> AÑO 2 - 18 de Enero 2010
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> Dossier: Chile - México - Argentina
Por Luis Felipe Cabrales, Marcelo Corti, Rodolfo Macera y Alfredo Rodríguez

Este Dossier presenta una visión sobre la segregación espacial y desigualdad social en el ámbito latinoamericano, a partir de casos localizados en Chile, Argentina y México:


CHILE

> Santiago Neoliberal. Las murallas del miedo.
Por Alfredo Rodríguez y Paula Rodríguez

ARGENTINA

> La "privatopía" contra la ciudad abierta. Countries y barrios cerrados en la Argentina.
Por Marcelo Corti

> Muros que fragmentan.
Por Rodolfo Macera


MEXICO

> Tendencias recientes de las urbanizaciones cerradas y polarización residencial en Guadalajara.
Por Luis Felipe Cabrales

 


CHILE

> Santiago Neoliberal. Las murallas del miedo.
Por Alfredo Rodríguez y Paula Rodríguez (SUR Corporación de Estudios Sociales y Educación, Chile)

 

Fuente: Plataforma urbana.

Desde hace casi dos décadas, no parece haber grandes problemas en Santiago y en el país. Las cosas se ven bien en la ciudad. Desde el fin de la dictadura (1973-1990) y la vuelta a la democracia en adelante, el país ha crecido, las cifras de desempleo en la ciudad han descendido y también las cifras macro de la pobreza; las condiciones de vida de la población han mejorado de manera evidente. El escenario urbano ha cambiado notablemente: se han construido grandes autopistas urbanas, túneles, megaproyectos, malls, nuevos edificios inteligentes, establecimientos para servicios y producción industrial, y gran cantidad de viviendas sociales. Además, la ciudad cuenta con una cobertura casi total de electricidad, agua potable y alcantarillado.
Para algunos, todo lo indicado constituye también signos de la modernización de la ciudad. Santiago es considerada una metrópoli exitosa en el contexto de América Latina: un índice reciente de Mastercard señala que "Santiago es la ciudad mejor evaluada de Latinoamérica y la quinta entre los países emergentes. A nivel global, y de un total de 65 ciudades, Santiago fue superada por Shangai, Beijing, Budapest y Kuala Lumpur". (1)
Para otros, la distribución y la manifestación espacial de la riqueza y de la pobreza en el ámbito nacional no han sufrido cambios significativos en los últimos veinte años: en las comunas donde persiste la pobreza, se siguen concentrando bajos niveles de educación, subempleo, entre otras manifestaciones de desigualdad; y al interior de estas comunas continúan persistiendo nodos de concentración de extrema pobreza, como lo son los barrios originados en asentamientos urbanos precarios u ocupaciones ilegales de terrenos durante los años de la dictadura.
El punto no es, entonces, si se cuenta con servicios o si se ha incrementado la construcción de infraestructura, sino cuán efectivamente redistributivas son las políticas, mecanismos y artefactos, porque en las últimas décadas, pese al aumento de los subsidios y apoyos, se han ahondado las diferencias sociales en lugar de reducirse. Asimismo, si bien se ha multiplicado la construcción de viviendas y servicios en las comunas periféricas, la edificación presiona la ciudad con efectos negativos en el ambiente y en la economía, y es también un signo visible de la especulación en el uso de suelo.
Todos los signos de la mal llamada modernización de la ciudad permiten que se establezca cierto consenso en torno a que las cosas se ven bien o que el sentido común indica que en Chile, en Santiago, estamos mejor que antes. Ello tiene relación con la eficacia de un proceso activo cuyo fin era y es la aceptación del modelo neoliberal (Harvey, 2007, pág. 40).
Santiago, con sus contradicciones, con sus éxitos y deficiencias, es un buen ejemplo de cómo ocurre el proceso de destrucción / creación del capital, cómo se produce por los hechos una ciudad neoliberal, en la cual la mayoría de sus componentes urbanos pueden ser objeto de negocio y especulación, sin un contrapeso significativo que logre disputar esta noción mercantilista de ciudad en los flujos de tomas de decisiones. Lo que nos conduce a una ciudad cuya forma espacial se fragmenta (con diferentes tipos de barreras) y a una sociedad urbana (clasista) cuyos miembros están cada vez más distantes entre sí.
Las barreras físicas y espaciales son una de las características de la modernización neoliberal de Santiago: a) las nuevas urbanizaciones para sectores de altos ingresos se sitúan en la periferia nororiente de la ciudad en zonas de alejadas y de acceso sólo por automóvil; b) complementariamente se ha construido una red de autopistas urbanas que presentan diseños diferentes según sean las características de las zonas que atraviesan: trinchera abierta en las áreas de bajos ingresos, túnel en las zonas de más altos ingresos; c) mantención de grandes barreras pre-existentes, como ocurre en el llamado Portal Bicentenario (recuperación de antiguo aeropuerto internacional de Santiago para construir quince mil viviendas destinadas a sectores de ingresos medios). En este caso se mantiene como barrera la autopista que separaba los terrenos del aeropuerto de barrios de menores ingresos, limitando las conexiones entre ellos, particularmente para el tránsito peatonal: la conexión reduciría el valor del suelo y la rentabilidad del proyecto.
Como estos hay diversos ejemplos de barreras físicas; sin embargo, queremos señalar otros tipos de barreras (no menos fuertes) que se observan en Santiago y que tienen impacto en cómo la gente usa la ciudad.
La pérdida de los resguardos que ofrecía el proyecto de Estado Social, que no es otra cosa que la pérdida de los derechos ciudadanos ?un conjunto de seguridades básicas?, ha dado paso a una ciudad diferente, ordenada sólo por el mercado y compuesta por individuos que compiten entre sí para subsistir. Este Santiago encarna una nueva y radical paradoja: una ciudad (el lugar de los ciudadanos) que está en vías o amenazada de perderse como espacio público en una doble dimensión: el espacio público físico y el espacio público como metáfora de una sociedad política. En el marco de estas pérdidas, los habitantes de Santiago, a pesar de residir en una de las ciudades más seguras de América latina, viven con temor e inquietud, con un sentimiento de inseguridad relacionado tanto con la violencia delictiva como con la violencia económica y política que perciben en sus vidas cotidianas.
Lo anterior se expresa en una desconfianza y temor entre integrados y excluidos, y en conflictos urbanos que surgen de la contradicción entre el discurso oficial de la cohesión social, de la inclusión y las prácticas urbanísticas desreguladas.

 

LAS BARRERAS DEL TEMOR

A fin de profundizar en la imagen de una ciudad fragmentada y des-cohesionada -como tantas veces se ha indicado que es Santiago-, realizamos un estudio en el cual se abordaron las representaciones espaciales del miedo en la ciudad. (2) Los primeros resultados indican que aún persiste la diferencia entre la ciudad propia y la ciudad bárbara (la ciudad de los pobres) que veía Vicuña Mackenna (Intendente de Santiago entre 1872 y 1875) en la capital. Así, aún es posible distinguir entre una ciudad integrada (la de los barrios de más altos ingresos) y una ciudad excluida (la de los barrios periféricos, de bajos ingresos). Y aunque lo usual, cuando se habla de temores en la ciudad, es dar por sentado que quienes los experimentan de manera especial son los integrados respecto de los excluidos, lo que en ese estudio recogimos es el miedo que estos últimos expresan respecto de los primeros: los temen no sólo porque perciben que son discriminados por ellos, sino porque el mundo de los integrados no hace posible la inclusión de los excluidos en los sistemas de la ciudad; o, de incluirlos, los admite en situación de desigualdad persistente. (3)
No es lo habitual que se hable de los miedos de los excluidos. En las diversas mediciones acerca del miedo, casi siempre se señala a los barrios pobres y periféricos como nodos de violencia, de inseguridad. Pensamos que ello se debe a las obvias asimetrías de poder en que se generan tales mediciones: desde la ciudad propia se habla y define a la ciudad bárbara.
Como se observa en la siguiente carta, mediante discursos hegemónicos que organizan la realidad urbana desde sus parámetros, se construye una ciudad en la que los barrios de altos ingresos, no sólo de la ciudad, sino también del país (Vitacura, Lo Barnechea, Las Condes, Providencia), son considerados como los más seguros (graficados con color amarillo), versus los barrios de menores ingresos (La Granja, La Pintana, El Bosque, Lo Espejo, Pedro Aguirre Cerda, entre otros), que son caracterizados como los más inseguros (graficados con color rojo).


Comunas más seguras, comunas menos seguras
Fuente: Fundación Futuro, 2003.

En un primer momento, la revisión de las entrevistas en profundidad realizadas en la investigación ha permitido distinguir dos situaciones diferentes: miedos y angustias, que hemos acotado recurriendo a Delumeau (2002, pág. 10), quien señala que "el miedo tiene un objeto preciso, al cual [el sujeto] se puede enfrentar porque está bien identificado. La angustia, al contrario, es una espera dolorosa frente a un peligro aún más temible que no se 'identifica' claramente. Es un sentimiento global de inseguridad".
Desde una perspectiva que incorpora la variable espacio, importa la distinción entre miedos y angustias. Por una parte, porque siendo las angustias emociones difusas, sin objeto definido, no se las puede georreferenciar. Y por otra, ya en nuestro terreno, porque siendo los miedos georreferenciables, su representación espacial deja al descubierto, en un nivel macro, las fracturas y fronteras internas de la ciudad; y, a una escala micro, la fractura y las micro-fronteras al interior de los barrios.
En esta perspectiva, y a fin de realizar una georreferenciación de los datos producidos, nos hemos centrado en los miedos y los hemos clasificado en inmediatos (experimentados personalmente) y mediatos (contados por terceros o leídos, vistos o escuchados en medios de comunicación). Así, las personas entrevistadas hablaron de cosas o situaciones que les provocan miedo y que pueden ser ubicadas espacialmente; por ejemplo, miedo a: "Andar sola [por tal o cual calle]", "Que me roben en la feria", "Que me asalten", "Ir de compras a Estación Central", "El paso de la línea del tren", "No ubicarme en un barrio", "No tener locomoción directa hasta la casa", "Que sospechen de mí [en tal o cual barrio]", "Que me detengan [en el centro de la ciudad]", "Las multitudes [en tal o cual parte de la ciudad]", "Los descampados", "La discriminación [en los espacios públicos del barrio alto]".
Por supuesto, esos miedos no tienen como consecuencia la evitación total de los sitios considerados peligrosos. No siempre el miedo paraliza o induce al auto-encierro; hay miedos que permiten adaptación, reorganizar prácticas espaciales, redefinir las interacciones y acciones en los distintos ámbitos y escalas. En este sentido, los entrevistados expresan, por ejemplo, que en determinada calles han asaltado, lo que los lleva a evitar transitar por ese lugar a determinadas horas, aunque sí hay otros momentos en que se sienten seguros.
Los entrevistados también nombraron situaciones que les generan cierto grado de angustia y que no pudieron ubicar en un plano de la ciudad, como "miedo a la dictadura", "miedo a la desubicación", "miedo a la desprotección", "miedo a la soledad", "miedo a quedarme sola", "miedo a que les suceda algo a mis hijos", "miedo a que le suceda algo a mi mamá".
En el caso de las experiencias inmediatas (experimentadas directamente), las personas entrevistadas indican, por ejemplo, qué sectores de las calles, esquinas, plazas, etc., que recorren habitualmente, perciben como peligrosos (por ser lugares ocupados excluyentemente por pandillas, o sitios habituales de accidentes de tránsito, o con presencia de perros vagos y/o de razas violentas, etc.). O tienen miedo, también debido a experiencias personales, de ir a lugares donde, por ejemplo, han sido detenidos por sospecha, les han solicitado los documentos o les han hecho explicar por qué están en determinado sitio.
Cuando se trata de experiencias mediatas (contadas por otros o vistas, leídas o escuchadas en medios de comunicación), los lugares que los entrevistados señalan son aquellos de los que han recibido noticia o advertencias: los miedos se refieren, por ejemplo, a algunos barrios de comunas de altos ingresos, o a los barrios del sur de la ciudad. En el primer caso, los miedos tienen su origen en comentarios que les han hecho otras personas que han experimentado situaciones de violencia; en la segunda, el origen de los miedos está en notas realizadas en programas de televisión acerca de pandillas armadas o de usos excluyentes de los espacios que realizan jóvenes: "Me han contado que Las Condes es peligroso", "Me han dicho que Providencia es peligroso" -ambos barrios de altos ingresos-, "[A mi mamá] le da miedo ir al centro de la ciudad", "[Me han dicho que] Bellavista es violento", "Vi en la televisión que La Pintana es peligrosa".
Tales expresiones dan cuenta de que, en el caso de los sucesos o experiencias mediatas, también es posible realizar representaciones espaciales, porque las personas recuerdan la información que han recibido, la han almacenado e integrado en su discurso. Así, a partir de lo que les han contado o han visto también configuran planos con calles específicas. Estos planos no responden, entonces, sólo a experiencias individuales; en ellos se establecen afinidades, marcas investidas de valor simbólico que dan cuenta de las relaciones entre experiencias similares de los y las entrevistadas y sus redes familiares o de pares. (4) Diferente es el caso cuando intervienen los medios de comunicación, los que a través de su discurso configuran territorios homogéneos: es toda la población Santo Tomás, es toda la comuna de La Pintana, la que provoca estímulos de temor mediados.
Del total de las respuestas, las más significativas son aquellas en que las personas entrevistadas -tanto hombres como mujeres- señalaron la ciudad como causa de ellos, pero no la ciudad en tanto contenedor (el lugar físico de la acción), sino -siguiendo a Gottdiener (1985)- más bien como posibilidad de formar parte (o no formar parte) tanto de acciones e interrelaciones como de sistemas institucionalizados (de salud, de vivienda, de educación, entre otros).
En esta perspectiva de la ciudad como posibilidad, la lectura de los términos utilizados por los entrevistados y entrevistadas deja en claro que el espacio al que se refieren no es sólo el Santiago físico-geográfico, sino al espacio social, donde se da cuenta de la valoración que hacen las personas, de las jerarquías y relaciones que establecen en un espacio y tiempo dado.
En este contexto, para las personas entrevistadas -todas pertenecientes a sectores integrados a la ciudad de manera inequitativa o desigual-, los barrios peligrosos, que les provocan miedo e inseguridad, son, por ejemplo, el centro (Estación Central) y los espacios públicos de comunas de altos ingresos de la ciudad (Las Condes y Providencia). En estos espacios han vivido o les han contado situaciones donde se hace patente la discriminación, por provenir los entrevistados de un barrio periférico. Allí se representa claramente lo ajeno: lo que es ajeno y donde se es ajeno, y por ello se es objeto de recelos y sospechas.
Así, a diferencia de la primera Carta que incluimos en este artículo, no son sólo las comunas más pobres donde se concentran las situaciones que provocan inseguridad y miedo, sino también comunas del barrio alto. Esto es lo que grafica la siguiente carta.


