Estrategias de desarrollo local en Buenos Aires

Exenciones impositivas y “ecosistema emprendedor” en el Distrito Tecnológico de Parque Patricios

N. de la R.: El texto de esta nota es en su origen un trabajo realizado para la Maestría en Economía Urbana de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT).

Introducción

En las últimas décadas, las ciudades se han convertido en espacios privilegiados del despliegue de políticas neoliberales (Theodore, Peck y Brenner, 2009). Comenzando en la década del setenta, con la crisis del petróleo y la declinación del Estado de Bienestar, y en el marco de una progresiva reducción de las transferencias federales hacia los gobiernos metropolitanos, la gobernanza urbana evidenció un giro empresarialista cuyas características David Harvey definió en un texto canónico (Harvey, 1989).

En un marco de mayor austeridad, las ciudades desarrollaron una serie de actividades vinculadas a la autopromoción —boosterismal tiempo que los programas de corte neoliberal se integraban por completo en las políticas urbanas, fenómeno visible en estrategias como el marketing territorial, la creación de zonas empresariales y la reducción de impuestos locales (Theodore, Peck y Brenner, 2009).

La Ciudad de Buenos Aires, principal centro financiero y político de Argentina, no fue ajena a este proceso, si bien presentó sus propias particularidades. En este trabajo se intentará sintetizar este tipo de enfoques a partir del caso del llamado “Distrito Tecnológico” del barrio de Parque Patricios, un área de casi cuatro kilómetros cuadrados ubicado en el sudeste de la ciudad. A partir de documentos oficiales, artículos de corte periodístico y bibliografía académica sobre el tema, presentamos el régimen urbano de desarrollo de Buenos Aires de las últimas décadas, repasando la génesis del Distrito Tecnológico y los beneficios con los que el gobierno local intentó atraer a las empresas al área de promoción. Asimismo, nos preguntamos por el supuesto “éxito” del Distrito Tecnológico, subrayando el peso aparentemente central de la exención impositiva en las decisiones de las empresas de radicarse o no en el distrito. Por último, listamos las características del ecosistema emprendedor y nos preguntamos por la existencia o no de un verdadero hub tecnológico en el Distrito.

La Ciudad de Buenos Aires y la renovación urbana como estrategia de desarrollo

Tomando la noción de régimen urbano de Clarence Stone (1989; el concepto hace referencia a coaliciones o arreglos colaborativos que buscan que las políticas públicas en las ciudades sean construidas y sostenidas), Guevara (2013) sostiene que a partir de la década del noventa se consolidó en la Ciudad Buenos Aires un régimen urbano de desarrollo orientado a promover procesos de renovación urbana en áreas centrales. Éste, sostuvo el autor, incluyó gestiones de diferente signo político y atravesó diferentes contextos macroeconómicos. Así, entre 1996 y 2011 “se generó un tipo particular de interrelación entre el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (GCABA) y el sector privado, especialmente aquel vinculado a los desarrollos inmobiliarios” con el objetivo de “promover inversiones para impulsar el crecimiento económico y la creación de empleo con una lógica de empresarialismo urbano”, todo ello en detrimento de la aplicación de políticas y recursos para la población de bajos ingresos (Pírez, 2016). A fines metodológicos, Guevara finaliza su recorte en 2011 (su artículo fue presentado en 2013) pero entendemos que el régimen urbano que describe para la Ciudad de Buenos Aires continúa hasta la actualidad.

En este contexto, dice Guevara, la urbanización pasó a ser liderada por capitales privados que encararon los grandes emprendimientos inmobiliarios, reemplazando el tradicional papel de “guía” del capital público, que hasta entonces tenía la posibilidad de contrarrestar la lógica de la rentabilidad privada. Este nuevo tipo de urbanización “convierte pedazos enteros de la ciudad en objeto de negocios privados, no como mero sustento de actividades, sino negocios en cuanto a la valorización del suelo y su localización en el aglomerado”, lo cual resulta en una transferencia de renta urbana y una apropiación por parte del sector privado “con escasos efectos en términos de desarrollo económico, social y urbano para el resto de la población.” (Guevara, 2013)

