> AÑO 2 - 18 de Enero 2010
Artículo en PDF INICIO >
> Debate sobre la frontera
Exposición “Fronteras” CCCB, 03/05/2007-30/09/07 Barcelona



Debate realizado en ocasión de la exposición “FRONTERES” (03/05/07–30/07/07), en el Centro de Cultura Contemporània de Barcelona CCCB en coproducción con el Musée des Confluences (Départament du Rhône) y bajo la dirección  de Michel Côte.

1. ¿DÓNDE ESTÁN LOS LÍMITES?

  ZYGMUNT BAUMAN

«Varias culturas, una sola humanidad. Un bonito marco para reflexionar sobre el orden líquido de nuestro mundo contemporáneo, un mundo tan complejo, difícil, arriesgado y peligroso. Un marco que sitúa entre dos extremos la reflexión y la preocupación por nuestras vidas y por las vidas de las personas que nos rodean. Varias culturas: realidad. Una sola humanidad: ideal, destino, objetivo, tarea. Varias culturas: el pasado. Lo que hemos heredado al cabo de milenios de historia humana. Una sola humanidad: el futuro, tal como anticipó Emmanuel Kant al escribir sobre la Allgemeine Vereinigung der Menschheit, la unidad universal del género humano.
Pues bien, hay un tercer elemento, invisible, entre estos dos extremos, entre la diversidad de las culturas por un lado y la unidad de lo humano por el otro. Un elemento invisible pero necesario. Este elemento central es la frontera. La frontera es lo que separa, o quizá une, a las diferentes culturas y a la sola humanidad. Las fronteras.

 MANUEL CRUZ

Está claro que el uso primordial del término frontera tiene un carácter descriptivo y que se refiere, por decirlo rápidamente, a la línea que separa un Estado o país de otro. Pero caben otros usos figurados; por ejemplo, cuando lo empleamos para designar la línea imaginaria que separa ámbitos abstractos.

 EYAL WEIZMAN

La forma en que entiendo la diferencia entre border y frontier en inglés es un aspecto muy importante de este análisis. Si en Europa border se entiende como la línea continua que delimita un territorio homogéneo sobre el que se aplica la soberanía y la jurisdicción de un Estado, frontier vendría a ser la imagen especular de este border.

 MICHEL FOUCHER

Cuando hablamos de « frontera «, ¿de qué estamos hablando? ¿Cómo podemos hablar de ello? ¿Cómo podemos estudiarlo al margen de lo que podríamos llamar la doxa, la tendencia actual? La tendencia actual es desde hace tiempo la globalización, y por tanto el mundo «sin fronteras», el mercado planetario, la libre circulación, el hecho de que las fronteras sean obstáculos artificiales que hay que superar, etc., etc.

  ZYGMUNT BAUMAN

Para responder a esta pregunta, debo empezar citando al gran antropólogo noruego contemporáneo Fredrik Barth (si no lo han leído les recomiendo que lo hagan, es un hombre muy sabio). Lo que señaló Barth al respecto, el mensaje que transmite su análisis, es que las fronteras no tienen como objetivo oponerse a las diferencias. Sucede justo lo contrario: si somos conscientes de las diferencias, es porque hemos trazado una frontera. Las diferencias son el producto de las fronteras, y no al revés.

  EYAL WEIZMAN

Básicamente es la barrera, no es un objeto. Cuando la ves, la imaginas como se imaginan las fronteras en Europa. La barrera es un factor condicionante, no un objeto. Es un factor que actúa dinámicamente a través de los espacios y que tiene diferentes manifestaciones.

GEORGES CORM

La vida humana, ya sea entendida como vida social y colectiva o en relación a la psicología del individuo, precisa de la frontera. En la vida colectiva, necesitamos el «nosotros» y el «ellos»; si no, todo resultaría indefinible. En la vida individual, tenemos el «yo» y el «tú». En mi opinión, pensar que es posible derribar las fronteras es un mito. En cambio, lo que no es un mito es el hecho de que es posible regular el paso de una frontera a otra.

ZYGMUNT BAUMAN

Primero se traza una frontera y luego se buscan justificaciones para el hecho de que la frontera esté situada donde está.
Y las diferencias, especialmente las que consideramos incompatibles, son justificaciones para el trazado de esta frontera.
Este es sólo el comienzo de la respuesta. El siguiente paso sería preguntarse qué tipo de diferencias adquieren importancia a causa de las fronteras que estamos trazando ahora. ¿Por qué estamos tan obsesionados con las fronteras?