Comunas en las que las y los entrevistados indicaron sentir más miedo
Fuente: SUR Corporación, 2008, sobre la base de información del Servicio Aerofotométrico (SAF) de la Fuerza Aérea de Chile, 2006.

Si hablamos de miedos diversos, con efectos y causas diferentes; si nos referimos, por ejemplo, al miedo no sólo a ser asaltado o robado, sino también a ser detenido (por ser diferente), rechazado, mal mirado, discriminado (la discriminación hasta ahora no se ha ganado el título de 'problema de connotación social'), encontramos que, para algunas de las personas entrevistadas, el miedo a la discriminación está igual de presente, o quizá más, que el miedo a ser víctima de un robo.
Así, si la ciudad integrada le teme a la ciudad segregada, ésta también le teme a la primera.
De especial claridad al respecto es Guerrero (2006), quien señala que en una ciudad fuertemente segregada como Santiago, "además de la dimensión socioeconómica, la inseguridad es otra faceta de la segregación", y que "la idea de inseguridad genera cambios en el paisaje urbano materializados en muros y cercas, produciendo una 'ciudad de fronteras'" físicas y sociales.


CONFLICTOS URBANOS

En Santiago, cuando la gente pide más políticas sociales, más seguridad, lo que demanda es más ciudad; más acceso a bienes y servicios urbanos de calidad; más vivienda, más transporte, más salud, más educación, más iluminación, más parques. Sin embargo, las políticas sociales -por los bajos montos involucrados, segmentación, parcialidad y falta de mantenimiento en el tiempo frente a las políticas urbanas de libre mercado- no son capaces de revertir la inercia de la exclusión social, la marginalidad urbana. Las políticas tienen un sello de pobreza, sirven para mantener la brecha.
El escenario es, al menos, complejo y de confrontación. Por una parte, escuchamos el discurso de la inclusión social en las políticas públicas y sociales; y por otra, experimentamos la desregulación de la planificación urbana, la aplicación de la ideología de los grandes proyectos urbanos (grandes operaciones inmobiliarias), mediante los cuales se fragmenta física y simbólicamente el espacio, y los miedos. Ambos discursos provienen de la misma fuente: el Estado. Son discursos contradictorios y conflictivos: mientras uno incentiva la inclusión, la incorporación social, el otro establece las bases materiales para la fragmentación del espacio donde se llevarán a cabo las políticas de inclusión social, fragmentación que constituye uno de los obstáculos importantes a dicha inclusión.


Conflictos urbanos en Santiago de Chile
Fuente: Área Ciudad, barrio y organización, SUR Corporación, 2009.

Actualmente estos discursos comienzan a enfrentarse en la escena urbana. Por un lado, están los residentes, los vecinos, los usuarios, los beneficiarios, que toman como suyo el discurso de la inclusión social; y por otro, los organismos públicos continúan reduciendo los alcances de los instrumentos de planificación.
Creemos que es muy difícil que las políticas de inclusión social hoy vigentes puedan revertir la actual situación de la ciudad de Santiago. Dichas políticas, por lo general, no consideran los procesos de creciente segregación y diferenciación espacial que operan en la ciudad y que se despliegan a escala del Gran Santiago, con mercados inmobiliarios diferenciados por grandes zonas o desde ya predeterminados por la especulación inmobiliaria; y que operan igualmente a escala interna de la ciudad, donde actúan barreras productivas y simbólicas, físicas e institucionales. Y que, además, esta estructura de la ciudad tiene una inercia que no suele considerarse en el diseño de políticas públicas y sociales.
Es en este contexto que en la Carta 3 se identifican 69 conflictos urbanos -catastrados en SUR Corporación- que preocupan a los vecinos de Santiago. (5) El patrón más generalizado en ellos es la tensión entre vecinos y autoridades por una solicitud, de parte de los primeros, referida a una mayor participación en las decisiones urbanas y a iniciativas públicas que desregulan o favorecen la inversión inmobiliaria. Así, los principales conflictos se dan por expropiaciones de terrenos para la construcción de vías rápidas, o vinculados a la copropiedad y apropiación de espacios, a planes de reconversión de usos de suelo, a planes para la paulatina expulsión de vecinos y transformación de barrios históricos, a expropiaciones a personas de bajos recursos, falta de espacios públicos para jóvenes, permisos para construcciones en altura que afectan el patrimonio histórico y patrimonial.
No basta, entonces, con un discurso de cohesión social, sino que también es necesario revertir lo que ha hecho de Santiago con barreras: una ciudad física, social y simbólicamente des-cohesionada.

NOTAS:

1. Índice MasterCard de Mercados Emergentes 2008, realizado sobre la base de consultas a economistas y expertos en ocho dimensiones diferentes" (La Tercera, "Negocios", viernes 24 de octubre de 2008).
2. Investigación sobre las representaciones territoriales del miedo en la ciudad (SUR 2007). Dirigida por Alfredo Rodríguez. Para la aproximación a este tema se analizaron relatos de pobladores de la zona sur de Santiago, que hablan de sus temores vinculándolos a experiencias propias, a experiencias de otros o a información que han recibido a través de los medios de comunicación. El foco del estudio es la vinculación entre estas experiencias -inmediatas o mediatas- y la construcción de espacio urbano.
3. Las poblaciones (villas) que se escogieron para realizar las entrevistas son muy conocidas en Santiago y desde hace varias décadas; se podría decir que son poblaciones emblemáticas en la ciudad, en el país. Todos tienen noticia de La Victoria y la Santo Tomás, y por diferentes motivos: La Victoria, en el municipio de Pedro Aguirre Cerda, es la primera toma de terrenos en Santiago y una de las primeras en América Latina; la Santo Tomás, en el municipio de La Pintana, es en parte el resultado de la desarticulación del movimiento de pobladores durante la dictadura.
4. En Territorios del miedo en Santafé de Bogotá: imaginarios de los ciudadanos (Santafé de Bogotá: Observatorio de Cultura Urbana, Unidad Especial del Instituto Distrital de Cultura y Turismo-Alcaldía Mayor de Santafé de Bogotá, 1998), Soledad Niño et al. indican que los individuos adquieren, codifican, almacenan, recuerdan, procesan información acerca de la localización relativa y de los atributos de los fenómenos en su ambiente espacial cotidiano. Los individuos crean imágenes urbanas fragmentadas con diferentes significados, las que, al reiterarse, son incorporadas a la cotidianidad y se revierten en la ciudad y en la forma como los individuos se relacionan con la ciudad; así se forman "territorios", lo que se comprende como la forma en que se vinculan imaginarios y espacios.
5. En el Observatorio del Proyecto Misereor, dirigido por Susana Aravena y Alejandra Sandoval.


BIBLIOGRAFÍA

Benhabib, Seyla. (2006). Las reivindicaciones de la cultura. Igualdad y diversidad en la era global. Buenos Aires: Katz.
Delumeau, J. (2000). Miedos de ayer y de hoy. En J. Delumeau, M. T. Uribe de H., J. Giraldo R., P. Riaño A., A. Grimson, N. Lechner, y otros, El miedo. Reflexiones sobre sus dimensiones sociales y culturales. Medellín: Corporación Región.
Gottdiener, M. (1985). The social production of urban space. Austin: University of Texas Press.
Guerrero Valdebenito, R. M. (2006). Nosotros y los Otros: segregación urbana y significados de la inseguridad en Santiago de Chile. En A. Lindón, M. Á. Aguilar, & D. Hiernaux (Edits.), Lugares e imaginarios en la metrópolis (págs. 107-118). Barcelona, España: Anthropos.
Hackworth, Jason. (2007). The Neoliberal City: Governance, Ideology and Development in American Urbanism. Ithaca y Londres: Cornell University Press.
Harvey, David. (2007). A Brief History of Neoliberalism. Nueva York: Oxford University Press.
Heller, Ágnes y Ferenc Fehér. (2000). El péndulo de la modernidad. Una lectura de la era moderna después de la caída del comunismo. Barcelona: Península.
Niño, Soledad et al. (1998). Territorios del temor en Santafé de Bogotá: imaginarios de los ciudadanos. Santa Fe de Bogotá, Colombia: Observatorio de Cultura Urbana,Unidad Especial del Instituto Distrital de Cultura y Turismo-Alcaldía Mayor de Santafé de Bogotá.
Oviedo, E., Rodríguez, A., & Rodríguez, P. (2008). Cohesión social: miedos y políticas de ciudad. Revista Urvio (4), 111-120.
Rodríguez, A., & Rodríguez, P. (2009). Santiago: una ciudad neoliberal. Foro (68), 60-76.
Rodríguez, A., Rodríguez, P., & Salas, X. (2009). Producción de espacio urbano marginal: violencia hacia las mujeres, guetos y fracturas en la ciudad. Latin American Studies Association. Rio de Janeiro: Congress of the Latin American Studies Association.
Sartre, J.-P. (2005[1965]). Bosquejo de una teoría de las emociones (1° ed.). (M. Acheroff, Trad.) Madrid: Alianza Editorial.


 

ARGENTINA

> La "privatopía" contra la ciudad abierta. Countries y barrios cerrados en la Argentina.
Por Marcelo Corti

Foto: Alejandra Potocko

La urbanización privada, separada social y físicamente de su entorno por muros de cerramiento con limitados puntos de acceso y control, es una de las formas de desarrollo urbano más extendidas y exitosas en la Argentina de las pasadas dos décadas. Junto con la urbanización informal de los más pobres y los planes de vivienda oficial, son la causa más evidente de los procesos de dispersión territorial en curso en gran parte de las ciudades argentinas. Y en términos de urbanización para mercados de clase media alta a clase alta, es la alternativa periférica a otro tipo de desarrollos de localización central, como los grandes proyectos de renovación urbana de los que Puerto Madero es el caso más conocido y los procesos "lote a lote" de renovación de barrios, muchas veces con fuerte tendencia a la gentrificación, que se han experimentado por ejemplo en Palermo o San Telmo.


Del country club a la "ciudad privada"

La urbanización privada en áreas suburbanas o periurbanas en la Argentina presenta características muy diversas a las que pueden encontrarse en otros países de América Latina, tanto como a los modelos de "privatopías" estadounidenses. Se desarrolla a partir de la difusión de la vivienda de fin de semana o veraneo, en especial la agrupada en los llamados clubes de campo o "country club". En la década del ´90 comienza a extenderse la tendencia a su conversión en residencia principal. (1) Ese es el motivo por el cual el nombre genérico de "country" es el más usado para definir este tipo de urbanización. Sin embargo, con la difusión del fenómeno, es cada vez menor la proporción de los clubes de campo que por los procesos mencionados se transforman en residencia permanente, mientras crecen los casos en que las urbanizaciones privadas son diseñadas directamente como lugares de residencia principal. Las modalidades son diversas: barrios privados o barrios cerrados, con o sin servicios y equipamientos (en un rango que va desde simples "club-houses" y canchas de tenis a campos de golf y de polo, centros de servicios 24 horas e incluso escuelas y centros de atención de salud), marinas o clubes náuticos con acceso directo desde la residencia al agua, clubes de chacras (predios rurales con la posibilidad supuesta o real de realizar acotadas explotaciones agrícolas), pequeños condominios suburbanos con "amenities" y varios tipos de combinación de estas formas.
Un salto cuantitativo y cualitativo en este tipo de desarrollo está dado por las "ciudades privadas", complejos de significativa extensión conformados por barrios cerrados de diversas características, cada uno a la vez separado del resto tal como la "ciudad" que los contiene se aísla de su entorno. Estos complejos poseen una administración común y sus equipamientos y servicios incluyen supermercados, escuelas de diversos niveles, centros de salud, locales comerciales y, por supuesto, los habituales equipamientos recreativos y deportivos. El desarrollo que inicia esta tendencia es Nordelta, una urbanización de 1450 hectáreas ubicado sobre un humedal transformado artificialmente. Es interesante advertir que, en realidad, el proyecto de Nordelta comienza en la década de los ´60 como iniciativa de una empresa dedicada al dragado del Puerto de Buenos Aires, que busca la manera de rentabilizar la disposición final de los residuos de la draga a partir del relleno de áreas bajas en la zona del Delta del Paraná, inmediatamente al norte de Buenos Aires. La idea original fue el establecimiento de una ciudad satélite al estilo de las "new towns" o ville nouvelles" europeas, pero esta nunca llegó a desarrollarse y finalmente el modelo viró hacia el tipo de urbanización privada estadounidense al estilo Orange County o Florida.


