forma destacada, las grandes urbes latinoamericanas. Más tarde, contribuyó a un libro que edité sobre Población y Desarrollo en el Mediterráneo (IEMED-UNFPA, Icaria, 2009), con un ensayo sobre Urbanización y Democracia: una dialéctica inacabada, su tema habitual, donde realizó aportaciones innovadoras en su extensa obra científica, con amplia repercusión en América Latina, no sólo académica sino sobre todo en el diseño y gestión de políticas públicas urbanas, según pude comprobar en mi trabajo para Naciones Unidas en la región, durante más de dos décadas, donde me encontré con Jordi en varias ocasiones en sus estancias en Buenos Aires, Montevideo, Santiago de Chile y Ciudad de México. Después, de vuelta en Barcelona, hemos coincidido en tareas docentes como profesores de la Universitat Oberta de Cataluña (UOC).
La reunión fue exitosa, según recuerdo: Picasso hizo el poster, pero este no llegó nunca a su destino, por razones para mi desconocidas.
En los últimos años, como coetáneos jubilados, hemos sido vecinos de la Vila Olímpica, él vivió entre las calles Moscú y Ramón Trías Fargas (político liberal), un lugar de “compromiso histórico” como solía decir Jordi. Por allí, nos hemos encontrado con frecuencia paseando, él con su enorme perro, hasta que este se murió, otras veces, tomando café en el Mozart o en la Bohème, situadas en la Avenida Icaria (territorio simbólico del pasado y presente de la Barcelona industrial y posolímpica). Un día se presentó muy contento con su último libro, mitad relato personal, mitad homenaje y memoria de sus colegas durante su vida activa (Jordi Borja, Un Puente: Ciudades, Universidades, Amistades, Edit. Café de las Ciudades, Buenos Aires, 2022), como reconocimiento a su influyente obra teórica y compromiso político práctico con el urbanismo democrático. Según señaló el propio Borja en la presentación del texto: “Mis tiempos y espacios estuvieron mezclados. He escrito y hablado, pero antes he dialogado y escuchado. En las calles y en las Universidades, en los movimientos sociales y en las políticas democratizadoras, donde se fraguaron las amistades activistas”. En la primera parte, el autor relata sus diversas etapas biográficas, temáticas y políticas, entre los dos continentes, Europa- América Latina, a lo largo de más de cincuenta años, y su participación activa, con frecuencia protagónica, en la planeación urbana de numerosas ciudades, su labor docente y teórica sobre las relaciones entre urbanización y democracia, en varias universidades, y la forja de numerosas amistades entre la elites científicas y políticas de ambos continentes. El libro consta además con un apartado de Publicaciones, un auténtico archivo exhaustivo de la obra completa de J. Borja, donde se reseñan informes, libros y artículos. En definitiva, un buen retrato autobiográfico crítico, un conjunto fidedigno de testimonios de quienes le conocieron de cerca y un catálogo completo de su obra escrita. Además, y no lo menos importante, su labor de policy influencer ha dejado huella en un par de generaciones. Como bien expresa el título del libro, verdaderamente Jordi Borja hizo de puente intelectual, tanto a nivel personal como institucional, entre las dos orillas.
“Mis tiempos y espacios estuvieron mezclados. He escrito y hablado, pero antes he dialogado y escuchado. En las calles y en las Universidades, en los movimientos sociales y en las políticas democratizadoras, donde se fraguaron las amistades activistas”.
La última vez que nos encontramos, hace un par de años, quiso dedicarme este libro como recuerdo. En el momento de escribir su dedicatoria pareció titubear y me pidió que le recordara mi nombre y apellidos, a continuación garabateó “querido Tomás J. Araya, amigo de antes y de ahora, con cariño”. Indicios incipientes de que empezaba a visitarlo “el doctor Alois de apellido alemán” con el que convivía ya el Alcalde Maragall, del que Jordi Borja fue Tinent del gobierno municipal y uno de los artífices del “modelo Barcelona”. A pesar de todo, seguimos conversando sobre los tiempos actuales, tan cerca de esa posdemocracia distópica que nos amenaza y tan lejos de las utopías revolucionarias juveniles compartidas, cuando nos conocimos en el París de los años sesenta, hace más de medio siglo. Contraste de referencias para recordar el principio y el fin de una larga y querida amistad. Jordi, descansa en paz.
TJA
El autor es economista, profesor de la UOC. Ex alto funcionario de la ONU, como Representante del Fondo de Población (UNFPA).
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