 

 2. IMAGINAR LOS LÍMITES, CONSTRUIR LA FRONTERA

 

TZVETAN TODOROV

En una primera etapa, la frontera esencial no es la que separa los países sino la que separa la tierra del cielo. En efecto en un primer período, el de nuestro pasado relativamente más lejano, nuestros antepasados vivían en un mundo estructurado según la verticalidad del arriba y el abajo.

 

GEORGES CORM

Por desgracia, lo que nos viene normalmente a la mente cuando hablamos de elementos imaginados, de fronteras abstractas, es la religión. La religión es lo que estructura las grandes megaidentidades como la de Oriente-Occidente. Hablamos de civilización o de cultura, pero todo el mundo sabe que en realidad estamos hablando de religión.

Otro elemento imaginado o inventado que estructura los espacios imaginarios es la historia. Y la celebración de la memoria nunca había sido tan intensa como después de la Segunda Guerra Mundial.

Se escogen hechos históricos que quizá cuando sucedieron no tuvieron ninguna importancia para las sociedades que los vivieron, pero que posteriormente se convierten en hitos que señalan fronteras.

 

MICHEL FOUCHER

Los grandes trazadores de fronteras son los británicos y los franceses. Según mis cálculos, en los países del sur, que son la mayoría, los británicos son los responsables del veintiuno por ciento de las fronteras del mundo; los franceses, del diecisiete por ciento; los portugueses, del cuatro y medio por ciento; los españoles, de alrededor del cuatro por ciento; los alemanes, del cuatro por ciento, etc.

 

EYAL WEIZMAN

Después de ocupar una zona, en lo primero que hay que pensar es en el problema de la fortificación, en cómo defender el territorio. Y seguramente, el problema de trazar esta defensa marca la primera división en el concepto de frontera. Están las fronteras naturales obvias, como el canal de Suez, el río Jordán, etc., que son fronteras lineales por excelencia, y luego hay que erigir una fortificación.

 

MANUEL CRUZ

En la dinámica histórica, el trazado de lo que he llamado «fronteras del tiempo», señalizadas por las grandes revoluciones, las fundaciones de los Estados, el surgimiento de los imperios o el estallido de guerras devastadoras, tiene que ser leído en clave de ejemplaridad (ejemplaridad positiva o negativa, desde luego, pero ejemplaridad a fin de cuentas). Es decir, lo que en primer lugar concede auténtica entidad histórica a un determinado acontecimiento es su capacidad para convertirse en punto de referencia para las generaciones futuras, en modelo al que adherirse o que rechazar.

 

GEORGES CORM

En el fondo, una de las fronteras más inquietantes para mí intelectualmente, pero que está aceptada en todos los discursos de las ciencias humanas, tanto en Oriente como en Occidente, es la frontera de la modernidad.

 

 

3. EUROPA Y LOS BÁRBAROS

 

MICHEL FOUCHER

Aproximadamente el sesenta por ciento de las fronteras europeas datan del siglo XX. Por tanto, desde el punto de vista geopolítico, Europa, que ya se encuentra muy dividida en Estados y naciones, no es el «viejo continente» sino el más nuevo de todos. En Europa, las configuraciones territoriales y nacionales todavía están sujetas a una enorme inestabilidad. Entre 1989 y 1991 se produjeron muchos cambios. Según mis cálculos, desde 1989 ha habido catorce mil kilómetros más de fronteras creadas de nuevo o a partir de límites antiguos elevados a la categoría de frontera internacional.

 

GEORGES CORM

En la historia de las megaidentidades, es obvio que conocemos muy bien la que rigió en la Edad Media, es decir, la de la «nación cristiana», el mundo de la Iglesia, la ecclesia, cuyo soberano era el Papa. Todo lo que no era tierra cristiana era terra nullia, un territorio que podía ser conquistado y cuyos habitantes podían ser reducidos a la esclavitud. Así se llevó a cabo la conquista de América, con la bendición del Papa.

 

FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY

La cultura euronorteamericana ha pensado casi siempre, a lo largo de los siglos, los términos civilización y barbarie como una polaridad o como una contraposición.

En ese ámbito cultural que es el nuestro, los civilizados hemos sido siempre nosotros, y los bárbaros han sido ellos, los otros.

