> AÑO 1 - 17 de Julio 2009
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Luces y sombras del urbanismo de Barcelona: estrategia, método y mercado (5) (Parte 2)
Por Jordi Borja

(La primera parte de este artículo fue presentada en el número 1 del Carajillo de la Ciudad)




Este texto es un extracto del libro “Luces y sombras del urbanismo de Barcelona”, próximo a publicarse en su versión completa y en castellano dentro de la Colección Gestión de Ciudad del Área Gestión de la Ciudad de la UOC y por la Editorial UOC.

Vamos a limitar esta exposición, que corre el riesgo de ser a la vez presuntuosa e insuficiente, a algunos tipos de actuaciones en que luces y sombras se mezclan. Ya hemos dicho que el urbanismo es siempre contradictorio y dialéctico.

En su primera conferencia en el Col·legi de Periodistas el recién elegido alcalde Pasqual Maragall hizo la promesa de que si bien no podría a lo largo de su primer mandato suprimir todos los problemas, “las sombras de la ciudad”, sí que afrontaría los principales de cada zona, se encenderían “luces en todos los barrios”. Se encendieron muchas luces pero algunas sombras, por acción deficiente o por omisión, se han hecho más visibles, y han aparecido sombras nuevas que las luces mostraron sin remisión.


1. El espacio público y la arquitectura urbana.
(6) Nos hemos acostumbrado a ello pero Barcelona es una de las ciudades mejores del mundo en calidad de su espacio público, un test fundamental de su carácter democrático, un elemento definitorio del “modelo”. El espacio público ha revalorizado viejas centralidades y ha creado otras nuevas, ha vitalizado los núcleos históricos y ha recuperado paseos y plazas para la ciudadanía, ha cualificado los barrios y ha socializado el ambiente urbano. Los proyectos urbanos hoy se miden por la calidad del espacio público que generan, lo cual explica la reacción crítica ante proyectos que lo menosprecian o que lo convierten en objeto excluyente (Forum/Diagonal Mar, el absurdo Parc Central del Poble Nou).

Se ha criticado a veces el exceso de diseño, el coste de los materiales, el monumentalismo, la arquitectura tape-l’oeil, a veces con razón. Pero la exigencia de calidad formal en el espacio público, y especialmente en los barrios populares, no es un lujo, es justicia (por ejemplo el magnífico Parc Central  de Nou Barris). En urbanismo y en arquitectura, la calidad de la forma es parte del contenido (como en literatura), la estética es inseparable de la función. Ha predominado durante bastantes años la calidad socializada (los parques y plazas de barrio y la recuperación o creación de “calles mayores” como Vía Julia, Rambla Prim, Fabra i Puig, Guipúzcoa, Rambla del Raval, avenida Gaudí y muchos más) pero en los últimos años la tendencia a la gestualidad arquitectónica se ha hecho muy presente (como el gratuito edificio de Gas Natural en la Barceloneta o la pésima Ciudad Judicial, digna de El Corte Inglés, o el citado parque de Nouvel). Un indicio del deterioro del urbanismo y por lo tanto de la ciudad es cuando aquel pasa a ser un subordinado de la arquitectura de “autor”. (7)


2. Urbanismo: desigualdad social y conflictividad urbana.
Una política urbana democrática debe plantearse como un objetivo prioritario afrontar la desigualdad social y en consecuencia producir una oferta urbana que mejore la calidad de vida de los sectores populares en forma de acceso a la vivienda, equipamientos y servicios, espacios públicos, seguridad, etc. Creo que este objetivo ha estado presente en el urbanismo barcelonés desde el inicio de la democracia. Es suficiente recordar que a mediados de los 80 se habían elaborado y estaban en proceso de ejecución 300 proyectos de equipamientos y espacios públicos repartidos en todos los barrios y la mayoría en las zonas más deficitarias. La rehabilitación integral de algunas de estas zonas, quizás las mayores o más visibles, que eran lugares de exclusión, ha sido espectacular (Ciutat Vella, Nou Barris) y se ha conseguido realojar a gran parte de la población en  las mismas. La política de generación de nuevas centralidades no ha sido solamente una opción funcionalista, de distribución del terciario y la movilidad sobre el conjunto del territorio, posee también un potencial social, en la medida que mejora el nivel de equipamiento, la accesibilidad y la visibilidad de los barrios populares.

Esta política fue posible por la conjunción entre la voluntad política municipal, la cultura crítica acumulada en los sectores profesionales y, especialmente, la presión social ejercida por el movimiento ciudadano en los barrios. La descentralización hacia los distritos reforzó este urbanismo al generar un espacio político y cultural de negociación y cohesión social (consejo de distrito y de participación, centros cívicos, coordinación asociativa, etc.). Se pudo así realizar un urbanismo integral se crearon hábitos de dialogo y de cooperación en unos casos, de conflicto en otros. Pero pronto aparecieron las sombras.

