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Olvido de la cultura del espacio público (*)
Por Josep María Montaner

(*) Publicado en el PAIS 07/02/2009


Barcelona se había convertido en los años ochenta y principios de los noventa en modelo por su cultura del diseño del espacio público. Hoy dicha cultura se está perdiendo y, si se ha desarrollado, ha sido trasladándose a la escala del de la región metropolitana y de los parques territoriales, donde a partir de los años noventa se han realizado intervenciones memorables. Queda ya poco de la capacidad de proyectar espacio público en Barcelona capital. Obras como la plaza de Lesseps o como el Parc Central del Poblenou son una muestra del estancamiento y de la pérdida de una manera de saber hacer.

La cultura del espacio público urbano se recuperó a principios de los años ochenta, con la política municipal democrática, que entendió que lo más urgente y reclamado por los movimientos sociales urbanos eran los espacios públicos, y con las obras de autores que, como Enric Miralles y Carme Pinós, no aprendieron a proyectar el espacio público en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, sino en Italia y con los arquitectos del Team X, especialmente en los cursos del ILAUD (The Internacional Laboratory of Architecture and Urban Design) de Urbino y Siena, dirigido por Giancarlo de Carlo.

En una siguiente etapa las obras pasaron a ser realizadas por una prometedora generación de arquitectas y paisajistas, como Bet Figueras (Jardín Botánico y las tres manzanas en la Vila Olímpica), Beth Galí (Fossar de la Pedrera), Imma Jansana (parques en el Baix Llobregat), Teresa Galí-Izard (paisajista colaboradora de estudios de arquitectura) y Carme Fiol y Andreu Arriola (Parc Central de Nou Barris). Pero esta nueva tradición, protagonizada por arquitectas catalanas, le ha sabido a poco al poder local.

A este olvido ha contribuido la incapacidad de hacer autocrítica que caracteriza al urbanismo de esta ciudad; de no aprender de la experiencia de lo que se ha hecho, intentando repensar el sistema de parques que se ha ido realizando; procurando mejorar pavimentos, mobiliario y vegetación; teniendo en consideración los usos del espacio por parte de todas y todos, y para todas las edades, y empezando a corregir defectos: ínfimos espacios destinados a juegos infantiles; total escasez de bancos, para las personas que cuidan a los niños, para reunirse o para descansar; falta de baños públicos, etcétera. Esta evolución frustrada ha comportado que dicha cultura no haya llegado a madurar y se haya diluido.

En los últimos años, los encargos representativos se han adjudicado a grandes despachos, como el de Jean Nouvel, y a viejas glorias, como Albert Viaplana. El Parc Central del Poblenou es un compendio de errores que sigue chupando presupuesto público y del que queda pendiente reclamar responsabilidades: ¿quién o quiénes eligieron el proyecto de Nouvel, autorizaron esta obra y aprobaron unos presupuestos desorbitados? Nouvel no sólo despreció totalmente que fuera un parque seguro, satisfactorio y relacionado con el entorno, sino que olvidó que tuviera suficientes juegos para niños y ahora se ha tenido que programar que este fracasado “parque de autor” sea remodelado por el mismo autor, para que sirva para algo más que para ser fotografiado.



Parc Central del Poblenou

Y las intervenciones de Albert Viaplana en las plazas de Lesseps y Europa, ésta en L’Hospitalet del Llobregat, ponen en evidencia el recurso a unos repertorios estancados. La remodelación de la plaza de Lesseps ha sido el resultado de un laborioso proceso de participación, que definió las diversas áreas, replanteó flujos y elaboró secciones. Pero por exceso de confianza se dejó que el arquitecto, que se cree artista y no un técnico al servicio de la sociedad, pudiera colocar lo que quisiera. Vigas, palios y voladizos gigantes quedan como reliquias de un siglo pasado en el que cierta arquitectura se creyó arte, cayendo en el ridículo de simplificar su complejidad y negar su necesidad de adaptarse al contexto y al entorno social.

Plaza Lesseps

Lo que se esparce sobre la plaza son restos de otra época, es el canto del cisne de una manera impositiva y arbitraria de diseñar parques artificiales, que va a dominar durante un tiempo sobre una plaza que debería haber sido totalmente para el barrio y no una pretendida obra de artista. Por eso la cuestión no es la del “estilo de diseñador”, que argumentaba Oriol Bohigas en estas mismas páginas, sino algo más profundo: se trata de la revisión de los sistemas para realizar el proyecto urbano contemporáneo, que se han de basar más en la sociedad, en el conocimiento y en saber aprender de la experiencia que en las pretendidas habilidades del autor individual. Y por ello en esta ciudad, que había conseguido crear una propia cultura del espacio público, al no saber apreciarla, valorarla y revisarla, en unos pocos años se ha estancado y se ha diluido.

JJM
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