 

ROGER BARTRA

El extranjero también puede ser contemplado, a la manera de Rene Girard, como un chivo expiatorio sobre el que recaen las culpas de nuestros desastres, desórdenes o crisis.

 

FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY

Ha sido precisamente en el siglo XVI, a partir del descubrimiento y la colonización de América por los europeos, cuando esta polaridad entre civilizados y bárbaros más se ha afirmado y, al mismo tiempo, más problemas ha suscitado.

 

ZYGMUNT BAUMAN

Hay dos tendencias contradictorias en la construcción de una Europa unificada. Una de ellas consiste en reforzar el papel que ha tenido Europa en la defensa de un mundo mejor, compartiendo nuestra experiencia histórica sobre el igualitarismo, la organización de la vida democrática, la defensa de las libertades individuales, el apoyo de la seguridad social contra los infortunios personales, etc. Ese es un primer concepto de Europa:

Europa como agente que ha desempeñado un papel positivo y muy importante para el resto del planeta. El segundo es el concepto de la Europa-fortaleza, la tendencia que consiste en encerrarse: dentro, el paraíso; fuera, la barbarie. ¡Todos los demás son salvajes! ¡Nosotros somos europeos! Nosotros somos los autores de su retrato, hemos dibujado sus imágenes.

 

FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY

La experiencia vivida durante las largas guerras de religión que asolaron Europa durante un siglo proporcionó elementos de mucho peso para confirmar que, efectivamente, la polaridad tradicional entre civilizados (nosotros mismos) y bárbaros (amerindios, africanos, orientales en general) no se podía mantener, no se podía seguir manteniendo. Hubo entonces, en ese siglo de guerras de religión, demasiada crueldad, brutalidad, bestialidad e inhumanidad entre quienes se llamaban a sí mismos «civilizados» como para seguir pensando igual que habían pensado la mayoría de los griegos, los romanos y los romanizados.

 

TZVETAN TODOROV

Hay que decir que ya Roma se vio obligada a transformar, adaptar y asimilar la cultura griega, del mismo modo que los cristianos tuvieron que reinterpretar, transformar y organizar a su manera el legado hebraico o judaico para elaborar a partir de él lo que llamarán Nuevo Testamento. Con la reaparición de la tradición grecorromana en el Renacimiento se produce una nueva tarea de traducción, adaptación y reorganización, es decir, de aceptación de la pluralidad, de aceptación de un diálogo interior, hasta el punto de que esta dualidad, esta capacidad para absorber lo ajeno, se convierte en el rasgo distintivo de la cultura europea.

 

DAVID S. LANDES

En aquellos años, Europa estaba haciendo cosas interesantes, a menudo gracias a lo que había aprendido de Asia. Pero no hay que darlo por sentado, no hay que concluir que toda sociedad está capacitada para aprender ni que toda sociedad está dispuesta a aprender de otros. No es así, ni mucho menos. Uno de los grandes méritos o ventajas de los europeos es que eran buenos estudiantes y aprendieron de los chinos, de los indios, de los musulmanes... aprendieron de todo lo que se encontraron en su camino.

 

MICHEL FOUCHER

La cuestión ahora es saber si es posible construir una identidad europea que no se sitúe contra alguna otra cosa. Tras la ampliación, nos vemos obligados a considerar el tipo de relación que mantendremos o entablaremos con quienes están al otro lado, no de la frontera en sí pero sí de la frontera marcada por Schengen, la frontera del euro, la frontera de las instituciones europeas. Es una nueva frontera europea.

 

FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY

Ya no hay bárbaros, en el sentido antiguo de la palabra. Y la resolución de esa duda sugiere, casi autoirónicamente, que este reconocimiento de que ya no hay bárbaros nos deja a los europeos, que nos hemos amamantado con la cultura grecorromana y con la cultura cristiana, ante la perplejidad, sin saber cómo entendernos a nosotros mismos sin aquel adversario bárbaro que hemos construido durante tanto tiempo.

 

4. LAS FRONTERAS LÍQUIDAS

 

ZYGMUNT BAUMAN

Todo cambia. No sabemos cuál es la fuerza motriz que hay detrás de estos cambios. Está lejos, en algún lugar, en el espacio global, no podemos verla de cerca y no sabemos cómo actúa. Pero notamos el impacto que llega del exterior, la fragilidad de la condición humana, la incertidumbre de la condición humana. Eso es lo que nos inquieta. Y hay que concluir que nuestro frenético trazado de fronteras pretende contrarrestar esta inseguridad. Ahí afuera hay un mundo inseguro.

