La ingobernable levedad del AMBA

El Sistema y el “Organismo”.

“Se va a acotar el ingreso a la Ciudad de Buenos Aires…”, “En el AMBA el virus está circulando por las calles…”, “Vamos a ocuparnos de custodiar las casas en barrios populares...”, “Mientras en CABA siga creciendo (la cifra de contagios) en el conurbano vamos atrás de ese número...”, “La toma de decisiones consensuada entre Nación, Provincia y Ciudad fue algo que generó certezas...”, “Los casos de coronavirus aumentaron exponencialmente y a una gran velocidad…”, “Los contagios van de CABA hacia Provincia…".

Todas estas son frases textuales de los últimos meses y por el COVID-19, pero si tomamos algunos o cualquiera de los servicios que presta el Estado en cualquiera de sus formas y jurisdicciones, lo problematizamos y jerarquizamos a la altura de la pandemia, podríamos encontrarnos con expresiones bastante parecidas y, entonces, parafraseando a James Caverville, aquel asesor de la campaña presidencial de Bill Clinton diríamos:es el AMBA, estúpido”.

Nunca un territorio tan estudiado, con tanta proliferación de datos, con tantas propuestas académicas, políticas, institucionales, etc., etc. (y pondría más etcéteras si no fuera porque tengo el espacio acotado) se ha puesto en el centro de la escena como en estos tiempos, tan huérfano de instrumentos para ser gestionado.

A lo largo de los años y, especialmente, a partir de la reforma constitucional de 1994 se han enunciado y presentado diversos planes y propuestas de abordaje; desde institutos de coordinación temática (transporte, ambiente, etc.) hasta la regionalización y (por lo tanto) cuasi provincialización de un territorio donde (no está demás repetirlo) vive mas de la tercera parte de la población y que representa alrededor de un 50% del PBI en una superficie de 13.200 km2 de extensión, lo que representa el 0.47% de la superficie del país.

La sola mención de estos números, sin entrar en mayores detalles, nos dan cuenta que se trata de “el nudo gordiano” de la conflictividad política y social de la Argentina.

Ahora bien, este conglomerado urbano ¿está destinado a un derrotero de frustración, degradación ambiental y de la calidad de servicios y de carencia de estrategias de gobernabilidad reales en forma constante y permanente? Si, como algunos pensamos, de la Pandemia debemos salir mejores y con agenda a recorrer y tareas a realizar, la respuesta es definitivamente NO.

Transporte, Movilidad, Espacios Públicos, Sostenibilidad Ambiental, Producción, Acceso a la Vivienda, Conectividad Interna, Recreación de Centralidades, entre otros temas, pueden ser un conjunto de enunciados o expresiones de deseos o pueden constituirse en un espiral virtuoso que constituya una sinergia transformadora que se traduzca en previsibilidad, gobernabilidad del territorio y calidad de vida para alrededor de 15 millones de habitantes de AMBA.

Por el momento, y es mas que evidente, solo tenemos la primera de las opciones. Es más, ninguno de los dos organismos con completa actuación interjurisdiccional (CEAMSE y ACUMAR) han podido revertir lo enunciado. El CEAMSE no ha logrado que se unifique, por ejemplo, en toda su área de influencia un modelo básico y uniforme de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (GIRSU), quedando este tema con las discontinuidades –luces y sombras– de cada jurisdicción; ACUMAR  no ha dado el salto en calidad de ser imaginado como un macromunicipio donde los municipios serían “sus barrios” y es así, entonces, que en mas de 10 años no ha podido consolidar un Plan de Ordenamiento Territorial para la Cuenca Matanza Riachuelo.

Hasta aquí lo que ya mas o menos todos sabemos. Ahora bien, pasada la pandemia (que pasará, obviamente) habrá un lógico rebote de la actividad económica que además será   imprescindible para comenzar a saldar deudas sociales previas y acrecentadas y visibilizadas durante la etapa de aislamiento. ¿Dónde se alojará el motor de esa recuperación…? En nuestra querida AMBA, que constituye la “zona núcleo” de la actividad económica del país y donde su “sistema urbano”  es condición para el desarrollo de esa recuperación de la actividad económica. Ese Sistema Urbano es el que está en crisis y cuestionamiento y, por lo tanto, no podemos darnos una vez más el lujo de postergar agendas, de pensar “ahora es el tiempo de la recuperación económica y cuando esto se consolide se abordará la agenda metropolitana”. Se trata, creo, de cruzar el río y construir el barco al mismo tiempo. ¿Que es difícil? Claro que lo es… Lo otro, el momento de la agenda Urbano Ambiental del AMBA y las acciones que de ella se desprenden es (a la historia me remito) decididamente inalcanzable.

No creo que haya que empezar por la creación de “El Organismo” que se encargue del AMBA, eso recuerda a “si queremos que algo no funcione creemos una comisión ad hoc”. Me imagino un proceso donde se mejore y potencie lo ya existente (CEAMSE y ACUMAR) y donde se vayan construyendo aproximaciones y líneas de trabajo integrales, estructurantes e integradoras (del territorio y de los habitantes) en aquellos temas que ya fueron nombrados; movilidad , sostenibilidad, transporte, producción, espacios públicos, hábitat y accesos a la tierra y la vivienda, saneamiento, etc., etc. Creo que cada elemento que se vaya consolidando debe actuar como la pieza de un rompecabezas y, como tal, solo tiene sentido rodeada y encastrada con todas las demás. Darle finalmente institucionalidad a esto, si ocurre, terminará siendo lo mas sencillo, ya que estará asentado en la gobernabilidad del territorio más complejo con que cuenta la Argentina.

FF

El autor es Ingeniero, especialista en temas Urbano Ambientales. Es Responsable del Programa de Seguimiento de la Cuenca Matanza Riachuelo de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es Docente del Curso de Especialización en Gestión  del Desarrollo Territorial y Urbano de la Universidad Nacional de Avellaneda.

Sobre el tema, ver también las notas de la serie ¿Qué es el AMBA? Región, regionalización y conurbación de Buenos Aires, por Leonardo Fernández en nuestros números 188 a 190; el dossier coordinado por Agustín Cesio en la revista Panamá y los informes de Artemio Abba en café de las ciudades.

 

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