Su lectura va en línea por lo planteado por Harvey (1989) cuando, analizando los casos de las ciudades norteamericanas, sostiene que buena parte de la tan mentada alianza público-privada equivale “a consumidores ricos, multinacionales y poderosas élites dirigentes para que permanezcan en la ciudad, a expensas del consumo colectivo local”. A menudo, esta estrategia de seducción resulta en una frenética “competencia interurbana” de suma cero (Keil, 2009), una batalla entre diferentes ciudades por los recursos, los puestos de trabajo y el capital. Dado que la principal estrategia consiste en estimular o atraer a la empresa privada “mediante la creación de condiciones previas para la inversión rentable”, por lo que a la larga los gobiernos locales terminan apuntalando a la empresa privada y asumiendo parte de los costos de producción (Guevara sostiene que esta estrategia se desarrolla como si la “puesta en valor” fuera un objetivo deseable en sí mismo, sin que se establezcan criterios “sobre qué sectores deben beneficiarse de dichas intervenciones o si es necesario que el Estado recupere algo del plusvalor generado para reinvertirlo en otros sectores o áreas”).

En este marco, las gestiones del PRO en el gobierno se propusieron visualizar a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires “como una ciudad global que participa del sistema de competencias interurbanas y donde las administraciones locales deben desplegar estrategias de gerencialismo para promover el desarrollo económico de diversas zonas a partir del ingreso de inversiones privadas” (Goicoechea, 2017). Desde los últimos años de la década pasada, el GCABA ha impulsado una serie de procesos de renovación urbana en barrios del sudeste de la ciudad, en especial, en San Telmo, La Boca, Barracas y Parque Patricios. Apostando a la gestación de nuevas centralidades urbanas (Rodríguez, Arqueros, Rodríguez et al., 2011), el GCABA impulsó la creación de distritos o polos que persiguieron una mayor especialización territorial —hacia 2019, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires impulsaba, mediante la Dirección General Distritos Económicos de la Subsecretaría de Desarrollo Económico, el Distrito Audiovisual (Colegiales), el Distrito de Diseño (Barracas) y el Distrito de las Artes (La Boca, San Telmo y Barracas), además del citado Distrito Tecnológico. Estos polos se materializaron en polígonos delimitados territorialmente al interior de los cuales el gobierno intenta promover el crecimiento de actividades vinculadas a los servicios y al sector terciario, algo que realiza mediante estrategias de atracción de las empresas vinculadas (cfr. Goicoechea, 2017). Según Guevara (2013), la creación de estos distritos obedeció a un triple objetivo: “la promoción de alguna industria estratégica, el desarrollo de una zona postergada y ubicar a la ciudad de Buenos Aires en el tablero de los inversores nacionales e internacionales”.

La creación del Distrito Tecnológico de Parque Patricios fue oficializada en 2008 con la sanción de la Ley 2.972, la cual prevé una serie de incentivos y beneficios para aquellas empresas de Tecnología de Información y Comunicación (TIC) que se radiquen en el área, una zona de 237 hectáreas delimitada por las avenidas Amancio Alcorta, Sáenz, Boedo, Chiclana, Sánchez de Loria y Brasil, y las calles Alberti y Manuel García que ocupa abarca parcialmente los barrios de Parque Patricios, Nueva Pompeya y Boedo. Entre los beneficios ofrecidos se destacan la exención al Impuesto sobre los Ingresos Brutos, la exención del Impuesto al Sello, la exención de pago del impuesto al alumbrado, barrido y limpieza (ABL), subsidios no reintegrables para financiar hasta el 50 por ciento del costo de la obtención de certificaciones de calidad y líneas de crédito preferenciales del Banco Ciudad (Guevara, Imori y Ronis, 2011). También formó parte de la intervención planeada un plan de infraestructura que incluyó la extensión de la línea H del subterráneo hasta Nueva Pompeya y la mudanza de la sede del gobierno porteño a un nuevo Centro Cívico-administrativo en Parque Patriciospara descentralizar el Microcentro y seguir revalorizando la zona sur”.