 

MANUEL CRUZ

¿Con qué tiene que ver ese repliegue de las sociedades modernas sobre sí mismas, esa atemorizada manera de relacionarse con su propio pasado? Por supuesto, por una parte tiene que ver con la desaparición de la idea de futuro, una idea que ha dejado de existir tal como se entendía antes, es decir, como el territorio imaginario en el que se depositaban ilusiones, esperanzas y sueños. Hoy, el futuro es el espacio de la mera reiteración, de un «más de lo mismo» sin fin.

 

ZYGMUNT BAUMAN

Nuestra actual obsesión con el trazado de fronteras es fruto de la esperanza desesperanzada de que podemos aislarnos contra los peligros, las amenazas, las poderosas e innominadas amenazas que llegan del exterior. Sintetizándolo, podríamos decir que nuestra actual obsesión con las fronteras se deriva del hecho de que tratamos de encontrar soluciones locales para problemas de origen global. De ahí que sea una esperanza desesperanzada, porque no hay soluciones locales para conflictos globales. Sólo hay soluciones globales para problemas globales.

 

ROGER BARTRA

Quisiera creer que las imágenes poéticas de Eliot inspiraron las metáforas de Zygmunt Bauman, el sociólogo polaco que ha contrastado la sólida modernidad tradicional, donde los hombres se aterran a sus raíces, con la modernidad líquida de una época fluida y móvil donde predominan el desarraigo y la desterritorialización.
Lo que me interesa ahora es la extraordinaria expansión de la mitología relacionada con las culturas que carecen de base territorial. Las llamaré «culturas líquidas». La imaginería vinculada al extranjero y al otro, lo sabemos, no es un fenómeno nuevo: los mitos de la alteridad se han ido acumulando como estratos hasta nuestros días y han formado estructuras culturales muy complejas. Los procesos migratorios han amplificado los mitos y les han dado una nueva fluidez.

 

GEORGES CORM

Y esos teóricos de la democracia individualista posmoderna son los que reclaman el derecho a la diferencia.
Evidentemente, eso es algo que todos aceptamos. Se entiende bien: «derecho a la diferencia». Sin embargo, no hace mucho he reflexionado sobre el asunto y he decidido que lo que yo conozco es otra cosa, es el derecho a la igualdad, y que el derecho a la diferencia no lo entiendo.
La vida colectiva supone el derecho a la igualdad. Si la vida colectiva se convierte en un derecho a la diferencia, estoy creando el infierno en mi propio espacio.
Y el infierno, como vemos, está ahí.

 

TZVETAN TODOROV

Lo que ha sucedido es que estos valores se han vuelto cada vez más individuales y por eso, después de la era religiosa y de la era de las naciones, parece (quizá sólo sea una ilusión) que hemos entrado en una era individualista, en la que los únicos valores que nos importan, en el fondo, son los valores individuales.

 

MANUEL CRUZ

Frente a quienes rechazan la posibilidad de presentar propuestas universales, ahora dispondríamos de la clave para empezar a diseñar un universalismo de otro tipo, lo que podríamos llamar un «universalismo ejemplar», distinto del universalismo tradicional, generalizador, procedimental, etc. No se trataría, por tanto, de encontrar aquellas cosas que desde su origen son universalizables, sino más bien de considerar que lo universal no es aquello que todos poseen o que a todos describe, sino aquello otro sobre lo cual nos hemos puesto de acuerdo en que merece ser compartido por toda la humanidad.

 

5. VIVIR CON LA FRONTERA

 

DAVID S. LANDES

En efecto, creo que es deseable trasladar el modelo del norte de Europa a otros países, y más aún: creo que el Islam tiene una importante desventaja, porque la doctrina religiosa modela y limita el comportamiento político y económico.
En mi opinión, el asunto debería preocuparles. Sin embargo, no pretendo decir que el mundo sería mejor si todos compartiéramos el mismo sistema económico, social y cultural. No creo que eso sea posible y tampoco creo que sea deseable.
Y creo que una de las ventajas de Europa sigue siendo la diversidad.

