Terquedad olímpica (de la juventud)

Una mirada arrabalera a Buenos Aires.

Charly García sostiene en una vieja canción no entender “a los que hacen lo mismo que yo hice ayer pero como hasta ahí nomás, como viviendo en el pasado”. Si las ciudades hablaran, algo así podría decir Barcelona de Buenos Aires, comparando los resultados y consecuencias urbanísticas de los Juegos Olímpicos de 1992 con los recientes Juegos Olímpicos de la Juventud celebrados, cuarto de siglo después, en la capital argentina.

Antes de realizar algunas comparaciones entre los propósitos y logros de ambos juegos, una observación que formulo desde la ignorancia y que puede ser omitida por quien prefiera saltar al siguiente párrafo: resulta entendible que existan juegos olímpicos de invierno o juegos olímpicos para personas con capacidades diferentes pero, si por razones obvias las personas que compiten en las Olimpíadas que se vienen sucediendo desde 1896 son jóvenes (y en algunas disciplinas, extremadamente jóvenes), ¿qué sentido tienen estos juegos realizados en octubre en Buenos Aires y antes en Nanjing y Singapur, limitados a personas de entre 15 y 18 años?

Los logros que supuestamente obtiene una ciudad por albergar unos Juegos Olímpicos son básicamente dos:

  • Impacto mundial; los Juegos “ponen a la ciudad en el mapa” del turismo internacional, las inversiones globales, etc. (va entre comillas por lo absurdo del concepto, como si los mapas no incluyeran ciudades porque sus gobernantes no se acuerdan de ponerlas…). Constituyen una de las acciones más potentes de marketing urbano y son el ejemplo más claro de la llamada “estrategia del gran acontecimiento”.
  • Desarrollo de infraestructuras y obras que quedan como legado urbanístico permanente, siempre y cuando se elijan los lugares adecuados para localizarlas. De este modo se puede incentivar el desarrollo de un área degradada de la ciudad y reducir los desequilibrios socio-territoriales.

Omitiremos en esta nota, por exceder sus objetivos, las consideraciones sobre los riesgos contrapuestos que dichas realizaciones pueden traer asociados: expulsión de sectores sociales de bajos ingresos, el fenómeno (hoy tan citado y denunciado) de la “gentrificación”, el aumento de los costos del suelo, la banalización y degradación urbana que puede generar el turismo de masas.

Barcelona y sus olimpiadas del ´92 son el ejemplo más reconocido de éxito en esos dos objetivos olímpicos. Los Juegos constituyeron el punto de partida de la conformación de la ciudad como destino turístico global y le permitieron construir su ejemplar autopista de circunvalación Ronda de Dalt, recuperar sus playas sobre el Mediterráneo y consolidar sectores problemáticos de la ciudad, especialmente el área de la Nova Icaria donde se construyeron la Villa Olímpica y el nuevo puerto deportivo.

¿Qué obtuvo en cambio Buenos Aires de sus Juegos de la Juventud? Desde el primero de los objetivos, seguramente muy poco… o nada. Como era previsible y como ya pasó en Singapur y Nanjing, estas olimpíadas juveniles tuvieron poca difusión en la televisión deportiva internacional (para no hablar de la no deportiva) y casi nula repercusión en las redes sociales más allá de la Argentina.

Respecto al legado infraestructural-construido, queda una Villa Olímpica como nuevo barrio del sur más profundo, el área históricamente más postergada de la Ciudad. Ahora bien, ¿quién pagó estas obras? Veamos lo que dice al respecto el portal Chequeado, “medio digital no partidario y sin fines de lucro que se dedica a la verificación del discurso público y la promoción del acceso a la información y la apertura de datos”. 

Según el portal, “En el documento oficial de su candidatura, presentada en 2011, el Gobierno porteño había estimado hace más de cinco años una inversión necesaria de US$ 231 millones: US$ 104,7 destinados a la organización y US$ 126,4 para obras de infraestructura permanente. […] Según surge de los datos oficiales, a lo largo de estos cinco años los gastos se fueron incrementando. Entre 2014 y 2018 la Ciudad de Buenos Aires destinó a este evento casi $6.700 millones. Cerca de $3.500 millones fueron para la organización y más de $3.100 millones se destinaron a obras para la Villa Olímpica y las distintas sedes donde se realizan los Juegos, como también al desarrollo urbanístico de la Comuna 8, la zona donde está ubicada la Villa. Tomando el tipo de cambio oficial promedio de cada uno de los años, la inversión para estos Juegos Olímpicos fue de US$ 333 millones, un 44% mayor a lo estimado inicialmente.

