AÑO 5 - Marzo 2013
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Editorial
La inseguridad, la libertad y el miedo. En las paradojas de la ciudad contemporánea l Por Miguel Y. Mayorga


La inseguridad urbana hoy por hoy viene cambiando radicalmente nuestras vidas. Nunca antes se había producido una conjunción tan inquietante como la actual, en donde altos niveles de delincuencia se ven acompañados a la par por una alta cronificación social de un miedo difuso al delito.

Este hecho en la ciudad contemporánea no sólo produce una situación de tensión a nivel social, sino que además genera un circulo vicioso lleno de contradicciones y paradojas. Una exigencia de mayor seguridad, pone en práctica medidas que lo que hacen es reproducir y alimentar planteamientos y acciones, que constituyen una forma de vida en comunidad, caracterizada por la estigmatización social, procesos de exclusión y por la instauración de una ideología del miedo.

Varios autores vienen ya alertando sobre las consecuencias de la aplicación de políticas de seguridad ciudadana, que con origen en visiones parciales, estrechas y acotadas, resultan tan enérgicas y desproporcionadas que más que en ser una solución en si mismas, terminan siendo una gran parte del problema al que supuestamente quieren dar solución.

Refiriéndonos a este tema en términos de Jaume Curbet, podríamos llegar a contrastar muy fácilmente el abundante ruido y la escasa reflexión que en la actualidad suscita el fenómeno contemporáneo de la seguridad ciudadana. Pues bastaría con solo etiquetar un problema público como "de seguridad" para que un examen pausado y ecuánime quede descartado; entonces ya sólo parece factible una acción rápida y enérgica que, por impulsiva y desorientada, se verá frecuentemente reducida e incapaz de solucionar el problema e incluso podrá llegar a agravarlo.

Pero si esto sucede en cuanto a la forma de entender y proponer acciones respecto a la inseguridad ciudadana, por otra parte también es reconocible respecto a la violencia y su percepción social, una tendencia a la manipulación y a la banalización en la explicación de los conflictos, situación que crea estados de aceptación y justificación, tanto de los hechos delictivos como de las acciones puestas en práctica para afrontarlos, de forma bastante difundida.

...es profundamente sintomático que las sociedades occidentales tan sensibles a las diferentes formas de persecución, sean también capaces de poner en marcha infinidad de mecanismos destinados a hacernos insensibles a las formas más brutales de la violencia, paradójicamente, en la misma forma en que despiertan la simpatía humanitaria con las víctimas, asevera en este sentido el filósofo esloveno Zlavoj Zizek.

También es cierto, que existe el privilegio de vivir en comunidad y que por este, habría que "pagar" un precio. Esta otra paradoja nos explica que si bien la comunidad nos puede llegar a prometer seguridad, esta también parece que a su vez puede llegar a privarnos de la libertad, es decir del derecho a ser nosotros mismos. Seguridad y libertad que son dos valores igualmente preciosos y codiciados, deberían poder equilibrarse hasta cierto punto, pero esto exige una actitud más "colaboradora" en los distintos actores que intervienen en la ciudad, más que necesaria en la crisis estructural, la inestabilidad y volatilidad en la que hoy vivímos.

En este orden de ideas, la búsqueda de una seguridad ciudadana, debería centrarse en construir una mirada sensible al otro, que apacigüe el miedo y refuerce los lazos de la comunidad, aceptando de entrada, que no es tarea fácil y que es un ámbito de las relaciones sociales donde tienen lugar contrastes, conflictos y también paradojas. Situaciones que no llegarán a reconciliarse de forma plena, pues puede ser más que improbable que se resuelva la tensión entre seguridad y libertad, así como también entre comunidad e individualidad.

Los análisis y políticas de seguridad, más que persistir e insistir en el desarrollo de un debate político, que con dudosas bases reproduce una cultura del miedo -y que se nutre de un conjunto de ideas y formas de acción preestablecidas, que al máximo llega a una somera revisión sobre la idoneidad de las distintas estrategias participativas o punitivas al uso-; deberían enfocarse en la elaboración de diagnósticos más ajustados a los problemas y conflictos específicos, indagando en sus causas y procesos, sin obviar la concreción de los hechos y sus repercusiones, y sin perder el objetivo final que deber ser el de crear una solidaridad entre personas diferentes y consenso social. .

 MM

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