Esta política generó desde sus inicios una serie de interrogantes “sobre su impacto general sobre la estructura urbana, el patrimonio arquitectónico y las condiciones de acceso al hábitat para diferentes sectores sociales” (Guevara, 2013), más cuando la propia elección del barrio parece haber respondido “a las demandas específicas de los empresarios del sector TICs por ‘tejido maduro’ cercano al área central” (Socoloff, 2012) a partir de relatos de funcionarios, Goicoechea (2017) concluye que fueron los propios representantes de las empresas tecnológicas de mayor envergadura las que terminaron de definir y dar forma al proyecto del Distrito Tecnológico. En otras palabras, la creación del Distrito Tecnológico en Parque Patricios fue vista “como una continuación del macrocentro hacia el sur más que como una nueva centralidad” dada la cercanía del barrio y el hecho de que el mismo ya contaba con buena parte de la infraestructura necesaria, por lo que su incorporación al macrocentro podía producirse “a un costo más bajo de lo que implicaban otros barrios más alejados”. Así, la intervención urbana propuesta “tendría que ver con replicar las condiciones y las facilidades del centro a bajo costo para promover la radicación de las empresas, más que mejorar las condiciones sociales de los habitantes del sur de la ciudad”. Pero antes de avanzar en las conclusiones a las que arribaron aquellos que investigaron en profundidad el distrito conviene analizar brevemente los discursos oficiales en torno al mismo.

Asesorar, escuchar y acompañar al empresario

El trabajo colectivo anteriormente citado (Socoloff, 2012) se propuso identificar los modos de representar roles y tareas asignadas a cada uno de los actores en el “desarrollo” de Parque Patricios a partir de un análisis del discurso del gobierno porteño en torno a la promoción del distrito. De acuerdo con este artículo —que recoge documentos oficiales, declaraciones de altos funcionarios y discursos del entonces jefe de gobierno porteño Mauricio Macri— al Estado local no le correspondería la inversión directa ni un papel central en la generación de puestos de trabajo sino las tareas de un actor que “estimula” y “promueve” la economía privada desde afuera (Socoloff, 2012). Así, se desprende la idea de que el Estado local debe “atraer inversiones”, asesorando, “acompañando” y orientando a los “emprendedores” (a los que, además, “escucha”), es decir, limitarse a su rol de facilitador. En ese sentido, la creación del Centro de Atención al Inversor “resulta paradigmática de esta forma de hacer política pública” (según sostiene el GCABA, el Centro de Atención al Inversor "busca impulsar el crecimiento local a través del fomento a la inversión privada").Estas intervenciones se suman al incremento de la presencia policial y del control del espacio, estrategias que también responden al objetivo de “facilitar el avance progresivo de las inversiones sobre el territorio” (Goicoechea, 2017).

Esto se corresponde con lo postulado por Harvey (1989) cuando asegura que el mayor hincapié en la acción local para combatir los efectos de la desindustrialización y el desempleo generados tras el desmantelamiento del Estado de bienestar —o, en el caso de América Latina, el debilitamiento de las “políticas de bienestar” (Pírez, 2016)— pareciera estar relacionado con la capacidad cada vez menor del Estado-nación para controlar los flujos internacionales de dinero, “de modo que la inversión adopta cada vez más la forma de una negociación entre el capital financiero internacional y poderes locales que hacen lo posible por maximizar el atractivo del espacio local como cebo para el desarrollo capitalista”. El equipo coordinado por Socoloff caracterizó la acción estatal local en Buenos Aires como una búsqueda deliberada y continúa de “inversiones privadas”. Así, es el gobierno el que “vende” el distrito a los actores que considera adecuados para potenciarlo.

Muchas de estas políticas son imitaciones de las “mejores prácticas” para promover un “buen clima de negocios” de otras grandes urbes (Theodore, Peck y Brenner, 2009). El espejo en el que se miran los funcionarios porteños, citado explícitamente en documentos y boletines, es el distrito 22@ de Barcelona. “El supuesto que está detrás de ambas políticas es que la radicación de industrias creativas y del conocimiento en territorios con una economía urbana degradada genera sinergias locales que revalorizan los barrios” (Lerena, 2016). Este hecho nos permite preguntarnos si la política de desarrollo de distritos económicos en la Ciudad de Buenos Aires no estará formando parte de una “competencia de suma cero” (Keil, 2009), con Estados locales obligados a hacer más con menos en medio de un “mercantilismo fiscal”. Todo esto a pesar de que Parque Patricios parece ser “el distrito más mimado … en cuanto a la distribución de los recursos e inversiones públicas”, a partir de sus inversiones en transporte, telecomunicaciones y equipamiento urbano (Arqueros Mejica y González Redondo, 2011).

