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"La participación debe ser real: los ciudadanos deben conocer realmente los datos del problema"
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El más inmundo Cartel de Buenos Aires
Un insulto de Ford a la ciudad, y la consiguiente creación del premio de café de las ciudades a las malas y buenas prácticas urbanas (a imitación de la Fundación para el Progreso de Madrid), siendo Ford y la Fundación El Ceibo los respectivos ganadores del 2004 -
Piazza Navona, un rincón de Buenos Aires
El espacio público, de los Apeninos a los Andes... -
Proyecto Mitzuoda
Una ficción metropolitana contemporánea (por entregas). -
Les Halles, el difícil equilibrio del proyecto urbano
año 4- número 27 - Enero 200 -
El sistema urbano–regional de redes de servicios e infraestructuras
año 4- número 27 - Enero 200 -
La prohibición de callejear en Montreal
Mercí de ne pas flâner.
Para empezar el 2005, un deseo de muchas felicidades a nuestros amigos y amigas y el regalo de una hermosa ciudad invisible de Italo Calvino (donde conviven, como en café de las ciudades, la ciudad real de las mapas y las tablas, con la ciudad del deseo y la esperanza).
MC (el que atiende)
De la ciudad de Dorotea se puede hablar de dos maneras: decir que cuatro torres de aluminio se elevan desde sus murallas flanqueando siete puertas del puente levadizo de resorte que franquea el foso cuya agua alimenta cuatro verdes canales que atraviesan la ciudad y la dividen en nueve barrios, cada uno de trescientas casas y setecientas chimeneas; y teniendo en cuenta que las muchachas casaderas de cada barrio se enmaridan con jóvenes de otros barrios y sus familias se intercambian las mercancías de las que cada una tiene la exclusividad: bergamotas, huevas de esturión, astrolabios, amatistas, hacer círculos a base de estos datos hasta saber todo lo que se quiera de la ciudad en el pasado el presente el futuro; o bien decir como el camellero que me condujo allí: “Llegué en la primera juventud, una mañana, mucha gente caminaba rápida por las calles hacia el mercado, las mujeres tenían hermosos dientes y miraban derecho a los ojos, tres soldados sobre una tarima tocaban el clarín, todo alrededor giraban ruedas y ondulaban papeles coloreados. Hasta entonces yo solo había conocido el desierto y las rutas de las caravanas. Aquella mañana en Dorotea sentí que no había bien que no pudiera esperar de la vida. En los años siguientes mis ojos volvieron a contemplar las extensiones del desierto y las rutas de las caravanas, pero ahora sé que este es solo uno de los tantos caminos que se me abrían aquella mañana en Dorotea”.
Dorotea (Las ciudades y el deseo I), de “Las Ciudades Invisibles”, Italo Calvino, 1972.