Un vicio de nuestra democracia con deformación partitocrática y burocrática (en todo el país) es la dificultad en asumir la “naturalidad” del conflicto social. Se aceptan las demandas particularistas pero no aquéllas que cuestionan la política institucional. Progresivamente la inercia burocrática y la inexperiencia política ha conducido a evitar la confrontación con posiciones colectivas adversas y a teorizar una “proximidad” más propia de reuniones de escalera que de debate ciudadano.  El colmo de lo que podríamos llamar un “populismo reaccionario” fueron las citadas normas de civismo que criminalizan a todos los colectivos sociales y comportamientos colectivos que puedan desagradar o molestar a los ciudadanos normales (según decía la exposición de motivos inicial del proyecto que posteriormente no se incluyó en la publicación oficial).


3. Urbanismo y mixtura social y funcional. La creación de vida urbana, la complejidad de la ciudad y la escala de los proyectos. 
El discurso político municipal ha sido siempre muy explícito: se defiende el modelo de ciudad compacta, donde se mezclen poblaciones y funciones diversas, cuyo espacio público resulte animado y favorezca el intercambio. La ciudad como diría Breton en la que cada esquina ofrece quizás una sorpresa, donde la calle pueda conducir a una aventura. La ciudad como lugar de la serendipity (Ascher), la multiplicación de los azares como contrapunto a las necesidades. Creo sinceramente que este discurso ha orientado el urbanismo municipal, que incluso ahora está presente en su discurso y en parte en sus actuaciones. Pero es también indiscutible que se han generado dinámicas segregadoras, se han realizado proyectos excluyentes y algo no se ha hecho bien cuando se ha difundido el ya citado sentimiento de malestar difuso y de desposesión ciudadana.

Reconozcamos primero las muchas luces, por conocidas y citadas no es preciso extendernos en ellas: la rehabilitación integral de barrios (Ciutat Vella, Nou Barris), el mantenimiento de la mixtura de funciones residencia-empleo en el Eixample, la cualidad y diversidad de escalas de los espacios públicos, el planteamiento de la reconversión del Poble Nou (22@) o la concepción integradora de las nuevas centralidades, la exitosa operación del frente de mar (de la Barceloneta a la Mar Bella se ha generado un espacio ciudadano extraordinario). En Barcelona la calle palpita y no solo debido al turismo.

Pero las sombras aparecen especialmente en forma de omisiones y también de algunas actuaciones indeseables. En ambos casos con efectos perversos.

Las omisiones principales han sido la debilidad de la política de vivienda y la insuficiencia de la oferta de transporte público en el ámbito metropolitano. Se puede argumentar que no son competencias exclusivas del gobierno municipal pero es obvio que hubiera debido prever que la transformación urbana que se estaba realizando en los años 80 tendría un fuerte impacto  sobre el precio del suelo y del metro cuadrado construido así como sobre la movilidad. El déficit de vivienda ha significado una relativa expulsión de los sectores populares y especialmente de los jóvenes. Y el déficit de transporte público conlleva que el 50% del tráfico que congestiona partes de la ciudad durante la semana proceda de la corona externa. Son los efectos perversos del éxito.

Hay una operación urbanística (o una suma de ellas) que se ha convertido en el emblema de lo no defendible, una metáfora de los vicios del capitalismo urbano y de la complicidad política: Diagonal Mar y la zona Fórum. En este caso se juntan la segregación social, la especialización funcional, la mala gestualidad arquitectónica, la miseria cultural  y la ruptura de la continuidad ciudadana. En el caso de Diagonal Mar hubo una dimisión municipal que entregó un lugar estratégico de la ciudad a una sociedad promotora norteamericana (Hines) para que hiciera un conjunto de torres para oficinas y viviendas (luego han sido casi exclusivamente viviendas) de alto standing, creando un espacio prácticamente cerrado, que interrumpe la trama urbana y genera un gheto. El rediseño en su ejecución del parque de Miralles-Tagliabue ha contribuido a la segregación de facto. La zona Forum no  ha creado ni espacio público ciudadano, ni una arquitectura relevante ni una diversidad de actividades que ejerzan atracción o animación en los entornos. Estas operaciones solo han servido para impedir que la Diagonal llegara al mar (una oportunidad perdida) y para demostrar que Barcelona es capaz también de practicar el horror urbanístico al que acuden turistas y congresistas ignorantes o resignados.