La extensión del fenómeno

Según Federico Collado (Atlas Ambiental de Buenos Aires) (2), entre las décadas de 1930 y 1980 la superficie de la primera y segunda coronas suburbanas ocupada por este tipo de emprendimientos cerrados ascendía a casi 5.300 hectáreas, con un mercado inmobiliario que totalizaba algo más de 26.000 terrenos y 16.000 unidades vivienda, de las que solo 2.000 correspondían a residencias de uso permanente.
En los ´90 el fenómeno se extiende más allá de la tercera corona metropolitana, con más de doscientos nuevos emprendimientos cerrados (48 countries, 7 clubes náuticos, 141 barrios cerrados, 10 clubes de chacras y 5 ciudades privadas) La superficie ocupada por este tipo de emprendimientos se triplica en este período, pasando a casi 15.000 hectáreas hacia fines de 1999. Por su parte, 36.000 nuevos lotes ingresan al mercado totalizando 62.000 terrenos destinados a la construcción de viviendas individuales y colectivas, que ahora ascienden a más de 36.000 unidades, de las cuales aproximadamente 25.000 ya corresponden a residencias estables. Al 2004, residían en estos emprendimientos más de 110.000 habitantes en forma permanente y la capacidad potencial, estimada según los lotes vacantes, superaba ampliamente los 300.000. Pero si se comparan estas cifras con las correspondientes a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, centro de la aglomeración metropolitana, se entiende la ineficiencia urbana y ambiental de estos desarrollos: consumiendo una superficie de suelo casi equivalente a la de la Ciudad (200 km2) las distintas formas de urbanización privada están en condiciones de albergar una población diez veces menor.
En su ponencia La ciudad injusta (3), Raúl Fernández Wagmer actualiza estas cifras a 2007: se contabilizan 349 barrios cerrados; 136 countries, 44 clubes de chacras, y 12 "mega-emprendimientos". Esto significa la producción de un total de 110.736 parcelas en 541 urbanizaciones cerradas (UC), con una ocupación estimada de 36.000 hectáreas (superficie que está cerca de duplicar a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y que representa el 10% del total de los 25 municipios que conforman el Area Metropolitana bonaerense). Según el mismo informe, "los partidos de la zona norte siguen concentrado la mayoría de los nuevos emprendimientos, donde lideran Pilar (con 133 UC), Tigre (con 71 UC), Escobar (con 45 UC) y San Isidro (con 39 UC). En la zona sur lideran, Esteban Echeverría (con 23 UC); La Plata (con 21 UC); Ezeiza (con 15 UC); y Cañuelas (con 14 UC). En la zona Oeste los principales distritos son: Lujan (con 25 UC); San Miguel (con 17 UC); Moreno (con 17 UC); y General Rodríguez (con 13 UC). (…) Asociado a ello se debe destacar que, el 14%, es decir 93 urbanizaciones cerradas ,se sitúan en la primer corona de la RMBA, que el 33% (es decir 226 UC) se sitúan en la segunda corona, y que el 53% (366 UC) se localizan en la tercera corona metropolitana (entre los 30 km desde el centro de la Ciudad de Buenos Aires y hasta los 85 km.)", en municipios como Pilar, Escobar, Campana, Exaltación de la Cruz, Luján, General Rodríguez, Ezeiza o Cañuelas.


El "huevo de la serpiente"

El fenómeno reconoce una serie de causas de diversa especie. Entre las más inmediatas, se destaca el completamiento y renovación de la red de autopistas urbanas de Buenos Aires en los años ´90, que brindó la posibilidad de conectar en tiempos razonables el centro de la ciudad con las áreas periurbanas en el borde de la región metropolitana (en especial, los municipios ubicados sobre el corredor norte y la Autopista Panamericana). Esta facilidad de transporte (que pronto demostró ser más aparente que real) hizo florecer una serie de emprendimientos que apuntaban a satisfacer deseos de algunos sectores de clase media: contacto con la naturaleza (o con su remedo paisajístico) en casas individuales con jardín, seguridad o su sensación a partir de la separación física con los "peligros" de la ciudad y menores costos e incidencias del suelo en el costo total de las soluciones habitacionales. En una búsqueda contextual más amplia, no pueden dejar de mencionarse la facilidad de acceso al crédito durante la artificial convertibilidad cambiaria argentina (el "uno a uno" entre el peso argentino y el dólar estadounidense), el avance en las telecomunicaciones y la consiguiente posibilidad del trabajo a distancia o en el hogar, y la difusión cultural del modelo de suburbanización estadounidense. También, la crisis del tradicional barrio porteño, expresión de una crisis más amplia que engloba a la sociedad abierta y la movilidad social sostenida por el pleno empleo y la prestación de servicios de calidad en materia de salud y educación pública (estructura social y política puesta en crisis a partir del golpe de estado de 1976. a partir del cual la Argentina pasa de ser la sociedad más igualitaria de América Latina a una sociedad dual de enormes brechas sociales y con la mitad de la población oscilando en distintos niveles de pobreza).
Cabe señalar la motivación oculta y muchas veces vergonzante de acceder a una identidad social diferenciada a partir de la residencia en este tipo de urbanizaciones privadas. Es difícil entender, de otra manera, la persistencia del fenómeno aun cuando varias de las causas mencionadas hubieran entrado sucesivamente en crisis: la caída de la convertibilidad en 2001, la virtual desaparición del crédito hipotecario e incluso la creciente dificultad en la movilidad hacia el centro de la ciudad (en parte compensada por la proliferación de centros de trabajo, equipamientos y servicios en las áreas de mayor desarrollo de la urbanización privada). Para Maristella Svampa (4), "en Argentina, la expansión de las urbanizaciones privadas (barrios cerrados y countries) señala una inflexión mayor, pues pone al descubierto las consecuencias de la desarticulación de las formas de sociabilidad y los modelos de socialización que estaban en la base de una cultura más o menos igualitaria. Pero además señala la consolidación de una matriz de relaciones sociales más jerárquica y rígida, pues lo propio de las urbanizaciones privadas es que asumen una configuración que afirma, de entrada, la segmentación social (a partir de un acceso diferencial y restringido), reforzada luego por los efectos multiplicadores de la espacialización de las relaciones sociales".
Por último, pero no menos importante, debe mencionarse desde el lado de la oferta la búsqueda de una rentabilidad extraordinaria del suelo a partir de sus transformación de rural en urbano, proceso que continúa siendo el de mayor valorización económica en el campo de las actividades legales. Una hectárea de tierra rural en el límite con el Area Metropolitana de Buenos Aires puede valer entre 12.000 y 20.000 dólares (precio en el que ya deben reconocerse algunas expectativas de urbanización), vale decir entre 1,2 y 2 dólares por metro cuadrado. La sola autorización para una urbanización privada hace subir el valor del suelo entre 5 y 10 veces.
Este fenomenal proceso de valorización viene favorecido por el mismo Estado, no solo a partir de prácticas corruptas sino en su normativa y gestión. El Decreto Ley 8912, de Ordenamiento territorial y Uso del suelo en la Provincia de Buenos Aires, sancionado en 1977 (tiempos de dictadura militar) desarrolla en 6 de sus 104 artículos la reglamentación de los clubes de campo, en tanto que no dice una sola palabra sobre la urbanización popular. Posteriores reglamentaciones no hicieron más que facilitar el desarrollo de la urbanización privada, dejando algunos elementos de regulación para mantener posibilidades de negociación (no siempre formal) entre los desarrolladores y los funcionarios. Habitualmente, los municipios carecen del poder y también de la voluntad de enfrentar el problema. Uno de los argumentos en tal sentido es la atracción de inversiones, puestos de trabajo y fiscalidad; en la práctica, los beneficios quedan para el desarrollador y la llegada de nuevos pobladores (raramente identificados con sus sitios de nueva residencia y poco propensos a pagar impuestos y tasas que se suman al costo de las expensas) se ve acompañada de otras masas poblacionales que trabajan en situación de precariedad en las nuevas urbanizaciones y dependen de los municipios para el acceso a los beneficios elementales de la urbanidad.
La extensión del fenómeno de la urbanización privada no se limita a la región metropolitana de Buenos Aires sino que abarca otras grandes ciudades (Rosario, Córdoba, Mendoza) e incluso ciudades intermedias y localidades muy pequeñas, extendiéndose sobre la totalidad del territorio. Esto también relativiza las hipótesis del "contacto con la naturaleza" y de la "búsqueda de la seguridad" como explicaciones del fenómeno: ¿quién necesita refugiarse en un barrio cerrado para acceder al contacto con la naturaleza en una pequeña ciudad de 20.000 o 30.000 habitantes en un contexto rural o natural; cuál es la necesidad de encerrarse entre muros y buscar custodia paga en pequeñas localidades con índices prácticamente insignificantes de criminalidad?


La cultura "country"
La penetración cultural del fenómeno de las urbanizaciones cerradas tiene en la Argentina aun más alcances que su expansión real en términos demográficos. Aun es relativamente poca la gente que habita en este tipo de urbanizaciones, pero el fenómeno domina buena parte de los discursos sobre el desarrollo urbano. Los dos principales diarios de alcance nacional, Clarín y La Nación, publican sendos "suplementos de Countries", secciones inmobiliarias específicamente dedicadas a la difusión de la urbanización privada. El fenómeno ya generó expresiones artísticas como la novela "Las viudas de los jueves" (que con mayor eficacia sociológica que literaria describe los conflictos de un country de la zona norte de Buenos Aires), películas como "Cara de queso" o la misma adaptación cinematográfica de "Las viudas…" y producciones televisivas como la versión local de "Amas de casa desesperadas". En un ejemplo paradójico de hegemonía cultural, el barrio popular autogestionado de Alto Comedero, en la provincia de Jujuy, ostenta la irónica denominación de "el cantri de los pobres" en alusión a la calidad de sus construcciones y su dotación de equipamientos y servicios.
Más estructural, desde el punto de vista del desarrollo urbano, es la adopción de patrones de segregación propios del barrio cerrado en el contexto de la ciudad abierta y los barrios tradicionales. Una de las formas más exitosas de desarrollo inmobiliario es la llamada "Torre Country", edificio de vivienda en altura con "amenities" (servicios), separado física y visualmente de la calle por cercas y paredones, con accesos concentrados y controlados. Se trata de una tipología que rescata de la ciudad solo sus ventajas de localización, pero que resulta profundamente antiurbana por sus efectos de destrucción del tejido barrial, tanto en términos de arquitectura como de relaciones sociales (sobre esta tipología, ver los artículos Los Deseos imaginarios del comprador de Torre Country y La génesis de Torre Country en Café de las ciudades).

En otro sentido, la pretensión de transformar tramas urbanas abiertas en enclaves cerrados ejemplifica esta perversión del discurso y las prácticas urbanas. En La ciudad clandestina, nota publicada en el número 8 de Café de las ciudades, se presentan los casos de Yei Porá, un barrio abierto del norte del municipio de José C. Paz, cuya Sociedad de Fomento presentó en 2002 ante las autoridades el proyecto de cerrar el barrio de 240 manzanas con dos entradas, y del tradicional barrio CUBA (Club Universitario de Buenos Aires) en el Municipio de Malvinas Argentinas, que derivó en lo que el ex Director de Planeamiento del Municipio, Norberto Iglesias, denomina "acuerdo de pacificación". Este acuerdo otorga un estatus especial al barrio, pero no le concede los atributos de virtual privatización del espacio público solicitado por los vecinos, a la vez que garantiza la libre transitabilidad (aunque regulada).
Según Raúl Fernández Wagner, en "un informe elaborado en 2007 por la DPOUT de la Provincia de Buenos Aires (5), se destacan dos aspectos cruciales para entender un poco más las implicancias de la producción del suelo urbano bajo este formato de urbanizaciones cerradas. Por una parte el análisis de "consolidación" es decir la relación entre cantidad de lotes con construcciones y la cantidad de lotes aún vacantes; y por otra parte, el nivel de urbanizaciones que están aprobadas, lo que despeja que una buena cantidad de las urbanizaciones cerradas destinadas a población de altos ingresos, son clandestinas. Es decir en nada se diferencian -en términos de regularidad jurídica y dominial- con los asentamientos informales, los cuales se consideran formando parte del mercado informal del suelo urbano. (…) Respecto al estado de aprobación de las urbanizaciones cerradas se detecta un importante número de emprendimientos que se comercializan las parcelas sin contar aún con su aprobación en el nivel provincial. Si se intenta evaluar en términos de porcentaje de irregularidad, es decir medido como el cociente entre el total de UC y el total de UC aprobadas, el citado informe consigna que sobre el total de 541 urbanizaciones analizadas 275 están aprobadas en la Provincia y 209 aún no, ello corresponde al 38% de ellas".