 

ZYGMUNT BAUMAN

Ya han leído a Huntington. Huntington escribe sobre la próxima, la inminente, guerra de civilizaciones. No hay reconciliación posible entre las civilizaciones.
Las civilizaciones son diferentes y no pueden coexistir. En cualquier ciudad, esta afirmación, esta amenazadora profecía de Samuel Huntington, se traduce en personas concretas. Su aspecto es diferente, su comportamiento es diferente, su vestimenta es diferente, pero están alrededor, muy cerca de ti, en la máxima proximidad. A veces viven en la misma casa en la que tú estás viviendo. Esto pone a prueba tu capacidad para convivir y, conscientemente o no, te vas liberando paso a paso, gradualmente, de este miedo.

 

EYAL WEIZMAN

La frontera está en todas partes. Ahora, en Israel, la frontera está alrededor de cualquier casa: en las viviendas particulares, en los edificios del aparato de seguridad, en la puerta de cualquier centro comercial. Básicamente, tal como están las cosas, la frontera está donde se encuentra uno, donde está la persona.
Creo que esta situación se está volviendo típica y paradigmática de cómo se utiliza el urbanismo en muchos otros lugares.
En cierto modo, Israel-Palestina es una especie de laboratorio que define cierto sistema conceptual. Estos mismos fenómenos se aprecian actualmente en Irak, donde vemos que la embajada estadounidense está rodeada de un muro muy similar al de Cisjordania, un muro que encierra y aisla el recinto. Y lo vemos en las bases militares repartidas por toda África, o en la bahía de Guantánamo.
Vemos esa misma clase de espacio circunscrito, fuera de la ley, en una especie de geografía fragmentada. Las fronteras (borders) significan poco hoy en día. Los europeos incluso se están librando de ellas.
Pero en cuanto conseguimos librarnos de lo que en inglés se conoce como border, aparece lo que se conoce como frontier: encontramos fronteras alrededor de cualquier ciudad, de cualquier casa, de cualquier espacio, hasta llegar a la absoluta atomización o pixelización del border.

 

ZYGMUNT BAUMAN

Así pues, el problema de hoy es la confianza, la búsqueda desesperada de un refugio en el que detenerse, un refugio que no se termina de encontrar.
Se trata de una confianza movible, de una confianza sin arraigo y sin dirección definitiva. Ahí está el problema. En mi opinión, si deseamos analizar seriamente las dificultades a las que se enfrenta el planeta en que vivimos, si deseamos, entre cosas, curarnos de nuestra obsesión con las fronteras, con la separación, la segregación, la creación de enemigos y hostilidades... en ese caso deberíamos considerar estas cuestiones esenciales, deberíamos ver cómo podemos mitigar o aliviar nuestra desesperada sensación de inseguridad. Ahí está la clave.

 

GEORGES CORM

¿Estamos dispuestos a aceptar este modelo con los miedos que conlleva, aceptar que el mundo no sea más que una sucesión de guetos «macdonalizados», es decir, donde cada cual tendrá un símbolo étnico para enseñarlo a las cadenas de televisión pero luego se irá a comer a un McDonald's? ¿Queremos este modelo o podemos oponernos a él? Terminaré diciendo que, en mi opinión, el Mediterráneo es el espacio donde se está librando esta batalla.

 

ZYGMUNT BAUMAN

La ciudad es ese lugar donde los extraños conviven todo el tiempo sin dejar de ser extraños. Conservan sus diferencias y conservan su extrañeza, y sin embargo, conviven. Aceptar la diferencia puede ser un problema para el planeta, porque si pensamos en dimensiones planetarias todo es interdependiente y, al mismo tiempo, todo está en permanente conflicto.
Sin embargo, si pasamos del nivel más elevado a otro nivel más llano, a la convivencia diaria con los extraños, podría ayudarnos a desarrollar el tipo de habilidades que se necesitarán para encontrar un lenguaje común, un diálogo entre diferentes lugares del planeta, diferentes poblaciones, diferentes naciones, diferentes razas, diferentes civilizaciones.

 

CONCLUSIÓN


HENRI DORION

El mundo está hecho de soluciones de continuidad y de contornos que las subrayan de diferentes maneras. Entre la tierra y el mar se extienden las riberas; los somontanos organizan el paisaje entre montaña y llano; entre el subsuelo y el espacio aéreo se despliega la superficie en la que viven los hombres. A las fronteras que dibuja la naturaleza, el hombre ha añadido las suyas. Calificando el mundo, ha inventado las fronteras entre el bien y el mal, entre lo bello y lo feo, entre lo útil y lo inútil, entre lo aceptable y lo inaceptable. Y sobre todo, de forma más concreta, se ha empeñado en recortar la superficie de la tierra en territorios, en espacios definidos por las relaciones que las comunidades humanas establecen con ellos.