En una ciudad en la que se mantienen importantes desigualdades sociales practicar un urbanismo segregador y una arquitectura ostentosa es una provocación excepto si su calidad emblemática, es decir integradora simbólicamente, lo justifica. No ha sido el caso en algunas de las actuaciones de la última década. (8)

Es justo citar la otra cara urbana del urbanismo barcelonés, la que ha generado su prestigio externo y su aceptación en la ciudadanía, la que se ha expresado en Ciutat Vella y en el planteamiento del 22@, en Nou Barris, en Gràcia y en otros barrios. La calidad del espacio público ha ido acompañada de una voluntad política de mantener a la población residente y de promover vivienda social y protegida para garantizar la mixtura social de la ciudad. Deben destacarse también las actuaciones derivadas de la aplicación de la Llei de Barris que ha hecho posible actuaciones integrales en un centenar de barrios de toda Catalunya. Ver la exposición y el catálogo Per un barri digne (Col.legi d’Arquitectes, 2009).


4. Sobre la intervención sobre la base económica de la ciudad, el buen uso de los acontecimientos y del marketing y la estrechez municipal.
No estoy seguro de que se tenga en cuenta cuando se hace balance de la gestión barcelonesa: los inicios de la democracia coincidieron con una crisis de la base económica de la ciudad que provocó la desaparición de gran parte de la base industrial que caracterizaba a su economía y de unos 300 000 puestos de trabajo (en Barcelona y su primera corona). El gobierno municipal asumió el desafío, aunque no fuera de su estricta competencia, y tuvo iniciativas destinadas a generar empleo (Barcelona Iniciatives, sociedad de capital riesgo, Barcelona activa para apoyar proyectos empresariales  pequeños o medios, agentes de desarrollo local en los barrios). También promovió programas sociales y culturales diversos con el fin de reducir los efectos negativos sobre la calidad de vida de la población. Sin embargo lo que nos parece más destacable fue su voluntad de hacer de la política urbana en su conjunto un factor de reconstrucción y modernización del tejido económico y de atracción de inversiones públicas y privadas. En vez de ceder a la tentación del dumping municipal (ofertar la ciudad a trozos y a bajo precio) se optó por  mejorar la ciudad, sus equipamientos y espacios públicos, su imagen y su autoestima (Barcelona més que mai), su oferta cultural y de ocio. Y se buscaron palancas que posibilitaran grandes proyectos urbanos transformadores de las zonas críticas de la ciudad y de mejora de las infraestructuras logísticas. Hubo varios intentos fallidos pero  la consecución de los JJ.OO. fue la palanca deseada y no es necesario explicar que se utilizó muy bien. Como decía la propaganda municipal se hizo la ciudad no para los Juegos sino para después de los Juegos. En la memoria de la cultura política local creo que ha quedado inscrito que un evento sirve si se sabe primero que es lo que la ciudad precisa y se pone el evento al servicio de ésta. Y que la mejor oferta económica que puede hacer una ciudad es su calidad global, su ambiente y sus servicios. El planteamiento urbano del 22@ no creo que se pueda entender sin este precedente.

Las sombras sin embargo también existen. No creo que sea criticable el que la ciudad se haya convertido en un lugar de atracción turística (que puede representar un 15% del PIB local), como ya hemos comentado anteriormente, aunque se podría mejorar la gestión urbana que diversificara este fenómeno que sumerge algunas zonas de la ciudad. Pero es clamoroso el retraso de las infraestructuras logísticas. El puerto se ha renovado y ha recuperado una importancia en el Mediterráneo que hace 25 años era impensable, pero sin la intermodalidad y la conexión ferroviaria con Francia y Europa su progreso es limitado. El aeropuerto ha aumentado su capacidad muy lentamente y es probable que la ampliación  en curso sea pronto insuficiente. Se arrastra una historia de gestión miserable y dependiente por parte de AENA y del Ministerio de Fomento y es de lamentar que no haya habido una reacción más digna y valiente por parte de las instituciones catalanas. El retraso ferroviario es enorme, tanto en lo que se refiere a la red regional como al transporte de mercancías (conexión con el puerto y ancho europeo). La opción por el Ave se puede discutir si era o no prioritaria pero una vez se hace se hubiera podido hacer mejor. El cambio de trazado al haber optado por la entrada primera por el Baix Llobregat y Sants en perjuicio del Vallés y Sant Andreu-Sagrera fue un error tan estratégico como táctico. Tácticamente: ha retrasado tanto la llegada del Ave como la posterior conexión con la Sagrera, generando desconfianza ciudadana debido a las grandes dificultades que supuso la entrada por el sur. Estratégicamente ha aplazado el desarrollo de la operación más ambiciosa de la ciudad en el Este.