Una mirada a los resultados

En un artículo periodístico de febrero de 2018 (Poore, Federico (2018a). “300 empresas y una inversión de US$324 millones: ¿qué fue del distrito tecnológico, 10 años después?”, Information Technology) ensayamos un balance del Distrito Tecnológico a diez años de su creación. El disparador del texto fue una pregunta por la real transformación de Parque Patricios a partir de la implementación de políticas de promoción para la radicación de empresas tecnológicas. Con este objetivo en mente se entrevistaron a funcionarios del Gobierno de la Ciudad y a representantes de las empresas.

El discurso del gobierno porteño —en este caso, de la Dirección de Distritos Económicos— hizo hincapié en la “puesta en valor” de la zona y el “movimiento” diario de personas que generó la consolidación del distrito. En paralelo, un documento de la Subsecretaría de Desarrollo Económico del Ministerio de Economía y Finanzas del GCABA (“Distritos Económicos: el plan del Gobierno para el desarrollo económico y urbano de la Ciudad”, enviado tras consulta del autor, 8 de abril de 2019) habló de una “inversión realizada” de 355.047.286 dólares hacia 2019 y de las “más de 330 empresas radicadas, entre las que se encuentran Accenture, Deloitte, Despegar, Ernst & Young, Huawei, Mercado Libre y Neoris, entre otras”. La “inversión realizada” se refiere a la comprometida por las empresas que se radicaron en el distrito desde su creación. En el Gobierno de la Ciudad son esquivos a la hora de tasar el costo económico de las exenciones impositivas otorgadas: la estimación inicial (realizada en 2009) era de un costo para el Estado de 200 millones de dólares. “Es una cifra que va cambiando todo el tiempo. Entendemos que es un número importante pero que se repaga con el desarrollo de las empresas y el derrame que genera en todo el ecosistema”, sostuvieron desde la Dirección de Distritos Económicos.

De acuerdo con el gobierno local, la decisión de mudar la sede de gobierno a Parque Patricios generó un “efecto derrame” que estuvo acompañado por “la mejora del transporte y otros servicios” en el área. Las referencias a la “puesta en valor” se completaron con referencias positivas a la llegada al barrio de cadenas de cafeterías, heladerías y gimnasios (Havanna, Freddo, Starbucks, Megatlon), que “vienen porque saben que ya tienen un público”. El Distrito Tecnológico, asegura el discurso oficial, le imprimió al lugar “un perfil de desarrollo y progreso, al tiempo que mantuvo su fisonomía e identidad barrial”.

Los empresarios, a su vez, destacaron las “atractivas” condiciones ofrecidas por el Estado local para su instalación en Parque Patricios:

“Los factores principales a la hora de decidir la radicación fueron el beneficio económico de las exenciones impositivas y la posibilidad de acceder a un precio accesible al terreno de gran tamaño que necesitábamos” (Pablo Saubidet, presidente de iPlan).

“Decidimos invertir en Parque Patricios porque además de las ventajas impositivas apostamos a trabajar en conjunto con otras empresas tecnológicas" (Rolando Greco, co-fundador de G&L Consultores).

Una mirada más amplia (Guevara, 2013) concluye que en algunos de los distritos económicos alentados por el GCABA “el resultado no parece ser otro que aumentar la rentabilidad de empresas preexistentes que se relocalizan, y así se genera un marco propicio para el desarrollo de emprendimientos inmobiliarios privados rentables y la promoción de una discutible especialización territorial”. “Ahora es visible una oferta de oficinas que antes brillaba por su ausencia en esa parte de la Ciudad. Los edificios corporativos despiertan el interés de los desarrolladores”, sostuvo José Rozados, CEO de la consultora Reporte Inmobiliario (ver Eleisegui, 2014. “El distrito tecnológico ya sumó a casi 200 empresas y destacan el potencial de suba del metro cuadrado”, iProfesional, 19 de mayo de 2014). Al no existir políticas específicas de regulación del mercado del suelo, la concentración de la inversión pública en un territorio delimitado —precisamente el caso de los distritos económicos— “puede generar un proceso de valorización inmobiliaria selectiva, que se exprese en un aumento de los precios de los inmuebles, no solo en términos absolutos… sino también en términos relativos, en relación con otras zonas de la ciudad y con respecto al promedio general de la misma”.