De los montos destinados a infraestructura, la mayor parte fueron para acondicionar la Villa Olímpica, el lugar donde se alojan los atletas y que cuenta con 1.200 viviendas. La construcción de estas viviendas se dividió en diez licitaciones por un monto total de más $1.500 millones. A esto se sumaron otras licitaciones: la obra para la instalación de la red de agua y cloacas, la instalación eléctrica en la Villa, la distribución de gas, la red vial y pluvial y otras obras en el espacio público.

[…] En su propuesta, en 2011, el Gobierno había adelantado que la Villa Olímpica “se convertiría en viviendas sociales de alta calidad para personas de bajos ingresos en un área donde este tipo de alojamiento es escaso”. Sin embargo, la Ciudad inició los trámites para vender estas propiedades. “Esto no es vivienda social”, aclaró el director de la Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC), Juan Maquieyra. En marzo de 2018 la Ciudad abrió la inscripción para la venta de los departamentos que actualmente están siendo utilizados por los atletas. Ofreció departamentos de uno, dos y tres ambientes a $1.634 dólares el metro cuadrado, con créditos de hasta 30 años y una tasa de interés menor al 5 por ciento anual.

De esta manera, los monoambientes tienen un valor promedio de $1,2 millones; los de dos ambientes valen en promedio $1,6 millones y los de tres ambientes $2,3 millones. Para llegar a estos valores, la Ciudad subsidia un 14% del valor de la propiedad. El Gobierno estableció además que para la mitad de los departamentos tendrán prioridad los vecinos de la Comuna 8, donde está ubicado el Barrio Olímpico, y de otras comunas del sur de la Ciudad. Las casi 1.200 viviendas ya fueron adjudicadas y serían entregadas en 2019 a sus nuevos dueños. Es por eso que también se estima un recupero de parte de los fondos invertidos para estos Juegos. El proyecto de presupuesto para 2019 que el gobierno porteño envió a la Legislatura estima recursos por $2.400 millones provenientes de la venta de inmuebles de la Villa Olímpica”.

En resumen, las obras realizadas fueron financiadas con fondos propios del Gobierno de la Ciudad, que eventualmente serán recuperados a través del mercado inmobiliario local. No hubo aportes del Comité Olímpico Internacional ni de otras organizaciones ni empresas extranjeras, al menos para la construcción de esas obras e infraestructuras.

Esta inversión en el sur porteño pudo entonces haberse hecho sin necesidad de Juegos Olímpicos ni de “gran acontecimiento internacional” alguno. La operación pudo haber sido gestionado por un organismo o empresa pública de urbanización, como en Singapur es el Consejo de Vivienda y Desarrollo (pudimos haberles imitado eso y no las olimpíadas juveniles) u otras tan diversas como la Empresa de Desarrollo Urbano de Medellín, las Sociedades de Economía Mixta francesas o la misma Corporación Antiguo Puerto Madero en Buenos Aires.

Aclaro para terminar que no me mueve a estas reflexiones una eventual “indignación” por lo realizado sino la esperanza en que Buenos Aires y otras ciudades argentinas comprendan en un futuro cercano la importancia de liderar y gestionar su propio desarrollo urbano.

MLT

 

Sobre Barcelona y el legado de sus Juegos Olímpicos de 1992 ver también en café de las ciudades:

Número 21 | Política 
Barcelona y su urbanismo | Exitos pasados, desafíos presentes, oportunidades futuras. | Jordi Borja

Número 24 | Lugares 
1,2,3, ¿muchas Barcelonas...? | Impresiones de un bárbaro en el Mediterráneo, o ¿por qué el urbanismo del Fórum 2004 no le gustó a nadie y en cambio caminar por Gracia es tan ‘guai’? | Marcelo Corti

Número 65 | Arquitectura y Planes de las ciudades 
Método y modelo de Barcelona | Entrevista a Oriol Bohigas: la arquitectura debe asegurar la continuidad legible de la ciudad | Marcelo Corti

Número 87 | Política de las Ciudades (I) 
Siete líneas para la reflexión y la acción | Después de la “burbuja” inmobiliaria en Barcelona | Jordi Borja

Número 124 I Planes y Política de las ciudades
El uso del Modelo Barcelona en Buenos Aires I “Vos rodaste por tu culpa…” I Por Marcelo Corti

 

Ver las Terquedades anteriores.

Dilemas administrativos para el abordaje de la interjurisdiccionalidad

La cuestión metropolitana en Argentina.

Hernán Petrelli

Repensar la Metrópoli

Pronunciamiento.

Alberto Rébora et al

Barrios cerrados en Paraná

Una historia de idas y vueltas (con final feliz, por ahora).

Abelardo Llosa

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