Barcelona superó la crisis de su base industrial a medias. Hoy es una ciudad dependiente del turismo, del comercio y el ocio y de los servicios a las personas y a las empresas comerciales. Y a la espera de un renacimiento del sector inmobiliario, sin otro planteamiento que volver al pasado reciente. La vivienda puede ser una de las palancas de desarrollo pero con otras reglas, con primacía de la oferta pública y de la demanda protegida. Y a una escala metropolitana. Lo mismo las grandes infraestructuras (en especial el transporte colectivo) y equipamientos (soportes de nuevas centralidades) que deben ir vinculados a un desarrollo urbano basado en la compacidad, en el policentrismo y en la discontinuidad de la urbanización en el ámbito regional.

El planeamiento estratégico ha sido un elemento clave del pensamiento económico-urbanístico barcelonés. (9) Y al mismo tiempo el esfuerzo de sus promotores no ha sido  bien aprovechado  por parte de las instituciones políticas partícipes (el Ayuntamiento de Barcelona y los metropolitanos) a pesar de haber conseguido crear un ámbito en el que participan los actores, públicos y privados, económicos, sociales y culturales con más incidencia en el territorio. La conversión del PE de Barcelona en Plan Estratégico Metropolitano (2003) ha sido una excelente iniciativa poco aprovechada para sentar las bases de una institucionalidad ejecutiva, por ejemplo por medio de un Consorcio.

El resultado de la limitación política en el ámbito municipal ha favorecido que predominara una acción pública autocentrada, una opción confusa “neoterciaria” y una gran debilidad a la hora de dar respuesta a los retos, especialmente logísticos. En la última década se han dado procesos de crecimiento significativos: como el empleo (750 000 a inicios de los 90 y casi un millón en el 2007) y la creación de empresas (solamente entre 2001 y 2005 se crearon 63 500 empresas y se destruyeron solo 1700). La población de la ciudad central, es decir el municipio, que había descendido gradualmente en el último cuarto de siglo pasado aumenta a partir del 2000 debido a la inmigración no comunitaria para situarse en 1.600.000 actualmente (de los cuales cerca de 250 000 son extranjeros). Ente 1992 y 2007 se han multiplicado por 4 los congresos y encuentros (310 a 1303).  Sin embargo el análisis de estas magnitudes no confirma la conversión de la ciudad predominantemente “neoterciaria” (como antes fue industrial, hasta los años 70), o por lo menos como “ciudad de la innovación y del conocimiento”. La cuarta parte de las empresas que se crean son entre el 2000 y el 2007 corresponden a la construcción y más del 15% al sector inmobiliario. Las neoterciarias (sanidad, informática y ocio, no se incluyen las del sector formativo) no alcanzan al 10% y  hostelería y comercio representan otro 9%. Es decir la ciudad se ha desarrollado en más de un 55% debido al boom inmobiliario y a las obras públicas. Es cierto que la estadística de la renta nos dice que entre el 2000 y el 2005 se ha reducido la distancia entre el sector más alto y el más bajo pero ello está influído por la “gentrificación” de unas zonas de la ciudad y la expulsión de población joven hacia la aglomeración metropolitana. A lo que se debe añadir que probablemente hay una subvaloración de la población inmigrante de rentas bajas. (10)

La importancia adquirida por el sector inmobiliario y la construcción nos ha hecho especialmente vulnerables a la crisis iniciada en el 2008. Además del impacto sobre la economía y el empleo habrá que tener en cuenta el efecto social: afectará a una población de por sí precaria. En un periodo de crisis hay que plantearse cual es la salida para ir adelante. Sería difícilmente aceptable pretender recrear las condiciones para volver al boom inmobiliario que ha generado una oferta radicalmente desfasada respecto a la demanda. Es suficiente considerar la espiral del precio del metro cuadrado construido: en una década (1996-2007) se ha triplicado, tanto el de nueva construcción como el de segunda mano. El turismo es un elemento importante de la economía de la ciudad pero no puede ser el dominante, pues no garantiza continuidad y tiene impactos depredadores sobre la ciudad. Parece obvio considerar que los sectores “neoterciarios” son el vector principal del futuro desarrollo pero ya hemos visto que por ahora si bien están presentes y manifiestan un cierto dinamismo están poco articulados y no son suficientemente fuertes para liderar el desarrollo a corto plazo. En el inmediato se deberá crear empleo por medio de potentes políticas públicas: vivienda, infraestructuras de transportes y ambientales, logística, programas educativos y sociales. Pero lo que se haga en el 2009 y 2010 debe servir para la ciudad del 2015 y 2020. (11)

Se han de superar los mitos del crecimiento continuado y sin límites, de atribuir funciones demiúrgicas a la instalación de alguna actividades de tecnología avanzada, de basarse en el método simplista de análisis de fortalezas y debilidades sin introducir las contradicciones entre los actores, de suponer que se puede ser una gran ciudad encerrada en las murallas invisibles del municipio. La crisis de los 70 sirvió para dar un salto adelante excesivamente concentrado en la ciudad-municipio. La superación de la crisis actual solo podrá darse en el espacio regional metropolitano.