En una línea parecida, Goicoechea (2017) sostiene que los distritos económicos de la Ciudad de Buenos Aires representan “una profundización de las políticas de renovación urbana precedentes y un énfasis a los supuestos del desarrollo urbano por la vía de la constructibilidad”. Para esta autora, estos distritos agudizan las tendencias de mercantilización y renovación urbana previas, si bien “desde la perspectiva del planeamiento urbano en pos de una revitalización de la zona [resultan ser] una alternativa válida frente al problema de incompatibilidad heredado del zoning monofuncional” porque suponen “el fomento de actividades productivas compatibles (en términos ambientales) con los usos residenciales”.

Tomando como referencia lo ocurrido en el distrito @22 de Barcelona, y “a la luz de los cambios en la dinámica comercial y el aumento de los precios del suelo en los barrios afectados”, Lerena (2016) advierte que es probable que el incentivo a las industrias creativas en Parque Patricios termine siendo “más un medio para habilitar nuevas tierras al mercado inmobiliario de la Ciudad que una política de desarrollo económico en sí misma”.  En ese sentido, la autora advierte que, como en Barcelona, la ley de creación del Distrito Tecnológico también se flexibilizó, ampliando la caracterización de lo que la Ciudad considera empresas TIC y extendiendo el tiempo de exención impositiva de diez a quince años.

El ecosistema ausente

Una manera de preguntarse por el “éxito” de este tipo de políticas consiste en vincularla a los objetivos declarados. Nuestra hipótesis es que incluso desde la mirada oficial existen importantes desafíos dado que una buena parte de las empresas parecen estar allí por el dinero que ahorran en impuestos y no, como sostiene el discurso del gobierno local, por la pertenencia a un hub de conocimiento.

Las administraciones de Mauricio Macri (2007-2015) y Horacio Rodríguez Larreta (desde 2015), ambas pertenecientes al mismo signo político, se propusieron desarrollar un “ecosistema emprendedor” en Parque Patricios. Para ello, acompañaron la creación del Distrito Tecnológico con una serie de programas asociados, tales como IncuBAte (un programa del gobierno de la Ciudad que ofrece consultorías, aportes no reembolsables (ANR) y la posibilidad de acceder a un espacio de trabajo) y Ciudad Emprendedora (una sub-área de la Dirección General Emprendedores e Industrias Basadas en el Conocimiento de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación que se dedica a realizar reuniones entre cámaras empresarias, empresas, universidades y bancos) y sus funcionarios destacaron la importancia de “quitar los obstáculos del camino emprendedor” (Infobae, 27 de octubre de 2016). Juan Manuel Seco, director general de Distritos Económicos del GCABA, reconoció que “efectivamente los beneficios son un incentivo muy importante para radicarse en el Distrito” aunque insistió en la idea que “cada vez más compañías se mudan para ser parte del hub y para estar cerca del talento”.

De acuerdo con Stam (2015), la idea de un ecosistema emprendedor —término tomado de la biología— enfatiza el rol jugado por el contexto (o, continuando con las metáforas biologicistas, el ambiente) en el que se crea nuevo valor. En este sentido, se vincula a otros conceptos ya establecidos como el de los clusters, los sistemas de innovación y los distritos industriales. Este concepto concibe a los emprendedores privados como los actores centrales detrás de la creación y el mantenimiento del sistema: “Esta ‘privatización’ de la política emprendedora disminuye el rol del gobierno en comparación con orientaciones anteriores — esto no altera el hecho de que el rol [del gobierno] mantiene su importancia, pero más como el de un actor que ‘alimenta’ al ecosistema que el de su ‘líder’” Stam (2015).

Así, un ecosistema emprendedor sería “un set de actores y factores independientes coordinados de manera tal de que permitan un emprendedurismo productivo” y sus elementos claves las redes de emprendedores, el liderazgo, el talento, el conocimiento, el acceso al financiamiento y los servicios de apoyo. Stam sostiene que el éxito del ecosistema dependerá de la presencia de estos elementos y de la interacción entre ellos.