Del territorio familiar o de clan hasta el de las naciones y el de los imperios, los trazadores de fronteras han dibujado siempre y en todas partes líneas de separación, a veces tomando como referencia los fenómenos lineales que ofrece la geografía (cursos de agua, cadenas montañosas, riberas), a veces apoyándose en el reparto de fenómenos humanos como la lengua o la religión o, más brutalmente, en líneas de alto el fuego. A veces, también, han ideado fronteras trazando líneas geométricas que ignoran tanto a los hombres como a la geografía. El mundo humanizado es un universo de fronteras y la historia de la Humanidad es la historia de las fronteras entre las comunidades humanas.

Aunque desde la aparición de la aldea global entrevista por McLuhan soñamos con el advenimiento de un mundo sin fronteras, la proliferación de organizaciones calificadas de «sin fronteras» no debe llevarnos a ocultar la realidad de un mundo asimétrico, donde muchas veces las fronteras políticas han contribuido a mantener las desigualdades. Pero tampoco podemos negar el papel protector que ejercen en diversos aspectos estas líneas de demarcación. La referencia al papel protector de las fronteras nos recuerda que muchas veces, en el plano cultural, socioeconómico o militar, éstas constituyen un requisito vital para la supervivencia de las comunidades.

Sin embargo, numerosos ejemplos demuestran que el equilibrio territorial que las fronteras tienen como función mantener puede romperse, tanto por una concepción exagerada de la protección como por una voluntad de expansión territorial, que a menudo es un pretexto para justificar la anterior. Esta fragilidad del equilibrio territorial la expresó muy bien el geopolítico Jacques Ancel, quien definió la frontera como una isóbara política, es decir, como una línea que subraya los lugares donde dos Estados contiguos ejercen una misma presión.

De este modo, ilustraba el hecho de que, de forma similar a lo que sucede con la presión atmosférica, la permanencia de las líneas no está necesariamente garantizada. La frontera traduce una relación de fuerzas supeditada a la buena voluntad de las personas.

Debido a su función protectora, las fronteras pueden convertirse en un obstáculo para la circulación de personas, bienes y valores, sin perder por ello su indiscutible utilidad para gestionar territorios de una forma que tenga en cuenta las características nacionales y regionales y a la vez se beneficie de la idiosincrasia de las sociedades vecinas. Pero de la constatación de estos papeles contradictorios no hay que concluir que las fronteras sean un mal necesario. Al contrario, en un momento en que se empiezan a anticipar algunos de los efectos perversos de la globalización, es importante insertar en el espacio

geográfico ciertos límites jurisdiccionales que enmarquen políticas cuyas diferencias puedan ser garantes de la autenticidad y la diversidad cultural que la mayoría de las sociedades no están dispuestas a perder. La integridad de las culturas está en parte vinculada a la integridad territorial de los Estados.

Ahora bien, la propia noción de integridad territorial, que originariamente es de índole defensiva, puede prestarse a usos agresivos o recuperadores de territorios perdidos y derivar hacia crispaciones, enfrentamientos y en último término acciones militares que engendren desplazamientos de fronteras. Un poeta chino escribía: «Los caballos de batalla nacen en las fronteras». En efecto, la frontera puede ser a la vez la causa y la consecuencia de la guerra. Paúl Valéry lo reconoció así cuando dijo de la frontera que «separa lugares que se parecen, une otros que se diferencian enormemente e introduce en las relaciones humanas dificultades y complicaciones para las que la guerra resultante nunca es la solución sino, al contrario, un nuevo detonante».

El mundo evoluciona. Cada pueblo y cada territorio ven su composición, la cohesión de sus componentes y su lugar en la comunidad de las naciones sometidos a cambios incesantes. Como resultado aparecen fronteras que en unos sitios dividen pueblos y territorios y en otros encierran en un mismo y disputado espacio a diferentes pueblos que la Historia ha ido dividiendo progresivamente. Con el tiempo, las fronteras pueden perder su pertinencia. Quizá por esta misma razón las envolvemos en una presunción de permanencia, que, dicho sea de paso, se aprecia también en la inviolabilidad que les atribuye el derecho internacional.