5. La ciudad metropolitana espera. 
(12)
Darhendorf escribió un artículo con ocasión de la disolución del Greater London Council que causó sensación: “¿Quién puede hablar ahora en nombre de Londres?” Es decir ¿quién o quienes se responsabilizan  de las políticas públicas¿ En Barcelona hace  décadas que se habla de la ciudad real o área metropolitana, el Plan de 1953 ya incluía el territorio que fue después la Corporación metropolitana, disuelta por la Generalitat en 1987. Hoy se habla de rehacerla mediante una solución tan simplona como conservadora que es semifusionar las tres entidades existentes y poca cosa más. La aglomeración, la que fue llamada área metropolitana no lo es, es una ciudad. Una ciudad que puede funcionar muy bien descentralizada en distritos y municipios pero que requiere un gobierno común de carácter local. Una ciudad metropolitana, no la suma de una periferia dependiente de la ciudad central. El peso demográfico y político de los otros municipios pesará igual o más que el del actual municipio de Barcelona y así se puede garantizar una política policéntrica. Un gobierno que pueda equiparar a todos los ciudadanos en vivienda y servicios personales, en centralidades y en seguridad, en transporte colectivo y en oferta cultural. Es decir con competencias locales, compartidas con los municipios y distritos que lo compondrán.

La política metropolitana clásica, las grandes infraestructuras logísticas, las comunicaciones de cercanías,  el planeamiento del desarrollo urbano y de protección ambiental, los servicios básicos (agua, residuos, movilidad), la promoción económica y la proyección exterior, los grandes equipamientos tecnológicos y de educación e investigación, todo ello requiere una geografía distinta, territorios de geometría variable, que van de lo que se llamó región primera en los años 30 (olvidemos el anacrónico término de veguería) hasta la eurorregión que incluye desde el País Valencià y Aragón hasta las regiones del Midi o Sur de Francia. Este territorio metropolitano complejo que necesariamente debe generar de entrada una concertación  entre la Generalitat y los municipios deberá encontrar formas innovadoras de gobernabilidad: la concertación estratégica, la contractualización interinstitucional, el e-gobierno participativo.

El gobierno de Barcelona lleva más de 20 años lamentando la falta de un gobierno metropolitano. Y más de 10 sin levantar la voz para plantear la necesidad de crear una institución política para la ciudad real que se hubiera debido crear en los años 50, como se hizo en Madrid (13).  Maragall-alcalde lo hizo de vez en cuando, aunque sin éxito Ahora se plantea una falsa solución pues lo es, pretender coordinar las entidades metropolitanas existentes cuando sus competencias requieren otros ámbitos mucho mayores y la prueba es que cuando se creó la Autoridad única del transporte ya se hizo para el territorio de la “región metropolitana” (14).  La lucha por lo necesario se ha substituido por el lloriqueo reprimido, la propuesta ambiciosa por el miedo de no molestar a nadie de la clase política local, el liderazgo por la espera. Y el gobierno local ha refugiado en la dichosa “proximidad”. ¿Por qué no jugar fuerte la carta de la eurorregión junto con el Plan Estratégico, el Puerto, algunas entidades de la sociedad civil, etc. A ves si así el resto se espabilaban. Por ahora en el tema metropolitano se han  impuesto las sombras.

Y sin embargo es más necesario que nunca. La actual crisis es una oportunidad de replantear el modelo de crecimiento del territorio. Por razones de sostenibilidad, de cohesión social, de gobernabilidad y de eficacia económica no se puede continuar con el modelo de crecimiento extensivo y fragmentado, que combina enclaves y exclusiones. Y porque existe un potencial que permite un desarrollo más racional y cohesionado, basado en un interesante sistema articulado de ciudades que a diferentes escalas pueden equilibrar el peso de la capital. Una capital que decaerá si no se integra como una pieza, esencial, primus internares si lo prefieren, en la región metropolitana, en Catalunya y en la eurorregión.


CONCLUSIONES

Sobre la reconstrucción de una cultura progresista del urbanismo. Tres reflexiones breves y generales

En esta breve nota no pretendemos proponer unas bases para un urbanismo de “izquierdas” ni mucho menos. En un texto de publicación reciente (15) propusimos 7 grandes temas sobre los cuales es urgente redefinir una base teórico-política alternativa al pensamiento y a la práctica conservadora (quizás conviene más decir reaccionaria) del “neoliberalismo” que ha estado a la moda hasta la crisis reciente. Y que nos conduce a procesos disolutorios de la ciudad y de la ciudadanía, es decir de la democracia.