La agresión al medio ambiente

El fenómeno "country" debe ser analizado también en clave medio-ambiental. No se trata solamente de la ocupación ineficiente del suelo a partir de la dispersión territorial, con sus secuelas de pérdida de suelo productivo y de incentivo a la movilidad en automóvil privado. Aun más directa es la agresión resultante de la ocupación de humedales y valles de inundación, particularmente en la cuenca del Río Luján, afluente del Río de la Plata en el frente del Delta del Paraná, en la zona norte de Buenos Aires. Al caso ya citado de Nordelta se deben agregar una gran cantidad de "ciudades privadas" en desarrollo en los partidos de Escobar, Pilar y Tigre, en todos los casos con alteraciones importantes del régimen hídrico y con nulo o mínimo estudio y mitigación de impactos ambientales (el caso del Colony Park, en pleno Delta, frente a la costa de Tigre, ejemplifica lo peor de este tipo de depredaciones, que en el colmo de la hipocresía se autoproclama como la solución a "los problemas y el colapso de la ciudad").
El arquitecto y urbanista Luciano Pugliese refiere (en una entrevista personal), "el lento pero persistente avance de nuevos y cada vez más grandes proyectos de "urbanizaciones acuáticas" en los enormes valles inundables de esa cuenca, ya no en Tigre, sino ahora en Pilar y Escobar. El modelo instalado a partir de Nordelta, multiplicado en superficie dentro del propio Tigre por la urbanizadora Eidico, se reproduce en emprendimientos cada vez más grandes donde los jugadores principales son los mismos: Eidico y Constantini. Se trata en todos los casos de gigantescas transformaciones de la morfología del suelo, levantando a veces polders de más de cinco metros de altura, con enormes refulados, graves alteraciones de las dinámicas hidrogeológicas, y muy probables problemas de inundaciones a futuro, como ya ocurriera en la cuenca de los arroyos Burgueño y Pinazo con este tipo de intervenciones, cuestión que llegó incluso a la Suprema Corte Provincial. La Autoridad del Agua otorga aprobaciones precarias que alcanzan para iniciar enormes obras sin que se cumplan casi ningunas de las diversas (aunque es cierto que también desarticuladas) normas relativas a la defensa de los valles de inundación, evaluación de humedales, acceso público a los espacios litorales, gestión integrada de cuencas, evaluación de impacto ambiental y estructuración del espacio urbano y extraurbano. Como mínimo se puede decir que el ADA solo adopta una perspectiva de ingeniería hidráulica y hace abstracción militante sobre cualquier consideración ecosistémica. Por supuesto además, está al servicio directo de la apropiación descarnada del paisaje litoral como fuente de renta por parte de los desarrolladores. San Sebastián (12 km2), El Cantón (5 km2), El Cazal 1 (90 has.), Pilará (150 has.) son algunos de los que están en ejecución, mientras avanzan los trámites para Nordelta II (15km2 hasta el Paraná) y muchos otros más. Es fácil llegar a los 50 km2 totales de superficie, casi un 20% de la superficie hoy afectada a urbanizaciones cerradas en el área metropolitana, en unas pocas operaciones. El detalle es que cada uno de los que está en ejecución ha atravesado o atraviesa instancias judiciales con paralización de obras y otras cautelares, o juicios ordinarios impulsados por asociaciones ambientalistas". Según un equipo de la Universidad Nacional de La Plata, las llamadas Urbanizaciones Cerradas Acuáticas "se localizan en predios cuya cota original es inferior a 7,5 metros sobre el nivel del mar; para su construcción han alterado las características morfológicas naturales significativamente (suelo y agua), no sólo para alcanzar las cotas de nivel de piso habitable en las parcelas de uso residencial (relleno), sino para generar nuevos cuerpos de agua (dragado); sus cuerpos de agua pueden estar conectados a cursos de agua naturales y ser utilizados para acceder a cada parcela o practicar deportes, y alteran las condiciones para el desarrollo de la biodiversidad".
Otro tipo de problemas con el agua se produce en las urbanizaciones privadas de Córdoba, la segunda ciudad de la Argentina junto con Rosario. El desarrollo incontrolado de estos emprendimientos sobre las serranías al noroeste de la ciudad, en zonas mal provistas de agua y con dificultad de acceso a los acuíferos subterráneos por el suelo rocoso, está generando un grave problema sanitario y la insuficiencia de las infraestructuras existentes.

¿Eramos tan democráticos?
Los muros de los barrios cerrados son modestos en comparación con los de Berlín o Palestina. Son delgadas piezas de mampostería, en algunos casos con tratamientos decorativos o "arquitectónicos". Las condiciones de consumo doméstico ahora hacen innecesario el contacto y la mezcla del boulevard: mucamas y jardineros llegan y se van en autos de alquiler o en servicios de transfer, y hasta a veces son empleados de una empresa que maneja su adiestramiento y asignación.
La contigüidad física de las clases sociales en la ciudad moderna, ¿era entonces un rasgo de democracia e igualdad, o más bien una necesidad de los modos de consumo (y en especial del consumo doméstico)? ¿Esta contigüidad desaparece porque la sociedad se hace más fragmentada, o porque evolucionan esas prácticas de consumo? En Buenos Aires, quienes hemos vivido en los barrios de clase media recordamos con nostalgia las historias de los hijos del médico que jugaban con los hijos del carnicero (y sería bueno que investigáramos hasta donde es real este recuerdo), pero ¿no convivía ese igualitarismo social con el autoritarismo político que generó las dictaduras, los golpes, la tortura y las desapariciones? Los trazados de los ensanches tradicionales siempre aprovecharon líneas ferroviarias, autopistas, accidentes naturales, grandes parcelamientos, equipamientos y otros recursos para generar "barreras de honorabilidad" entre los barrios de las distintas clases sociales. En un estudio de mercado para Nordelta los encuestados de mayor nivel social elogian la ubicación del proyecto por ser vecino a líneas ferroviarias y cursos de agua que lo separarán de los barrios de "menor categoría".
Curiosamente, cuando la sociedad recupera la democracia la ciudad se hace más jerárquica y los barrios se segmentan por la posibilidad de acceso económico. Las redes de la ciudad informacional saltan sobre los paredones de la vergüenza. El cierre del territorio expresa una forma primitiva de la lucha de clases: los ricos cercan sus barrios, los desocupados se hacen piqueteros y cierran las calles.

Buenos Aires y la Argentina están a tiempo de controlar las desastrosas consecuencias ambientales, sociales y económicas que derivan de este modelo de "privatopía". La propia limitación demográfica del fenómeno ejemplifica la escasa sustancia real de su desarrollo. Pero esto requiere decisiones políticas estratégicas, que no se limitan a un mero "prohibicionismo" sino que implican la adopción de políticas territoriales más amplias y la actualización de un modelo de ciudad abierta e igualitaria que, como expresa Rodolfo Macera en la siguiente nota, todavía está en el imaginario cultural y social de los argentinos.

Notas:

1. Nuevas formas de hábitat suburbano - LA SUBURBANIZACIÓN "ACOMODADA" EN EL AMBA, Federico Collado y Lucas Menger (asistente SIG), incluido en el Atlas Ambiental de Buenos Aires.

2. Ver al respecto Cambios socioterritoriales en Buenos Aires durante la década de 1990, de Horacio A. Torres, en EURE v.27 n.80, Santiago, mayo 2001.

3. La ciudad injusta. La política pública y las transformaciones residenciales en el Area Metropolitana de Buenos Aires, Raúl Fernández Wagner. Ponencia presentada en el Simposio: Transformaciones socioterritoriales en las grandes áreas metropolitanas de América Latina. Hacia una visión comparada. 53° Congreso Internacional de Americanistas, México, Julio de 2009

4. Fragmentación espacial y nuevos procesos de integración social "hacia arriba": socialización, sociabilidad y ciudadanía, Maristella Svampa.

5 Informe: "Evolución y perspectivas de las urbanizaciones cerradas en la provincia de Buenos Aires". DPOUT: Dirección Provincial de Ordenamiento Urbano y Territorial-Subsecretaría de Urbanismo y Vivienda-Ministerio de Infraestructura, Vivienda y Servicios Públicos. Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, 2007.


ARGENTINA

> Muros que fragmentan.
Por Rodolfo Macera

Hace aproximadamente un año en el Área Metropolitana de Buenos Aires hubo un intento fallido del alcalde del municipio de San Isidro, Gustavo Posse, por construir un muro que separara su partido de un barrio supuestamente más pobre situado en el municipio vecino de San Fernando. Este hecho constituyó uno de los símbolos más evidentes del empobrecimiento de la Argentina como Nación. Resultaría redundante profundizar en la mediocridad política del intendente Posse, pero tal vez este lamentable episodio deba servirnos para estimularnos a reflexionar acerca de la sociedad que queremos construir.
La sociedad argentina, a lo largo de la historia, supo asumir con éxito los desafíos de la integración social desde el punto de vista cultural, económico y productivo.
Son ejemplo de ello la integración de los millares de inmigrantes europeos en torno a fines del Siglo XIX y principios del XX y algunas décadas después, la asimilación de enormes masas de migrantes internos y de países limítrofes, que protagonizaron el proceso de expansión de la Región Metropolitana de Buenos Aires.
Estas experiencias, incorporadas como naturales, otras sociedades no las han podido resolver sino a través de eternas guerras fratricidas o con la instauración de modelos sociales estructurados en base al sometimiento racial y la explotación de determinados sectores sociales. Esa capacidad de inclusión seguramente, constituye la mayor fortaleza histórica que puede ostentar la Argentina.
El impacto del proceso de exclusión que tuvo lugar en los 90´, ha dejado por primera vez en el país, rasgos de conflictividad social asimilables a los que históricamente existieron en la mayoría de las otras grandes ciudades de América Latina.
Ante esta nueva situación hay sólo dos caminos a seguir.
Uno, apostar por la concentración de la riqueza, la fragmentación, la sofisticación de los sistemas represivos y el levantamiento de muros cada vez más altos.
El segundo, es volver a intentar transcurrir un nuevo proceso histórico de inclusión promoviendo una redistribución más justa de la riqueza. En el territorio, implica apostar por la integración y urbanización de las áreas urbanas degradadas, la inversión en equipamientos de educación y salud pública, las políticas activas de generación de empleo, la expansión de las redes de infraestructura, el derribamiento de muros, la apertura de calles, y la generación de espacio público de calidad y seguro.
El primer camino parece más simple, pero probablemente insustentable en el tiempo. Es el camino que han elegido muchos países subdesarrollados, por cierto, cada vez más subdesarrollados, más violentos y más inseguros. Es el modelo donde minorías ricas viven en las ciudades como refugiados, siempre bajo amenaza, residiendo en ghetos fortificados, trasladándose en helicópteros o autos blindados. Países y ciudades donde una gran parte de la población empobrecida ha quedado excluida del modelo de país. No es ciencia ficción, es San Pablo, Lima o Guayaquil, y a veces también comienza a ser Buenos Aires.
El segundo camino lo conocemos, es al que le debemos todo lo bueno que somos, por mucho o poco que esto sea. Es un camino largo, difícil y conflictivo, pero el único que al cabo puede llevar al país a volver a ser una Nación digna y respetada en el mundo. No es ciencia ficción, supo ser la Argentina.
El origen de la aparición de los muros debe buscarse seguramente en la inequidad en la redistribución del ingreso como consecuencia de la sustitución del modelo de Estado Regulador por el modelo neoliberal de los 90'.
En los años 70' la diferencia de riqueza entre el 10 % de la población que más tenía y el 10 % que menos tenía en la Argentina, era de 13 veces. En la década del 90' esa brecha creció a 37. La fragmentación de los niveles de ingreso, combinado con valores de desempleo cercanos al 40 % entre los sectores más pobres, generó cuadros de pobreza estructural inéditos en nuestro país.
La territorialización de la exclusión se produjo fundamentalmente en torno a las áreas urbanas que ofrecían alguna oportunidad de desplegar estrategias de supervivencia para la población excluida.
La implementación del modelo neoliberal se vio acompañada por la instalación de una cultura de consumismo sin precedentes. Así se conformó un cuadro donde vastos sectores de la población se ven marginados de los mecanismos de inclusión que habían caracterizado a la Argentina a lo largo de todo el siglo, excluidos de la posibilidad de acceder a una vivienda digna, excluidos del mercado laboral, mientras a su vez se los somete a una enorme presión cultural por consumir lo que no pueden pagar.
Las consecuencias son predecibles, lo lamentable es el nivel de respuesta de la dirigencia política y económica y de los sectores medios y altos de la sociedad.
El fenómeno más evidente y concreto ha sido la emergencia de muros que segregan el hábitat de la población según su capacidad de ingreso. Así es el caso de los barrios cerrados y country, en sus diferentes variantes y escalas.
Buena parte de la 3ª corona del AMBA ha sido ocupada por este tipo de emprendimientos caracterizados por la ocupación de grandes superficies del territorio, la interrupción de la trama urbana, muy baja densidad poblacional, el control de accesos con guardias armados y la negación de los conflictos sociales con la fantasía de constituir ámbitos seguros en contacto con la naturaleza.
Estos emprendimientos se recortan del territorio urbano mediante el cierre perimetral con muros, que en algunos casos llegan a tener alambres electrificados en el coronamiento.
Es frecuente ver muros que tienen a un lado grandes residencias con canchas de tenis y piscina y del otro lado, apoyados, ranchos de una villa de emergencia.
Cuanto más grandes resultan los emprendimientos mayor es la hipocresía que se instala en torno a ellos pretendiendo asimilarlos a espacios urbanos normales. También cuánto mayor es la escala, más perniciosos resultan sus consecuencias dado la cantidad de equipamientos cerrados que incorporan, ghettificando aún más el comportamiento de los grupos sociales que residen en ellos de forma permanente. Lamentablemente, buena parte de la clase dirigente se encuentra participando acríticamente de este modelo. Es común ver a gobernantes y ex gobernantes habitando en este tipo de lugares. Ni hablar de la clase dirigente económica y la clase media alta asustada.
Resulta también preocupante como la pertenencia a este tipo de lugares, o no lugares, carentes de identidad y valor cultural, comienza a ser también un símbolo de status social. Muchas ciudades medianas del interior del país reproducen estos modelos en contextos a todas luces absurdos y ridículos desde el punto de vista de la seguridad y el medio natural.
Sin embargo la existencia de muros no se agota en el cerco de los barrios cerrados. La fractura social edifica otro tipo de muros en la ciudad como los que a continuación se describen:
En la década de los 90' desembarca en Buenos Aires el fenómeno Shopping. Estos ámbitos de consumo, exclusivos para sectores altos y medios altos, se presentan como un espacio de competencia para el espacio público de la calle pero de uso restringido sólo para quienes tienen capacidad de consumo.
Estos espacios, siempre carentes de identidad, incluyen parodias de espacio público como "mobiliario urbano", "patios de comida", etc. A estos centros de consumo no ingresan personas de bajo nivel económico porque son directa o indirectamente expulsados. Para los sectores medios y altos, el Shopping se ha convertido en un lugar de salida en reemplazo del espacio público urbano.
Afortunadamente, a pesar de la consolidación de los Shopping, la primera década de este siglo ha visto reflotar la calle como espacio público, con toda su riqueza.