Esta concepción inmovilista de la frontera no es nueva. El mundo está constelado de indicios visibles, a veces de una violenta materialidad, de esta división del mundo en territorios minuciosamente delimitados por ordenamientos cuya naturaleza se inspiró manifiestamente en la idea de permanencia y de estanqueidad: garitas fronterizas, vallas y barreras, paneles de señalización (que muchas veces anuncian zonas prohibidas), puestos de control, campos minados... Esta preocupación, que podríamos considerar una manifestación oficial de inquietud colectiva, viene de antiguo. Así nos lo recuerdan algunas construcciones magistrales: la muralla de China, el muro de Adriano entre Inglaterra y Escocia, el muro de Trajano del que quedan algunos vestigios en Rumania, el impresionante muro que en Derbent, en Daguestán, separaba a Europa del Imperio persa de los sasámdas.

Hoy en día, estas realizaciones arquitectónicas han sido sustituidas por equipos más sofisticados: alambradas, tierra de nadie, cámaras de infrarrojos. La función sigue siendo la misma: delimitar el territorio y controlar las inmediaciones en nombre de la seguridad nacional, una seguridad que toma diversos colores: económica, militar, social, incluso ideológica.

Pero sabemos que las fronteras cambian; unas nacen, otras se desplazan, otras mueren. Aunque las desaparecidas hayan dejado sitio a una continuidad territorial que permite la libertad de circulación, a veces el territorio que dividían conserva durante largos años los estigmas de la pasada fractura. Los rostros de los dos Berlinés, o el de los territorios perdidos y los territorios recuperados por Polonia, son ejemplos elocuentes. La geografía de las fronteras constituye, pues, una memoria geopolítica de larga duración que explica algunos cambios históricos que nos dan que pensar. Es el caso del resurgimiento de los límites de los Imperios que antaño se repartieron los Balcanes en la forma de las fronteras internacionales que han surgido de los límites interrepublicanos de la anterior Yugoslavia.

La vida de las fronteras no sólo está jalonada de cambios bruscos como el momento de su creación o el de su desaparición. Algunas fronteras adquieren un carácter evanescente por un proceso de desutilización progresiva, del que la construcción de la Comunidad Europea constituye un ejemplo que, por desgracia, hay que considerar excepcional a escala planetaria, ya que prácticamente en ningún otro lugar del mundo asistimos a tal desaparición del carácter separador de las fronteras. ¿Será que Europa es el tan ansiado terreno de experimentación de un mundo sin fronteras?

En cierto modo, no; porque la suavización del tránsito de personas y bienes entre un país y otro en el interior de Europa se ha acompañado de la consolidación, en las fronteras exteriores de la Europa unida, de una frontera destinada a proteger a una comunidad que empieza a reaccionar negativamente a la entrada de inmigrantes, indeseables según algunos. La noción de interioridad/exterioridad, íntimamente vinculada a la de línea-frontera y a la de zona-frontera, se ha desplazado a un nivel superior al del interior ampliado, desarrollando nuevas fronteras de una naturaleza muy diferente a la de la frontera política. Se trata de fronteras que ponen directamente en cuestionamiento valores tan fundamentales como la justicia y la dignidad humana.

Al sueño americano, que hoy en día atrae básicamente a los mexicanos, hay que sumarle hoy en día el sueño europeo, que atrae paralelamente a los africanos. Estos dos sueños, que se alimentan de la persistente desigualdad del mundo, tienen análogas consecuencias. Los dos animan movimientos transfronterizos masivos que el resurgir de la función protectora de la frontera pretende limitar con normativas pero también con ordenamientos fronterizos que hacen proliferar nuevos Telones de Acero. Ya sea utilizando los canales legales o reglamentarios ya sea burlando la vigilancia de los vigilantes fronterizos, son muchos los que, en América o en Europa, consiguen atravesar el cordón protector de las naciones privilegiadas para, una vez instalados en las sociedades refugio, encontrarse rodeados de nuevas fronteras.

A menudo, es aquí donde está el drama. Y aquí se sitúa la problemática que ha querido ilustrar «Fronteras». ¿Acaso los migrantes de la ansiada felicidad, una vez franqueada la frontera física entre la realidad y el sueño, no se encuentran con otras fronteras que se les pegan a la piel, fronteras impuestas por sociedades que, en nombre de la protección, practican la exclusión? En todos los continentes, un dramático número de personas acaban como refugiados, como miembros de una minoría étnica o social o de un pueblo sin territorio compacto o sin territorio alguno, de grupos humanos cuyo estatus está directa o indirectamente vinculado al fenómeno de las fronteras.