La cultura progresista, si quiere ser fiel a sus objetivos históricos de libertad e igualdad, a su vocación internacionalista y de estar al lado de los que son a la vez víctimas necesarias y resistentes potenciales de un sistema basado en el despilfarro global y el lucro personal, debe reconstruir sus bases teóricas y sus valores morales. La ciudad se convierte hoy en el campo de confrontación entre un capitalismo salvaje que disuelve la ciudad, atomiza la sociedad y convierte la democracia en una institucionalidad fantasmagórica y la resistencia ciudadana que defiende una propuesta de territorio donde la ciudadanía sea reconocida y se puede ejercer por la totalidad de ciudadanos considerados libres e iguales. Apuntamos únicamente tres líneas de reflexión y acción.

Hoy debemos repensar los derechos ciudadanos correspondientes a nuestra época (16). Uno de ellos puede ser el “derecho a la ciudad”, que integra los derechos que hemos citado anteriormente: a la vivienda, al espacio público, al acceso a la centralidad, a la movilidad, a la visibilidad en el tejido urbano, a la identidad del lugar, etc. En otras dimensiones de la vida social, económica y política es preciso reelaborar y precisar “nuevos derechos” que se distinguirán por su mayor complejidad respecto a los tradicionales que sirvieron de emblema a las revoluciones democráticas y a las reformas sociales de la vieja sociedad industrial (empleo-salario ciudadano o renta básica, educación-formación continuada-empleo, distinción entre ciudadanía (definida por la residencia) y nacionalidad (identidad histórico-cultural), etc.).

Optamos por conceptualizar estos derechos como ciudadanos y no “humanos” por considerar que forman parte del estatuto de ciudadanía, es reconocer a la persona como sujeto de derechos y deberes que le hacen libre en el territorio en el que ha elegido vivir  e igual a todos los que conviven en este territorio.

Una segunda línea de reflexión es la de repensar el proyecto de ciudad, y  en consecuencia de sociedad, hacia el que se aspira, como un horizonte ideal, más que como un modelo armado (tan especulativo como peligroso). El proyecto de ciudad-sociedad no se inventa, nace de tres fuentes: la memoria histórica democrática, la crítica teórica y práctica de la sociedad existente y las aspiraciones y objetivos que emergen de los conflictos sociales en los que se expresan valores de libertad y de igualdad. El urbanismo nació no solo como respuesta a necesidades funcionales de la sociedad existente. Se origina también en la crítica de la ciudad existente, la ciudad industrial capitalista del siglo XIX (17). La izquierda, después del fracaso y del justo rechazo de los modelos de tipo “soviético” y del agotamiento del “estado del bienestar” tradicional tiene miedo de pensar un “otro mundo posible”. Sin embargo tanto los ideales históricos del socialismo y del comunismo como las prácticas de los movimientos de los trabajadores y en defensa de la democracia así como las realizaciones del “welfare state” no solo representan un patrimonio positivo sino que son también unas bases para repensar el futuro. Causa vértigo el vacío cultural de la izquierda, que no quiere mirar hacia atrás ni se atreve a imaginar hacia delante. La actual crisis nos plantea una exigencia y nos da una oportunidad: replantear objetivos históricos del socialismo, la propiedad pública de los bienes básicos de la humanidad (el suelo, el agua, el aire y el fuego o energía), el carácter universal de los servicios indispensables para la reproducción social (como la educación y la sanidad, la vivienda y el medio ambiente), el control público sobre la economía financiera, el pleno empleo, etc.

Y finalmente una tercera línea de trabajo requiere vincular en el pensamiento teórico  y en la práctica política lo “local” y lo “global”. Cuando viajamos a América latina o a África, forzosamente debemos pensar en términos “globales”. No solo por la inevitable comparación entre las situaciones que percibimos y las que vivimos en nuestro país. Pero es sobretodo la inmediata comprensión de que las situaciones que golpean nuestra sensibilidad y nuestra razón sabemos que en gran parte son debidas a las relaciones pasadas y presentes con nuestro mundo. Y nos resulta ofensivo regresar y leer las declaraciones de los políticos, incluso considerados progresistas, y de los medios de comunicación, incluidos los más democráticos, defendiendo con lenguaje fundamentalista a “Occidente”, sus sistemas y sus empresas, y denunciando bajo el nombre supuestamente infamante de “populismo” cualquier crítica o amenaza a los intereses neocoloniales de gobiernos y empresas. Por ignorancia y prepotencia proponemos nuestras estrategias urbanas, nuestras tecnologías y nuestra democracia formal como modelos ideales de aplicación urbi et orbi.   A veces el discurso de representantes de nuestras ciudades,  Barcelona incluida, en el mundo africano o latinoamericano, me parece más propio de personajes  ignorantes, insolidarios,  arrogantes, insensibles e injustos.