La fragmentación del Espacio Público

Algunos espacios públicos de la Ciudad, aún siendo formalmente abiertos, se comportan como espacios segregados. Esta segregación se produce por la exclusividad de la población que reside en su entorno y por la aparición de elementos como cercos de rejas que limitan y condicionan el acceso de la población.
Otra manifestación de los muros es la de las conductas sociales que fomentan el abandono de lo público, creando círculos viciosos de deterioro y tugurización. Cada vez más, los ciudadanos desarrollan patrones culturales de conducta por parte de los sectores medios, que promueven la fragmentación social. El abandono del uso recreativo diario de parques y plazas por parte de los niños, la menor ocupación nocturna, el sobre uso del automóvil particular en desmedro de los medios públicos, el abandono de los sistemas de educación pública, son algunos de los ejemplos de construcción de muros virtuales que consolidan el proceso de fragmentación de la sociedad.

Rodolfo Macera
Arquitecto, Planificador Urbano
Docente Investigador UBA
Director del Proyecto "Inclusión Urbana"
Tutor Curso de Posgrado "Planeamiento del Territorio" CPAU- UOC.Concejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo _ Universidad Abierta de Cataluña


MEXICO

> Tendencias recientes de las urbanizaciones cerradas y polarización residencial en Guadalajara.
Por Luis Felipe Cabrales

(Texto redactado con ocasión del curso: Segregación y mercados de suelo. patrones emergentes de segregación: los casos de México y Chile, septiembre 11 al 14 de 2006)

Las urbanizaciones cerradas en la Zona Metropolitana de Guadalajara -segunda urbe mexicana-, han monopolizado el mercado residencial dirigido a las clases de mayor solvencia económica. Durante los últimos años, la producción de ciudad cerrada ha mostrado un gran dinamismo y complejidad en su oferta y estrategias de comercialización. También se ha ampliado el espectro en cuanto a sus patrones de localización.
Las principales novedades son la verticalización del formato en áreas consolidadas de la ciudad al tiempo que se produce su difusión suburbial a partir de piezas dislocadas: urbanizaciones horizontales de baja densidad están dibujando un radio de aproximadamente 50 kilómetros, lo cual contribuye a formar una periferia ampliada, discontinua y mal articulada al no existir vías de acceso acordes con la escala metropolitana.
Los fraccionamientos cerrados y los condominios verticales de lujo son el producto inmobiliario más exitoso de los últimos tiempos: las promesas de seguridad ciudadana, el ofrecimiento de exclusividad social, la exaltación de la calidad ambiental y la generación de plusvalía parecen indicar que el modelo se nutre más desde la oferta que desde la demanda.
Al no existir alternativa, los clientes asimilan el discurso y se arraiga el ostracismo residencial. Durante el período 2000-2005 se observa en la ciudad un boom inmobiliario. La coyuntura de dinamismo del sector dedicado a atender a las capas de alto poder adquisitivo, ha generado una amplia competencia, lo que obliga a innovar, a diversificar el producto y a profesionalizar las estrategias de venta.
El afianzamiento del urbanismo defensivo en Guadalajara constituye la fase madura de un proceso que inicia en la década de 1960. La fórmula consiste en demarcar la urbanización con un muro, agregar valor mediante la dotación de espacios comunes y desplegar una buena campaña publicitaria.

Tal estrategia, amparada tácitamente por los poderes públicos, permite multiplicar el precio de los bienes raíces y en consecuencia ampliar los rendimientos económicos. Ello genera un efecto inflacionario que afecta a la ciudad entera, especialmente a la población pobre que encuentra mayores dificultades de acceso a la vivienda, lo que a su vez estimula esquemas de urbanización informales y arraiga el patrón de ciudad segregada.
Conviene mirar el fenómeno más allá de la simple relación binaria entre oferta y demanda motivada por el valor de uso. El valor de cambio y su consecuente efecto especulativo desmedido se convierten en el motor de las prácticas inmobiliarias cuando no hay un contrapeso público ni una preocupación explícita por el desarrollo integral de la ciudad.
Una porción de casas, pero sobre todo de lotes, son adquiridos bajo lógicas de lucro, el suelo urbanizado se convierte en refugio para pequeños y medianos inversionistas, lo que en parte explicaría la amplia oferta y que en urbanizaciones que incluso todavía no están habitadas ya existan activas operaciones de reventa.
Otra acepción que garantiza la circulación de capital en urbanizaciones de calidad es la práctica de vender antes de construir, la "preventa" que atrae a clientela solvente y permite a los promotores una temprana capitalización y certidumbre en la colocación del bien comercializado.
La plusvalía ha llegado a convertirse en un argumento propagandístico relevante. En un artículo autopublicitario se proclama que los productos ofertados por un consorcio inmobiliario local "han otorgado a sus compradores una plusvalía de casi el 295 % sobre el 81 % de la competencia en tan solo cinco años" (El Informador, 23 de mayo de 2005).
Aunque se trate de actuaciones individuales y atomizadas provocan un efecto general sobre la ciudad al contribuir a la espiral alcista y a consumir suelo que no siempre observa un uso efectivo, práctica depredadora que conlleva costos ambientales.
Paradójicamente, la urbanización cerrada es un formato no contemplado por la legislación urbana del estado de Jalisco. Dicho vacío legal forma parte de un estilo de planificación que muestra incapacidad para dar respuesta a las necesidades de ordenamiento de una ciudad que en el año 2000 contaba con 3´699,136 habitantes.
En 1982 se decretó el Plan de Ordenamiento de la Zona Conurbada de Guadalajara, mismo que perdió vigencia y no ha sido reemplazado, a pesar de que en el año 2000 se presentó un proyecto. Ello refuerza la fragmentación administrativa de la metrópoli y en consecuencia las visiones parciales y a veces contrapuestas, particularmente en los años recientes de alternancia política y feroz competencia electoral, a lo que habría que agregar la imposibilidad legal de reelección inmediata de autoridades locales, lo que aleja las probabilidades de continuidad de políticas urbanas y fomenta visiones de corto plazo.
El tejido urbano se extiende sobre ocho municipios y cubre actualmente una superficie próxima a las 45.000 hectáreas. Durante la década 1990-2000 la ciudad creció a una tasa media anual de 2.10 % lo que supone en números absolutos un incremento anual de 69.527 habitantes.
El presente ensayo pretende dar cuenta de las fases por las que ha transitado la urbanización cerrada en Guadalajara, con énfasis en las coyunturas actuales respecto a la oferta de vivienda, así como la identificación de algunas tensiones sociales relacionadas con la urbanización cerrada, que han saltado a la esfera de lo público y han sido documentadas a través de la prensa.
Aunque se analiza la oferta inmobiliaria de un formato en particular -el de las urbanizaciones cerradas- se requiere tener noticias sobre el universo ampliado. Vale aclarar que referimos los submercados formales de vivienda sin olvidar la contraparte: la perseverancia de la autoconstrucción como principal forma de acceso a la vivienda.
Las evidencias recientes apuntan a la consolidación de un patrón residencial cada vez más polarizado y a una ciudad más fragmentada social y funcionalmente. De resultar acertada tal afirmación estaríamos ante la convicción de que el modelo económico neoliberal está ampliando las brechas sociales y también de que las políticas públicas -o su ausencia- contribuyen a ampliar las diferencias, cuando se esperaría el efecto contrario.
La enorme brecha en cuanto a oportunidades de acceso a la vivienda y su consecuente polarización residencial podrían interpretarse como un correlato del mercado de trabajo y efecto de la acumulación flexible que privilegia empleos especializados y selectivos, vinculados con los sectores económicos modernos. Por otro lado demanda puestos de trabajo rutinarios, mal remunerados, sobre todo en la industria y servicios. Ello significaría que declina el empleo propio de la fase fordista y el Estado del bienestar, formador de clase media y que estuvo integrado primordialmente por obreros calificados, profesionales, pequeños empresarios y burócratas. Al cuadro laboral se añade el empleo precario e informal que observa una creciente evolución y explica la masificación del trabajo no asalariado.
En tiempos de avance privatizador existe una propensión a fragmentar, a hacer coincidir las fronteras sociales (como clase) con las fronteras físicas (como espacio urbano), lo que supondría que a las desigualdades derivadas del esquema económico, ahora se agregan cotidianamente barreras físicas o simbólicas, lo cual amplía los procesos de exclusión.
A la vertiente social se añade la de tipo ambiental. La ciudad va generando un excesivo consumo de suelo y recursos naturales sin una búsqueda de equilibrios y suficiente creación de infraestructuras, lo que denota su carácter insustentable. Las urbanizaciones cerradas de lujo producidas hasta mediados la década de 1990 cubrían aproximadamente el 10 % del tejido urbano y apenas alojaban al 2 % de la población metropolitana (Cabrales & Canosa 2001: 242). Ello es resultado del predominio de residencias de baja densidad y de la presencia de suelo ocioso que busca plusvalorizarse.
Los conjuntos residenciales cerrados comenzaron como un formato de excepción y han terminado generalizándose, por lo que resulta necesario estudiar sus dinámicas.


1. LA CIUDAD CERRADA EN LA ZONA METROPOLITANA DE GUADALAJARA: CUATRO
DÉCADAS DE MADURACIÓN

La evolución de las urbanizaciones cerradas debe considerar diversas vertientes, como la clase social a la que van dirigidas, el ritmo de producción, su emplazamiento, la transformación de diseños urbanos y lenguajes arquitectónicos. También deben revisarse los mecanismos de gestión interna de las urbanizaciones y las posturas del Estado ante dicho formato.
El siguiente ejercicio de periodización es un punto de partida necesariamente simplificador y por tanto provisional. Las etapas constituyen una secuencia de estrategias del mercado inmobiliario y apropiación de nuevos espacios. Lo nuevo se suma a lo anterior pero no necesariamente lo desplaza, tan es así que las urbanizaciones pioneras siguen vendiendo o revendiendo suelo, algunas veces creando nuevas y pequeñas urbanizaciones cerradas en su interior.


1.1. Primera etapa: El country club como suburbio de elite
La ciudad cerrada hace acto de presencia en la década de 1960. Se inaugura con urbanizaciones suburbiales que proponen la comunión con la naturaleza y siguen el concepto country club, por lo que el campo de golf se convierte en un elemento aglutinador y símbolo de prestigio social.
Por primera vez se trazan diseños viarios curvilíneos y calles cul de sac que apelan a la exclusividad del tránsito local. Aparecen garitas cuya función es controlar el ingreso a las urbanizaciones cerradas. Durante su etapa inicial tales piezas urbanas desarrollaron un papel colonizador y una función residencial secundaria, principalmente para los fines de semana y periodos de asueto.
Santa Anita, ubicado al surponiente inicia en 1967, consume 120 hectáreas. Simultáneamente surge al poniente Rancho Contento con una extensión de 45 hectáreas. La triada se completa en 1970 con Bosques de San Isidro -hoy llamado Las Cañadas-, localizado al norte de la ciudad en una superficie de 567 hectáreas y que aún mantiene parcelas sin edificar.
Ickx (2000: 29) identifica en estas promociones algunas influencias californianas. Por ejemplo, en Bosques de San Isidro "el campo de golf está diseñado por el arquitecto estadounidense Larry Huges y en la propaganda se compara la urbanización con la expansión de Los Angeles hacia las montañas de Beverly Hills. Además uno podría pensar que el nombre del desarrollo Rancho Contento refiere directamente a Rancho Bernardo, un fraccionamiento privado que empezó a construirse desde 1961 al norte de la ciudad de San Diego y que ha sido tomado como ejemplo por muchos desarrollos privados en Estados Unidos".
Los citados country clubs, además de representar la etapa fundacional de la ciudad cerrada, se convierten en nodos que propiciaron un efecto de difusión del formato cerrado sobre su entorno.


1.2. Segunda etapa: El entorno del bosque de La Primavera como objeto del deseo

Durante los primeros años de la década de 1970 surgen en dirección surponiente dos urbanizaciones emblemáticas que se apoyan en el previo referente de la vecina urbanización Santa Anita: Bugambilias con 708 hectáreas y El Palomar con 746. A diferencia de los country clubs de la etapa previa, van destinadas al uso permanente y aunque en su momento ostentaron un carácter suburbial están menos alejadas las urbanizaciones cerradas que les precedieron, es decir, siguen una dirección centrípeta.
Las principales ventajas de localización son funcionales y ambientales. Se ubican en torno a la carretera a Colima, y se articulan con Plaza del Sol, el primer shopping center de la ciudad inaugurado en 1969. Se instalan sobre parte del Bosque de La Primavera, lo que permite el contacto con la naturaleza y su relativo aislamiento ya que algunos de sus sectores se emplazan en terrenos montañosos, atributo eufemísticamente utilizado en la propaganda: "El privilegio de vivir por arriba de los demás".
El proceso se completa con la creación de Pinar de la Venta en 1972, ubicado al poniente, también en un margen del bosque La Primavera, aunque en este caso a bordo de la carretera a Nogales. Las grandes dimensiones ofertadas por estas promociones cerradas y las diversas alternativas inmobiliarias en ciudad abierta podrían explicar una saturación del mercado ya que entre 1977 y 1985 se contrajo la nueva oferta. Probablemente también influyó la crisis económica iniciada en 1981. Las promociones de las dos primeras etapas tienden a conformar amplias zonas de urbanismo cerrado como efecto del contagio espacial.

