> AÑO 4 - Mayo 2012
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Editorial
¿Desarrollo sostenible? I Por Miguel Y. Mayorga


Sostenible es un adjetivo de uso siempre más frecuente para la justificación de propuestas urbanas de cualquier índole: sirve para sustentar y respaldar la validez de proyectos arquitectónicos, planes urbanos y también todo tipo de políticas de gestión de la ciudad. De esta manera, todo lo que es denominado como "sostenible" es interpretado y valorado como positivo, siendo objeto de una aceptación social que por desinformación y superficialidad termina siendo amplia y compartida, así y por contraste todo lo que no fuese acompañado de este calificativo tiende a ser inaceptable e "insostenible".


Edificios "verdes" de formas caprichosas y extrañas, tanto altos como bajos, de alta tecnología o de aspecto rudimentario y/o kitsch; urbanizaciones "verdes" de baja o alta densidad, de discutible ordenación y localización; sistemas de energía eólica perturbadores del paisaje; estudios de impacto ambiental y medidas correctoras desarrollados a posteriori de muchas decisiones urbanísticas previamente ya tomadas; políticas urbanas de "orden" y "protección" civil que producen discriminación social; ecotasas que legitimizan y viabilizan acciones contaminantes y coches ecológicos que compiten con los transportes públicos y colectivos, son sólo unos ejemplos de las facetas de una sostenibilidad errada y autocomplaciente llevada a límites paradójicos y extremos en la práctica.


Si hacemos un repaso al Informe de la Comisión de Brundtland de 1987, encontramos que según la ONU: "el desarrollo sostenible busca mejorar la calidad de vida de todas las personas del mundo, sin aumentar el uso de los recursos naturales más allá de la capacidad de la Tierra". Vemos así como el término "desarrollo", se antepone el de "sostenible" y como a partir de esta definición se plantean un conjunto de planes de acción que constituirían un "estilo de vida realmente sostenible", basado en tres líneas principales: una primera, referida al crecimiento y a la equidad económica, que considera los sistemas de desarrollo económico a escala internacional; una segunda, a la conservación de los recursos naturales y el medio ambiente para las generaciones futuras; y finalmente una tercera, centrada en el desarrollo social (empleo, alimentación, educación, salud, energía, agua, servicios sanitarios) así como en el respeto a la diversidad cultural. Líneas que definen las condiciones necesarias para que todos los miembros de la sociedad estén en la capacidad de dirigir y formar su propio futuro.


Sin embargo, no es difícil verificar que en aras del "progreso" y del "desarrollo", y en nombre de la "competitividad", en muchos países y ciudades las políticas urbanas terminan por usar la sostenibilidad como perfecta coartada para lograr unos objetivos que además de velar por intereses particulares, no solo traen consecuencias a nivel medioambiental así como a nivel social.


Por esto se hace urgente una revisión de la sostenibilidad y del desarrollo, para redefinir los términos y conceptos que han sido banalmente utilizados y vaciados de su significado; para desenmascarar las prácticas y los procesos que han desvirtuado y "parasitado" el calificativo de lo sostenible y para legitimar un desarrollo sostenible que reemplace el entendimiento actual de desarrollo. Un desarrollo que tal como conocemos hoy es sinónimo y anhelo de crecimiento económico, que al intentar conseguir sus poco equitativas metas, ha llegado a instrumentalizar tanto al hombre como a su entorno como objeto y mercancía.


 MM

 > EN ESTE NÚMERO:
> Editorial
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