¿Es este el caso del Distrito Tecnológico? En sus presentaciones y contactos con la prensa, el gobierno local ha destacado la existencia de una oferta universitaria en el barrio, representado por una sede del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) sobre la calle Lavardén —allí se dictan las carreras de Ingeniería en Informática, Ingeniería Electrónica, Ingeniería Industrial, Licenciatura en Administración y Sistemas y Bioingeniería; ITBA posee además un convenio con el Gobierno de la Ciudad por el cual este último promociona “Becas de Innovación del Distrito Tecnológico” que consisten en la financiación, por parte del Estado local, del costo total de las carreras de los becarios y publicita la construcción en curso de dos sedes de las universidades Caece y Del Salvador, ambas de gestión privada, las cuales proyectan instalar allí sus carreras de Ingeniería. Hasta qué punto esta incipiente presencia académica logró mecanismos agregadores o una polinización cruzada de ideas es algo que queda por investigar “La proximidad física ayuda, por supuesto. Pero lo que tiene que lograrse en un proyecto de estas características es la polinización cruzada de ideas”, es decir, un verdadero cluster donde coexistan elementos de “creación, captura y aplicación de conocimiento”; ver declaraciones de Michael Joroff, investigador del programa de planeamiento y diseño urbano del Massachusetts Institute of Technology (MIT), citado en Poore (2018b).

Por lo pronto, resulta sintomático que si bien todos los empresarios citados en el artículo periodístico del apartado anterior destacaron las exenciones impositivas hubo quienes criticaron, precisamente, la “poca interacción con el resto de las empresas de la zona” (ver Poore (2018a). En palabras del directivo de una de las empresas con oficinas en Parque Patricios, “el desarrollo del área fue progresivo hasta mediados del 2015, después y hasta hace unos meses entró en un bache en que no vimos avances ni compromiso en el GCABA, con el desarrollo de un verdadero polo informático. (...) Para funcionar como un verdadero polo tecnológico es imprescindible tener un Centro de Servicios Compartido que permita la integración de las empresas, creando fundamentalmente un ambiente de innovación” (Rolando Greco, co-fundador de G&L Consultores; Comunicación con el autor, 29 de noviembre de 2017).

Se trata, no obstante, de una muestra mínima, un indicio. Determinar si efectivamente existe un hub de conocimiento o un ecosistema emprendedor en el Distrito Tecnológico de la Ciudad de Buenos Aires excede las pretensiones de este trabajo y deberá ser desarrollado en investigaciones posteriores.

Conclusión

Este artículo se propuso resumir las principales investigaciones en torno a la creación y promoción del Distrito Tecnológico de Parque Patricios por parte del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires desde perspectivas que analizan el giro empresarialista del gobierno local.

El caso del Distrito Tecnológico combina tres características de esta etapa de la gobernanza urbana delineadas por Theodore, Peck y Brenner (2009), a saber, el marketing territorial, la creación de zonas empresariales y la reducción de impuestos locales. La bibliografía reciente ya se ha ocupado de explicar cómo estas estrategias, que buscan un desarrollo económico y una revalorización urbana, “no representan mayor acceso al derecho a la ciudad para la población en su conjunto” (Goicoechea, 2017), por lo que este artículo se propuso abordar las políticas propuestas desde un ángulo distinto al analizar su éxito (o no) desde la propia lógica del gobierno local que las impulsó.

Al tratarse apenas de una aproximación a partir de una serie limitada de fuentes primarias y secundarias, insistimos en que estudios posteriores deberán profundizar en la pregunta final (no resuelta) por si las políticas de promoción del Distrito fueron, efectivamente, más allá de una serie de exenciones impositivas y si se verifica la existencia de un real ecosistema emprendedor en Parque Patricios.

FP

El autor es Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA) y maestrando en Economía Urbana por la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). Comenzó su carrera como redactor de Política de Página/12. Fue editor de Política de la revista Debate y editor de Política y Economía del Buenos Aires Herald. Actualmente colabora con el sitio Chequeado y las revistas Information Technology y Noticias. Escribió junto a Ramón Indart El poder del juego: el gran negocio de la política argentina (Aguilar).

De su autoría, ver también “Muchos de los espacios que creemos públicos son privados”, entrevista con Saskia Sassen en nuestro número 165/6.

Sobre los problemas de concebir al Estado como “facilitador” del desarrollo urbano, ver también la presentación de nuestro número 174. Y sobre la competencia de suma cero por la localización de empresas tecnológicas, ver La histeria locativa de Amazon. Idas y vueltas del HQ2, por Marcelo Corti en nuestro número 170.

