> AÑO 4 - Febrero 2012
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València, de la Ciutat de les Arts i les Ciències al Gran Premio de Europa de Formula I (*)
Grandes Eventos, grandes proyectos: una apuesta de alto riesgo I Fernando Gaja i Díaz

(*) Ponencia: Grandi Eventi: Casi Internazionali a confronto per una riflesione sull’Expo. Milán 2015. 24 octubre de 2008.


1. Los Grandes Eventos como Estrategia Urbana 

Todas las ciudades, grandes y medianas, ricas y pobres, aspiran a captar inversiones, y para ello han entrado a competir en el mercado financiero globalizado, y en el turístico, jugando para atraer recursos y visitantes. Es una liga que se juega en diferentes divisiones. En una “premier” están las ciudades globales, nodos de los flujos de capital globalizado (Nueva York, Londres, Tokio, y pocas más); en una serie B, las capitales de los Estados más ricos (Unión Europea) y alguna que otra gran ciudad que aspira a no quedarse descolgada, a no descender (Barcelona, Milán,…). Siguiendo con el símil futbolístico, existen competiciones en las que se admiten a equipos de divisiones inferiores, donde los pequeños pueden soñar en competir con los grandes. La celebración de los grandes eventos, sobre todo los deportivos y los culturales, es el mejor ejemplo.  

Justificación de los grandes eventos / grandes proyectos. 

Las razones de una competencia. ¿Por qué compiten las ciudades?, ¿qué esperan ganar? La última ratio de la apuesta por los grandes eventos es el impulso económico, reducido a la atracción de capitales, al “fomento de la actividad económica”, justificado con dos argumentos: a) por la inversión foránea que atraen; y b) por la gasto interno, generalmente de las Administraciones Públicas, en el sector constructor, de las obras públicas.

Se supone que los Grandes Eventos (competiciones y campeonatos deportivos, exposiciones y actos lúdico-culturales,…), actúan como motores del desarrollo económico, principalmente en el sector turístico contribuyendo a crear y difundir “imagen urbana” (marketing urbano), e incluso mejorando la competitividad de las ciudades, aunque esta hipótesis es probablemente la más débil. Los Grandes Eventos vienen ligados casi indefectiblemente a Grandes Proyectos de Arquitectura, impulsores de la llamada “New Economy”, la economía de los intangibles, en el campo de la cultura, el ocio, el turismo y la comunicación. En su defensa, finalmente, se arguye asimismo su capacidad sinérgica y catalizadora de procesos económicos y sociales más amplios. 

¿Quién paga la fiesta?. Los grandes eventos son una fiesta, son el panem et circenses actuales. Espectáculo para consumo masivo, inviables y sin sentido sin un soporte mediático global. Pero los grandes eventos, y los grandes proyectos a ellos vinculados, son además un envite de alto riesgo, en el que las Administraciones Públicas suelen asumir los costes de su realización, mientras que los beneficios fluyen o se derivan al sector privado, respondiendo a la llamada teoría de la lluvia fina, en sintonía con lo que es (¿ha sido?(1)) la ideología neoliberal dominante en el último cuarto de siglo. La consecución de un gran evento requiere fuertes inversiones (que se detraen de otros rubros, más sociales), muy concentradas, en el tiempo y en el espacio, y si no se actúa de forma planeada, si sólo se responde a las oportunidades, se pierde incluso la ocasión para hacer de ellos instrumentos de transformación estructural.

Además, como en toda competición, en ésta también hay triunfadores y fracasados, “loosers and winners”. Frecuentemente las ciudades que han competido por la consecución de un gran evento, deportivo p.e., unos Juegos Olímpicos, realizan fuertes inversiones, sin la seguridad de obtenerlos. De hecho sólo una es la ganadora, y las demás deben justificar cara a sus contribuyentes un dispendio sin recompensa, sin el maná prometido.