1.3. Tercera etapa: Las inmediaciones del bosque de Los Colomos como nuevo epicentro
La apertura de Puerta de Hierro en el año 1987 -con superficie de 124 hectáreas- significó la reactivación del mercado inmobiliario cerrado y al mismo tiempo generó un efecto territorial: marcó el entorno del Bosque de los Colomos como zona altamente cotizada para propagar el modelo de cotos cerrados.
Aunque previamente había en la zona algunas promociones pequeñas, Puerta de Hierro despliega una campaña publicitaria que la ha colocado en el imaginario colectivo como el más nítido emblema de prestigio social.
Al tratarse de una zona de borde urbano, con buena calidad ambiental, y relativa cercanía con el centro de la ciudad, se fermentó un nuevo nodo de ciudad cerrada que aprovechó la abundancia de terrenos baldíos y espacios intersticiales, lo que viene a refrendar la tendencia centrípeta de la etapa anterior.
Se diversificaron los nichos de mercado, lo que permitió incorporar a las clases medias en conjuntos que juegan con la buena reputación de la zona para vender sus productos.
Al abrirse el abanico de estratos económicos a los que va destinada la ciudad cerrada, se desecha la noción determinista de tratarse de un fenómeno exclusivamente asociado a las elites, su aceptación constituye un verdadero triunfo ideológico, aun reconociendo que en los años ochenta, y más aún en la década de 1990 se incrementan las condiciones de inseguridad y se deteriora la calidad ambiental, en buena medida por congestión vehicular.
Los promotores inmobiliarios exaltan más que antes el discurso sobre la inseguridad urbana para reproducir el formato cerrado y poner de moda los "vecindarios defensivos" (Méndez: 2004).


1.4. Cuarta etapa: Hasta donde lo permitan las leyes de mercado, (casi) todo se vale
Las urbanizaciones cerradas se convierten desde la década de 1990 en el producto estrella en lo que toca a las clases altas, pero también se consolidan versiones modestas dirigidas a las clases medias, con lo cual dominan el mercado dirigido a los estratos de mayor solvencia económica.
Con el inicio del siglo XXI deviene un boom inmobiliario que da señas de marcar una nueva etapa: nunca se había presentado tanta oferta y tan diversa: la competencia obliga a innovar y a profesionalizar las estrategias de marketing. Así, aparecen fraccionamientos cerrados que buscan algún atributo particular. como por ejemplo, funcionar como un activo espacio deportivo, otros apelan a su carácter inteligente, etc.
Reaparece el modelo del country club en Las Lomas Club de Golf, megadesarrollo ubicado a bordo del Anillo Periférico. Apunta a ser un ostentoso enclave y ocupa una posición geográfica intermedia entre Puerta de Hierro y Valle Real, otra de las urbanizaciones emblemáticas.
Las Lomas cubre una superficie de 180 hectáreas, de las cuales la mitad tendrá uso residencial con parcelas tipo de 900 m2. El resto acogerá áreas verdes, un club de golf de 18 hoyos, espacios abiertos y cuatro lagos artificiales (Ruiz Velazco, 2005: 82-83).
Por su parte "El Río Country Club", emplazado junto al bosque La Primavera se levanta sobre 300 hectáreas: albergará viviendas unifamiliares de 300 a 1000 m2, así como conjuntos plurifamiliares horizontales y verticales, además de colegio, iglesia y campo de golf, entre otros servicios.
Otro proyecto, que se presenta como "uno de los fraccionamientos residenciales más importantes de México" y "un paraíso arquitectónico en el bosque La Primavera" es la urbanización cerrada Ayamonte (Público, 7 de agosto de 2005). El desarrollo residencial se extenderá sobre 50 hectáreas que darán cabida a 269 lotes, áreas verdes, campo de golf y casa club.
Durante ésta etapa se multiplican los productos al tiempo que casi se cierra el mercado de vivienda de calidad en ciudad abierta. Urbanizaciones de etapas previas, mantienen su vigencia y aparecen islas o islotes de condominios verticales lo que configura paisajes insólitos en una ciudad mayoritariamente formada de construcciones bajas. Tal como se produjo la imitación del suburbio angelino en la década de 1970, ahora Miami parece ser el ejemplo a seguir, fenómeno previamente observado en Santa Fe, ciudad de México.
Esto ocurre al tiempo que las urbanizaciones cerradas suburbiales se dinamizan y contribuyen a cambiar la escala espacial de la ciudad que extiende sus límites hacia el extrarradio en forma difusa.
Un caso particular de organización del espacio se da mediante ejes tentaculares que van engarzando urbanizaciones cerradas, una tras de otra, creando hábitats que difieren notablemente del concepto tradicional de ciudad. El ejemplo más notable es la carretera a Colima, que arranca en Zapopan con el fraccionamiento Bugambilias y luego se adentra en el municipio de Tlajomulco de Zúñiga a partir del fraccionamiento El Palomar. A lo largo de más de 15 kilómetros se suceden alrededor de 20 urbanizaciones cerradas, con lo cual se configura una dorsal blindada.
Otro corredor de urbanizaciones cerradas es la Av. Acueducto, entre la Av. Patria y Anillo Periférico. Una vez creadas Puerta de Hierro y Lomas del Bosque se produce la valoración de todo el eje y con ello su incorporación a uso urbano residencial a finales de la década de 1990.
Una estrategia de la propaganda es colgarse del prestigio de las urbanizaciones mejor valoradas o más caras: "Jardín de la Concordia junto a Valle Real", "Jardín Real, lo más cercano a Valle Real", "Puerta del Valle frente a Puerta de Hierro".
En sitios de baja valoración social no se publicita a las urbanizaciones refiriéndose a toponimias históricas sino a una identidad prefabricada: se promete la integración en una comunidad idílica y a un hábitat agradable que se gestionará autónomamente.
A pesar del dinamismo de las urbanizaciones cerradas, las administraciones públicas siguen sin reconocerlas oficialmente, pero implícitamente están avaladas. Al no existir una filosofía de desarrollo e imagen objetivo de la ciudad metropolitana, los ayuntamientos son proclives a aceptar la situación ya que se traduce en recaudación de ingresos por licencias y dinero fresco vía impuestos prediales. Además se parte del principio de que para el ayuntamiento no representarán una carga puesto que los residentes autogestionan la mayor parte de sus servicios, lo cual no siempre corresponde a la realidad.
Es común que algunas urbanizaciones cerradas establezcan convenios con los ayuntamientos para la dotación de servicios públicos, o que ante una crisis o desacuerdo entre los vecinos el poder municipal tenga que dar respuesta a los problemas.
Un caso reciente lo confirma: un grupo de residentes del fraccionamiento El Palomar se negó a pagar el alumbrado público a la Asociación de Colonos, que a su vez omite el pago a la Comisión Federal de Electricidad, por lo que la compañía suspendió el servicio durante dos días.
El ayuntamiento de Tlajomulco de Zúñiga, en voz de su alcalde, confirma que cubrirá el servicio con cargo al erario público, lo cual supone un monto mensual de 9,000 dólares, por lo que será necesario realizar un recorte al presupuesto en algún otro rubro. "La Administración pasada les cedió la concesión de los servicios a la asociación; hoy ellos se quieren desentender de los servicios y el municipio hará frente" (Público, 30 de julio de 2005).
Los desacuerdos internos entre los vecinos han propiciado que una parte amenace con dejar de sufragar el servicio de agua potable. Esta evidencia pone en entredicho la capacidad autogestiva y el carácter privado de la urbanización. El desdibujamiento de las fronteras entre lo público y lo privado causa confusiones cuando persisten vacíos legales. En la historia reciente de México ha sido común que ante la incapacidad o ineficiencia de ámbitos privados el Estado tenga que salvar situaciones críticas con dinero público.

2. PROCESOS ESPACIALES Y PRODUCCIÓN DE CIUDAD: ¿URBANISMO A LA DERIVA?

La Zona Metropolitana de Guadalajara observa cambios estructurales y situaciones de incertidumbre que tienden a convertirla en una ciudad inmanejable e ingobernable.
Las libres fuerzas del mercado generan impulsos que avanzan a una mayor velocidad que la capacidad planificadora, a pesar que declinan las presiones demográficas relativas. Durante la década de 1970 observó una tasa media anual 4.23 %, en la de 1980 fue de 2.55 % y en el decenio de 1990 desciende a 2.10 %.
No obstante, el crecimiento absoluto representa un reto para la dotación de vivienda, empleo y servicios. Pero más allá de la visión urbana convencional habrá que tomar en cuenta nuevas dinámicas que generan la sensación de que el crecimiento territorial supera al crecimiento demográfico. La movilidad residencial, los nuevos patrones de consumo de suelo y el incremento de la motorización privada contribuyen a redibujar los contornos del tejido urbano y a reorganizar sus relaciones funcionales sin que los poderes públicos consigan controlar y domesticar los cambios.
La intención del presente apartado es sistematizar información sobre algunas dinámicas urbanas recientes, para lo cual utilizamos algunos conceptos que permitan articular y dar sentido a las evidencias empíricas.


2.1. Protagonismo de la ciudad por proyectos y obra pública demasiado selectiva
El capital privado estimula un desarrollo urbano selectivo, tanto en la promoción de vivienda como en las propuestas de creación de equipamientos comerciales y culturales que siguen la moda internacional de contratar para su diseño a arquitectos vanguardistas con el fin de crear sitios emblemáticos que indudablemente enriquecerán el repertorio de paisajes y espacios urbanos.
Al tiempo que se produce la insularización de tales piezas urbanas, la ciudad incrementa sus rezagos en infraestructura, las pocas obras que se realizan buscan privilegiar a dichos embriones de modernización a fin de garantizar su funcionamiento, con lo cual se fomenta la fragmentación física de la ciudad.
Resulta evidente la inversión pública en favor de la zona poniente -la de mayor valoración social-, mientras que por ejemplo, el Anillo Periférico, que circunda la ciudad, no ha sido concluido a pesar de haber iniciado en 1960: la parte faltante corresponde al octante suroriental en los municipios de Tlaquepaque y Tonalá, los más pobres de la parte central de la aglomeración urbana.
Las principales iniciativas urbanas innovadoras destinadas a la creación de equipamientos modernos provienen de los empresarios privados proclives a desarrollar megaproyectos, algunas veces en colaboración con el poder público (Centro de Cultura, Convenciones y Negocios JVC, Museo Guggenheim), la iglesia (Santuario de los Mártires) o la Universidad de Guadalajara (Centro Cultural Universitario).
Un común denominador de los proyectos es que los sitios en que se localizarán presentan conflictos viales y de accesibilidad, lo que demandará acciones públicas posteriores para garantizar una aceptable funcionalidad de los sitios.
Un síntoma palpable del déficit de infraestructuras es la saturación vehicular, que genera una creciente sensación de malestar urbano. La Zona Metropolitana contaba en el año de 1990 con 609.730 vehículos registrados, en el año 2000 con 810.752 y para 2004 alcanza la cifra de 1.306. 639 (Secretaría de Vialidad, citado por Público, 7 de febrero de 2005), mientras que la superficie de rodamiento no observa incrementos comparables, o en el caso de urbanizaciones cerradas genera vialidades que no se suman a la red pública.
La tasa de crecimiento del parque vehicular a partir del año 2000 se traduce en la incorporación anual de 123.972 unidades anuales -lo cual supera ampliamente el crecimiento en el número de habitantes, mismo que estimamos en 85.000-. Lejos de representar un signo de desarrollo, la "explosión automovilística" supone deterioro en la calidad de vida y reducción en la eficiencia de la economía urbana, más considerando que no hay avances en la ampliación y mejora del transporte colectivo.

2.2. Diversificación de productos inmobiliarios y polarización extrema de la oferta de suelo y vivienda
El activismo de los agentes inmobiliarios, junto con la permisividad de las instancias públicas de planificación configuran un espacio urbano muy jerarquizado. Los productores de vivienda centran sus estrategias en dos segmentos de mercado residencial:

I.- El de clase alta, a la que se le ofertan diferentes opciones de residencia bajo la constante de tratarse de urbanizaciones cerradas, bien sea conjuntos horizontales o verticales. Los precios de las viviendas oscilan entre los 200. 000 y el millón de dólares.
Es el oeste del municipio de Guadalajara y su prolongación natural hacia la franja metropolitana poniente donde más prospera este mercado: Tlajomulco de Zúñiga, y principalmente Zapopan. Tan solo este último, uno de los 124 municipios con que cuenta Jalisco, captó en el primer trimestre de 2005 una inversión privada de 278 millones de dólares, equivalente al 55 % de lo que recibió Jalisco, de los cuales el 60 % fueron destinados al sector inmobiliario, seguido del sector servicios que construye hospitales privados y lujosos hoteles (Público, 25 de abril de 2005), lo cual denota la fiebre inmobiliaria y niega tendencias de desconcentración que tradicionalmente han nutrido el discurso planificador jalisciense.
Si bien es cierto que la práctica de autoaislamiento y su materialización en el fortalecimiento de la ciudad cerrada es una tendencia universal, e incluso una decisión legítima para un sector de la población, llama la atención que el formato haya acaparado la mayor parte de la oferta. Según algunos autores, el sobredimensionamiento de la ciudad blindada supondría "una forma de segregación social voluntaria que se da en países subdesarrollados y en sociedades muy polarizadas que carecen de un Estado social fuerte" (Janoschka, 2002: 287).

