> AÑO 4 - Octubre 2012
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Editorial
Acciones contra la megalópoli, la verdadera anticiudad I Por Miguel Y. Mayorga

Fotogramas de “Barrio” de Fernando León. España 1998


Antes que Hiroshima, que la reconstrucción de Europa y que la formalización de ciudad de Los Ángeles, Lewis Mumford ya advertía sobre los riesgos de la materialización extendida de una llamada “anticiudad”, una ciudad deshumanizada y desmesurada apoyada en las posibilidades tecnológicas, y basada en lógicas económicas y socio-políticas que más que dar solución a la vida del hombre en sociedad, reproduciría lo más cercano a una megalópoli, una gran concentración de población en la que se privilegia la funcionalidad de las necesidades productivas capitalistas. 

Esta ciudad en conurbación sin límites claros, extensa e informe y sujeta a un modelo de supremacía de la movilidad, de consumo exponencial de suelo, inviable medioambientalmente y socialmente injusta, ya existe, y paradójicamente resulta más fácil identificarla a través de imágenes, cuando es extraída de la cotidianidad. Representada en el arte, en la pintura en el cine, en la fotografía y en algunos medios a través del tiempo y en imágenes, esta ciudad que a la vez nos sorprende también nos inquieta, nos deja entrever con facilidad sus dos caras, la ciudad de la realidad y la de idealidad, hechos y ficciones que se mezclan y se confrontan.

Contra esta crisis de la ciudad que presenta esta fuerte divergencia entre la ciudad real e ideal o representada, la que vivimos y la que necesitamos o queremos vivir, se hace necesario asumir una posición ciudadana que enfrente el estado de adhesión pasiva a un modelo que prefigura un futuro poco alentador. Las acciones, los reclamos y las exigencias deberán provenir del ciudadano, en un mundo complejo donde las políticas urbanas globales tienen repercusiones macroeconómicas que se materializan luego a nivel local, y donde las discusiones urbanas trascienden a los límites de los territorios, las administraciones e incluso también a los posibles enfoques disciplinares. Se observa más que nunca, que es demasiado importante dejar la ciudad sólo en manos de la arquitectura y de la planificación urbana cómplice de los mercados inmobiliarios, pero también de los economistas o de los políticos.

La crisis es financiera pero tiene raíces urbanas y sus efectos y repercusiones son a escala macro, a escala regional y también urbana; y morfológicamente, económicamente, políticamente y socialmente, la ciudad esta sufriendo fuertes cambios y el declive del “derecho a la ciudad” se hace cada vez más evidente por la falta de capacidad de reacción de los gobiernos y por las crecientes limitaciones impuestas al ciudadano. 

El reto que impone la crisis de la ciudad actual exige la colaboración entre las disciplinas profesionales y debe sustentarse en la organización ciudadana, para plantear respuestas que no sean ni las complacientes e “integradas” con el modelo predominante, ni ausentes, conformes y “apocalípticas” que no llevan a proponer nada, sólo será la acción la manera de reconducir la anticiudad neoliberal hacia la ciudad.

 MM

 > EN ESTE NÚMERO:
> Editorial
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