Desde un punto de vista urbanístico, las críticas a los Grandes Eventos inciden en las siguientes razones:

i) No producen una mejora en la distribución de las rentas (una cuestión que fue clave en los orígenes del urbanismo moderno).

ii) No introducen elementos equidad, ni mejoran el acceso a los espacios y  equipamientos urbanos, por el contrario frecuentemente se desarrollan y producen espacios cerrados, y aún elitistas. Son una buena evidencia de la evolución de un urbanismo socialdemócrata o reformista a otro neoliberal o empresarial, de la concepción del urbanismo como servicio a su utilización como negocio, una mutación en la que las Administraciones Públicas han sido cómplices.

iii) Concentran las actuaciones públicas en algunos, pocos, espacios ignorando el resto de la ciudad, incluso áreas contiguas a los recintos donde tienen lugar.

iv) En bastantes casos (en todos los que constituyen los casos de estudio de este texto) se han desarrollado al margen, o en contra del planeamiento urbanístico vigente, que ha sido transgredido o modificado a la carta, porque no estamos ante operaciones pensadas y planificadas, sino de “oportunidades” que surgen y se “aprovechan”.

Si ampliamos el marco de consideración a los aspectos económicos, políticos, y sociales, las críticas destacan:

i) El deterioro de los servicios y prestaciones sociales, llegándose en los casos extremos a la privatización de los servicios públicos, tras su previo deterioro, forzado por la retracción de las inversiones públicas.

ii) Los que se ha dado en llamar el “keynesianismo perverso” (irónicamente tildado de socialismo para ricos)(2), en el que las inversiones públicas incentivadoras de la actividad no benefician a los sectores de más vulnerables, sino a los grupos económicos más potentes.

iii) La opacidad, falta de transparencia y ausencia absoluta de participación ciudadana; ni a priori, ni a posteriori. Ni siquiera se ha buscado el refrendo formal, como una mera coartada del poder. 

La ciudad como icono mediático (3) 

Los Grandes Eventos son puro espectáculo, difundidos mediáticamente y revestidos de un áurea de glamour, de opulencia. Lejos quedan los tiempos en que hacer Urbanismo era resolver los problemas que el despliegue de la urbanización generaba en el espacio. El Urbanismo de los Grandes Eventos es una actividad mediática, con su star-system, sus superproducciones, su difusión, su ranking en la audiencia y refrendo. Un espectáculo que es la genuina representación de la cultura de la opulencia. Las ciudades compiten en demostrarse a sí mismas y a los demás que son capaces del citius, altiur, fortius, de ser las más rápidas, las más altas, las más fuertes. Una mezcla letal de competitividad y apariencia en la que todo vale, con tal de competir, de generar imagen, valores intangibles, que, se supone, son el gran maná financiero de las ciudades.

La Administración Pública y el capital inmobiliario forman hoy un tándem en la que la iniciativa privada se lleva la parte del león, mientras el sector público, desde una situación de vasallaje, allana las dificultades, invierte en infraestructuras de dudosa rentabilidad social: carreteras, ferrocarriles, ciclo hidráulico. En definitiva hace posible la acción inmobiliaria privada, en un vínculo que podríamos calificar de relación parasitaria. 

Apuntes sobre el Proyecto Urbano como instrumento de intervención 

Un recorrido por la desmesura, las ganas de aparentar, y el negocio, bajo el paraguas de lo público. Planear, pensar escenarios futuros en términos racionales es hoy una actividad abandonada (y a ello ha contribuido en no poca medida la banal y oportunista descalificación académica y profesional del planeamiento). Hay que proyectar de forma fragmentaria, oportunista, pero siempre espectacular, “glamorosa”, y lucrativa. València es un ejemplo paradigmático de esta política. La ciudad está inundada por megaproyectos urbanos, presentes o futuros: la València Litoral de Jean Nouvel, el conjunto de rascacielos de Santiago Calatrava, el soterramiento de las líneas de ferrocarril y el Parc Central, la Marina Real Juan Carlos I, y los incontables proyectos de macrourbanizaciones, que son el golpe de gracia a una huerta agonizante. Un rosario de grandes proyectos que arropados por incontables actuaciones de tamaño intermedio transmiten al ciudadano la sensación de estar asistiendo a un espectáculo circense-urbano, donde el más-difícil-todavía está ya preparándose.