II.- En lo que respecta a vivienda popular formalmente construida se ha producido una sincronía entre la oferta y la demanda gracias a los créditos hipotecarios oficiales, principalmente los de INFONAVIT (Instituto del Fondo Nacional de Vivienda para los Trabajadores). Los promotores han aprovechado la coyuntura, lo cual explica la producción masiva de casas, que con frecuencia se apegan a superficies de entre 50 y 60 m2, ya que deben ajustarse al techo financiero de los créditos, lo cual ha generado una clara precarización de los conjuntos urbanos. La banda de precios en el año 2005 se sitúa entre los 14.000 y los 36.000 dólares (Público, 3 de septiembre de 2005). Los montos más elevados se alcanzan cuando se complementan los de una pareja, conocidos como "crédito conyugal", lo que en esos casos ha permitido mejorar la oferta, ya que hasta el año 2004 el monto era fijo y se limitaba a 19.000 dólares.

Tlajomulco de Zúñiga se ha convertido en el gran epicentro para este tipo de vivienda. "Entre 2001 y 2004 se aprobaron 128 nuevos fraccionamientos en un total de 2.200 hectáreas y con 89.669 lotes y viviendas" (Tirado, 2005: 36-37). Se trata del municipio de relevo para el crecimiento masivo de ciudad. La falta de previsión e inversiones en bienes colectivos ha originado recurrentes problemas de inundaciones en las nuevas urbanizaciones y también ha saltado a la fama por escándalos de corrupción derivados de supuestas irregularidades en la autorización de fraccionamientos. El crecimiento galopante genera altos costos sociales, ya que los servicios públicos se han colapsado puesto que se incorporan alrededor de 300.000 habitantes en un período de cuatro años.
Pero la proliferación de ciudad mediante ese esquema anárquico también se manifiesta en Tonalá, donde se construyen 24 fraccionamientos "cuya oferta representa un valor que supera los 100 millones de dólares y abre una nueva incógnita para la planeación urbana de Jalisco" (Público, 30 de junio de 2005). En El Salto se pretenden construir en el año 2005 alrededor de 6.000 viviendas (El Occidental, 30 de junio de 2005).
Un testimonio de los problemas causados a compradores de viviendas del sector popular es que las empresas inmobiliarias encabezan la lista de quejas ante la Procuraduría Federal del Consumidor. Los reclamos han ido en aumento: en el año 2003 la Delegación Jalisco recibió 485 denuncias y en 2004 la cifra ascendió a 1647. Las inconformidades se derivan de problemas como inundaciones, defectos en la construcción o incumplimiento en la entrega de las casas (Público, 22 de enero de 2005).
La contraparte del patrón polarizado de oferta de vivienda es que no hay una opción explícita para la clase media -el ideal de sociedad en regímenes democráticos avanzados-, o en todo caso la estrategia adaptativa consiste en acceder al "piso alto" de la vivienda popular, al "piso bajo" de la vivienda elitista, o recurrir al mercado de vivienda usada. De las 40.000 viviendas que se pretende construir en el año 2005 en el estado de Jalisco, 35.000 serán de interés social.
Un argumento para apuntalar la idea de la insularización urbana que coexiste con la precarización residencial -vivienda popular formal- es que casi ha desaparecido la oferta de vivienda media en ciudad abierta, misma que en décadas anteriores, sobre todo en la de 1970, generó espacios urbanos sustentables.

2.3. La ubicuidad: valorización de zonas interiores consolidadas, expansión suburbial y formación incontrolada de una gran región metropolitana
Una de las novedades del patrón de localización de los emprendimientos urbanos cerrados es que ya no son exclusivos de las zonas de mayor calidad ambiental o valoración social. Una buena estrategia de marketing, aunada a la falta de regulación por parte del Estado, valoriza nuevos sitios, lo que remite al principio de ubicuidad.
Méndez & Rodríguez (2004: 69) utilizan tal concepto, junto al de "versatilidad" para dar testimonio de la implantación de urbanizaciones cerradas y de su "fácil acomodo como pieza urbana autónoma en los espacios intersticiales, o como recurso de ordenación y expansión periférica, les esta permitiendo múltiples operaciones puntuales sobre tejidos urbanos muy distintos, preferentemente, sobre las emergentes franjas periféricas en permanente y dilatada expansión".
Ello explicaría el salto de las urbanizaciones cerradas hacia el oriente de la ciudad -los municipios de Tlaquepaque y Tonalá- y también la suburbanización de una periferia extendida, lo cual contribuye en la configuración de una región metropolitana.
El afán por crecer verticalmente en el poniente de la ciudad es otra de las acepciones del concepto de ubicuidad, con lo cual se cumpliría el carácter tridimensional del hecho urbano cuando alcanza un alto grado de madurez.
La zona de Puerta de Hierro es el principal hito en la construcción de suntuosos rascacielos. El detonante fue la edificación de la Torre Cube, obra encargada a la arquitecta catalana Carme Pinós, quien inicia el proyecto en 2002. El edificio, destinado a oficinas, pronto se vio rodeado por elevadas torres para uso residencial.
Lo relacionado con las estrategias de producción de fraccionamientos o condominios cerrados de lujo son una consecuencia de coyunturas locales que se articulan con las nuevas exigencias de una economía más abierta.
En lo que respecta a la producción masiva de vivienda, se trata de un fenómeno nacional que surge de políticas federales. Durante el período comprendido entre el año 2000 y septiembre de 2005 los créditos oficiales han fluido de tal manera que han permitido financiar dos millones de viviendas populares.
Los principales costos de este modelo se derivan del emplazamiento de los conjuntos de residencias, ya que opera la lógica de urbanizar suelo barato, independientemente de su accesibilidad o condiciones físicas que en no pocas ocasiones los convierte en sitios riesgosos y disfuncionales: un urbanismo ofensivo al medio ambiente a los ciudadanos.
Una desventaja añadida es que la fragilidad de las construcciones y su reducido tamaño dan poco margen de maniobra para ser ampliadas o mejoradas, por lo que tienen marcada su vida útil: al cabo de tres décadas se convertirán en un problema urbano relevante, más allá de las patologías sociales que produce el hacinamiento.


3. LA PRODUCCIÓN DE CIUDAD CERRADA Y LA VERSATILIDAD DE LA OFERTA

La sistematización de los submercados de vivienda que actualmente se están ofertando permite abrir un amplio repertorio, producto de la evolución del sistema urbano y de la maduración del empresariado inmobiliario. La clasificación toma en cuenta el estrato que va dirigido, el formato urbano y el tamaño de las viviendas.

3.1. Urbanizaciones cerradas de lujo o semilujo de densidades baja y media.
Tales conjuntos presentan fincas perfectamente individualizadas y mantienen la posibilidad de ofertar generosas áreas verdes. Estas urbanizaciones han ampliado su radio de localización, lo que ha reforzado su carácter suburbial y su papel colonizador.
Mientras que en etapas anteriores el proceso se difundía principalmente en dirección centrípeta -etapas 2 y 3-, ahora observa simultáneamente una tendencia centrífuga aún sin contar con las infraestructuras carreteras adecuadas a las cargas. Se esta gestando "espontáneamente" una región metropolitana que se apoya en los principales accesos a la ciudad y tiene como vértices a poblaciones como Tequila, Acatlán de Juárez, Cajititlán, Chapala y Zapotlanejo, lo cual estimulará los movimientos pendulares.
Los promotores inmobiliarios están atentos a las plusvalías expectantes en lugares cercanos a la aglomeración urbana. Por ejemplo, en Poncitlán, población ubicaba en la ribera de la laguna de Chapala, a 54 kilómetros de la gran ciudad se fermenta un nuevo frente de urbanización suburbial.
El alcalde comenta: "tenemos conocimiento de cinco o seis proyectos de inversión para construir fraccionamientos. Hay proyectos de hasta 15 millones de dólares en lo individual" (Público, 12 de mayo de 2005).
En la formación de periferia extendida no sólo contribuyen las urbanizaciones cerradas, también existe la presión para edificar viviendas de tipo popular destinadas más al mercado de la metrópoli que al de las poblaciones que asimilan territorialmente el proceso.

3.2. Elevadas torres de departamentos de lujo
Llegan a superar los 20 niveles y los precios por metro cuadrado construido rondan los 2,000 dólares y las superficies de la unidades oscilan entre 270 y 500 m2, aunque llegan a cubrir los 700 m2. (Vázquez, 2004: 74). Las propiedades alcanzan una media de entre 500,000 y un millón de dólares. Se ubican en el municipio de Zapopan. El sector de Puerta de Hierro desarrolla el modelo en suelo urbanizable de reciente creación y combina la oferta residencial con usos hospitalarios y de oficinas.
Una de las estrategias es maximizar el aprovechamiento de suelo vacante en urbanizaciones económicamente muy valoradas. Por ejemplo, en Puerta de Hierro, muy cerca de la Torre Cube se levanta la Torre Aura, edificio de 28 niveles que ofrece departamentos de entre 300 y 600 m2. Se anuncia como el edificio más alto de la ciudad y promete ser "inteligente".

3.3. Pequeñas torres de departamentos dirigidas las clases alta y media-alta
Generalmente se sitúan intercaladas en barrios residenciales de baja densidad, levantadas sobre terrenos baldíos o que consiguen el suelo demoliendo varias casas y buscan colindancia con las vías de mayor jerarquía. Este proceso ocurre principalmente en el municipio de Guadalajara, donde la altura máxima permitida por los planes parciales de urbanización suele ser de 11 niveles. Las zonas de Providencia y Country Club ofrecen buenos ejemplos. En el caso de Providencia la avenida Montevideo aglutina una cadena de lujosas torres blindadas, mientras que en la zona Country Club el fenómeno se produce por ejemplo sobre la calle Mar Tirreno. La ciudad también
incorpora en su repertorio la construcción de lujosos lofts. Con la construcción de torres se van creando tejidos urbanos mixtos, ya que el proceso se produce en sitios donde antes dominaba la ciudad horizontal.

3.4. Pequeños fraccionamientos cerrados horizontales para las clases alta y media-alta
Son producto de una subdivisión o utilización de baldíos. En el primer caso cada conjunto, de aproximadamente ocho o 10 casas se edifica sobre el terreno ocupado anteriormente por una ostentosa vivienda. Es común que el propio muro que limitaba la residencia se reutilice para proteger al nuevo grupo de viviendas adosadas que se construyen bajo diseños estandarizados. La colonia Jacarandas de Zapopan ofrece ejemplos notables: se han creado tres pequeños conjuntos residenciales sobre su vía principal.
Un caso que supera las dimensiones señaladas es el conjunto cerrado Residencial Chapalita, formado por 400 casas que cubren 12 hectáreas. Se edifica en el año 2004 sobre terrenos de una antigua fábrica de cerveza y se apega a un diseño de viviendas adosadas de dos plantas.

3.5. Fraccionamientos cerrados densos para la clase media-baja
Cuando la clase media accede al formato lo hace en urbanizaciones de alta o mediana densidad -son comunes las superficies que oscilan entre los 90 y los 200 m2-, con edificaciones estandarizadas y en espacios de baja valoración social que presentan escasez o ausencia de espacios comunes y equipamientos. Esta oferta se ubica en sitios interiores de la ciudad, incluso en los bordes del centro histórico donde se utilizan corazones de manzana o bien en entornos periféricos sin mucha valoración social, como por ejemplo la zona exterior al fraccionamiento Las Cañadas.
Ante la generosidad de la oferta salta la pregunta: ¿cómo explicar sus lógicas de mercado?. De ahí surge la hipótesis: una parte considerable de la vivienda nueva -popular y de lujo- esta siendo adquirida por quien ya tiene resuelto el tema. Dichas actuaciones no necesariamente suponen una movilidad residencial, el estímulo puede ser la renta o reventa del bien adquirido o contar con una residencia secundaria.
Un factor que ha facilitado el crecimiento del mercado del suelo urbano y vivienda en los años recientes son las bajas tasas de interés bancario, lo que invita a realizar inversiones inmobiliarias, fenómeno que en algunos países como España o Estados Unidos se conoce como "burbuja inmobiliaria" o más coloquialmente la "economía del ladrillo".

La fluidez de los créditos destinados a la vivienda popular, a lo que se suma el auge en la oferta de lujo, han contribuido a que en el año 2005 Jalisco sea "la plaza con mayor oferta de propiedades en venta y arrendamiento del país" (Público, 2 de septiembre de 2005).
La especulación a través de bienes raíces no tiene nada de novedoso o extraño, es inherente al sistema socioeconómico. La novedad del caso son sus dimensiones -aparentemente notables- y que se trata de una práctica facilitada por los poderes públicos en el caso de los créditos hipotecarios. Ello debido a que el Estado mexicano llevó a cabo reformas desregulatorias que permiten que quien ya cuenta con una vivienda pueda adquirir otra mediante los créditos oficiales, algo que bajo los principios de equidad social pero sobre todo desde la racionalidad territorial no resulta muy razonable. ¿Hasta donde un organismo urbano puede resistir los costos públicos -sociales y ambientales- de las acciones especulativas privadas?


4. PROBLEMAS AMBIENTALES Y URBANOS ASOCIADOS A LA CIUDAD CERRADA: LAS
AMBIGUAS FRONTERAS ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO

Las urbanizaciones cerradas en Guadalajara no se perciben entre la opinión pública como un problema urbano o por lo menos como un tema relevante para el debate.
Quizá ello se debe a la falta de información pública sobre sus dimensiones e impactos, o posiblemente se trata de un nuevo eslabón de la segregación sociourbana que ha naturalizado los contrastes, asumiendo que las cosas son así y por tanto no hay que cuestionarlos.
La situación empieza a cambiar lentamente. A partir del año 2003 se han suscitado tensiones urbanas que a manera de botón de muestra reseñamos brevemente y que han tenido como fuentes principales:
-?Presiones urbanizadoras sobre el patrimonio natural.
-?Restricciones al derecho de paso y límites físicos a la movilidad.
-?Densificación de zonas urbanas de alta valoración social y buena calidad
ambiental.
La causalidad de las problemáticas señaladas no necesariamente viene dada por el carácter cerrado de las urbanizaciones, pero sí agrega situaciones en las que resultan confusas las fronteras entre lo público y lo privado.