 

Bibliografía

Arqueros Mejica, Soledad y González Redondo, Carolina. “La política de distritos del sur de Buenos Aires: una mirada en perspectiva”. [Consulta: 19-04-2019]

Goicoechea, María Eugenia. “Renovación urbana en el sur porteño y el ‘éxito’ del Distrito Tecnológico. Algunas claves para comprender el dinamismo inmobiliario”, Quid 16 Nº 7, 2017

Guevara, Tomás Alejandro. “La renovación como estrategia de desarrollo urbano en Buenos Aires”, Apuntes, vol. 26, núm. 2, diciembre 2013, Bogotá, Colombia. [Consulta: 19-04-2019]

Guevara, Tomás., Imori, Marcela y Ronis, Matías (2011). “Parque de los Patricios” en Cosacov, N. et al. (2011, abril). Barrios al sur: Villa Lugano, Villa Riachuelo, Mataderos, Parque Patricios y Villa Soldati a través del tiempo. DT 56, 86-110, Instituto de Investigaciones Gino Germani (IIGG), Facultad de Ciencias Sociales, UBA

Harvey, David (1989) “From Managerialism to Entrepreneurialism: The Transformation in Urban Governance in Late Capitalism”. Geografiska Annaler. Series B, Human Geography, Vol. 71, No. 1. Hay versión castellana: “De la gestión al empresarialismo: la transformación de la gobernanza urbana en el capitalismo tardío”. en Espacios del capital. Hacia una geografía crítica, Madrid, Akal, pp. 366–390, 2007

Keil, Roger (2009). “The urban politics of roll with it neoliberalization”, City N° 13, pp. 230-245, 2010.

Lerena, Natalia (2016). “Crónica de un negocio anunciado: operaciones de recalificación industrial en Barcelona y Buenos Aires”. URBS. Revista de Estudios Urbanos y Ciencias Sociales. Volumen 6, número 2

Pírez, Pedro. “Las heterogeneidades en la producción de la urbanización y los servicios urbanos en América Latina” en Territorios N° 34, Bogotá, 2016

Theodore, Nik; Peck, Jamie y Brenner, Neil (2009). “Urbanismo neoliberal: la ciudad y el imperio de los mercados”, Temas Sociales, SUR - Corporación de Estudios Sociales y Educación, Núm. 66, Marzo, pp 1 - 12, Santiago de Chile

Rodríguez, C., Arqueros, S., Rodríguez, F. et al. (2011). “La política urbana ‘pro’: continuidades y cambios en contextos de renovación en la ciudad de Buenos Aires”. Cuaderno Urbano, 11, 101-121, octubre. [Consulta: 19-04-2019]

Socoloff, Ivana (coord.). “Gobernar Buenos Aires. Un estudio sobre las racionalidades políticas en torno al desarrollo local a partir del caso del Distrito Tecnológico de Parque Patricios”, VII Jornadas de Sociología de la Universidad Nacional de La Plata, 5, 6 y 7 de diciembre de 2012. [Consulta: 19-04-2019]

Stam, Erik (2015). “Entrepreneurial Ecosystems and Regional Policy: A Sympathetic Critique”, European Planning Studies 23 (9), 1759-1769, 2015

Stone, Clarence (1989) Regime Politics: Governing Atlanta 1946-1988, Lawrence, University Press of Kansas

Fuentes periodísticas citadas

El Gobierno porteño potencia emprendedores con $150.000 en capital semilla”, Infobae, 27 de octubre de 2016. [Consulta: 21-04-2019]

Eleisegui, Patricio (2014). “El distrito tecnológico ya sumó a casi 200 empresas y destacan el potencial de suba del metro cuadrado”, iProfesional, 19 de mayo de 2014. [Consulta: 14-04-2019]

Poore, Federico (2018a). “300 empresas y una inversión de US$324 millones: ¿qué fue del distrito tecnológico, 10 años después?”, Information Technology, febrero 2018. [Consulta: 21-04-2019]

Poore, Federico (2018b). “¿Qué hizo Corea del Sur para impulsar a Samsung y a LG?”, Information Technology, enero 2018. [Consulta: 21-04-2019]

 

 

 

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