La polémica sobre los instrumentos de la intervención urbanística transciende el mundo académico, por sus implicaciones sociales, económicas, políticas. El plan, el plan urbanístico estrictamente hablando, implica una voluntad de prever el futuro, de establecer hipótesis evolutivas, de identificar alternativas, y guiados por la razón elegir la “mejor” (la “mejor” no es un concepto único, depende de los intereses y objetivos de los distintos agentes urbanos). Pero en cualquier caso, la actividad de planear se mueve en el mundo de la racionalidad, que es el valor supremo que orienta la toma de decisiones. La apuesta por el proyecto como instrumento para la intervención urbanística, más allá de la no despreciable carga corporativa que lleva aparejada, y cuando se propone de forma rigurosa (pocas, todo sea dicho) implica sustituir la actividad de prever por la de proyectar, es decir, decidir y diseñar las actuaciones no desde el análisis y la consideración de tendencias, sino desde la voluntad apriorística. Un proyecto no se justifica por sus análisis previos, no se deduce lógicamente, surge como idea creadora. 

La mistificación del procedimiento, que en principio podría aportar elementos positivos a la intervención urbanística, es que se presenta como pura opción creadora, con frecuencia de la mano de un genio, gurú o figura incontestable, no como la opción voluntarista y creadora de un colectivo, establecida en función de sus intereses, confesables o in. El proyecto así entendido se sustrae a la discusión ciudadana, a la valoración objetiva: sólo se puede aceptar o rechazar; y quien opte por la impugnación se opone a la descalificación.

Los Proyectos Urbanos vienen, invariablemente, de la mano de una apuesta por la “competitividad en un marco globalizado”, por la lucha por captar inversiones financieras internacionales. Frecuentemente, sin embargo, las únicas inversiones significativas son las que proceden del erario público, del bolsillo de los ciudadanos, que cargan con actuaciones improductivas, ruinosas y de escasa (o nula) rentabilidad social, mientras las empresas constructoras hacen su agosto todo el año. En este cuento, la proyección de una buena imagen, el llamado “marketing” urbano es un elemento recurrente. Todo vale, todo se justifica para conseguir eco, presencia en los grandes sistemas mediáticos globales. Pero el “minuto de fama” que arduamente persiguen tiene unos costes disparatados y unos exangües beneficios para la ciudadanía.

Frente al potente aparato mediático desplegado con motivo de un “gran-evento global” las críticas no se admiten, no se toleran. Quien ose es considerado traidor. La disponibilidad de presupuestos públicos, la agilización y superación de trámites burocráticos, las facilidades institucionales y privadas que acompañan su realización podrían utilizarse con mejores fines. El “marketing” urbano, los pingües negocios que propician, la rentabilidad política y social todo lo justifica, allana todos los obstáculos.

 

2. Datos básicos sobre València 

Fundada en el 138 a.C., València es en la actualidad la tercera ciudad por población del Estado español. El municipio alberga a unos 800.000 habitantes, con un crecimiento sostenido en la última década debido a la inmigración (el número de extranjeros censados supera los 100.000 (4)), y alcanza el millón y medio con su área metropolitana, asimilada a la comarca de L’Horta.

La ciudad, la comarca y el País han crecido rápidamente aprovechando el boom económico (1996-2007), aunque no han conseguido superar el diferencial que las separa de las otras comunidades autónomas, ni mejorar su posición el ranking de renta per cápita. El crecimiento económico de los últimos años ha estado basado casi exclusivamente en el desarrollo inmobiliario y en el turismo, por lo que no es muy difícil imaginar que se va a enfrentar a serias dificultades en un futuro inmediato. 

El modelo urbanístico valenciano

A finales de 2007 (septiembre si queremos ser precisos) el ciclo expansivo inmobiliario finisecular (1996-2007) puede darse por cerrado. Ha sido una década larga en la que el sector de la construcción se ha disparado por encima de toda previsión, de toda lógica, de cualquier sensatez (5). En este período, el Ayuntamiento de València ha carecido de cualquier idea global de ciudad, de todo modelo urbanístico más allá de la aceptación y el impulso de la promoción inmobiliaria, si exceptuamos la organización de los Grandes Eventos, y los Grandes Proyectos Urbanos a ellos vinculados. Se ha dejado arrastrar por la marea desarrollista, ha sido madero a merced de la corriente, ni siquiera piragua y menos barco capaz de trazar rumbos, fijar objetivos. La improvisación continua, el oportunismo más miope han dominado su actuación. A falta de un modelo de ciudad a medio y largo plazo, la Administración Municipal, apoyada por la autonómica, ha apostado por la celebración de Grandes Eventos, vinculándolos al desarrollo de Grandes Proyectos Urbanos, una opción opaca, cara, inequitativa, improvisada y derrochadora. El cambio de ciclo económico, agravado por una crisis financiera mundial, resalta los aspectos más negativos de una apuesta de alto riesgo, que hoy parece perdida.