4.1. Degradación del Bosque de La Primavera
El Bosque de La Primavera es uno de los principales activos ambientales de la ciudad. Se constituye por la cobertura vegetal de un espacio serrano de naturaleza volcánica y cuenta con 36,000 hectáreas de superficie, ubicado al poniente de Guadalajara. En 1980 fue declarado por el Estado Zona de Protección Forestal y Refugio de la Fauna Silvestre, con lo que se esperaba perpetuar sus valores naturales y reducir las presiones inmobiliarias, sin embargo ello no ha ocurrido ya que los bordes del bosque, que coinciden con las zonas bajas y también partes altas que ostentan dominio privado, han generado dinámicas urbanizadoras, casi siempre utilizando formatos cerrados.
Un diario local informa sobre la destrucción de 20,000 árboles en la zona de Bugambilias para construir tres urbanizaciones cerradas en una superficie de 31 hectáreas y además se informa sobre un proyecto para urbanizar otras 450 hectáreas. El caso revela paradojas, ya que el discurso publicitario justamente ofrece calidad ambiental y los vecinos de las urbanizaciones cerradas aledañas muestran su inconformidad "por la tala indiscriminada sin que las autoridades municipales hagan algo" (El Occidental, 3 de marzo de 2003).
Mientras aparecen nuevas urbanizaciones cerradas en la zona, se incrementa la densidad de las preexistentes. "Por ejemplo, Pinar de la Venta pasó de clasificación turístico-campestre, con un máximo de 20 habitantes por hectárea y lotes de 2.500 metros cuadrados como mínimo, a la clasificación habitacional-jardín -inventada por el ayuntamiento- que aumenta la ocupación en 50 por ciento y reduce los lotes a 1,000 m2. Esto rompe con el amortiguamiento que realizaba el fraccionamiento" (Público, 12 de abril de 2004).

4.2. Modificación de cauces y deforestación en la cuenca de Los Colomos
El entorno próximo al Bosque de los Colomos es una zona de recarga de acuíferos. Su valor ambiental ha contribuido a convertir el lugar en un nodo de urbanizaciones de calidad.
El 15 de octubre de 2003 el Ayuntamiento de Zapopan clausuró las obras de construcción del fraccionamiento cerrado Puerta Plata por no tener licencia para el movimiento de tierras, así como por la poda de árboles y aspectos de construcción (El Informador, 14 de noviembre de 2003).
El asunto detona a partir de denuncias presentadas por vecinos de una urbanización cerrada aledaña: Royal Country. A través de su representante legal, los inconformes acusan a los promotores de Puerta Plata por la desviación del cauce del arroyo "La Culebra" y de haber entubado los arroyos "Milpa Alta" y "Los Coyotes", alteraciones realizadas "con el fin de ampliar la avenida Paseo Royal Country y que esta sirva de acceso al fraccionamiento que se edifica" (El Informador, 13 de noviembre de 2003).
También señalan la destrucción de alrededor de 2,500 árboles y la apropiación de zonas federales. En el asunto intervienen, además del ayuntamiento, dos instancias federales: la Comisión Nacional del Agua y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente que prometen sancionar a los responsables.
Los ciudadanos inconformes, a través de su representante vecinal consideran que se violaron las normas urbanísticas: "Lo más grave es la desviación de los tres arroyos y querer hacer obras que no están contempladas en planes parciales de desarrollo" (El Informador, 13 de noviembre de 2003).

4.3. Conflictos por restricciones al derecho de paso y ruptura física de la continuidad
El caso más sonado de tensiones por la restricción del derecho de paso ocurrió en Zapopan. El fraccionamiento cerrado Las Cañadas es el paso natural y la vía mas corta entre la cabecera municipal y 11 poblados rurales en los que habitan alrededor de 15,000 personas. Para cinco de esas comunidades es la única opción existente, misma que les fue súbitamente cancelada.
Los afectados llevan el asunto al cabildo. Argumentan el carácter público del camino, mismo que es de origen colonial, en tanto la urbanización cerrada se creó en 1970. El Cabildo aprobó el 17 de julio de 2003 eliminar las plumas de acceso a la urbanización.
Vinieron las presiones por parte de los residentes de Las Cañadas y el dictamen se revoca, con lo cual regresa el control de acceso. Después de un debate en el que predomina la vertiente legal, se opta por una solución intermedia consistente en otorgar una certificación a los vecinos de las comunidades rurales y sus vehículos "a fin de permitirles el libre tránsito y mantener el esquema de seguridad en el fraccionamiento" (Público, 30 de julio de 2003).
El malestar sobre los obstáculos a la movilidad requiere pasar por el análisis de la escala. En ocasiones la restricción no se deriva de acuerdos sociales impuestos sino de la ruptura física de la continuidad. La zona norponiente de la ciudad tiene una gran presencia de urbanizaciones cerradas y con ello prolongados muros que taponan grandes superficies urbanas. Un ejemplo es la Av. Naciones Unidas, en el municipio de Zapopan, que se corta abruptamente ya que limita con espacios intersticiales, por lo que se convierte en una zona infranqueable e inhóspita para la movilidad.
La no incorporación de las vialidades internas tiene impactos que limitan la circulación y exigen un mayor consumo tiempo y energía. En cambio, cuando una urbanización mantiene el tamaño de la manzana tradicional el impacto sobre la circulación no difiere mucho del que provoca el modelo de ciudad abierta.

4.4. Redensificación de zonas interiores de la ciudad
El tema de la densificación ocupó las primeras planas de los diarios a raíz de que el Ayuntamiento de Guadalajara aprobó su Programa Municipal de Desarrollo Urbano y sus respectivos 92 planes parciales el 13 de noviembre de 2003. Con el documento se autorizó el proyecto de redensificación, que abre la posibilidad de construir edificios de hasta 11 niveles, lo cual resultó polémico en una ciudad acostumbrada a las casas unifamiliares de una o dos plantas.
La redensificación se fundamenta en argumentos sobre el intento de recuperación demográfica -entre 1990 y el año 2000 el municipio de Guadalajara perdió 3,386 habitantes-, así como la búsqueda de un crecimiento menos despilfarrador de suelo. El estímulo a la construcción en altura reduciría las presiones sobre otros municipios metropolitanos, ya que el suelo de Guadalajara esta colmatado.
Incluso el funcionario municipal responsable de la planeación, en un estilo inusual declaró que "los fraccionamientos exclusivos son un cáncer" refiriéndose a los de tipo horizontal, por lo que salió en defensa del formato vertical (Público, 18 de octubre de 2003).
Las organizaciones vecinales de las colonias de mayor estatus social manifestaron su inconformidad y anunciaron que se han unido "para impedir por todos los medios que los planes parciales entren en vigor" (Público, 15 de noviembre de 2003).
Si bien es cierto que la edificación en altura induce usos más racionales del suelo, debe evitarse el abuso de alturas o en todo caso definirlas en función de las jerarquías viales y la disponibilidad de servicios. La clave está en optimizar antes que en maximizar alturas.
La densificación también se produce horizontalmente y genera molestias. Un ejemplo ocurre en la colonia El Country: la superficie de 3.130 m2 antes ocupada por una finca se subdivide para edificar 12 casas. Los vecinos protestan señalando anomalías en el permiso de construcción e incumplimiento del plan parcial, ya que la superficie mínima por vivienda debería ser de 450 m2 y en este caso se reduce a 250 m2. La Asociación de Vecinos amenaza con bloquear la calle para impedir la construcción de casas (Mural, 5 de febrero de 2004).

4.5. Disputa por un predio urbano
Lomas del Valle es una colonia de gran prestigio social y calidad ambiental, emplazada en el municipio de Zapopan. El proceso de urbanización comenzó a finales de la década de 1950 y corresponde a un modelo morfológico de baja densidad. Se trata de una urbanización abierta, no obstante el paisaje está dominado por altos muros que suponen un cierre individualizado.
La persistencia de algunas bolsas de suelo no urbanizado se ha sincronizado con la fiebre inmobiliaria reciente y la respuesta es fácilmente predecible: los terrenos disponibles están siendo utilizados para levantar pequeñas urbanizaciones cerradas.
Ello ocurría sin grandes sobresaltos hasta el año 2004, en que estalla la disputa por un terreno de tres hectáreas: las partes en conflicto son los vecinos que reconocen el lugar como suelo público que serviría para instalar un parque y una empresa inmobiliaria que construye un coto cerrado.
Los urbanizadores de Misión del Prado aseguran que compraron el terreno y cuentan con las escrituras, mientras que los vecinos inconformes, organizados mediante la Comisión Pro Defensa del Parque Lomas del Valle documentan que se trata de una propiedad municipal obtenida de la donación que hizo el fraccionador. El problema es que los funcionarios municipales no llevaron a cabo la escrituración en favor del ayuntamiento y tal omisión es la raíz de la ambigüedad.
El artífice original de la colonia asegura que la confusión se deriva de la falta de interés de los funcionarios municipales de hace medio siglo y que se trata de "un dominio municipal y debe permanecer como parque público por haber ingresado al patrimonio de Zapopan desde el momento en que fue aceptada la donación" (Público, 20 de febrero de 2005).
A mediados de 2005 el conflicto se hace visible a través de una guerra de carteles: los vecinos cuelgan en las fachadas de las casas pendones que ostentan la leyenda: "Los parques no se venden. Patrimonio de la comunidad". En la puerta de acceso a la urbanización en ciernes los promotores colocan un gran cartel donde niegan que el terreno sea suelo público y reproducen un par de documentos que pretenden probar el acuerdo de los directivos de la Asociación de Vecinos de Lomas del Valle, A. C. para urbanizar el predio.


CONCLUSIONES

La Zona Metropolitana de Guadalajara se encuentra ante un gran desafío para encarar su futuro, lo que necesariamente demanda escenarios alternativos. A la ciudad le falta proyecto de modernización y liderazgos políticos para ejecutarlo. Requiere de un serio ejercicio reflexivo y de un esfuerzo de comunicación del que resulten pactos entre los diversos actores y municipios para garantizar una ciudad sustentable. Los acuerdos público-privados son una necesidad apremiante a fin domesticar la ciudad, garantizar la productividad de la economía urbana y el logro de una aceptable calidad de vida.
El urbanismo practicado incrementa las distancias sociales y refuerza modelos que favorecen el repliegue de los espacios públicos y entronizan soluciones privadas al intentar resolver asuntos públicos.
En la ciudad se han impuesto preceptos que atentan contra lo mejor de la tradición urbana e imponen procesos de mercantilización de bienes -como la seguridad o el acceso a espacios comunitarios-, que en un sistema democrático se consideran irrenunciables.
Aun aceptando que la sociedad es diferenciada y que los intereses colectivos son cada vez más inestables, el "neourbanismo" requiere aplicar principios basados en la equidad (Ascher, 2004 : 74).
Una clave complementaria a la propia lógica del interés individualizado de cada intervención urbana será discernir si enriquece al conjunto y contribuye en la construcción de una ciudad con calidad de vida. La fórmula "dejar hacer, dejar de hacer" esta hipotecando el futuro de la metrópoli, algunas de sus consecuencias se dejarán sentir en el futuro y las soluciones podrían ser muy costosas.
No obstante la aparente autonomía de cada pieza de la ciudad, se trata de organismos dinámicos que generan efectos multiescalares, por lo que vale la pena ponderar sus costos y beneficios, los directos e indirectos.
Ante la falta de instrumentos efectivos para gobernar el territorio, el suelo es un recurso cada vez más proclive a convertirse en materia prima para la reproducción del capital sin que necesariamente ello genere desarrollo urbano o bienes colectivos, es decir, se privatizan los beneficios y se socializan los costos.
Tal como señala Troitiño (2000: 635), "la política de ordenación del territorio debe ser el instrumento de los poderes públicos para facilitar soluciones que la lógica del mercado no es capaz de aportar". La planificación moderna deberá estar preparada para afrontar fenómenos emergentes y asumir el principio de incertidumbre.
El vigor del sector inmobiliario puede considerarse una fortaleza siempre y cuando existieran compromisos con la dimensión pública de la ciudad y el apego a la ley. La producción masiva de vivienda solo es buena noticia si dentro de sus márgenes de maniobra satisface a la demanda real, armoniza con el medio ambiente y se vertebra con el territorio mediante la construcción de infraestructuras y equipamientos, es decir, si produce ciudad y ciudadanía.
Por ello es necesario redimensionar el papel del Estado en la ordenación del espacio urbano y así evitar que la ciudad siga creciendo inercialmente sin que medien políticas redistributivas.
Durante el año 2005 se están estudiando reformas a la Ley de Desarrollo Urbano del Estado de Jalisco -la primera versión corresponde al año 1993-. Convendría aprovechar la ocasión para debatir sobre los límites del urbanismo de enclaves y en su caso normar claramente su implantación e inducir la reproducción de formatos abiertos de ciudad.
Al parecer estamos ante una ciudad sin límites pero atravesada por fronteras. No obstante deben superarse posiciones apologéticas y maniqueas sobre la ciudad cerrada y llamar la atención del Estado como un actor corresponsable en la construcción de la ciudad.
No se trata de descalificar en forma determinante el cierre urbano pero sí reflexionar a partir de sus consecuencias. La sociedad debe apelar al alcance de autonomía para decidir el tipo de ciudad que se desea. La acción social ciudadana, conjugada con una administración más proclive a controlar reflexivamente la expansión urbana, deberá marcar la diferencia entre libertad de actuación o libertinaje urbano.

 

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