> AÑO 4 - Diciembre 2012
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Editorial
Por Miguel Y. Mayorga



Un reciente texto de Richard Sennet, que hace referencia a la convención sobre la "ciudad inteligente" que acoge Londres esta semana y que podría ser extendible a la que precedió hace unas pocas semanas en Barcelona, hace énfasis sobre el debate abierto de la "planificación científica" y de la aplicación de las tecnologías con el objeto de encajar todas las piezas de la vida urbana.

Como él muy bien dice no hay nada maligno en dichas convenciones, el problema estaría en el hecho de promover un excesivo control en aras de una "optimización" de la cotidianidad de la ciudad. La ciudad y la vida en la ciudad están marcadas también por el azar y su desarrollo se da por las rendijas de lo que no está permitido, y se proyecta en aquellas irregularidades que producen sensación de vecindario y de apropiación de su espacio público.

En muchas ciudades, en distintas épocas y realidades urbanas, se ha afrontado el reto de la producción, configuración o reconfiguración del espacio público, se han puesto en práctica diversas políticas, estrategias y proyectos urbanísticos con el fin de favorecer la ciudad, y lo público.

Hoy en un mundo urbano inmerso en procesos de fuertes cambios, y en donde la globalización ha hecho dominante el guión de un urbanismo neoliberal, el espacio público persiste y se resiste a ser dominado. Este ámbito dinámico, complejo y contradictorio, en donde se ejerce el poder bajo la concepción de la ciudad como una máquina de crecimiento y motor económico, y en donde la desigualdad socio-espacial se representa con el deterioro de las experiencias cotidianas, es también a su vez, el lugar de las reapropiaciones y las resistencias que plasman las luchas por el espacio público, estrategias subalternas que buscan domesticar la ciudad neoliberal, contraposiciones que muestran nuevas organizaciones y acciones que emergen desde las necesidades y reivindicaciones de los derechos básicos para el ciudadano como son la alimentación, el trabajo, la educación y la vivienda, acciones cada vez más comunes que son a su vez respuesta a las presiones financieras más recientes.

El espacio público es la gente y se resistea ser normatizado. Frente al empequeñecimiento del sector público, y a la suma de necesidades ciudadanas insatisfechas, múltiples iniciativas de la sociedad civil, hacen que ésta se auto-organice y establezca redes sociales de colaboración; espacios en abandono, intersticios y patios traseros de la ciudad se convierten en parques, se establecen formas de comercialización de alimentos a través de redes de vecinos, se defienden y ocupan edificios para usarlos como equipamientos, los jóvenes construyen espacios para sus prácticas deportivas, etc. Son ejemplos bastante actuales de reivindicación ciudadana, que incluso han repercutido en formas de actuación de los mismos ayuntamientos (ver Pla Buits de Barcelona).

Así entonces, al lado de algunas destacables experiencias en las que hábiles políticos, gestores urbanos y proyectistas junto a la comunidad han desarrollado propuestas que representan algún interés, también se pueden apreciar soluciones que desde la misma comunidad han tenido un impacto favorable sobre la ciudad.

Tanto las transformaciones urbanas destacables de Barcelona (ver años 80 y 90 por ejemplo) y de otras ciudades (ver Bogotá, Río de Janeiro, Medellín más recientemente), que tuvieron como base la reivindicación vecinal y/o también la concomitancia entre poder político y comunidad. Como también las más actuales acciones, que hoy parten de un salto de escala desde la casa, al vecindario, a la escala local y a una más global (ver caso de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca), comparten entre sí el hecho de ser un importante entrenamiento para la democracia, la equidad y justicia urbana.

La promoción pública y privada de la diversidad de espacios públicos y colectivos, con buena accesibilidad y calidad urbana y arquitectónica, la apropiación organizada y espontánea de la ciudad con su empoderamiento por la ciudadanía, el desarrollo de proyectos colaborativos y locales a corto y mediano plazo, la potenciación de proyectos en código abierto, para el establecimiento de un control democrático de las gestiones de lo público y urbano, etc. constituyen -entre muchas otras opciones- un conjunto de estrategias e instrumentos válidos hoy para la construcción de un proyecto en favor del espacio público, es decir de ciudad.

No hay duda que el espacio público es la calle, es la ciudad, y que se expresa como un espacio lleno de relaciones, que escenifican la integración y el conflicto entre los ciudadanos. Es un de proceso integración y conflicto entre el control y la desregulación, entre lo individual y lo colectivo, entre lo privado y lo público, entre lo físico y virtual, entre lo planeado y el azar, categorías entre las que se deben plantear formas de mediación, a partir de una idea de consenso que contemple la diferencia, los contrastes, las problemáticas y las soluciones en el tiempo.

David Harvey, ha dicho que el espacio público ideal es un espacio de conflicto continuo y con continuas maneras de resolverlo, para que éste después se vuelva a reabrir. Tal vez sea en la evolución continua del conjunto de las reflexiones y las acciones que permitan avanzar en este proyecto imposible, en donde resida la verdadera inteligencia de las ciudades.

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 MM

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