 

3. Tres “Grandes Eventos” 

Tres Grandes Eventos desarrollados en València en la primera década del siglo XXI han sido propuestos para su análisis. Sumados, y añadiéndoles el paseo marítimo de las playas del Cabanyal y la Malvarrosa, entrañan la completa transformación del frente marítimo urbano norte, con una incursión por el antiguo lecho fluvial hasta alcanzar las inmediaciones de la ciudad histórica. Analizaremos estos 3 eventos-proyectos conjuntamente porque, aunque espontáneos e impensados, han acabado por transformar la fachada litoral de la ciudad.

Las actuaciones suponen una ocasión perdida para estructurar y optimar el frente acuático (water front) de la Ciudad de València. La forma en que se ha manejado la intervención, la continua improvisación, la carencia de una estrategia, de una planificación a medio y largo plazo, la subordinación a los dictados e intereses de las grandes empresas constructoras e inmobiliarias, el derroche de medios, la ausencia de un marco de participación ciudadana, la inexistencia de cualquier reflexión, de cualquier medida, tendente a situar la actuación en el marco de la mejora de la sostenibilidad local, han impedido considerar las costosas operaciones en una perspectiva global urbana, malogrando la posibilidad de recualificar algunos barrios y fragmentos de ciudad sumamente deteriorados que han quedado al margen de los Grandes Proyectos desarrollados. El Cabanyal, Natzaret, El Grau, están hoy peor que antes de los Grandes Eventos, mientras asisten atónitos al banquete constructor que el Ayuntamiento costea.

 

3.1. Ciutat de les Arts i les Ciències 

La idea original la aporta el gobierno socialista en 1989, pero apenas si pudo trazar el plan de ordenación, ya que en 1994 el Partido Socialista del País Valenciano (PSPV) pierde las elecciones, como colofón a un convulso periodo de cesiones y renuncias sin fin. 

 

Oficialmente la “Ciutat de les Arts i de les Ciències” es un centro lúdico y de difusión científica y cultural. Se encuentra ubicada junto al antiguo cauce del río Turia, ocupando una superficie de unas 35 hectáreas, y más de 1.800 metros de longitud. El conjunto incluye el “Museu de la Ciència”, de carácter divulgativo, utilizado también como centro de congresos, el “Hemisfèric”, un cine Imax, el “Palau de les Arts”, un teatro dedicado fundamentalmente a representaciones operísticas, en una ciudad y en un país que no dispone de compañía estable de ópera, “l’Umbracle”, un pabellón construido encima del estacionamiento, y que ha sido parcialmente cedido a la iniciativa para utilizarlo como disco-pub.

Inicialmente se había previsto también la construcción de una torre de comunicaciones, encargada, como es ya habitual, al arquitecto Calatrava. La torre ocupaba un área triangular asimétrica de 41.820 metros cuadrados, y con una altura de 382 metros se habría convertido en la tercera más alta del mundo. Posteriormente el proyecto fue descartado y fue sustituido por el Palau de les Arts. Al este, se  encuentra l’Oceanogràfic”, supuestamente el mayor de Europa (80.000 m2), construido por Félix Candela. El conjunto se remata con un nuevo puente y “l’Agora”, obras de Calatrava, en curso de finalización. Desde el punto de vista arquitectónico, edilicio, el conjunto es una colección de proyectos de Calatrava, una especie de museo personal, una repetición ad infinitum de lo más propio y característico de su estilo; desde la consideración urbanística, es una acumulación de artefactos, sin estructuración, ni vinculación con la ciudad, ni su entorno inmediato. 

  

Costes y gestión

El conjunto ha sido sufragado enteramente por el gobierno autónomo, la Generalitat Valenciana, y su gestión corresponde a una sociedad, CACSA, de capital público al 100 %. El coste total de la operación es uno de los secretos más celosamente guardados. Estimaciones paraoficiales (6)lo sitúan por encima de los 1.300 millones de euros (al parecer con un sobrecoste del 500 % respecto al presupuesto inicial). Las mismas fuentes cifran en unos 200 millones de euros los ingresos generados sólo en 2007, un valor que no puede ser confirmado (7), mientras se reconoce un déficit de explotación de CACSA de más de 62 millones de euros en el mismo año, lo que ha obligado a la Generalitat a “inyectar” unos 116 millones de euros, sólo en ese ejercicio, y para evitar su quiebra. En suma, el conjunto es un sumidero de capitales públicos, con una utilidad social muy limitada. Devenido escenografía urbana, se ha utilizado en numerosas ocasiones para la filmación de spots comerciales, para la presentación de películas, o para actos sociales e institucionales, así como para congresos y celebraciones, en competencia con otra instalación pública existente en la ciudad, el Palau de Congresos construido por Norman Foster.

