AÑO 5 - Octubre 2013
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Editorial
Por un urbanismo de la centralidad y la urbanidad l Por Miguel Y. Mayorga


… el centro de nuestras ciudades está siempre lleno: lugar marcado, es en el que se conjuntan y condensan los valores de la civilización: la espiritualidad (con las iglesias), el poder (con los ministerios y oficinas), el dinero (con los bancos), el comercio (con los grandes almacenes), la palabra (con los ágora: cafés y paseos): ir al centro es reencontrar la "verdad" social, es participar de la soberbia plenitud de la realidad.


Barthes, Roland El imperio los signos,
Mondadori, España, Madrid 1991, Págs 48-50


El centro ha constituido por antonomasia el espacio de principal referencia en la ciudad; hoy la crisis de los espacios centrales marcados por relaciones urbanas en contraste: centrífugas y centrípetas, de concentración y desconcentración, de centralización y descentralización nos refleja la perdida de centralidad y de urbanidad de la ciudad. El centro tradicional entra en crisis por excesivo uso y banalización, falta de valoración e inversión, procesos de saturación y deterioro que terminan vaciándolo de su significado. A la vez que los servicios y usos de mayor rango, se desplazan a otras áreas formando nuevos centros especializados (de negocios, comerciales, direccionales, etc.), espacios que tienen garantizado su acceso y conexión con el resto de la ciudad a través de las infraestructuras.

En el contexto actual en el que las ciudades buscan posicionarse a escala global y apuestan por competir mejorando su imagen se reconocen dos tendencias principales, una hacia una "cosmopolitización" a través de la configuración de nuevos centros, y otra, marcada por la utilización de la ciudad tradicional, en un claro regreso hacia la "ciudad construida". Las actuaciones se reparten entre los antiguos centros y las nuevas áreas de centralidad.

Por una parte, las estrategias basadas en un modelo de intervención concentrado, son de carácter más compacto y denso y prestan su interés a la lentitud y a una cierta lógica colectiva mediante recorridos peatonales y de transporte público; mediante transformaciones internas y de recualificación de espacios urbanos; mediante edificios con funciones comerciales, turísticas y culturales o equipamientos; mediante ensanchamiento de aceras, embellecimiento o acceso a aparcamientos. Los riesgos que se corren con este modelo, implican una falta de atención al tema de la vivienda, la generación de políticas de exclusión social, el encarecimiento del suelo y una carga excesiva sobre el centro, de usos y funciones, y también un progresivo vaciado de significado.

Y por otra, las estrategias que se basan en el modelo extendido, son formal y funcionalmente más dispersas y podrían ser importantes oportunidades para generar nuevos espacios centrales en las periferias o en las áreas de expansión, mediante equipamientos y grandes espacios abiertos alrededor de los cuales se pueda aglutinar la residencia, y que además estarían bien conectados a la ciudad mediante transporte colectivo. En realidad, en muchos casos, se muestra desinterés por la vecindad espacial y la continuidad urbana, apostando por una relación de conexión rápida en automóvil entre residencia, trabajo, consumo y tiempo libre; no se valora el espacio libre de edificación como paisaje o territorio "construido", pasando a ser telón de fondo de diversas islas o fragmentos urbanos aislados y, finalmente, el espacio público es inexistente, o ficticio, como el que se reconstruye en los grandes malls.

Respecto a la localización de centros vinculados al trabajo (centros direccionales, áreas de negocios, parques empresariales, parques tecnológicos, etc.), encontramos que no se distribuyen de manera uniforme en el territorio y se disponen espacialmente en un limitado grupo de "nodos secundarios", periféricos respecto al centro, que genera una estructura con apariencia "multicéntrica" ficticia, y donde los diferentes centros no llegan a concretar las funciones de urbanidad propias del centro tradicional o principal.

Si bien, el centro histórico es la expresión máxima de la ciudad construida, no hay que olvidar que toda la ciudad es histórica y, por tanto, todas sus partes también lo son. En ese sentido, toda centralidad urbana debería ser considerada histórica. La centralidad deberá ser asumida como la cualidad de un espacio de la ciudad de ser "centro", de ser condensador de personas, flujos, actividades y de ser también referencia simbólica. Y la urbanidad, como la cualidad de los espacios que por su configuración pueden considerarse "urbanos", es decir de ser lugares que promueven el encuentro social.

Se tratará entonces de asumir un urbanismo que reconozca los procesos en curso en las ciudades y que M. Castells identifica en dos tendencias: el urbanismo de la internacionalización "el urbanismo globalizado", y el urbanismo de la identidad del lugar y lo urbano "el urbanismo ciudadano". Un urbanismo donde la centralidad y la urbanidad están llamadas a coincidir, tanto en los antiguos centros como en los nuevos, en los centros reconocidos y en los que hay por construir en los barrios y las periferias.

 MM

 > EN ESTE NÚMERO:
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