 

REFERENCIAS 

5. Este texto es un extracto del libro “Luces y sombras del urbanismo de Barcelona”, próximo a publicarse en su versión completa y en castellano dentro de la Colección Gestión de Ciudad del Área Gestión de la Ciudad de la UOC por la Editorial UOC y en versión en catalán por la editorial Edicions 62. (volver al texto)

6. El Departamento de Urbanismo del Ajuntament de Barcelona ha publicado una abundante documentación que se cita en una nota anterior de este artículo, así como las obras de algunos de sus responsables y principales colaboradores. A continuación añadimos algunos textos, la mayoría de no-arquitectos: Narotzky, V. (2007):  La Barcelona del diseño, Santa&Cole, Barcelona. Mascarell, F. (2007): Barcelona y la modernidad. Gedisa, Barcelona. Moix, Ll. (1994) La ciudad de los arquitectos. Anagrama, Barcelona. Una visión progresivamente más crítica se encuentra en Montaner, JM (2003): Repensar Barcelona. Edicions UOC, Barcelona. Del mismo autor ver también La evolución del modelo Barcelona en Borja, J y Muxí, Z  Urbanismo en el siglo 21, Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia (Edicions UPC 2004) y en diversos artículos  en El País como Neofeudalismo inmobiliario (11-12-05), Intervenciones neoliberales en la Barceloneta (14-06-08) y Olvido de la cultura del espacio público (7-2-09).
Ver también la original obra de Permanyer, Ll. (2004): La Barcelona lletja. Àmbit, Barcelona. Una crítica ideológica-culturalista es la obra de Resina, JR (2008): Auge i declive d’una imatge urbana. Galaxia Gutenberg, Barcelona. (volver al texto)

7. El Parque Central del Poble Nou es un ejemplo de lo que no hay que hacer, de un cierto papanatismo consistente en encargar a una figura internacional en pleno proceso de autismo una obra pública estratégica sin poner condiciones previas y sin atrevimiento suficiente para no aceptar el proyecto y hacerlo modificar radicalmente. La zona Diagonal/Pere IV requería un parque abierto que se diluyera y contribuyera a estructurar un entorno disperso y en transformación. Nouvel, sin conocer el lugar, comentó en Paris que aceptaba el encargo pues tenía el capricho de hacer un parque cerrado. Y lo hizo. Es significativo que dos artículos aparecidos con pocos días de diferencia tenían como título Parque de Concentración y La Jaula verde (de Montaner, JM y de Borja, J respectivamente en El País 26 y 14 de abril). El contra-ejemplo positivo es el fantástico Parque Central de Nou Barris de Fiol, C y Arriola, A. Ver Barcelona periferia cubista (Ajuntament de Barcelona, 2004) (volver al texto)

8. Quaderns del Carrer (2008): La Barcelona dels barris. Federació Associació de Veïns de Barcelona/FAVB. A partir de la información estadística municipal los autores elaboran los datos por barrios. Si nos basamos en la renta media considerando 100 la media de Barcelona la diferencia entre los distritos va de 180 a 68 y si el análisis se hace a nivel de barrio la renta media de unos supera 200 y las de otros se sitúa por debajo de 60. Es decir se mantiene una importante correlación entre desigualdad social y territorial. (volver al texto)

9. El Plan Estratégico de Barcelona es un proceso de concertación entre instituciones políticas y organizaciones sociales y económicas que se inició en 1988. Constituido en Asociación y pilotado con gran inteligencia por el economista Francesc Santacana ha conseguido crear a la vez un ámbito consensual de diagnóstico prospectivo y de escenarios deseables así como de elaborar propuestas de proyectos estratégicos. El conjunto de publicaciones del PEB es seguramente la fuente de datos y de ideas más importante sobre el devenir del territorio, de su economía y de su calidad de vida. Pero si en los primeros años de existencia se estableció una dialéctica positiva entre los proyectos impulsados por la ciudad y las estrategias de futuro del Plan merced al fuerte liderazgo político y cultural del gobierno municipal en la última década el Plan ha mantenido su capacidad de construir una importante base de reflexión analítica y de debate entre actores públicos y privados pero sus propuestas al faltar una interlocución política eficaz se han diluido al no encontrar receptor. Su conversión en Plan Estratégico Metropolitano no ha encontrado la institución política correspondiente y aparece hoy no como respuesta efectiva a los desafíos del territorio sino como una llamada de atención a la existencia de un vacío que es necesario ocupar. En todo caso ha sido y es un instrumento importante para gobernar el territorio. Solo falta el gobierno que lo sepa utilizar. (volver al texto)