Como acertadamente destacaba la prensa “Fabricar la imagen de la postal que representa a la ciudad de Valencia por todo el mundo no ha salido gratis(8). Las afirmaciones contenidos en los folletos divulgativos en el sentido de que la CAC mejora la calidad de vida de los ciudadanos suenan a hueca excusa. La clave más bien debe buscarse en otra dirección, en la afirmación de que the Valencian Region needed a project with an international scope which could transmit the image of a modern region(9).

Sorprende la escasa atención prestada a la revalorización inducida por la operación en los terrenos colindantes. El precio del metro cuadrado las inmediaciones se ha disparado, y el propio IVIE calcula que las zonas adyacentes se han revalorizado en 460 millones de euros en los últimos diez o quince años. Una plusvalía no intervenida, y dejada en manos de los particulares (si exceptuamos los inanes mecanismos fiscales aplicados en las transacciones posteriores).

 

3.2. America’s Cup 

A diferencia de otros eventos deportivos, la Copa del América no se adjudica en régimen abierto de competición. La elección de la sede no tiene lugar a través de un procedimiento de selección por un Comité Internacional en base a las propuestas de ciudades candidatas. La “propietaria” de los derechos de la Copa es la empresa suiza ACM, por su condición de ganadora de la edición anterior, quien libremente decide a tenor de las ofertas que recibe, unas ofertas que pueden incluir elementos extradeportivos. 

En nuestro análisis del evento / proyecto de la America’s Cup trataremos de establecer dos puntos centrales:  

i) establecer el coste total de la operación
ii) evaluar el beneficio, no sólo en términos económicos, sino también social, e incluso urbanístico. 

El impacto económico de la América’s Cup

Uno de los arcanos más celosamente guardados por las Administraciones organizadoras es el monto total, el coste, de la operación(10). No hay forma de saber a ciencia cierta, cuánto ha costado, quien lo ha pagado…; ni siquiera a posteriori. El informe elaborado por el IVIE(11), a petición de la ACM (América’s Cup Management, sociedad que gestiona y explota el evento) es la única fuente con cierto aval público, donde se especifican costes, gastos e inversiones.

El Informe agrupa las inversiones realizadas por Administraciones Públicas (estatal, autonómica y municipal), y las distingue del gasto generado por los turistas, de los directamente vinculados a la competición (ACM, los equipos participantes,…), de el de los medios de comunicación, y de el de otras instituciones.

El presupuesto de las Administraciones Públicas, directamente relacionado con la America’s Cup asciende a 2.064(12) millones de euros, mientras que el gasto del sector privado se sitúa en 703 millones de euros. Es decir por cada euro gastado por el  sector privado, el sector público desembolsó casi tres. 

 

Pero si se observa la distribución del gasto del sector privado, se comprueba que sólo 148 millones corresponden propiamente a ingresos por turismo (visitantes y megayates), mientras que el resto se atribuye a los organizadores, a los equipos participantes o a la prensa. El balance suscita alguna otra duda, ¿tiene sentido haber gastado más de 2.000 millones de euros para generar unos ingresos por turismo muy inferiores?, ¿no es un “negocio” que podríamos calificar de ruinoso?

Si trascendemos el análisis financiero, y tratamos de evaluar el impacto social y urbanístico de la operación, el balance es más negativo si cabe.

Gran parte de las instalaciones construidas, con toda celeridad para la celebración del efímero evento, han sido demolidas para permitir la realización del Gran Premio de la Formula I, y su influencia retenedora sobre el vecino barrio del Cabanyal, en un estado lamentable social y arquitectónicamente, es nula. La contigüidad de la dársena deportiva no ha arrojado ninguna luz sobre un entorno, de gran valor, necesitado de una intervención rehabilitadora y amenazado todavía por una operación de despanzurramiento (sventramento) demoledora. La Copa del América ha desaparecido del panorama social y urbano como estela en la mar, dejando tras de sí, un rastro de despilfarro y de construcciones inútiles, mientras los vecindarios próximos han sido abandonados a su suerte, o a la espera de unas demoliciones masivas, sin sentido ni justificación.