¿Y la perspectiva? Toda problemática evoca posibilidades de solución. ¿Abolir las fronteras? Pura utopía. ¿Eximirlas de su función? Todo un programa, sometido a la veleidad de los gobiernos.

¿Someterlas a un arbitraje internacional? ¿Qué instancia podría gestionar la brecha entre las pretensiones de gerencia internacional que se arrogan algunas potencias? ¿Confiar en la buena voluntad de los gobiernos de Estados vecinos para sustituir las fronteras de separación por fronteras de contacto? Es esperar mucha generosidad de las autoridades civiles, que en cambio pueden sacar grandes beneficios de los complementos que ofrece una vecindad basada en las diferencias.

En resumidas cuentas, ¿hay alguna esperanza? De acuerdo con las diferentes interpretaciones de los historiadores, esos sabios exegetas de la Historia, se deduce que hay tantos motivos para el optimismo como para el pesimismo. Cada una de estas actitudes tiene sus justificaciones.

Lo cual no tiene nada de sorprendente, ya que el fenómeno de la «frontera» es esencialmente paradójico. Las fronteras son inviolables y sin embargo son móviles.

Son móviles y sin embargo están dibujadas en el terreno con precisión de centímetros. Son precisas, pero se inscriben en zonas que de un modo u otro las diluyen.

A veces suceden y a veces anteceden a fenómenos humanos que por lo tanto pueden considerarse causa o consecuencia de su ubicación. A menudo son atractivas y repulsivas a la vez. Más o menos estables, más o menos opacas, más o menos normativas, más o menos humanas, nunca dejan de tener un impacto extremadamente importante en la vida y el bienestar de las sociedades.

Ojalá este libro aproxime la conciencia de los visitantes al umbral de ciertos cuestionamientos, ya que, en resumidas cuentas, la frontera es un pretexto para señalar con el dedo algunos de los retos del mundo actual. Si esta obra, a través de las muecas de la geopolítica, ha conseguido que los lectores ansien la reducción de los efectos negativos de las fronteras sin por ello dejar de valorar sus innegables efectos positivos (que existen), habremos logrado el objetivo. La frontera: ¡objeto de estudio y de inagotable interrogación!

 

CARTOGRAFÍA

ENTRE CIENCIA Y ARTE

Las fronteras se inscriben en los mapas: mapas geográficos, políticos y geopolíticos. Para responder a la problemática de la duda, de las múltiples miradas que guían sus trazados, de la Historia continuamente reinventada, reinterpretada y deformada, el editor ha decidido crear una serie de representaciones esbozadas, garabateadas, «a medida». No son mapas de contornos estrictos, sino más bien dotados de una línea particular, más cercana al esbozo, que expresa la duda y el movimiento de los trazados, dando cuenta de los sucesos y las transformaciones geopolíticas de la actualidad.

El mapa geográfico no es el territorio. Como mucho, es una representación o una percepción del mismo. El mapa ofrece a la vista del público solamente aquello que el cartógrafo o sus comanditarios quieren mostrar. No ofrece más que una imagen truncada, incompleta, parcial, traficada incluso, de la realidad. Suficiente para romper las ilusiones de esa parte del público que interpreta el mapa como un reflejo fiel de lo que sucede sobre el terreno.

¿Será que la cartografía se sirve del arte para embellecer el mundo... o para afearlo?

Para mostrar de manera más clara lo mejor o lo peor, el cartógrafo refuerza el trazo, superpone las líneas, exagera los movimientos, manipula los colores, dramatiza el tema con juegos de sombras y de luces... El mapa es una obra de arte, en la medida en que no se contenta con miniaturizar el territorio sino que expresa también la sensibilidad de los pueblos y la percepción que éstos tienen de las sociedades y de sus modos de organización espacial.

En este juego en red, el cartógrafo pretende ser a la vez testimonio esencial y actor. Se convierte sucesivamente en observador, economista, demógrafo, geomorfólogo y por último geógrafo y... artista. Para construir sus mundos, o más bien para inventarlos, imagina y diseña un cóctel sutil: mezcla el mundo tal como lo ve con el mundo tal como quisiera que fuera. 

 > EN ESTE NÚMERO:
> Editorial
> Debate sobre la frontera
> Democracia y muros: nuevas articulaciones del espacio público
> Dossier Argentina-Chile-México
> Muros de la vergüenza
> Some Principles of Frontier Geography
> Noticias
> Presentación