10. El análisis estadístico (excelente) procede principalmente del Gabinete de Programación del Ayuntamiento de Barcelona y  nos ha sido proporcionado su exdirector Josep Serra y de la Memoria del Plan Estratégico Metropolitano (2007). (volver al texto)

11. El programa de acción inmediata del presidente Obama se centra en 5 sectores de actuación prioritaria: empleo, vivienda, transportes y otras infraestructuras, medio ambiente y seguridad ciudadana. No hay mucho que inventar.
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12. Aportamos algunos datos demográficos: Barcelona ciudad: 1.600.000 habitantes en menos de 100km2. Pero cada día entran más de medio millón procedentes del entorno metropolitano. La aglomeración o antigua Área metropolitana: la misma población en 500km2 y 30 municipios. Es el continuo urbano que va de Montgat a El Prat y separado de las ciudades de las comarcas del Vallés por la sierra de Collserola. Y la Región Metropolitana casi 5 millones de habitantes (incluidos Barcelona y la aglomeración) en 1700 km2 y un centenar de municipios. Se extiende desde El Garraf hasta el Maresme, incluyendo el Baix Penedés y el Vallés occidental y oriental, hasta el Montseny. Es el ámbito actual del Plan Estratégico Metropolitano. (volver al texto)

13. En los primeros censos o recuentos aproximados de población después de la guerra civil Barcelona y Madrid tenían la misma población. Se dice que incluso en el primero Barcelona superaba ligeramente a Madrid. Y cuentan que el militar que dirigió las operaciones declaró que”no hemos ganado la guerra para ahora salir con esto” y mandó eliminar a extranjeros y ancianos para rebajar la cifra. En mis libros de texto de la infancia recuerdo que en todos se atribuía la misma cifra a las dos ciudades (1.100.000 habs. en 1950). En 1953 se duplicó el territorio de Madrid que pasó de 300 a 600 km2 mientras que en Barcelona al tiempo que se reconocía tácitamente la existencia de una única realidad urbana (Plan del 1953) se mantenía el municipio en sus límites de principios de siglo. No era la primera vez que ocurría algo así. El territorio de la Barcelona medieval era aproximadamente la vieja  área metropolitana disuelta en 1987 y como consecuencia de la guerra de Sucesión (1714) fue reducido a la ciudad enmurallada y a la “zona polémica” (el vacío en el que no se podía construir y que dio lugar al Plan Cerdà hace ahora 150 años). (volver al texto)

14. El ámbito de la Región Metropolitana (ver datos en la nota 12) fue establecido ya en la División Territorial republicana como ámbito de planificación. En los años 60 se recuperó este ámbito como el más adecuado para un territorio en el que se daban fuertes dinámicas de crecimiento y que requería una ordenación conjunta y unas infraestructuras y servicios articulados. La arbitraria disolución de la Corporación Metropolitana hubiera debido servir no para fragmentar más el territorio sino para crear una Entidad local específica para la aglomeración y crear un ente compartido entre Generalitat y municipios a escala de Región metropolitana. En el cual un Plan Estratégico Metropolitano podría servir de marco de actuación conjunta. (volver al texto)

15. Borja, J. (2008): L’Esquerra, instint bàsic. Pagès Editors, Lleida. Los 7 temas que proponíamos como discriminatorios entre conservadurismo y progresismo eran: trabajo, precariedad y desocupación; vivienda, suelo y derecho a la ciudad; infraestructuras y derecho a la movilidad; seguridad ciudadana e integración social; escuela pública y laicismo; servicios universales y sanidad; inmigración y igualdad de los habitantes de un territorio. (volver al texto)

16. Borja, J. (2004) Los derechos ciudadanos, J. Borja, Documentos, Fundación Alternativas, Estudios, nº 51 (incluye una amplia bibliografía). Madrid. (volver al texto)

17. Ildefonso Cerdà antes de elaborar el Plan que lo ha hecho famoso y del que celebramos ahora el 150 aniversario, estudió detenidamente las condiciones de vida en la ciudad y especialmente de las clases trabajadores. Obtuvo la colaboración de los “comités de fábrica”, embrión de los sindicatos de clase posteriores. Y su propuesta fue calificada como “urbanismo igualitario”.(volver al texto)

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> François Ascher, mucho más que un sociólogo urbano
> Claves para interpretar las transformaciones urbanas en Cataluña
> Urbanismo neoliberal: la ciudad y el imperio de los mercados
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