 

3.3. Gran Premio de Europa de Formula I  

El último evento incorporado a la ciudad, por ahora, ha sido la celebración del denominado Gran Premio de Europa, en agosto de 2008. Ocupando terrenos que habían sido parcialmente reurbanizados para la Copa América, ha requerido nuevas transformación, en cuya ejecución no se han escatimado medios, ni irregularidades. 

La celebración-gestión del evento

El propietario y organizador de la competición de la Fórmula I, Bernie Ecclestone, vendió a una sociedad ad-hoc, Valmor (13), los derechos de explotación del evento. El acuerdo firmado en mayo de 2007 (un año y dos meses antes de la celebración de la prueba) comportaba el pago de un canon de 26 millones de euros, a cambio de la explotación comercial de la prueba y de gran parte de los derechos audiovisuales. La sociedad gestora debía asumir el gasto del montaje, y desmontaje, de las gradas, pero no de la construcción del circuito que corría por cuenta de la Administración Pública. A destacar la celeridad con que las AA.PP. han ejecutado los proyectos y las obras, mostrando que cuando hay voluntad política la proverbial lentitud de las Administraciones es superada. 

La ejecución del proyecto del circuito

Es difícil evaluar la ejecución del proyecto del circuito sin dar cuenta del cúmulo de irregularidades, arbitrariedades y despropósitos de todo tipo que lo han acompañado; en su desarrollo ni siquiera se procedió a redactar la preceptiva “Evaluación del Impacto Ambiental”(14). La construcción del circuito de Formula I fue presentado públicamente como la “conexión de la avenida de Francia y el paseo de la Alameda con la Marina Real Juan Carlos I y el Acceso Norte al Puerto y su compatibilidad con la celebración de eventos deportivos”, como si fuera una obra urbana más, una actuación sobre el viario, y no lo que es: un circuito de Formula I. De hecho uno de los lemas de oposición, probablemente el más acertado, lo destaca cuando proclama València no és un circuitfrente a la propaganda oficial que lo presenta como València Street Circuit[sic en inglés](15), planteando temas centrales a la hora de analizar esta iniciativa: lo local frente a lo “globalizado”; la lengua nacional, el valenciano-catalán, frente a la global, el inglés; la ciudad amable, vivible, frente a la ciudad-negocio.

La oposición vecinal: Fórmula Verda

El trazado del circuito de Formula I discurre por algunas de las zonas más deterioradas de la ciudad. Hasta hace pocos años acogía industrias químicas pesadas (detergentes, ácido sulfúrico, depósitos de gasolina,…) altamente contaminantes, y la desembocadura del rio antiguo, devenido una cloaca. La celebración del Gran Premio de Fórmula I, reticencias y críticas al margen, podría haber sido la ocasión para sanear y recualificar unos terrenos que lo están pidiendo a gritos. Contiguo al circuito se encuentra el barrio de Natzaret uno de los más abandonados y perjudicados por el modelo de desarrollo urbano que ha implementado la ciudad.

Para dar cauce a las reivindicaciones ciudadanas se constituyó una plataforma denominada Formula Verda, de cuya web hemos tomado algunos de los datos e informaciones que reproducimos(16). La asociación pedía que, al menos, se contemplara la celebración del Gran Premio como una ocasión para ordenar y urbanizar el delta del Turia, el tramo final de la desembocadura del rio, y la resolución de los graves problemas urbanísticos que afectan a la fachada litoral urbana. “València, del riu a la mar? Delta verd o Formula I?” fueron los lemas con que presentaron sus alegatos en contra de la forma en que se ha gestionado el evento-proyecto. Ninguno de sus planteamientos ha sido tenido en cuenta. La carrera automovilística y la construcción del circuito se han realizado sin contar para nada con la opinión de los vecinos afectados, sin resolver la conexión de la ciudad con el litoral por el río, una buena muestra de lo que es la improvisación, y la falta de un planeamiento global que aproveche las inversiones realizadas.

El coste del evento: balance

El Proyecto de “conexión de la avenida de Francia y la Alameda con el puerto, compatibles con la celebración de un Gran Premio de Fórmula 1” establece un presupuesto de casi 37 millones de euros. Esta inversión se limita a la construcción de los viales, sin incluir otras instalaciones.

Es difícil conocer cuál ha sido el dispendio por parte de la Administración Pública. Por su parte, la Consellera (Ministra autónomica) de Turismo evaluó en unos 70 millones de euros el gasto de los visitantes en los días de la competición(17). A falta de datos globales y fiables de los costes, tanto para el sector público como para el privado, conviene recordar la existencia de otro circuito automovilístico situado a unos 20 kilómetros de València, de propiedad pública, y donde el gobierno autónomo ha gastado cerca de 66 millones en enjugar las pérdidas acumuladas en los dos últimos años(18).

Grandes Proyectos sin Grandes Eventos en el entorno del litoral

Atravesado por el circuito de Formula I, aunque sin relación directa con el evento se encuentra la denominada “Marina Real Juan Carlos I”, en un área dónde hasta hace poco se localizaban depósitos petrolíferos y naves industriales. La zona fue objeto en 2007 de un concurso para definir su ordenación, en el que resultaron ganadoras exaequo las propuestas presentadas por el estudio GMP Architects (Meinhard von Gerkan y Volkwin Marg) y el equipo formado por Jean Nouvel y un arquitecto local, José María Tomás, en la que se retomaba casi literalmente un proyecto anterior del propio Nouvel para la zona: València Litoral. 

El recurso de otorgar dos primeros premios es una vieja artimaña que permite a la Administración disponer de manos libres para actuar. En efecto, posteriormente se ha encargado al arquitecto Tomás la labor de refundición de los dos proyectos premiados, incorporando el trazado del circuito de Formula I. La versión presentada en el verano de 2008 plantea una ordenación en planta libre, similar a los proyectos previos de Nouvel, con modelo tipológico de edificios en gran altura, algo inusual en el perfil urbano (sky line) de València, y cuya viabilidad es, en este momento, más que dudosa. Deja sin resolver una adecuada conexión con el colindante barrio de Natzaret y con el resto de la ciudad, desaprovechando una ocasión única para reestructurar una zona muy deteriorada, facilitando el acceso de la ciudad a la mar. 

 

4. Balance y Conclusiones 

Aunque a lo largo del texto ya se han recogido algunas de las conclusiones más significativas, las sintetizamos en forma resumida:

1. La apuesta por los Grandes Eventos – Grandes Proyectos tiene ganadores fijos: el sector de la construcción que se beneficia de encargos de alto nivel, con independencia de la rentabilidad posterior, sin asumir riesgos, que corren por cuenta del capital público.

2. Y perdedores fijos: la prestación de servicios sociales, que sufren una merma y un deterioro importantes.

3. Llama la atención la escasa respuesta ciudadana. Ninguna en relación a la Ciudad de las Ciencias, escasa en el caso de la America’s Cup y algo más notable en la oposición al circuito urbano de Formula I, la operación que constituye la agresión más palmaria para la calidad de vida urbana. La ciudadanía, los súbditos contribuyentes, han asistido, entre pasmados y fascinados, al espectáculo circense en que se ha convertido el gobierno, la construcción de la ciudad. Pocos han sido los espantados y alarmados, y menos los que se han atrevido a criticar esta feria de vanidades, este salón de la moda (arquitectónica) que ha devenido la acción urbanística.

4. El Urbanismo, el Planeamiento, ha sido el gran sacrificado en este conjunto de operaciones. Abandonando su naturaleza de instrumento racionalizador de las políticas urbanísticas territoriales, subvirtiendo el interés público, social, de la mayoría.

5. Mirando el futuro. A principios de otoño de 2008 el sector financiero se encuentra sumido en una convulsión que sólo unos pocos habían sido capaces de advertir. A la crisis financiera mundial hay que sumar la particular crisis inmobiliaria estatal, agravada en el País Valenciano por una expansión desbordada en la década anterior. ¿Perseverará la Administración Publica en su actitud, cual jugador que acumula pérdidas doblando la apuesta, o desistirá de seguir enterrando capitales en actuaciones de escasísima rentabilidad social?, ¿inducirá la crisis un cambio de modelo urbano, en el que se contemple una ciudad más participativa, igualitaria, amable, austera, confortable, al servicio de los ciudadanos, y no de las grandes empresas?, ¿son estas ideas utópicas?

FGiD

Notas

(1)¿Marcará la crisis financiera global del otoño de 2008 el final del denominado capitalismo de casino, del neoliberalismo rampante, del sometimiento de los poderes públicos al económico, al financiero, la caída del dictado del mercado, de su invisible pero férreo muro?

(2)Este texto fue escrito en su mayor parte antes de la crisis financiera global desatada en el otoño de 2008, donde la actuación del sector público en beneficio del sector financiero ha llegado a extremos inimaginables previamente.

(3)Una parte significativa del contenido de este punto, así como del siguiente, procede de GAJA i DÍAZ, FERNANDO [2007]: “La Ciudad de València: el Litoral y la Copa del América. La Escenografía de la Opulencia.” en SAINZ GUERRA, JOSÉ LUIS (Ed.). La remodelación de las ciudades europeas. Viejas áreas y nuevos usos. Las grandes operaciones de remodelación urbana en los últimos. Universidad de Valladolid. Valladolid.

(4)En 1996 su población era de 746.683. Fuente: Instituto Nacional de Estadística. 2001-2006, población a 1 de enero, Padrón Municipal de Habitantes, tomado de http://www.valencia.es/ [Consultado 09/09/2008]

(5)GAJA i DÍAZ, FERNANDO [2008]: “Paisajes después del «Tsunami Urbanizador» en el litoral mediterráneo español. El final del ciclo de hiperproducción inmobiliaria 1996-2007”. En prensa, Universidad Simón Bolívar (Caracas, Venezuela)

(6) Levante-EMV, miércoles 06 de agosto de 2008, http://www.levanteemv.com/ La estimación se extrae de un informe del IVIE, que no ha podido ser localizado.

(7) Las cifras del impacto aducido son las siguientes: empleos 41.419, efecto inducido sobre la renta 1.200 millones de euros, y gasto turístico generado unos 107 millones de euros. Datos con una baja fiabilidad y que se adentran peligrosamente en el campo de la manipulación y la propaganda política.

(8) Ibídem nota 6

(9) http://www.planum.net/4bie/main/m-4bie-valencia.htm

(10)Como otros eventos-proyectos organizados desde el sector público entre los que destacan la visita del Jefe del Estado Vaticano.

(11) IVIE, Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas. Estamos ante un balance para-oficial, ya que el informe responde a un encargo de la propia Administración Pública. Cfr. MAUDOS, JOAQUIN (Dr.) [2007.XII]: “Impacto económico de la XXXII América’s Cup València 2007” - IVIE (Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas), València. http://www.ivie.es/downloads/ws/2008/ac1/informe_ac2007.pdf <Consultado11.09.2008>

(12) En realidad la cifra invertida por el gobierno valenciano en su Plan de Acción para la America’s Cup 2004/2007 asciende a 2.261 millones de euros, pero el Informe del IVIE pero contempla en el cálculo de impactos económicos la indicada de 1.247, casi la mitad.

(13) Integrada por tres socios: dos empresarios locales (Fernando Roig, dueño del club de fútbol Villareal y de empresas cerámicas, Jorge Martínez “Aspar”, ex campeón mundial de motociclismo), y una caja de ahorros, Bancaixa. De acuerdo a la legislación vigente las Cajas de Ahorro son entidades sin ánimo de lucro y con una expresa finalidad social. Bancaixa es la 6ª entidad financiera a nivel estatal, y la 3ª entre las Cajas de Ahorro, por volumen de recursos ajenos. http://www.euroresidentes.com/vivienda/hipotecas/entidades_que_le_dan_la_hipoteca.htm [Consultado 18 sep 2008]

(14) En el manifiesto de oposición a la prueba impulsado por la plataforma “Fórmula Verdase habla de un “estado de excepción ambiental”, destacando que un total de 8 leyes distintas fueron vulneradas en su construcción.

(15) http://www.valenciastreetcircuit.com/ [Consultado 11 sep 2008]

(16) http://www.formulaverda.com/ [Consultado 18 sep 2008]

(17) El País, 17 de agosto de 2008. La estimación está basada en una asistencia estimada de 140.000 espectadores y un gasto per cápita de 500 euros. La capacidad del circuito a ocupación plena supera ligeramente las 110.000 personas.

(18) http://www.levante-emv.com/

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